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lunes, 30 de mayo de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 10

SALTO

Tenemos, sentimos la necesidad de crear, de formar, como alimento, algo que nos eleve del fango en donde estamos; y esto no quiere decir que el fango sea algo malo; sino que, así como al quedar expuestos al aire y tener que habernos, creado, formado, los pulmones para respirar; hoy estamos nuevamente a la intemperie, en lo sin respuesta; y es allí cabalmente que tenemos, sentimos, la necesidad de crear, de formar un conjunto no solo de respuestas sino de cosas bellas, capaces de ser respiradas por nuestro espíritu.
Ese espíritu que ha cambiado también y ahora es el creador, el formador de eso mismo que tiene que respirar, es decir formador de su nuevo alimento.
Tal vez por primera vez que en el hombre, que en el animal que piensa, no tiene que recibir de afuera, de la tierra o de la naturaleza, su nuevo alimento, sino que el mismo se lo tiene que crear, más aún fabricar.
Gelhen decía, que la cultura es algo que hace de y a la naturaleza algo útil; es decir que ya la cultura, al crear, al formar la cultura, el hombre, más aún el espíritu del hombre estaba transformando a la naturaleza en algo útil, para el, algo que le permitía crear, formar, transformar a la misma naturaleza, en algo que al mismo espíritu, lo transformase.
Hoy tenemos frente a nosotros mismos, un mundo, el mundo mismo, ya que esa parte nueva, esa parte transformada ha creado al mundo, lo ha hecho humano al animal que piensa, lo ha transformado en eso nuevo, desde hace tiempo es, lo que hemos llamado: humanidad.
Estamos en el mundo, vivimos más en el que en la naturaleza; las técnicas, las ciencias, lo están demostrando, nos están demostrando; vivimos en un mundo, que es en parte virtual, es decir no es natural.
Tenemos los libros, las artes, las ciencias en sí, creadas, formadas, como para habitar aquello, que sentimos la necesidad de tener, más aún de conocer.
¿No es el mismo conocimiento algo virtual? ¿No es también el pensamiento, aquello que imaginamos, aquello que creamos, para luego formar una idea? ¿No es la misma idea algo virtual ya?
Es como si viviéramos en algo así como dos mundos, un mundo el real, en el que pasan las cosas de todos los días y otro virtual, que es imaginado, pensado, y al cual recurrimos para poder habitar con más precisión, como más sensatez, con mayor profundidad, las cosas de nuestro querido mundo real.
Allí es donde podemos ver con más claridad, en esos instantes, puntos, espacios de tiempo; algo así como atmósfera que el arte crea, que el arte permite que se forme, como un lenguaje nuevo, ese lenguaje que permite que el diálogo entre los dos mundos, para crear, para formar un tercero: el mundo espiritual.
Es como si fuera en tercer eje, el eje Z, el que se eleva de aquel plano formado por el mundo virtual y el natural.
Pero primero para poder habitarlo tenemos que crear su atmósfera; nos debemos preguntar: ¿No es la cultura ya su atmósfera? Aquella naturaleza transformada.
¿No es la atmósfera, aquello formado por parte del agua y la tierra: hidrogeno, oxigeno, nitrógenos, etc.? ¿No es aquello ya: la música, la pintura, la poesía, sus elementos que están creando, que están formando la nueva atmósfera?
¿No es el mundo espiritual ese nuevo habitad, ese nuevo lugar, ese nuevo espacio, más independiente del tiempo que los otros dos? ¿No es acaso la evolución, aquello, aquel camino, que nos permite, que nos hace más independientes del tiempo? ¿No es acaso el tiempo nuestra capa, nuestra piel, nuestro capullo del cual nos desprenderemos algún día para ser nosotros mismos?
El arte visto así, es solo como un nuevo paso, un nuevo escalón, un pequeño salto, no sólo paso, que hace el espíritu para volver a ser espíritu.

Karigüe

ÚLTIMO CAPÍTULO DE CORTECÍA. Si desea adquirir el libro completo de "El arte" en formato electrónico, puede solicitarlo enviando un email a info@karigue.com.ar

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Gracias. Karigüe

lunes, 23 de mayo de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 9

LA ESPIRITUALIDAD

El alma son movimientos internos; es tan profunda como el mar; todo un mundo interior, al cual no solo desconocemos sino ignoramos también.
Decimos espíritu, ánimo, voluntad; creador de un mundo espiritual, dentro de ese mundo privado, interno, interior, que es el alma.
Ya lo estamos haciendo como lo hizo Hipócrates, al abrir el cuerpo mundo y encontrar, ver tal vez por primera vez esas partes, esos órganos, esos sistemas, de los cuales estaba formado.
¿No estamos haciendo ahora lo mismo, pero con nuestra alma, con nuestro mundo interior, con nuestra interioridad?
Descubrimos también al corazón, aquel órgano interno que nos hace sentir, con el que registramos nuestras afectividades, deseos, esperanzas, sueños etc.; con el que amamos; con el que al percibir esas afectividades nos sintiésemos en un jardín; en donde sembramos lo recibido, lo concebido, para luego cosechar y porque no transformar en cosas aún más bellas de las originalmente sembradas allí.
Cuando escuchamos el rumor del bosque, el viento entre lo árboles altos, el viento como tormenta, el canto de los pájaros, los grillos, los alguaciles; al mar, al desierto, a las montañas; es como si todo los sonidos se depositaran en nuestra alma, más aún en nuestro corazón y allí rebotaran; se emitieran como un eco transformado, embellecido, perfumado por ese jardín interior, milenario, que desde hace no mucho nos está entregando sus frutos.
He ahí la música, he ahí la Novena Sinfonía de Beethoven, he ahí Las Pasiones de Bach, La Silfides de Chopen, El Adagio de Albinoni, Las Estaciones de Vivaldi, El Requiem de Mozart.
La música como el eco del cosmos en el corazón del hombre; he ahí la música como metáfora del universo, de la naturaleza, y porque no también, ahora, de eso nuevo llamado mundo
Parecería que esos sonidos capturados, retenidos, por un tiempo, como alguien que le agrega la salsa, el tuco, el condimento, a lo que ya está antes de nosotros.
La música nos lleva, nos transporta a mundos nuevos, a mundos nuevos creados por el hombre, registrados, puestos en notas, en melodías; de un universo, de un cosmos que entra en nosotros y agita como un viento al mar profundo que es el alma.
¿Qué es entonces la belleza? Porque esas notas, esas melodías son bellas, la sentimos bellas, como si ellas nos llevaran, nos transportaran a un nuevo mundo llamado espiritual; aunque resulte simple; el arte y la música en particular nos purifica, nos eleva, no hace sentir que no solo somos de carne y hueso, sino de una materia más destilada, más simple, más originaria, mas fundacional: la materia espiritual.
Porque en sí el espíritu es el que agita al alma como un mar; es el espíritu el que es capaz de elevarse, de salir, de irrumpir, al agitar la materia que por naturaleza quiere ser tierra nuevamente.
Es como si ese espíritu fuera de otra naturaleza, fuera de otro mundo, de otro universo, de otro cosmos; como si solamente nuestro ser contuviera en sí al animo, el atrevimiento, la vestidura de eso otro que nos trae entre sus alas: el arte, la música.
Nada es acabado, completo, en este mundo, en este cosmos, todo se está transformando, moviéndose, inclusive el hombre, el ser del hombre; ¿por qué no entonces deberíamos de pensar que así como la tierra recibe del universo exterior, materias nuevas, por qué no el hombre también?
Los sonidos, los recibimos constantemente aún los no registrados por el oído, los que llegan directamente a ese jardín, sin que nosotros los pudiéramos sentir y vuelven, salen, agregados, dentro de esas notas, de esos compases; algo más que luego registramos y nos sorprendemos como si fueran de otros mundos; pero en realidad lo son, están, han estado, pero son nuevos para nosotros.
¿Quién es entonces el que registra lo nuevo?
¿Quién es el que registra los nuevos colores, los que contienen un cuadro?
¿Quién es el que recibe lo que las palabras traen como nuevo?
Podríamos decir el hombre, el yo, la conciencia; pero es algo que no alcanza, no nos satisface, debería ser algo más profundo, más como nuevo también; porque si el hombre tiene ojos es porque quiere ver, si tiene odios porque quiere escuchar
Ahora esa naturaleza íntima de este ser, está creando, mejor si decimos se está formando en él, un nuevo mundo, un nuevo sistema, un nuevo órgano: La espiritualidad.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 30 de Mayo

