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lunes, 15 de agosto de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 10

PLACENTA

Es como si nos estuviera creciendo un nuevo tipo de pulmones; es el mundo es cierto, pero un mundo que no hace ni dos mil años no existía, tal vez es solo mil, o tal vez menos; pero nadie duda que es vertiginoso, cambiante.
Es como si hubiéramos creado un genio y ese genio está haciendo ya de las suyas, es decir se está desbandado sino se desbandó ya. Tenemos la inteligencia artificial, los robots; aunque están como en pañales, pero ya se deslumbra unos cambios de poder que no es fácil imaginar.
Todo este mundo está evolucionado de una manera fantástica, es como si el fuera en ascensor y nosotros, como seres humanos pensantes estuviéramos viajando, caminado, por las escaleras.
No es difícil ver que el hombre, es decir nosotros no esperamos a evolucionar con nuestra naturaleza, por no decir la naturaleza; así comenzamos a ver, separados, con más claridad; decimos que no la esperamos ya que comenzamos a construir, a fabricar, a inventar, tentáculos con los cuales ahora vivimos, sin contar, sin tener en cuenta a nuestra madre naturaleza ni a nuestra abuela la tierra.
Es bueno, para ver con más claridad, considerar a nuestra vieja madre, como abuela, ya que un Neardental ya no es el mismo, somos otros.
Esta evolución hay que verla, sentirla; es como si nuestro espíritu hecho voluntad está abriéndose camino solo, se ha separado del alma, del cuerpo, y más aún del corazón, de ese viejo corazón con el que amábamos a lo que nos rodeaba y a nosotros mismos.
El hombre moderno no ama, el quiere, actúa y después pregunta o a lo sumo pide disculpas, perdón.
Que está mal o bien; eso ya esta pasado de moda hacer esas preguntas, lo mejor decir: sirve o no sirve.
Ahora adentrémonos en nosotros mismos, veamos a ese mundo interior tan rico, lleno de conocimientos, de arte, de belleza ¿desde donde podemos juzgarlo? desde el pasado es imposible, desde el presente, estamos como imbuidos por una niebla; lo mejor es vernos desde el futuro ¿en que nos estamos convirtiendo?
Debe tomarse con prudencia, pero debemos decirlo, estamos convirtiéndonos como eso dioses imaginados por Prometeo. Unos dioses capaces de cambiar hasta su naturaleza, por no decir su cuerpo; unos hombres dioses que están logrando convertirse en iluminados, sino preguntémosle a los Budistas, a los místicos. Esto no había antes.
Pero bueno lleguemos a un punto desde donde vernos, no puede ser el yo, porque este se está abriéndose como un fuego artificial; desde la conciencia menos, ella está muy ocupada en digerir, lo que todos le llevamos para que lo digiera por nosotros; al alma, pero el alma ahora es un recinto, casi como el mundo, con la diferencia que ella tiene más cordura, tiene más paz; pero bueno ella tiene que estar cuidando a su hijo el travieso, espíritu.
En verdad no nos queda otra cosa que el corazón y ahora sí, no perdamos el tiempo en probar su existencia, ni decir como es; debemos ver con el.
Se ve un mundo tan salvaje como su abuela naturaleza o como si padre el hombre, por lo tanto debemos dejarlo madurar. En estos tiempos el corazón es como un filtro, como un sol que va diluyendo lentamente la niebla que nos ha estado envolviendo por mucho tiempo.
Algo frío, pero con una frialdad que hace decantar lo que sirve, lo que nos sirve. Entonces por él vamos eligiendo, todavía con el podemos elegir, la vida que queremos llevar, la forma de vida, los actos, los sentimientos, los pensamientos, para llevar a cabo una vida con calidad; pero con una claridad que nos de armonía, paz, calma. Es decir estamos creando, formando una nueva atmósfera, que podemos llamarla espiritualidad, pero es algo más.
Es como no solo crear un cielo, que por cierto lo estamos haciendo; tenemos un sol, que es el espíritu, algo decantado de ánimo, tenemos estrellas como esas cosas que nos hacen bien, esas cosas lindas que hemos sabido cultivar, crear, formar, conseguir; por otro lado no hemos abandonado a nuestra abuela tierra y convivimos con nuestra madre aquí, ahora; pero es como si nos faltaría un aire especial, una atmósfera.
Bueno ese aire, esa atmósfera, es aquello que se está destilando desde la oscuridad, desde el silencio, desde esa energía oscura que desde siempre nos esta envolviendo, es como un vientre, una placenta, desde donde llega; pero nosotros nos tenemos que crear el órgano capaz de respirarla, bueno ese órgano se llama corazón.

Karigüe

ÚLTIMO CAPÍTULO DE CORTECÍA. Si desea adquirir el libro completo de "El Corazón" en formato electrónico, puede solicitarlo enviando un email a info@karigue.com.ar

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lunes, 8 de agosto de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 9