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Gracias. Karigüe

lunes, 16 de mayo de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 8

LA BELLEZA

Caminos del Inca, hace unos mil quinientos años, los Incas construyeron caminos a lo largo de todo su imperio; caminos por donde corrían los chasquis llevando la información; por donde llevaban los alimentos, mercaderías, etc. todavía se puede ver algunos, se pueden también recorrer.
Son como venas, arterias, que permitían sobrevivir a ese imperio majestuoso.
Las comunicaciones en estos días se hacen de otra manera, es por el aire, por medio de satélites, por lo que una noticia puede recorrer el globo terráqueo en segundos; los otros medios se hace todavía por agua, por tierra y por aire, en aviones cada vez con mayor capacidad y cada vez más veloces.
En las tribus de la selva, aún residuo de ese gran imperio destruido, existen los habladores, aquellos que llevan las noticias, la información, de pueblo en pueblo a través de la palabra.
Así también en nuestro mundo moderno los idiomas, el habla escrita, hablada, es transportada, es comunicada en instantes.
Tenemos entonces un mundo que se integra cada vez más, un organismo que es vivo, rápido, e inteligente. Hoy por medio de internet estamos comunicados al instante, muchas veces sin saber quién es la otro persona, protegida por un seudónimo. Es decir que se está destilando la mente, los pensamientos, los conocimientos, convirtiéndose en anónimos, la inteligencia por la inteligencia en si, el conocimiento por el conocimientos en sí.
Se discuten, se intercambian, se perfeccionan, se pulen, sistemas como Linux, como las teorías cósmicas, atómicas, etc.
Por otro lado se puede considerar a la alegría del hombre, como una flor de la tierra, como una flor especial que solo brota en él.
Es como si un fluir, como si fuera una savia se eleva desde la tierra (para no ir más adentro, más a lo profundo) y es rama, flor y fruto, y es hombre, idea, inteligencia. Un mecanismo perfeccionándose es el hombre; y, un mecanismo superior que lo hace también es el mundo, perfeccionándose, por ahora con nosotros, pero si vemos como se están desarrollando las computadoras, las máquinas, veremos dentro de muy poco a la inteligencia artificial, manejando, dirigiendo, al mundo.
¿Qué es lo que los diferencia al hombre y al mundo artificial? Que ese mundo fue creado por el hombre, es su resultado, su consecuencia de millones de años de desarrollo, de evolución, pero ¿en qué momento se produce o se producirá ese desprendimiento?
Como si del árbol brotara una flor, como si el gusano se convirtiera en mariposa, como si del hombre se desprendieran las ideas, pensamientos, máquinas, máquinas inteligentes.
Nos cuesta verlo en nosotros, porque somos los que nos estamos dando cuenta de este fluir, lo estamos describiendo, tenemos la capacidad de hacerlo.
Es como si diéramos un paso al costado y salgamos de ese fluir, que no es otra cosa que la vida. Ella detrás de nosotros como pedestal y ella después de nosotros como inteligencia artificial.
La vemos, la describimos, hablamos de ella, la estudiamos; pero sin que nos demos cuenta, ella ya está arriba de nosotros, se ha, en parte esfumando.
Ese ojo llamado Hubbes, que está observando al universo, que lo esta oscultando, registrando ¿Somos aún ese ojo? Porque la información llega a computadoras y ellas nos dibujan lo registrado.
Solo nos maravillamos después, tenemos conciencia de la inmensidad, de lo bello, de lo hermoso que es el universo; porque aunque resulte extraño los ojos también siguen evolucionando, ya no ven solamente en color blanco y negro, cada vez describimos con más precisión, porque vemos la infinita gama de colores que tiene este nuestro universo.
¿No es así con los sonidos? ¿No es así con las palabras, que inicialmente poníamos: dolor y deseo en los gritos y sin embargo hay palabras como vasto que nos sumergen hasta lo todavía no imaginado? ¿No es así que ellos también evolucionan?
El arte así, entonces se convierte en lo nuevo, un mundo en donde la belleza sea como el aire que respiramos.
¿Cuánto nos costó formar las ciudades, vestirlas de confort. de placeres, de goces, de comodidades y las seguimos haciendo, las seguimos construyendo?
Deslumbro a ese mundo bello, a ese mundo transformando, llevando a estados que ya están en nuestros corazones, ya están en cada uno de los hombres.
Es como si ese fluir que es la vida esté llevando el contenido del desierto que aparentemente somos; entregamos a ese fluir, a ese río que es la vida, algo de nosotros. Somos transmisores de vida, pero a la vez le agregamos algo más, como si ese fuera el condimento, el tuco de los tallarines: la belleza
A través del arte, de ese trabajo fino del espíritu hacedor del mundo, esa alma bella de ese nuestro espíritu, que es distinta al alma del hombre. Podemos entonces ahora si decir que el mundo que está creándose a través del arte, es el mundo del espíritu de los espíritus, la destilación de ellos, que no es otra cosa que lo bello.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 23 de Mayo