LA CALMA

De vez en cuando nos encontramos solos, solos y con nuestros pensamientos. Lo primero que surge es la forma de solucionar los problemas o temas que tenemos ese momento, luego como si nos estuviéramos calmando, sumergiendo en las profundidades de nuestro ser, de nuestra existencia, es como ir viendo nuestra realidad en la cual estamos sumergidos, pero a la cual la pasamos por alto.
Nos viene como una oleada de cosas, como si ellas se atropellaran entre si; pero después de un cierto tiempo es como si ellas se cansaran como nos cansamos nosotros; quedamos como vacíos, como diciendo ahora ¿para donde tomo? ¿a donde vamos? Es como si existiera un vacío, un precipicio, en donde no podemos encontrar respuestas y tenemos que volar, permanecer suspendidos sobre ese precipicio, y desde allí si darnos las respuestas que consideramos adecuadas, convenientes para nuestra vida.
Llega entonces la preguntan ¿qué pasa si me dejo estar, como suspendido en ese vacío sin una respuesta, simplemente estar, estar en un estado de entrega, de abandono de sí mismo, como sin fe en nada, que inclusive pueda ser solo pensamiento?
Es una sensación extraña, pero pura, auténtica; como si nunca la hubiéramos pensado, ni sentida; las cosas están ahí y nosotros relacionados con ellas, pero con una relación de conveniencias, de intereses; todo el universo, se nos presenta así también; como si estuviéramos existiendo en una carpa amplia, con todos ellos, y esa carpa extensa, móvil, capaz de ser incrementada de acuerdo a nuestros intereses o conveniencia con las otras cosas, bueno esas carpa aparece como lo que llamamos mundo: un recinto.
Como si nos estuviéramos relacionando por primera vez, de esta manera; veo, además siento que puede pasar cualquier cosa, que de una manera u otra buscaremos la manera de estar, de seguir flotando, como si la relación, la ubicación se haría de una manera casi automática, con leyes que desconocemos; como si esta nuestra existencia estuviera sostenida, mantenida, por un enramado de leyes físicas que así lo permiten.
De este lado, de nuestro lado vemos que va creciendo una confianza, un especie de fe, en que eso que esta ahí, es algo que nos pertenece, o al manos formamos parte siendo actores permanentes, de una manera directa o indirecta, consciente o inconsciente.
Estamos solos es cierto, pero surge como un vaho desde las profundidades de nuestro ser el cual participa, llegándonos, despertándonos, para ver lo que nos está sucediendo en este mundo; a la vez el mundo participa de una manera activa pero de acuerdo a su forma, a su forman de ser, de existir.
Es decir que hay como un choque, un istmo, del cual se desprende un estado de calma; como esa brisa que se desprende cuando chocan dos olas o cuando una ola choca contra las rocas o la arena blanca.
Es como una presencia, como si esa calma fuera un nuevo estado, un nuevo estado de nuestra existencia, que antes no había, no existía, como el arte por ejemplo.
Pero en este caso, es como si se levantara un niebla de las acequias, de los pequeños charcos que todavía no se han disuelto; una melancolía pero con dirección; ya que la melancolía normal, mace, brota, de los recuerdos, de los estados que vivimos anteriormente, pero en este caso es un melancolía que se abre, que se abre camino siendo nosotros la melancolía, la niebla.
Es una sensación extraña, pero real, existe. Si bien consideramos al arte como una obra del espíritu, del ánimo que se anida en nuestra alma. Este nuevo estado es una obra, mas que obra es una necesidad que crea a este estado para permanecer allí, en estado naturalmente puro, como si no estuviéramos contaminados por la realidad ni las ideas, menos con los pensamientos, simplemente estar allí.
Este estado es obra del corazón, de la tremenda necesidad que tenemos de vivir en paz, en armonía, en calma.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 15 de Agosto

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lunes, 1 de agosto de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 8

SENTIDO

Tenemos muros, espacios, casi intransitables, que nos separan, que hacen de nosotros unos seres aislados, incomunicativos, malhumorados, envidiosos, por no decir malos. He aquí las palabras de Holan: “¿El hombre seguiría siendo malo si nadie lo ve?
Es el otro que está enfrente, el que nos juzgue, el que nos da la medida, el “molde”. Comenzamos por la familia, el colegio, luego el trabajo, la sociedad en fin, como fin.
No solo que vemos y juzgamos, sino que hay una necesidad en cada uno de nosotros por ser vistos, por ser tenidos en cuenta; ya sea en una minúscula tarea o el más grande de los proyectos.
Cuando miramos al horizonte, él está abierto, sus 360 grados es como si fuera una línea circular entre la tierra y el cielo; luego tenemos imágenes tomadas desde un satélite y vemos a la tierra redonda, un globo, un astro; tenemos así la conciencia de que el horizonte que vemos es solo una visión, una imagen captada por nuestro sentidos; que si hay, que si tenemos horizonte, este es el vacío, aquello que envuelve a la tierra, al universo, al cosmos. Vacío como aquello que no tenemos, que no somos, que no podemos alcanzar, que no podemos llenar; es como una reserva como una cuna en donde nos mecemos.
Allí pareciera que no existe el tiempo, que el mismo tiempo se desliza, se destila de lo que pasa en él; como si ríos de sangre, de vida, salieran de él cruzarían al universo, a la tierra, a el corazón del hombre; y, luego volvieran, volvieran a ser vacío.
Esas ideas, esos pensamientos, esos sentimientos, percepciones, sensaciones, fantasías, que brotan de nosotros, serian solo ecos de esa otra vida que llega a nuestro corazón y desde el se va, desde el vuelve.
Por eso cuando vemos al horizonte, desde donde estamos, lo contemplamos como un anillo abierto; como algo que, adonde vayamos nos desprendemos de nosotros, de nuestro ser y nos perdemos; pero no por eso dejamos de buscar, dejamos siempre de partir de nosotros mismos en busca del irremediable vació; de esa soledad incierta que espera que volvamos.
Estamos solos; pero es aquí sobre la tierra en la que nuestra existencia es real, nítida, tenemos seres enfrente de nosotros, y los amamos, y aun somos malos frente a ellos, los castigamos, por lo general por cosas que no han hecho, simplemente por el miedo que tenemos a ese ancestral miedo que es el vacío.
Es aquí en la tierra en donde tenemos esos sentidos que nos hacen capturar, que nos hacen poseer, cosas, cosas placenteras. Con esos tentáculos que nos hemos fabricados nos vamos devorando a las cosas tratando de encontrar allí lo que buscamos, un sentido, una razón, que no existen, ni existirán.
El sentido, el camino, es aquel, que está entre el vacío y nosotros, es decir en entre el Ser y nuestro ser.
Y ese sentido lo capta nuestro corazón; siempre ha sido así, a un en los tiempos que hemos creído tener razón.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 8 de Agosto