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Gracias. Karigüe

lunes, 9 de mayo de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 7

DISECCIÓN

Si nos preguntamos ¿qué es el alma? ¿Qué es el espíritu? ¿Qué es el ser? Son preguntas de palabras. Deberíamos cambiar el ángulo y decir ¿Qué significa la palabra ser, espíritu, alma?
Nos encontramos con un paredón, algo que tenemos que franquear, o ¿es qué estamos hechos de palabras, más aún nuestro ser, lo que somos se ha ido construyendo de palabras?
Comenzamos teniendo registros, sensaciones, que fuimos almacenando; más aun digiriendo, y ese alimento, eso adquirido que no es otra cosa que experiencia pura, fue, la fuimos poniendo en alguna parte, como cuando almacenamos información en un archivo, en nuestra PC.
Podemos decir en la memoria, pero ¿en donde está ésta bendita memoria? Lo primero que se nos ocurre es en el cerebro, en ese órgano por el cual pensamos, vemos, usamos nuestra inteligencia etc., pero, pero yo no estaría tan seguro de ello, ¿Por qué?
Para dar una respuesta a esta pregunta, tenemos que ser amplios. Imaginemos que esa información, que realmente es mucha ya que se remonta a los orígenes, por lo menos de nuestra existencia; la almacenábamos como almacenamos información en Internet.
Ante todo, toda cosa que creamos, que inventamos como Internet, es una deducción, un producto, una destilación, una consecuencia de lo que vamos siendo. Nada se crea de la nada, todo es un fluir, de algo que emana de la tierra, como es la savia, como es la inteligencia del hombre.
Desde este peñasco, por así decir, podemos ver e imaginar a la vez, que nuestra experiencia, es decir lo vivido, fue almacenándose en todo el cuerpo mudo. ¿En todo nuestro cuerpo físico solamente?
Creo y considero que así nos quedaríamos en medio camino; aunque decir que la información adquirida, recibida, está en todo el cuerpo, es ya dar un salto, hacer un zanco en nuestra forma de pensar; lo cual tiene como consecuencia que esa información está en las células, en los genes, más aún en la memoria de ellos.
Pero, tenemos que seguir. ¿Tenemos otro cuerpo además del físico? El cuerpo mudo ¿es algo más que físico? Qué pregunta, por Dios.
Si, el cuerpo mudo además de lo físico tiene su propia alma, diferente a la nuestra, a la del hombre en sí.
El cuerpo mudo, antes que nosotros, el ser que lo habita, fue creado, fue formado, como toda cosa de la tierra, como todo fenómeno de ella, como es un volcán, una tormenta, una nube; pero cada cosa o cada fenómeno de ella es producto de una relación ¿con quién? Aquí hemos llegado a donde queríamos llegar. Es una relación con lo que la rodea: con el sol, con las estrellas, con la materia y energía oscura etc.
Es decir cada elemento o parte, o ser que la habita, está formado de cosmos, de universo, de una manera directa o indirecta.
Entonces nos encontramos con una grandeza: que este nuestro cuerpo mudo es ya un ser, no solamente del cual hemos brotado sino en el cual habitamos.
He ahí la grandeza, lo pesado, lo complejo que somos, ya que no solo soy yo el que piensa, el que siente, el afectivo, sino algo más, somos ese bendito cuerpo mudo, ese pedestal, esa concha, ese nido; creado, formado, por una fuerza poderosa que no me pertenece, ya que cuando ya existía el, yo recién, como hombre, como ser pensante, me fui formando.
Qué separación, que disección, tan fuerte yo y mi cuerpo mudo. Me siento como cuando Hipócrates abrió el cuerpo mudo y se encontró que no era una unidad, que era un organismo, como lo es un pueblo, un país, el mundo en sí.
Ya, ha ésta altura del camino, no me sorprende ésta división, ésta separación; lo que me atrae como un imanan, es cuando tenga que dividir, diseccionar al yo, al espíritu; y me encuentre con sus partes; que descubra que tanto el yo como el espíritu, son organismos también.
Frente a todo esto, nos encontramos como en una desolación; mejor deberíamos decir no con rocas sino con arena, no con olas sino con el encrespamiento del agua, con la excitación del agua por medio del viento, el encrespamiento de la vida por medio del tiempo.
Es como tener deseos de irse a descansar y callar; como si volviéramos de una jornada de trabajo y lo que quisiéramos es ir a descansar.
Después de un viaje con las palabras, a través de las palabras, del pensamiento, de las imágenes; como si hablar seria decir lo que ya sabemos, pero de otra forma; encontrar otra forma, otro ángulo de ver aquello que ya somos; pero, qué sin embargo no ha pasado a nuestra conciencia.
Es como si traspasáramos lo que somos a otra vasija, a otro depósito, a otra forma de depósito, de cántaro. No es entonces la palabra un cántaro que lleva de un lugar a otro, lo que somos, esa sustancia que somos. La lleva, la deja, la siembra, deberíamos decir, en ese nuevo depósito que era aparentemente desierto.
Pero he ahí que la sustancia que llevamos allí, fecunda, como fecunda el agua al desierto, el agua a la tierra. He ahí entonces el cultivo, he ahí el bosque que duerme, lo bosque que guarda todos esos infinitos acontecimientos, esas montañas, esos lagos, ese mar. Un mundo diferente, un mundo nuevo.
¿No es así ahora el alma del hombre, un mundo nuevo? ¿No es así el mundo en sí? Pero más aun ¿No es así el mundo espiritual del hombre?
Es mundo ya no creado por la palabra sino por el arte.
¿No deslumbramos ya la disección del espíritu? ¿En espíritu hacedor, obrador, creador; y, espíritu puro, bello, divino, sagrado, que el arte en sí construye?

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 16 de Mayo

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Gracias. Karigüe

lunes, 2 de mayo de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 6

EL SER EN SÍ

Los colores, los sonidos, las palabras, parecieran estar emparentadas, relacionadas; sabemos que es uno el origen, lo encontramos en la naturaleza.
Los sonidos pareciera que están también en los animales; los animales los escuchan; pero no sabemos si lo colores, menos si tienen palabras, es decir sonidos con sentido, pero poco a poco estamos descubriendo que sí, que algunos animales las tienen como los delfines, los pájaros, el perro.
Pero ¿qué es lo que nos deferencia de ellos? Tal vez porque pensamos, porque tenemos ideas; pero en sí también, no sabemos si los animales los tienen.
Así que concentrémonos en el hombre, el hombre ve las formas y los colores, escucha los sonidos, pronuncia, pero más que pronuncia escucha y emite palabras en donde deposita lo que siente, lo que quiere, lo que sueña etc., es decir todo un mundo interior, que sin lugar a dudas es más rico que el de otros animales.
¿No será que toda esa riqueza se ha ido almacenando dentro del alma del este animal, y se ha ido decantando a la vez; y, hoy tenemos como una vida extra, una vida dentro de otro vida, una vida inteligente, afectiva?
Como cuando en la tierra ese calor atrapado fue fundiendo a las piedras o rocas próximas; pero que algo igualmente quedó atrapado, hirviendo en ella; siendo ahora que emite bocanadas de vida, de existencia, como es la lava a través de los volcanes.
¿No habrá pasado así también en el hombre? Nacemos, somos creados con una determinada energía, luego somos recubiertos por el cuerpo y de vez en cuando emitimos ideas, pensamientos, etc., como si ellos fueran lava, solo por un tiempo, como lo emite la tierra también.
Pero en el hombre se produce un cambio extra, comienza a realimentarse con los demás; los otros le van dando, donando cosas, ideas, pensamientos y porque no hasta sentimientos.
¿Será que la tierra también de vez en cuando recibe meteoritos desde afuera, de los otros astros, como realimento? No nos damos cuenta porque los tiempos son diferentes.
En el hombre, ese intercambio de cosas, con los otros, crea, forma órganos, deberíamos decir organismos, grupos de hombres, podríamos decir hasta países que hacen, que forman, que crean funciones, como si fueran partes de un cuerpo, de ese cuerpo al que lo hemos llamado humanidad.
El yo nuevo, se erige sobre ésta realidad, sobre ésta realidad a la que podemos llamar el tu; la comienza a describir, a decir, a escucharla; pero lo más importante a pulirla.
Al sacar de ella los pedazos de roca, de mármol, les da forma; pule también los sonidos, dándoles forma de palabras y juega con los colores dándoles no solamente forma, sino combinándolos, convirtiéndolos, en imágenes que hablen.
Es decir va produciendo una transformación, como cuando el gusano abre su caparazón y es mariposa; cómo cuando la savia es flor, es belleza. Es como si fuéramos formando un nuevo tu, una nueva realidad, una realidad formada, pulida, por esa fuerza interior llamado el yo, llamado el espíritu.
¿No es de ella, desde donde brota la más bella de las flores que pueden crecer sobre la tierra y que solo brota en el hombre? Esa flor se llama: alegría.
Es como el perfume, como la atmósfera que respira ese hombre nuevo, es aquella flor que es fruto cuando el músico convierte la belleza de la naturaleza en melodía, como cuando el pintor la atrapa en un cuadro y la hace decir; como cuando el poeta la atrapa en un poema, y la hace decir cosas, como si fueran ladrillos, adoquines, que son pilares, paredes y techo de ese nuevo templo en el cual crece, en el cual está creciendo el corazón de ese hombre nuevo: lo sagrado.
Y ¿qué ese eso sagrado? No es mas que el Ser del ser del hombre, es decir lo que es, pero con más claridad, con mayor pureza.
Lo vemos a través del arte, lo vemos, lo sentimos con más calidad; pareciera que nuestra evolución, nuestro sentido es un encuentro, una mayor conciencia de que somos una presencia del Ser sobre la tierra. Somos el Ser en sí.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 9 de Mayo

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lunes, 25 de abril de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 5