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lunes, 25 de julio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 7

LA VOLUNTAD

¿Está bien que estemos fragmentados? Que seamos de una forma en el trabajo, de otra en el hogar, otra con los amigos, con los demás.
Pero a la vez son roles, funciones, actos, de diferente naturaleza; pero ¿Es posible dividirnos, ser de diferentes formas?
Una cosa es ser jefe de un cierto grupo de trabajo, otra ser un cariñoso amante, un respetuoso correligionario, un buen colaborador del barrio, del municipio.
Es como si tendríamos diferentes frentes, diferentes capacidades, diferentes caras de un prisma, ¿ó somos siempre uno?
Tenemos una serie de valores, de normas, de reglas, por las cuales nos guiamos, nos comportamos.
Pero en el fondo soy uno que ve, que observa, que piensa, que analiza, que se comporta; es una voluntad que decide qué hacer, cómo actuar, cómo continuar, cómo comportarse.
Los valores, los hemos recibido, ya sea dentro de nuestros genes, como en la educación familiar, en la que se imparten en las escuelas, en lo colegios, en los lugares públicos en donde los recibimos, en los medios de comunicación, etc.
Luego elegimos como ser, como relacionarnos, como vivir con uno mismo y con los demás; no es nada simple tomar una postura, una posición, un camino, una forma cómo vivir.
Tal vez la verdadera posición es cuidarnos, elegir, las cosas que nos hacen bien, tanto a nuestro cuerpo físico, como al espiritual; vamos por ese sendero de cabras como ciegos, con bastón; se nos presentan oportunidades de ser de diferente manera; porque las cosas, el mundo es y está abierto, avanzamos y nos encontramos con cosas, con hechos, en los cuales tenemos que tomarlos o dejarlos; somos por lo general los que elegimos qué tomar, qué hacer, cómo continuar.
Aún, después de haber elegido mal, tratamos de continuar, de aceptar según la realidad que esos mismos hechos o errores han creado, han creado alrededor de ellos.
A una cierta edad está esa realidad delante de nosotros, convivimos con ella, es nuestro mundo, nuestro micromundo; y, por lo general ya es difícil cambiar, abandonar.
Pero hay momentos en que nos vemos, en que vemos esa realidad; y decimos fue la que pude conseguir, lograr; porque fue lo conveniente en su momento. ¿Fue así realmente? No lo se, pero ya estoy en alta mar, tengo que continuar, tengo que seguir.
Llega el momento es que lo de alrededor es como vacío, como sí estuviéramos rodeados de un precipicio, de abismos; y, no nos queda mas que la resignación.
El bendito remordimiento, de él nos decía Nietzsche: “El remordimiento es como cuando un perro muerde una piedra” Será así, o será una oportunidad para cambiar, para ver con claridad y hacer un viraje, en nuestra existencia.
Allí no es el espíritu, no el alma, la que ve, la que quiere, la que desea; allí está como quieto el corazón, el corazón es como un recinto, una morada, en que todas las partes que nos conforman, que son nuestras, se reúnen; y, es como un parlamento.
Nos reunimos todos y cada uno da su opinión, su discurso, su punto de vista. Como si esas mismas partes nombradas fueran como independientes, como individuos, con su propia personalidad, más aún con opiniones diferentes, distintas.
Pero el que está, el que vive es el corazón, todos los demás son como satélites que giran alrededor de él; y dice “soy yo el que quiere vivir, sentir, ser, Uds. solo son mis tentáculos”
Cada uno, desde entonces, le informa, cuándo se ha realizado la toma de poder, cuando el corazón, el verdadero corazón del hombre a tomado su poder, lo que es realmente el.
El centro de toda nuestra existencia. El sale y ve, esa realidad que se ha estado formando, creando. Desde que el entro adentro de sí, desde que ese niño dejo de jugar, de soñar, de ser lo mas puro; para soportar luego la educación, las reglas, las rejas que nos pone el mundo como condición de vivir allí, de estar con el, allí.
Es decir que es corazón el que está dentro del mundo, el que se relaciona directamente con el; más aún es al que realmente el mundo teme: porque lo puede cambiar; porque sin él el mundo no existiría.
Es como un rey que sale, en la madurez, a ver sus dominios, a ver en que nos hemos convertido, qué hemos hecho, con nuestro tiempo donado, dado; y por lo general es la tristeza, no tanto porque el tiempo se está terminando, sino porque no hicimos lo que ese niño soñó, deseó.
Es como si la existencia fuera un engaño, un engaño hecho a ese niño; pero si bien otros participaron, lo hicieron en parte; uno fue el que realizó, el que hizo la parte más importante, la parte más pesada, por la que estamos de ésta manera.
Es la morada melancólica del anciano, es la vida misma de ese corazón que ve con tristeza nuestro fracaso, no hicimos aquello puro que nos pidió hacer nuestro corazón.
El corazón aquí es como un dios que nos habita, que nos habitó, el cual fue engañado, traicionado, por lo de alrededor, por lo próximo nuestro, ya sea nuestra alma, nuestro espíritu y nuestro cuerpo mudo.
Todos miran atónitos, confundidos, como si nunca se dieron cuanta de lo que hicieron, repiten como un coro “Hicimos lo posible, no pudimos hacer algo mejor”
Esta abertura, este parlamento cuyo presidente es el corazón calla frente a tan cruda realidad. Se escucha una voluntad decir “he vivido de acuerdo a uno valores, que fui puliendo con el tiempo y lo continuo haciendo y lo seguiré haciendo hasta que termine mi tiempo asignado”
Todos lo miran lo observan. Como si fuera por primera vez, menos el corazón que lo ve con afecto, con cariño.
¿Quién es esta voluntad? Se preguntan todos; pero la ven todos como si fuera un joven al que el tiempo no destruyó, menos, parecería que no paso por el.
Se va acercando lentamente hacia el corazón y se funde con el. Todos quedan sorprendidos, se preguntan ¿Es el corazón mismo?
El corazón responde: sí, el es como un brazo invisible, como una fuerza que ha estado actuando siempre desde mi, con mi consentimiento; era como la sangre, como el aire, tan necesario que nadie le da importancia porque lo cree natural, porque lo considera que debe ser así.
Pero no es; es el hijo del hombre hecho dios, es lo que les ha llevado mis leyes, las leyes del corazón, los valores; porque esa es mi sangre, no otra cosa, esas normas que la misma voluntad divina ha hecho brotar desde mi naturaleza; con ellos Uds. han sido capaces de crear al mundo, rengo como es, pero está ahí como vuestra morada.
Es esa voluntad, la que ha sido palabra, idea, sueño, fantasía, la que ha despertado en el espíritu su naturaleza hacedora, en el alma las cosas más dulcemente afectivas y en el cuerpo esa naturaleza tan fuerte como un tornado, tan potente como un trueno y tan presente como el universo mismo, es decir el cuerpo es realmente el cosmos, todo lo demás es sueño.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 1 de Agosto