CONCORDATO

El conocimiento acompañado por la inteligencia, forman y a la vez hacen avanzar al hombre, por senderos ni siquiera imaginables; cada paso, cada invento, cada descubrimiento, lo hace, no solo más grande sino más potente, al hombre.
Lo podemos ver, ahora en nuestros días, en el campo de las ciencias, de las artes, del conocimiento; con todo eso no lo podemos ver de adelante, esto quiere decir cómo está, en que estado está, es decir no nos podemos ver así mimos.
Si bien hace unos cuanto siglos, por que no decir milenios, pudo un hombre como Buda, verse así mismo, ver al hombre como es, como era entonces en ese tiempo.
Pero no podemos quedarnos con esa mirada, con esa mirada antigua, porque para decir en verdad, el hombre ya no es el mismo, ya es otro hombre; pero todavía nos hemos quedado como si las naturalezas, como la física, la mental, la espiritual, no hayan cambiando desde entonces, permanecerían siendo las mimas.
Pero veamos en que ha cambiando. Ha salido afuera, a conquistado mares, desiertos, ha descubiertos no lo nuevo, sino los que ya estaba ahí, más lo otro que fue inventando.
Para ver con un poco mas de claridad a nuestro tiempo, veamos a la música, nunca el hombre pudo crear ni disfrutar tanto de un arte como es la música, desde lo clásico hasta lo rokero; la música de nuestros días nos estremece, lo mismo que la danza, el baile y todo lo que se crea y recrea con la música como son los videos, las películas.
La pintura, por favor, cómo desde no hace mucho la pintura, el arte del dibujo con los colores, nos muestra como somos, nos recrea, y cómo se ha masificado, vuelto popular a través de los museos, como se ha esparcido, siendo no solamente en cantidad, sino en calidad, como nunca lo fue.
En el campo de otro gran arte: la poesía como se ha esparcido, como un gran hongo, dentro del ser, del hombre y afuera de él; vemos hoy en día como esta nutriendo a la Filosofía, a la Psicología, cómo si ella misma fuera la savia. Lo vemos como personas, como seres únicos, diferentes a los demás, cómo nos va trasformando, haciéndonos cada vez más completos, dentro de las posibilidades humanas.
Es decir que somos otros, unos gladiadores mentales, hacedores de cosas y lo más importante aunque todavía no se note con claridad, cada vez más humanos, más mundo, más formando parte de eso a lo que llamamos y nos cuesta tanto: parte de un ser llamando humanidad.
Podemos ver a un árbol, cómo se nutre, podemos ver a un hombre también, pero nos cuesta ver lo nuevo, aquello que en el tiempo de Buda no había: el mundo.
Ese tentáculo llamado ciencias, es enorme, cada vez nos alimenta más, nos nutre, no hace más fuertes, nos guste o no, disfrutamos de lo que ellas hacen, obran, a través de nosotros, de aquellos monos que hablan.
Ver al espíritu obrador, en cada uno de los hombres, ese ánimo, que hace, que crea cosas, ideas, una por necesidad y otra por placer. Porque si hay un factor obrador en el hombre, es porque siente placer, goce de hacerlo, de sentirlo; y, el más potente es el placer del espíritu.
Aquel placer que no sólo es por el obrar sino por la posibilidad de hacer otra obra, de sentir nuevamente el placer de hacerla y hacerla bien; son actos, son instantes en que lo oscuro que quiere obrar actúa de forma natural sobe la claridad de la mente del hombre, el hombre entrega mundo, su mundo, lo otro obra a través de esa entrega; a través de ese tiempo y dedicación entregados.
Es un concordato, es un acuerdo lo que produce el placer, es como si lo oscuro es o siempre fue y está ahora como almacenado, lo sentimos, lo percibimos, tal vez solo como sombra o huella, pero está ahí.
Tal vez el descubrimiento más importante en este siglo de Platino, es que eso oscuro que es, no es así, se hace, se está haciendo con nosotros y a través de nosotros también; pero aunque lo que es ya es; en nosotros es como si él se fuera destilando, gota a gota, como las gotas de rocía en una anoche quieta y oscura, llena de silencios, porque no hay un solo silencio, ni una sola oscuridad, es todo lo que cambia y crece, además de avanzar también.
Ese movimiento es lo que permite al Ser, ser, ser en cada uno de nosotros, de diferente manera, forma; es como si el mismo universo, el mismo mundo fueran astros, nada está sustentado en nada, todo es un permanente movimiento, un hacer cosas inacabadas; como si ese sueño de eternidad, de plenitud, sólo fuera instantes, como es la vida, como es el pensamiento.
¿No está formando el cuerpo de genes, de células, por qué entonces no debería estar formando así el alma, el espíritu y todo lo demás?
Es decir que parecieran partículas flotado en el vacío, sobre la nada relacionándose, formando cuerpos, órganos, organismos, capaces de estar aquí presentes, capaces de ser presencia, cada vez más nítidas y a la vez más potentes.
Esto es lo importante y por qué el espíritu siente tal placer al obrar, al crear mundo y cosas capaces de hacerlo sentir más a gusto, más placer por estar aquí hoy presente.
Porque el Ser ha salido de sí para volver a ser lo que algún día fue: caos, ying yang, los opuestos, la vida, la muerte y en el medio describiendo, creando, formando ese vacío entre los dos, ese campo desde donde salta la luz, ese arco eléctrico que se llama plenitud, ese concordato por instantes, ese ser uno aunque sea por instantes.
Es el placer de sentir uno con el Ser, estando aun vivos, robándole por así decir, esos instantes de plenitud compartida con el Dios, ese es el placer del artista, el que extrae de lo que ya somos lo que podríamos ser siendo aún hombres.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 2 de Mayo

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Gracias. Karigüe

lunes, 18 de abril de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 4

LO SAGRADO

Comenzamos a pensar, como cuando un niño comienza a caminar, paso, a paso, luego llega a correr, para, por supuestos, después se vaya desvaneciendo. ¿Sucede así también con el pensamiento, con el conocimiento?
A grandes rasgos, sí; pero si bien tanto en el pensar como en el caminar hay momentos de plenitud; estos momentos se pueden prolongar, con el deporte, con la actividad de pensar y el deseo de conocer.
Hay, también, como una satisfacción inconsciente; como cuando se corre, la ciencia dice que generamos endomorfina, que es una droga natural que crea el cuerpo y produce placer, de composición química muy similar a la morfina.
En la actividad creadora, en donde el pensamiento es como una herramienta, para despertar el mecanismo interior, un cierto mecanismo cerebral podríamos decir; y, esa actividad, ese hacer, genera placer, genera plenitud, no sólo para el cuerpo físico sino para una parte real, pero por nosotros desconocida.
El yo que es el que larga los galgos, el que pregunta, actúa como un motivador, como alguien que provoca, pero ¿a quién? No hay dudas al tu.
Pero ¿quién ese el tu? Para comenzar podríamos decir que es lo almacenado, lo guardado, lo vivido y guardado como experiencia, como conocimiento. Está el allí como lo que espera.
Digo: voy a correr, mi voluntad es como una fuerza inicial, que dispara, que activa el cuerpo, luego parece que el mismo se anima, de una manera inconsciente; y, luego esa actividad es la que produce plenitud, agradabilidad, placer.
En el pensar es algo más, se despierta el tu y toma las riendas de una manera inconsciente para el yo, pero consciente para el tu. El tu se despliega, se abre, es como cuando se abre un dique, cuando se produce el deshielo en la alta montaña y nace, se crea el riachuelo, baja y riega el desierto convirtiéndolo en valle; luego el árbol, el fruto, la flor, el perfume, la belleza.
Un placer, pero del alma, solemos decir, pero en realidad es del cuerpo, del cuerpo mudo; pero he ahí que tenemos que nombrar a alguien más: al espíritu.
De acuerdo a lo caminado ¿qué es entonces el espíritu? Algo así como el perfume del cuerpo mudo. Veámoslo de otra manera, imaginemos una vela encendida; tenemos la cera, imaginemos que es el cuerpo; tenemos la mecha, imaginemos al alma como la mecha; ahora, imaginemos al fuego, bueno el fuego es el espíritu.
El que consume la cera a través de la mecha, en la mecha es que se quema la cera para ser fuego. Esta transformación no es muy diferente a la que tiene el árbol cuando toma de la tierra la savia y la lleva formando el tronco, las ramas, las hojas, las flores, el fruto y el perfume.
¿Por qué entonces debería ser diferente en el hombre, éste proceso? No hay duda que es semejante. Pero veamos otro detalle, sabemos que la vela da luz y hasta calor limitado. Pero nuestro espíritu consume al cuerpo, al alma, y luego es la luz, es en lo que se convierte.
En el caso de la tierra es la tierra misma que se convierte en bosque, para ser flor, fruto, leña y hasta perfume, pero algo más: belleza. Pero en sí la belleza es algo superfluo, algo que si nadie la ve, no es apreciada. ¿Cuanta belleza, muera sin que nadie la vea? El árbol es bello para sí mismo. No sigamos por aquí, porque nos podemos empantanar.
Veámoslo desde otro punto de vista, el árbol es porque si, por que es así, fue creado o se está creando así mismo; no podemos decir más porque el árbol no habla, por lo tanto no podemos entenderlo, no podemos saber más de él.
Imaginemos ahora que llega un extraterrestre y examina todo lo existente, a la vela, al árbol, a los animales, a los hombres etc. estaría como nosotros frente a los árboles; puede saber químicamente, físicamente, pero nade eso que se llama, en el caso de los hombres alma o espíritu, voluntad, belleza, amor, etc.
Ahí entonces el habla, la palabra, como para expresar, como para comunicar; pero ¿es lo único? No, sin duda que no, ya que tenemos la música, una melodía de amor, por ejemplo, dedicada a una mujer, puede decir mucho del que la crea, del que la toca; lo mismo pasa con la pintura, un cuadro puede expresar muchas cosas, como por ejemplo el zapato de Van Gogh, no sólo es un zapato, es la historia de un campesino, el trabajo del hombre de campo.
Estamos entrando ya en un terreno más abierto, como es el de la expresión, ex – presamos, es decir liberamos cosas que tenemos adentro.
¿No estaba dentro de la vela, la luz? ¿No estaba dentro de la tierra la belleza de una flor, su perfume? ¿No está, también, dentro del hombre cosas bellas, sutiles, armoniosas, de plenitud, de amor, de fe, de esperanza, etc.?
Es el arte lo liberador en el hombre, lo que hace que esa lava que bulle dentro de él sea calor, cenizas, fuego que hace de la tierra cultivable, la hace, la convierte, la prende, para que de ella sea, brote, la naturaleza.
O sea que es como si dentro de toda cosa, algo está, algo está atrapado, algo que necesita ser; y, eso que quiere, desea, de manera consciente e inconsciente, natural y artificial, en el hombre, es que sea algo más que luz, algo más que belleza, algo más.
Considero, nada más que considero, que todavía no sabemos qué es lo que profundamente quiere ser en nosotros y por eso le pongo el nombre de sagrado
El artista, el poeta, por momentos es como el elegido, para tener contacto; sutil, volátil, imposible de ser capturado, atrapado; pero es con la palabra, la pala que abre, con la que de vez en cuando le roza, los estremece, eso que ya es en nosotros, en todos los hombres, pero que todavía no podemos saber, ni entender, ni percibir; dejémoslo así, con esa palabra: lo sagrado.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 25 de Abril

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Gracias. Karigüe

lunes, 11 de abril de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 3

EL SER COMO ARTE

Si uno ve, intenta ver, imaginar nuestro pasado, hacer una especie de reconstrucción (cómo hacen los arqueólogos) con lo que tenemos, con lo que sabemos; nos encontraríamos como cayendo por una cascada, eso significa que somos el agua que circula por la cascada, ya no tiene posibilidad de retornar; mientras la cascada en sí, la parte de la tierra que es cuenca, que es morada, permanece.
Nos da un poco de temor imaginarnos monos, más aún batracios, reptiles, etc., es como si tendríamos vergüenza de haber sido así, de haber tenido esas formas.
Pero veámoslo de otro lado, alejémonos y imaginemos ver cómo evoluciona la vida, la naturaleza, veremos que una planta se nutre, saca su alimento de la tierra, es decir la chupa con esos pelos absorbentes que tiene, luego es tronco, flores, frutos, y por ultimo perfume.
Y si vemos a un animal, lo veremos devorando a sus semejantes, es decir a otros animales o plantas, para sobrevivir, paro estar presente aquí, con la forma conseguida, con la forma adoptada.
Nos damos cuenta así que la vida está sobre la tierra, consumiéndola, devorándola, como hace un niño cuanto bebe su alimento del seno de su madre.
Se ve una continuidad, como si estuviéramos de acuerdo en continuar, en seguir, por la senda que hace mucho hemos tomado. Pero ¿cuál es esa senda? Creo que no nos costaría mucho decirlo, porque a esta altura de nuestro desarrollo tenemos dentro de cada uno de nosotros, cuál es lo mejor, cómo vivir una vida plena, agradable, y por supuesto luchar por ella.
Pero veamos otro aspecto interesante; vamos percibiendo, alimentándonos, pero no solo de comida, sino de conocimiento. Veamos un ejemplo práctico de todos los días: cuando tenemos un lugar iluminado vemos más, con más claridad las cosas que están allí, las cosas que ese lugar contiene.
Y tiene una cierta medida, por supuesto, esa claridad; la que pueden ver nuestros ojos; pero a la vez podemos profundizar como por ejemplo ver algunas partes a través del microscopio, analizar, estudiar la materia de la que están hechas las cosas que contiene ese lugar.
Así es nuestra mente. Realmente si nosotros creamos, mejor dicho pensamos que creamos, una idea, es porque ya está la idea. Esto quiere decir que hemos llegado a que un conjunto de cosas se relacionen entre sí y den un resultado, pero eso ha llevado tiempo.
Las creaciones, inclusive las artísticas, como cuando queremos ver, a través de iluminar las cosas, verlas con más claridad, verlas como realmente son; lo primero que hacemos es crear la electricidad a través de una fuente, luego transportar esa energía eléctrica, luego hacer las instalaciones, para terminar consiguiendo, fabricando, una lámpara; y así solamente después de este proceso tenemos luz, luz artificial, luz creada por el hombre.
Ya sabemos todo lo que les llevó a nuestros antepasados crear la energía eléctrica; sabemos también el esfuerzo para crear nuestros conocimientos, nuestra cultura. Aquí se puede ver con claridad la definición de cultura de Gelhen: “La cultura es hacer de la naturaleza algo útil”
Una sinfonía de Beethoven, las pasiones de Bach, el Requiem de Mozart, fueron y son obras que al hombre le ha llevado miles, por no decir millones de años hacerlas, construirlas. Que estos talentosos músicos les hayan dado el golpe de horno, nadie lo duda.
Desde este punto de vista pareciera que el arte, es hacer útil, algo más útil, no sólo el conocimiento sino lo que hay en el alma del hombre; hacer que esos movimientos que es el alma del hombre sean colores, notas o palabras que expongan, que muestren.
Como es el perfume de un jazmín. No todas las plantas, árboles, dan o son bellos para nuestra percepción, sino que el arte vendría a ser como una sombra que caminan adelante nuestro, y nos lleva a ser, a sentir, a percibir, lo que ya somos.
Como si en sí la belleza al ser perfume de la tierra, es en lo que la tierra misma se ha convertido. ¿No es entonces así la belleza? Es en lo que se convierte el hombre, en lo que se puede convertir, después de haber vivido, de estar viviendo, entregando, como proceso, como fenómeno natural.
El arte como perfume de la vida del hombre. La belleza es el placer de nuestro ser, en donde hasta el alma y el espíritu están afuera, es decir son capaces de ser contemplados, de ser captados como agradables, como bellos.
Entonces hemos llegado a un punto en el cual debemos considerar que el arte pertenece al ser, nuestro ser, al ser del hombre, algo que es más profundo que el alma, que el espíritu.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 18 de Abril