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lunes, 18 de julio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 6

UN NUEVO ORGANO

La realidad cambia, día a día, aunque no nos demos cuenta. El sol nos consume; los días, las estaciones pasan, como nubes; como si la tierra o el cosmos fueran una luciérnaga que viaja, que vuela, en la inmensidad de la oscuridad, emitiendo, dando, entregando, su luz, sus reflejos.
Desde niño los he contemplado, encontraba que en las flores, particularmente en la rosas, la vida pasaba, pasaba en forma de savia que brotaba de la tierra, dando distintos colores de acuerdo al tipo de rosa, de acuerdo al tipo de hombre.
Hacía injertos y lograba rosas blancas con ribetes amarillos, rojos. Era la manera como poner un gajo, es decir un pedazo de no mas de dos o tres centímetros de largo; pero ese gajo tenía que tener una yema, una parte desde donde iba a brotar una rama; así sacábamos un parte con yema de una rama de la rosa que seria injertada, luego colocábamos la nueva, la amarrábamos con pabilo, y algunas veces lo hermetizábamos al injerto con cera.
De esa yema, de esa parte injertada, es desde donde luego brota los dos colores; así en un mismo rosal podíamos tener a varios tipos de rosas, de colores de rosas.
¿No es así también el mundo? ¿Las criaturas no se forman, no se generan así, por esas combinaciones de genes, de razas?
Así también el corazón de todo hombre se nutre, cambia; porque el corazón, nuestro corazón es cultivable. Se suele escuchar: “constitución no es destino” Es cierto, podemos cambiar, podemos modificar cosas, formas de ver, de comprender, hasta de amar; de ver a las cosas.
Es como si viniera, recibiéramos una forma de ser, una forma de comprender, de amar; y, con el tiempo, con lo que nos pasa, con lo que nosotros modifiquemos, esas formas, esos colores pueden cambiar, pueden ser otros.
Nos encontramos así con una realidad en la cual tenemos que vivir, esa misma realidad cambia, se muta; y nosotros nos guste o no tenemos que mutarnos, tenemos la posibilidad de cambiar.
Somos y no lo dejamos de ser, casi nunca, nuestros propios pilotes de éste trasatlántico que somos; pero es que en realidad el que se muta es nuestro corazón, desde el emerge, sale, brota, aquello que es como savia, como adrenalina, tal vez no vea por si mismo, tal vez necesita de nuestras miradas y de nuestra capacidad de entender, de comprender que hemos logrado tener los humanos; pero todo llega a el, como ríos, y el es un mar, como el mar que se bate por la atracción de otros seres, de vientos, de acciones que el sol realiza o produce en el.
Nos encontramos aquí con un corazón que se abate, como nosotros nos abatimos en la vida, en nuestra existencia.
No es fijo, no es eterno, pero sí hay que verlo como el último escalón, eslabón, que hemos podido lograr, conseguir y desde donde ahora sí, a través de él, logramos percibir lo divino, lo sagrado, aquello que necesitamos ahora, aquel éter que necesita nuestro espíritu para respirar, más aún para sobrevivir.
Es como cuando el agua se retiró y tuvimos, nosotros los animales, que hacernos, construirnos unos pulmones para respirar aquello que encontramos cuando el agua se retiro: el aire.
Ahora nuestro espíritu ha salido, ha sido dejado en una nueva intemperie que se llama mundo, y el necesita un corazón capaz de poder respirar lo que este mundo nos entrega, lo que tal vez el pudo solamente lograr.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 25 de Julio

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lunes, 11 de julio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 5