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lunes, 4 de abril de 2011

Libro “El arte"– Capítulo 2

CONFIANZA

En la medida que vamos avanzando, vamos creciendo, es como aquellos misioneros que se internaban en la selva amazónica, tratando de convertir, de evangelizar, dar a conocer la palabra de Jesús, a los nativos, a los salvajes; tratando hacer conocer su religión.
Nos encontramos, no tanto podemos decir con paredones, sino con la oscuridad, el silencio, la niebla, que no nos deja ver, no distinguimos; como es por ejemplo en tratar de entender otra forma de ser, otra forma de pensar como la que tiene los pobladores del Amazonas; mucho más nos va a costar entender a los animales, a los fenómenos, como el rayo, el trueno, el viento y más aún a lo estruendoso que es el universo.
Por lo menos tenemos a la palabra, ese sonido con significado; allí ponemos lo que queremos, lo que deseamos, lo que tememos; nuestras angustias, nuestras esperanzas, nuestros sueños.
Pero aun más, desde los Griegos antiguos, desde el despertar de la humanidad, como fueron lo Presocráticos, hemos comenzado a pensar, a crear ideas; a tratar desde Parmenides al Ser, a aquello que es desde donde todo es, aquello que nos contiene, que nos da vida, que nos da la posibilidad de ser, de estar por un tiempo en esta nuestra morada llamada tierra.
Esiodo cuando encuentra un pez petrificado en las colinas de Grecia, se imagina que algún día el agua cubrió la tierra e imagina que el animal, el hombre en sí brotó del barro; de ese barro que se forma cuando el mar se retira, cuando el agua se va; desde entonces tratamos de imaginar que hay un elemento primero, como Tales nombra al agua, Heráclito al fuego; Empedocles al viento y Parmenides al Ser.
Han pasado más de dos mil años, desde entonces hemos avanzado, hemos crecido, con los conocimientos que han brotado del diálogo, del pensar.
Comenzamos siendo hermafroditas, luego nos separamos; para más adelante a través del pensamiento otra separación: la del yo y el tu; nos hemos preguntado, hemos creado un dialogo entre el alma con ella misma, es decir entre el tu y el yo.
Ahora en nuestra era de Platino se está produciendo otra separación; es bueno aclarar aquí que el universo en sí es una constante separación, desde su creación, desde el big bang.
El tu es lo almacenado, aquello formado por la experiencia, lo vivido, lo que hemos ido digiriendo; primero el grito, luego el nombre, la palabra, para terminar nuevamente en el silencio.
Desde hace no mucho el hombre, no sólo salió a descubrir nuevas tierras, nuevos astros, nuevas galaxias, sino que está adentrándose en el y va encontrando otro universo tan maravilloso como el exterior. Los sueños son recuerdos, ellos nos traen como en cuenta gotas aquello que hemos olvidado.
Si bien con los conocimientos adquiridos, vamos sabiendo, descubriendo lo que somos, como es el caso del Psicoanálisis, como es el caso de describir la conciencia, mejor deberíamos decir creándola, haciendo como un claro en el bosque sin ser bosque, el bosque en si es lo oscuro, lo inconsciente, aquello que permanece en la oscuridad y en el silencio.
Bueno, pero estas son solo palabras que indican limites de algunos de nuestros sentidos, como es el del oír, escuchar y el de ver. Dos sentidos que lanzamos hacia afuera y hacia adentro con el fin no solo de devorar sino de describir, de conocer, de saber de nosotros.
Frente a estas dos palabras creadas, inventadas; mejor deberíamos de decir atrás de estas dos palabras está lo desconocido que late.
Está lo que somos, por lo que somos. Somos como ese trasatlántico que cruza el mar del tiempo; pero nuestra conciencia, nuestro yo es el piloto, ni siquiera el capitán, solamente el piloto, aquel que está cuidando el instante, aquel que tiene que estar despierto para que este navío no encalle; para llevar a este navío a su destino.
Pero ¿quién indica el destino? ¿quién indica el camino, la ruta? Se podría decir el instinto, la percepción, la imaginación, las fantasías, etc. es decir un parlamento, un conjunto de partes, de partes nuestras, en las cuales está indicado, está incluido lo divino.
¿Que es lo divino? Es aquella sombra que está siempre adelante nuestro; a medida que avanzamos avanza la sombra, sin poderla alcanzar nunca; sólo hay una forma de saber de ella, de saber algo de ella: es abriendo camino, siguiendo un camino el cual está de acuerdo, un acuerdo, un arreglo, una armonía con lo que siente el corazón de cada uno de los hombres que conformamos este mundo.
Pareciera que existe como un sol y que ese sol irradia una sombra, que da sobre la tierra, una sombra de cada cosa, de cada animal, de cada hombre
Está vedado aún para el hombre de saber, de conocer ese sol, pero si sabemos que existe, que está, que está presente siempre; pero tenemos solamente esa sombra con la que al acordar, sabemos, más aún presentimos el camino a seguir, el único camino.
El diálogo con esa sombra es lo humano, más aún es el arte. El conocer nuestro perfil, por ejemplo, nuestra forma física proyectada; el ponerlo en palabras, eso que cambia, no en si la sombra sino la percepción de la sombra, del perfil de esa sombra.
Nos podemos hundir en la nieve, pero la sombra seguiría flotando en ella y, a veces cuando nos perdemos, cuando estamos o creemos estar perdidos, es cuando ese sol nos deja de iluminar; porque muchas veces nos encerramos, en nosotros mismo y no dejamos que ese sol nos ilumine, no dejamos que ese sol que es la fuente de vida nos acompañe, esté con nosotros. No confiamos.
Solo en la confianza, en la entrega, es cuando el arte es arte, es cuando oscuridad y silencio disienten ya sea a través de la palabra, de la melodía, es decir del sonido con placer del alma y del espíritu o simplemente a través de las formas y los colores percibidos y atrapados.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 11 de Abril

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Gracias. Karigüe

lunes, 28 de marzo de 2011

Libro "El arte” – Capítulo 1

"A partir del día de hoy comenzaré a publicar todos los lunes los primeros diez capítulos del libro "El arte"."