LO DESPRENDIDO

Cómo es posible que parte del mundo, parte del universo, la vida y sus manifestaciones, etc., etc., puedan entrar en nuestro corazón; es tan grande nuestro corazón, tan inmenso, que la memoria es como algo que está sentado en un rincón; y, que de vez en cuando, no siempre, es llamado como se llama a un sirviente; si, si la memoria, la bendita memoria, es algo que solo sirve; aunque sabes que allí, en ella se ha depositado tu historia, la del hombre, la de la vida, la del universo, y la del cosmos.
Recuerdos, solo recuerdos, que sirven, que son útiles, como un auxiliar a quién se consulta o a quién se recurre para ahorrarnos errores, para en otras palabras tener precisión.
Como es posible que allí, en nuestro corazón estén los pensamientos, como vasallos, como quién guía solamente, guía a los sentimientos, a las percepciones, a las presunciones; los guía como si él fuera la luz de una linterna, una luz móvil, que acompaña en los laberintos, en las galerías que tiene la vida; deberíamos decir túneles, por que brotan como de la nada y son tan ramificados, tan complejos, que muchas veces nos perdemos en ellos.
Pero el corazón es algo más que hacer metáforas y así saltar como un canguro, evitándose maleza, obstáculos, dificultades. El corazón es creador de imágenes, de palabras.
Es un poro, una agujero negro, cosa que va allí desaparece; y de él brota otra vida, una vida más pura, más destilada que la porque estamos.
Las cosas en el corazón tienen que tener órbitas, la suficiente fuerza como para resistir no ser devoradas por el; se forman entonces constelaciones, de lo que está, de lo que existe, con aquello que somos.
A veces, solo a veces, el corazón se confunde con el espíritu, pero son diferentes, el espíritu es una fuerza como el de la voluntad; como la fuerza de gravedad de la tierra, pero no es la tierra. El espíritu es la fuerza por la cual nos mantenemos cuerdos; es además una fuerza creadora, porque tiene que crear, como eso que es adrenalina; como si fuera eso una amalgama, que nos mantiene unidos, compactos dentro de lo que podemos ser compactos.
Crea belleza, hasta placer, goce; es decir cosas gratificantes, como para hacer nuestra vida placenteramente pasajera, como para que no nos demos cuenta demasiado de nuestra realidad.
Inclusive el alma, aunque ella es una atmósfera en la que habita el corazón, en la que el corazón respira; la hemos creados, más aún la hemos fabricado, construido, como el pájaro construye el nido, una obra maestra; así es el alma, una obra maestra del espíritu hecho hombre.
Pero el corazón es otra cosa, es algo aséptico, no juega ni convive con melodramas, con la tristeza o con la alegría, menos con la felicidad, el éxito o el fracaso.
Es algo que está más frío que un polo, más sólido que esa masa alrededor de la cual el cuerpo de la tierra gira, se mueve, más aún ella es vida por ese centro, consigue su equilibrio y más aún ella misma se ha construido alrededor de ese centro para que ese centro sea.
¿No es así el hombre? ¿El hombre se esta construyendo alrededor de ese centro, para que ese centro este, para que ese centro permanezca; así pasamos de generación en generación, como escamas de piel que se desprenden?
¿Es solo una imagen profunda, como un oasis, desde donde brota vida, ideas, pensamientos, sentimientos, etc., para que luego se diluyan, se desvanezcan y se pierdan como esos fuegos artificiales, en la oscuridad?
Pero ¿quién lo observa, quién lo trata de ver, de saber algo de él?
¿No es el mismo corazón que se trata de ver, a través de reflejos en lo que se está convirtiendo, en lo que está siendo?
Cosmos como una imagen reflejada en el vacío, en el etéreo y eterno vacío, que está allí, que permanece allí sin hablar, sin decir nada, solo está como un telón de fondo para que allí nos representemos.
Es como si mi corazón, el corazón fuera un átomo de ese vacío eternamente permanente.
Sórdido es el camino hacia el corazón; allí en donde buscamos consuelo; como si no dejáramos de buscar templos en donde descansar, en donde protegernos de la intemperie del absoluto silencio y de una oscuridad que aterra.
Pero he ahí que de vez en cuando se desprende una pequeña escama, un pequeño pedazo de mármol de ese acantilado en donde el mar habla; más aún le sacamos de tanto machacar, de tanto insistir, de tanto clamar. ¿Qué otra cosa hemos hecho hasta ahora que no es calmar, que no es quejarnos de nuestra realidad, de nuestro destino?
Con es pedazo arrancado haremos la nueva morada, lo volveremos maleable con nuestro sudor y nuestras lágrimas, haremos de el como un nido, nuestro nido, nuestra concha y ahí entraremos; por ahora no podemos hacer más, ya hemos hecho mucho.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 18 de Julio

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lunes, 4 de julio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 4