Karigüe
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MUNDO ESPIRITUAL

El arte es la manifestación más íntima, más genuina, del ser humano.
Dentro de la evolución de las especies tenemos no sólo grados, no sólo Darwines, sino profundidad también. Un mundo exterior acompañado de un mundo interior.
No tenemos mucho ya de que hablar sobre el mundo exterior, está a la vista, lo podemos ver todos los días, sus adelantos, las relaciones, los descubrimientos; las ciencias, las tecnologías, etc. que están creando, por así decir un mundo exterior maravilloso. ¡Que hay mucho que hacer! Lo habrá siempre.
Pero éste muestro mundo interior, es un conjunto de cosas, intimas, personales, profundas; tal vez con la Psicología estamos conociendo algo más, el Psicoanálisis y todo tipo de ciencia que nos vayan dando conocimiento de ese nuestro mundo interior, de esa nuestra alma.
¿En dónde esta? Debe estar esparcida en todo el cuerpo, en todas nuestras células, en todos nuestros genes; pero presentimos, por experiencia personal que la gran parte de esa alma, debe estar en el cerebro.
Una experiencia importante fue la que comentó Chopra: En una Universidad de USA se realizó un trasplante de corazón a una mujer joven; esta mujer soñaba, y también como recuerdos difusos, un bar y un accidente con una moto. Se siguió profundizado y se descubrió que el corazón donado era de un joven que después de haber estado bebiendo en un bar, el mismo que la mujer joven recordaba, murió en un accidente de motos.
La pregunta inmediata es ¿el corazón, es decir ese órgano formando por células, genes, tejidos, tenía memoria, era capaz de recordar?
¿No estará sucediendo lo mismo en todas las partes de nuestro cuerpo? Por qué solamente darle al cerebro ese privilegio de recordar, de pensar.
Por otro lado el cerebro formando por neuronas, por sinapsis, es como la superficie de la tierra. En la tierra se producen tormentas, nicroclimas, mareas, vientos, temperatura, presión, etc. es allí, también, en donde se produce el rayo, el trueno.
¿No será lo mismo que en el cerebro? Porque allí se produce, la idea, y la palabra como sonido. Nos cuesta, mejor dicho, no comprendemos lo que quieren decir los animales, menos las olas del mar, los truenos, lo rugidos de la tierra; menos por supuesto los sonidos que no llegan del exterior de la tierra, es decir del universo.
Nos daría la sensación, a través de ello, de que el cerebro, que en el cerebro, se están produciendo, fenómenos cuyo resultado es la conciencia, el pensamiento, los sentimientos. Es decir todo un universo se está gestando, se está desarrollando, se está formando en este mundo interior.
Y el arte como expresión, como perfume, como algo que se destila de una manera inconsciente y consciente, por separado y a la vez. Así como nació, broto, el grito, el alarido, para luego ser palabra; así también se está gestando el arte, primero como rayo, trueno, como idea, como palabra; ahora como color, como sonido, como palabras que expresan no solo nuestros deseos, sino aquello que se está gestando dentro de nuestra alma, que no es otra cosa que el ser, nuestro ser. El arte es la expresión, es como si éste ser intentara, tratara aún, de expresarse y lo hace a través de la palabra poética, a través de la poesía, el arte de las artes.
Si bien el músico traduce, hace como una metáfora de lo que escucha en el mundo exterior y al llegar a su alma, eso que escucha vuelve como eco, como eco también de ese ser; pero como si en la melodía estuviera allí, sin decir, convertido en una agradable sensación, agradable percepción de que existe, de que hay un mundo nuevo, un agradable mundo nuevo que convive con el exterior a través de esas melodías. Es como si ese eco, ese maravilloso eco que es la música volviera, entrara y nos fecundara, sembrara en nosotros semillas de eso que ya se hizo en el músico, por medio de su talento y que ahora está en nosotros, como un campo cultivado, como un jardín.
La figura, los colores, los matices de los colores, no hacen mas que reflejar lo exterior, como un crepúsculo, cómo un rostro, como un paisaje; pero eso es como el envase, el pintor pone adentro la historia, su historia, lo que para el significa, lo que lo estremece, podemos decir, a través y por su talento. Es por el talento almacenado, por toda la historia del hombre y trasmitida, destilada en el alma de artista, en el alma del pintor.
Es como volcar dentro de esas formas esos colores, aquello que está brotando como reflejo, como cuando se refleja la luz del sol sobre las hondas que el viento eleva del lago, del mar, como si el mismo viento lo encrespara, lo despertase y así, de esa forma juegan el lago, el mar, con lo rayos del sol. Ahora nuevamente ese encrespar de nuestra alma juega con los rayos del sol, que ahora es luz; son como si desde adentro lo atrapado, que no es otra cosa que la manifestación de nuestro ser ve, vemos como en un cierta comunión nuevamente, un paso mas, un pasito más, en este despertar, en este surgir de nuestro ser en el mundo.
Es entonces en la palabra poética en donde nuestro ser se expresa, es como si el hablase por nosotros, somos realmente nuestro ser; pero como si nuestro cuerpo fuera el capullo desde donde está saliendo, brotando la mariposa, que levantará vuelo, que llevará inclusive a nuestro cuerpo por un mundo más puro, más habitable, porque éste ya está viejo, ya no tiene el oxigeno necesario para que nuestra alma respire.
Ese mundo nuevo es el mundo espiritual, al cual la palabra poética lo funda, como si ellas fueran como las piedras con las cuales estamos levantando nuestra futura morada.
Es nuestro ser, es el ser; pero no como ultimo paso sino como un paso más, en la continua evolución, creciendo, que es nuestra presencia aquí en la tierra, habrá y vendrán nuevas cosas, nuevos mundos; pero este para los hombres de siglo de Platino es suficiente, y necesario, allí podemos respirar esta nueva vida, ya no solo con el cuerpo, este acorazado maravilloso, sino con algo nuevo también llamado espíritu.
No teníamos un cuerpo como el que tenemos ahora; no teníamos un alma como la que tenemos ahora. Ahora el ánimo por existir, por vivir, por estar presente se ha convertido como un ave, le hemos puesto el nombre de espíritu, porque él nos llevara a eso mundo todavía no inventado, creado; para que es niño, niño aún, pueda estar mejor, pueda vivir mejor, pueda ser más pleno, más feliz; ese niño aunque resulte a la vez que extraño y repetido se llama corazón.
Un corazón que es llevado por esa ave divina, maravillosa y nueva, a su mundo, el mundo del espíritu, el mundo espiritual.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 4 de Abril

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Gracias. Karigüe