ESTAR ALLÍ

Las cosas de todos los días suceden, pasan; cada una con su particularidad, y nos van dejando experiencias, conocimiento; pero a la vez nos van desgastando, como una cosa que se usa.
Lo mejor seria vivir en un paraíso, aislado, sin estar contaminado, por las cosas que suceden, que pasan entre los hombres; y, en verdad somos creadores de cosas bellas, pero también de mucha basura, de envidia, venganza, odio, resentimiento; tantas son que es como si se formara una nube de polución; y, nosotros estuviéramos adentro.
Es el mundo, es la realidad, es la vida; a tantas otras cosas podemos culpar; pero somos nosotros; y cuando decimos nosotros incluimos a lo vivo, es decir a los demás hombres, animales, plantas, microbios, bacterias, etc., etc.
Dejaríamos de lado a lo demás, es decir a los fenómenos, a los astros, el aire, al agua. Es como si hubiera una cortina de un lado lo vivo, del otro lo que sostiene, y desde donde brota lo vivo.
Lo vivo se alimenta de los otros; lo hacemos nosotros al alimentarnos de otros animales, de plantas; pero es que no tenemos otra alternativa; necesitamos de proteínas y las proteínas lo tienen los otros; es fuerte cuando nos acordamos que nos solíamos alimentarnos de otros hombres.
Este es un punto álgido, extremo, al cual no tratamos, no queremos tratar; si bien somos más agua que otra cosa, necesitamos de alimentos, de los otros.
A veces es mas fácil, y conveniente decir así es la vida y que me importa lo demás; es un ciclo, un tiempo y después será otro lo cual no se que es, pero sea lo que sea lo que me interesa ahora es lo que soy, lo que tengo; tengo vida y no me importa lo demás.
Estamos tratando un tema de que dentro de nosotros hay como una conciencia de lo que somos, de lo que fuimos y siempre, por lo menos esta parte trata de que tengamos mas conciencia de todo eso; más, hacer de que esta nuestra vida, nuestra existencia, nuestro mundo, sea cada vez mejor, más agradable.
Es como una parte, una zona, algo así como el corazón físico que recibe la sangre y la distribuye; es un órgano que relaciona, que está relacionado con todos los otros órganos y los sostiene, los mantiene vivos; si bien todos lo otros órganos son necesario, es el cerebro con quién tiene una relación más directa, más estrecha; la mente y el corazón físico, son por lo que somos.
Así debe ser, tan estrecha, la relación entre el alma y el corazón. Es todo un organismo, no podemos decir virtual, no invisible, pero más real que el físico. Tenemos pensamientos, sentimientos, valores, sueños, deseos, que están ahí en ese mundo; no los podemos tocar con nuestros cinco sentidos; pero los sentimos, los percibimos, muchas veces están ahí y los podemos modificar, transformar, enriquecer o simplemente olvidarlos.
Es como si tendríamos un escenario en donde llevamos un determinado tema y luego salen a representar, a actuar, distintas partes como recuerdos, conocimientos, el espíritu como voluntad de acción, de obrar, de hacer, pero hay otras partes como el amor, la bondad, la caridad, la compasión que actúan, que toman parte.
Podemos llamar a esa representación un momento de reflexión, en el cual o después del cual hay como un resultado, hay algo así como se produce en la decantación. Muchas veces nos queda como una solución, como una respuesta, una decisión a tomar en nuestra vida activa o solamente decir está bien dejemos que las consecuencias sean, que las cosas pasen ó porque no podemos cambiarlas o por que es lo conveniente.
Pero muchas veces también, tenemos que tomar decisiones, tenemos que actuar.
Todo eso se produce dentro de nosotros de una manera real, pero a otro nivel que el físico, debemos acostumbrarnos a llamarlo dentro de un mundo espiritual. Es el espíritu hacedor del hombre, el director de tamaña representación; pero el publico es el corazón, aquello que observa aquello representado, que si bien es copia o representación de lo que pasa en la vida diaria; es algo más purificado, actúa la memoria, los recuerdos, es la experiencia, los miedos, temores, esperanzas, son representados allí, más aún son actores.
Pero hay alguien que mira, que es el mismo que mira nuestros sueños cuando soñamos; somos nosotros también pero en un nivel más profundo y más adelantado también.
En el escenario el corazón ve, parecería como si lo fuéramos alimentando; pero en sí es el mismo que alimentase de lo que vivimos y está siendo, está creándose, formándose.
Da la sensación que es otro, otro ser, tal vez un ser superior a lo que creamos, pensamos, o sentimos, que somos; como si todo lo que somos los hombres fuera una serie de yoes, y este corazón sea el tu, lo referencial.
Confiamos en el, y el es como si estuviera conectado, relacionado con algo semejante a él; pensamos, sentimos, lo puro; lo puro, lo agradablemente humano en esa parte nuestra, en ese corazón que tiene un cielo; ese es el cielo en el cual quiero estar, quiero vivir cuando estoy vivo.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 11 de Julio

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lunes, 27 de junio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 3

UMBRAL

Dios, el diablo, los demonios, los ángeles, etc., son productos de nuestra imaginación; por mas que hemos tenido testimonios, experiencias, etc., parecería que todo ello fue producto de lo que pasa en nuestro cerebro; que dicho sea de paso ahora se ha encontrado que en los intestinos tenemos neuronas, es decir que ya estamos encontrando órganos, por así decir, que piensan, manteniendo esta palabra pensar como la actitud de discernir y tomar decisiones.
Ese crisol que sucede, que está en nosotros, es como una bola de energía que está en constante actividad; así que ya sea la memoria, la imaginación y tantas otras actividades que tenemos dentro de nuestro cuerpo mudo, están sucediendo en cada instante de nuestra existencia.
Creo que ha esta altura del desarrollo de nuestra mente no tenemos ni idea de lo que sucede en cada uno de nuestras partes de las cuales estamos compuestos.
Pero aunque sea por un instante dejemos decantar, dejemos que nuestro ser logre una cierta paz, tranquilidad, armonía, aunque sea temporal, instantánea, pero considero que no tenemos otra posibilidad para vernos.
Es como estar en una playa de arenas blancas, que esta siendo besada por pequeñas olas de una mar azul, un cielo claro y transparente, un sol potente cuyos rayos nos lleguen de una manera que solo nos ilumine y nos de el calor necesario para vivir.
Encontraremos una alma quieta, en paz; un espíritu que solo puede ver la belleza del momento y un corazón pleno de la inmensidad del instante, de ese paisaje que nos hace recordar aquel paraíso perdido; ya que debe ser así un paraíso, lo superior, lo que somos capaces de imaginar como superior ¿qué es lo que sentiríamos además de los descrito, narrado?
Es como si estuviéramos rodeados de ángeles; ángeles en este caso son los pensamientos calmos, luminosos, armónicos, con los cuales hacen brotar al corazón como un niño que sale a jugar, a disfrutar ese momento.
Ángeles también son esas sensaciones, que tienden a ser sentimientos. Todo ellos es como ese mar sereno, tranquilo, de olas casi imperceptibles que acarician las arenas blancas.
Ahora hagamos una metáfora, veamos como la tierra, lo sólido contiene al agua del mar, le da morada, cuenca, lo contiene en su seno; más allá el sol evapora el agua y la hace elevarse como nube, para luego caer como lluvia ¿no es ello como si la tierra respirase a través del agua? Como si el agua fuera la sangre de la tierra; pero la tierra también respira a través de los volcanes.
Algo vivo es la tierra, ésta tierra que tiene en su seno el fuego aún atrapado, o mejor dicho parte del fuego inicial atrapado aún. Es un astro, un ser vivo, la tierra.
¿No es la naturaleza una hija de ella, no es el hombre un hijo de la naturaleza, no es la idea algo que brota, algo que nace del hombre?
Ahora la pregunta ¿no es el corazón aquella enramada, aquella morada, aquel entretejido formando por las ideas, brotado por las ideas, que algunas veces son pensamientos, otras presunciones, percepciones; es decir como si las ideas tuvieran partes, tentáculos con lo cuales teje, forman, eso a lo que hemos llamado corazón?
El corazón como producto de la evolución, como lo más alto, lo más profundo que ha creado la idea, el hombre, la naturaleza, la tierra, el universo, el cosmos.
Es como una punta de lanza, lanzada al vacío. Ese corazón es el que goza, el que ve, el que contempla el paisaje, en ese tiempo corto de plenitud, en ese tiempo finito y profundo, en ese espacio luminoso y tiempo abierto, en el que se presiente, se siente también, que hay un sentido, hay una armonía, una delicada relación entre lo que estamos siendo y aquello que queremos alcanzar.
Ese el camino, ese sendero de cabras por el que nuestro ser se relaciona, tiene contacto con algo superior, eso superior son como ángeles, como umbrales, desde donde percibimos que lo superior, es lo sagrado, lo divino, y porque no lo bello, todo lo demás es cimiento, base, pedestal.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 4 de Julio

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Gracias. Karigüe

lunes, 20 de junio de 2011

Libro “El Corazón" – Capítulo 2

EVOLUCIÓN

El mundo como mundo tiene su forma de ser, ha sido posible así, construido por una raza, una especie de monos que piensan, de animales, de barro pensativo; fue lo posible, es lo posible; con esas cosas como la envidia entre sus componentes, amores, odios, recelos etc.
Es muy interesante lo que dice Holan, lo que en realidad se pregunta: ¿El hombre seguiría siendo malo si nadie lo ve?
¿Cuál es la raíz de nuestro ser, será el miedo? ¿El temor al otro, el miedo ancestral de ser devorado por el otro? Está no solo la historia personal en nuestra memoria, está la de nuestra especie, que fue caníbal, esta la del universo también.
¿En donde está esa memoria? Repartida por todas partes, en el cerebro, en el corazón fisco, en los órganos; en los intestinos, ya que en ellos se han encontrado neuronas. Es decir nuestra historia está dentro de nosotros. Según los que estudian el genoma humano, has descubierto que los genes no desaparecen, hay algunos que están como acorazados hundidos, y de vez en cuando disparan sus misiles.
Es realmente un crisol, nuestro ser, nosotros, nuestro cuerpo mudo, nuestra alma, y aun nuestro espíritu.
Por que no, nuestro corazón también.
Pero esta joyita que tenemos adentro nuestro, es lo decantando, es lo sabio, es la parte más pura, más purificada que hemos podido lograr tener, construir, poseer; en él se refugia, se retira, aquello por lo cual estamos en armonía con estratos superiores.
Como si el cosmos tuviera estratos, niveles, órbitas; en este caso deberíamos hablar de niveles ya no como los del Infierno del Dante, que tenia como ultimo la ingratitud; en nuestro caso podríamos decir que hasta ahora lo logrado como nivel superior seria una vida espiritual, que para el conocimiento de nuestro tiempo ya no es muy desconocida, podemos saber de ella, hasta podemos experimentarla.
¿Qué hay más allá, más arriba, que la vida del espíritu, que la vida espiritual? El amor tal vez. El amor muchas veces no es tan puro, o por lo menos no trata de serlo, el amor es humano; es una cierta conmiseración, una cierta aceptación de lo que hasta ahora hemos logrado ser, con un esfuerzo titánico.
Nos sentamos alrededor del fuego, como para vernos, como para que el fuego además de darnos calor, nos reúna; y, conversamos, intercambiamos miedos, compartimos miedos.
En realidad la angustia, más aún la angustia existencial como la plantea Kierkegaard, es el miedo, el puro miedo; pero no siquiera es al fuego, ni al monstruo más temido sino al otro, porque sabemos lo peligroso, lo temible, lo impiadoso que es; pero, pero porque ya nos estamos conociendo.
Cuando uno entra dentro de sí, pasa como nos decía kant: “El hombre tiene dentro de si desde lo más malo hasta lo mas bueno, con el tiempo me di cuanta que está igualmente repartido”
¡Qué realidad más cruda! Pero es la más real, no tenemos que mentirnos, porque sino nos viene Milosz con su frase que dice: “Que horrible debe ser el mundo para aquel que no se conoce”
Frente a esta realidad cruda ¿Cuál es la función de este nuestro corazón humano; de éste corazón que ama? En la pregunta está implícita la respuesta; es el amor, él es como un sol que ilumina la oscuridad del ser del hombre; de ese ser que tal vez todavía está gateando, intentando caminar, ni qué pensar en volar.
Es como si fuera el último refugio del Moicano, aquel en donde lo ancianos y los enfermos se van a descansar para siempre.
Un refugio, una morada para otros, para aquellos que emprendieron el camino, el sendero de cabras, que es el conocerse así mismo.
Un valle, tal vez, para aquello hambrientos de conocimiento, de amor, de paz, de armonía. He ahí la otra frase de Bach: “La desarmonía es potente antes de la armonía”
¿No será así nuestro mundo, nuestra existencia? ¿No será que la armonía este después de la muerte, que sea la muerte misma? Pueda ser sino estaría, sino tendríamos dentro nuestro ese corazón, ese algo dentro nuestro que nos lleva a soportar la realidad del mundo, de la vida, y por momentos tal vez, solo por momentos, el hombre ve, se ve, como nos decía Sófocles.
¿Qué tiene que ver el acto de ver, mejor si decimos el acto de entender, de conocer, con el corazón, con nuestro corazón? Tal vez el ver, el acto de conocer, de entender, es como un órgano de ese corazón.
Un poro tal vez, una boca, la boca, por donde el hombre injiere lo ya digerido por la mente, por el alma, por el espíritu; y es como si fuera otro estómago como los rumiantes; y que al entrar a ese organismo, el organismo lo digiriera, absorbiera lo más conveniente, lo más adecuado, aquello que servirá como alimento, como hace los intestinos del cuerpo del animal.
Si intentamos ver a la evolución de la vida sobre la tierra, veremos como surge uno de sus últimos órganos, dentro de su criatura más desarrollada: el hombre; ese órgano es el cerebro; pero si focalizamos al hombre lo veremos como una criatura que sigue evolucionando, ahora tiene dentro de sí conciencia, espíritu, mente, alma, y corazón, más aún un cielo de ese corazón.
Seria este corazón, más aún este cielo de ese corazón, como lo último alcanzado, lo ultimo logrado, y, que estar ahí, aunque sea por momentos, por instantes, es lo más sublime, lo más divino, lo más sagrado, alcanzado por la vida, por la presencia de la vida sobre la tierra; y, dentro de ese barro pensativo.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 27 de Junio

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Gracias. Karigüe

lunes, 13 de junio de 2011

Libro "El Corazón" – Capítulo 1

"A partir del día de hoy comenzaré a publicar todos los lunes los primeros diez capítulos del libro "El Corazón"."

Karigüe
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POBLAR

Hemos avanzado de tal manera que hoy consideramos al espacio como aquello de afuera y de adentro; y al tiempo algo que viene del pasado, es instante en nosotros, para luego ser futuro.
Es como si en un cierto espacio, el espacio se adentra, pasa ser un espacio virtual, pero espacio al fin. Allí existen las ideas, los pensamientos, sentimientos, sueños, temores, esperanzas; daría la sensación que es un espacio esferoidal, cuyo centro, es como un agujero negro que late.
Hemos hablado sobre el cielo del corazón, aquello que siempre está, aquello que no cambia, aquello sin tiempo. ¿Hay en realidad un espacio en donde el tiempo no cambia? Parecería que este punto es desde donde nuestro ser es.
Los pelos absorbentes de las plantas, son los que permiten que lo inorgánico sea orgánico; en donde la savia, aquello formando por el agua y los nutrientes, sea vida, se convierta en tronco, en ramas, hojas, flores, frutos, perfume, además de semilla por supuesto.; ellos están del lado orgánico, vivo.
Así el ser está de nuestro lado, cumple la función de los pelos absorbentes, ya que saca, absorbe, del vacío lo que es después idea, hombre, mundo, cosmos.
Pero ahora una pregunta ¿Podría el ser tener corazón? ¿Podría ser aquel tu referencial, aquel al que no podemos mentir, aquel que siempre está?
Si nos situamos en ese espacio, en ese punto de transformación y lo contemplamos, podríamos describirlo. Queda claro aquí que el que va a describir es el yo, que por algunos momentos va a estar en estado de pura conciencia, mente, y en otros va ir describiendo en estado de ensoñación, es como estar soñado pero despiertos, en otros tal vez será puro inconsciente.
¿Podemos describir, escribir, desde lo inconsciente? Por qué no; la inspiración es un estado que oscila entre la ensoñación y el inconsciente, es como si en ese estado podríamos sacar, extraer, pedazos, no solo del ser, de nuestro ser, sino que podríamos hasta llegar a presentir, por qué no percibir, aspectos, partes del cielo de nuestro corazón, de eso divino que vive en nosotros.
Es a veces lo difícil, las dificultades que tenemos, aquello que nos va despertar, nos va a hacer avanzar a donde queremos llegar. Tenemos un objetivo y hacia él vamos.
Necesitamos reconocer que esa bisagra en donde cambia lo de afuera a lo de adentro y viceversa, es nuestra piel; aquello que divide, por un lado el universo, el mundo, el cosmos; y por el otro nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro ser, nuestro corazón, todos ellos viviendo como en forma invisible, pero real; estas son (una particularidad importante), son organismos, no es solo una parte, están compuestos de partes, de partes vivas, como está compuesto nuestro cuerpo.
El cuerpo físico está, está dentro de nuestra piel, pero es físico, lo podemos estudiar, ver, analizar en un laboratorio, como lo hacemos con lo que está afuera de nosotros.
Ese nosotros, es algo a lo que debemos poner atención antes de continuar. La memoria la tienen los organismos, los sistemas, los órganos, las células, lo genes; pero también las partes de nuestro mundo interior, está por así decir en todas partes.
Por qué no hacer una cosa continua, así como hemos integrado el espacio con lo de afuera y lo de adentro, por qué no integrar al hombre, sus dos mundos, el interior y el exterior, por qué no intentar hacerlo uno.
Si lo hacemos así, nos evitamos consideraciones de qué hacer con el cuerpo físico; lo podemos ver ahora como una parte nuestra, como un componente.
Aclarado esto, casi como con mandato, una determinación, nos encontramos ahora como con dos limites, por no decir varios limites, lo infinitamente lejano con lo infinitamente cercano, que es nuestro corazón; nos encontramos también con otros limites, como es la vida y la muerte; con el tiempo como aquel río que nos lleva inexorablemente de la vida a la muerte, como esa luz que emiten las luciérnagas.
Pareciera que estos límites son como rejas; pero lo interesante es que no están rodeándonos, no estamos adentro de ellas, sino afuera, esto quiere decir que habitamos ya en lo abierto.
¿No es lo abierto, aquel cielo de nuestro corazón, en donde, es cierto, lo estamos poblado? Más que una pregunta debería ser un respuesta.
Tal vez nuestro corazón está desde siempre, es un poro, un agujero negro, un punto o centro de inflexión, tal vez; pero de lo que considero que vamos a demostrar a través de un viaje a nuestra interioridad profunda, es que lo estamos poblando.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 20 de Junio

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Gracias. Karigüe