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miércoles, 27 de mayo de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 10

UN POEMA

Los años avanzan inexorablemente, nos van consumiendo, ofrendando, como todo árbol, como todo animal, como toda vida: y en ese consumir hacemos, construimos, aunque sea temporal, nuestra morada; nuestra fortuna para los años que nos quedan, para que estemos mejor, para que podamos descansar. Aunque en realidad, nuestra existencia no cambia, lo único sí, no trabajamos.
Decía Goethe que: “Dios puso al diablo, para que el hombre trabaje” El trabajo es si es una necesidad para lograr vivir, tenemos hambre y sed, y tenemos que conseguirnos el agua y la comida; lo otro tal vez es obra del diablo: el lujo, los vicios, la apariencia, etc.
Todo eso para el hombre es como subir a una montaña, es esfuerzo; inclusive hasta los delincuentes lo tiene que hacer, pero es la excepción, lo general es un esfuerzo sano.
Lo que consigue un hombre maduro es una cierta paz, una cierta sabiduría, satisfacción del deber cumplido, con lo cual se apacigua el fin, el final. Sentimos que nos vamos desgranando, la tierra va recuperando lo suyo, hasta que por ultimo, entregamos aquello que fue ropaje, el cual hemos cuidado, y tenemos que agradecer.
El antes y el después lo ignoramos; por otro lado vemos a las montañas, las nubes, el sol, la luna, las estrellas, como todo aquello que permanece. Si bien ahora sabemos que no es por mucho tiempo, pero ha nosotros nos superan. Es por ellos que somos. Como decía un poeta: “Somos polvo de estrellas”
Estamos en un mundo donde nos cuesta vivir, no sólo es un esfuerzo físico sino mental y hasta espiritual, por las desviaciones de nosotros y de los demás; para ello basta ver la historia cómo está plagada de guerras, de violencia y de injusticia; pero a la vez hemos creado un cierto orden, lo estamos creando a la fuerza también; y, como agregado lo embellecemos, lo estamos volviendo bello.
De alguna manera somos echados de un estado, que se imprime dentro de sí como un paraíso. No es el vientre de la madre, es un proceso de formación, de gestación fuerte, para el hombre como hombre.
De donde venimos es de un paraíso, y estando aquí lo extrañamos, queremos volver a él, pero no sabemos cómo, porque el límite posterior, es decir a la muerte, le tememos.
A través de la historia, intentamos ver, con sus altibajos, con la naturaleza humana y animal del artista, que estamos construyendo un mundo bello, un paraíso aquí, ahora, en la tierra.
Esto seria lo natural, pero a la vez hay un sabor, como el de la sabiduría, como el sabor de la comidas, de las bebidas, del placer en sí; pero una placer especial que es el obrar, el obrar en su más profundo sentido, que es crear una obra de arte.
Es decir si bien tiene sentido el volver a éste mundo un paraíso, tiene mucha más profundidad el placer de construirlo, de hacerlo, de inventarlo; y no hay otra manera que con esfuerzo, con el trabajo. El trabajo en si, como toda cosa, como todo elemento, herramienta, o medio, ha ido evolucionado, desarrollándose, creciendo, siendo, siendo en el hombre como una de sus partes; como un órgano, como un sistema, de su cuerpo.
Pero el trabajo es algo más que una parte de su cuerpo; es como la pala con la que fabricó los cimientos de su morada; caminos, diques, puentes y hasta abrir la tierra para encontrar los metales.
Más que una herramienta, el trabajo es una actividad que cumple el hombre en forma automática, como es el respirar, el caminar, el mismo soñar.
Debemos haber estado en un mundo bajo agua; pero cuando se retiró, cuando quedamos sobre un valle andino, no solo tuvimos que crear nuestros pulmones para seguir viviendo, sino que tuvimos que ir en busca del agua. La sed nos dio la necesidad, cuando el agua se retiró.
El origen del hambre, lo tendríamos que ir a buscar en los primeros años de nuestra existencia sobre la tierra, tal vez cuando fuimos amebas.
Pero cuando la naturaleza se retira; en las sequías, cuando el agua no cae del cielo, etc., el hombre ha tenido que comenzar a sembrar, regar, cultivar; y si seguimos así podremos ver que la cultura es el acto o la actividad de hacer útil a la misma naturaleza: el trabajo. A través de él, es que el hombre sobrevive cuando la naturaleza, uno de sus últimos bastiones de la tierra, sobre la tierra, se comienza a retirar.
Es decir todo aquello que antes, la naturaleza nos daba, nos donaba en forma natural; ahora el hombre a través del trabajo lo tiene que conseguir.
Aquí vemos al trabajo como un órgano; como aquel que trae, introduce, en nosotros él alimento, como lo hace los pulmones con el aire, como lo hace el aparato circulatorio o el alimenticio.
El hombre tuvo que inventar o crear sus ojos para ver, sus oídos para escuchar, sus manos para agarrar, sus brazos para abrazar; así también el trabajo, para reemplazar a la dadivosa naturaleza; y, además a la nueva morada, el mundo, convertirlo en bello.
El alimento, el sustento, es el pedestal, el cimiento; lo otro es el paraíso.
No he visto, no he conocido hombres trabajadores, dedicados, a su manera, como los poetas, aquellos en los que brotó la pasión de la poesía, ya no se podrán irse de ella. Es uno de los brazos, de las ramas, del paraíso.
Por una parte el deseo está dentro de nuestro corazón y por otro, parecería que nos llegan hebras, hilos, casi invisibles, con los que tejemos las palabras, como cuando formamos un Rosario, o un collar, o simplemente cuando tejemos un canasto con esos hilos invisibles y tratamos de poner, de colar en él a las palabras, algunas pasan de largo y otras las que por su consistencia son precisas, quedan.
Un poema es como un ramillete de flores, más aun es como cuando la Sra, Rosita retiraba las flores del jardín de mi hogar y lo llevaba al mercado todos los Miércoles
Era ese ramillete de flores dentro del canasto de doña Rosita: un poema.
Karigüe

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miércoles, 20 de mayo de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 9

SAVIA

Por momentos o por días, uno se separar de lo que está haciendo, por ejemplo, escribiendo, investigando, conociendo; y, cuando vuelve, cuando se quiere retornar, no sabe a donde se había interrumpido; pero es tan grande nuestra memoria, nuestro cerebro, que al comenzar otra vez a escribir, es como si volvieran las ideas, los pensamientos, y dicen: aquí estoy, aquí estoy nuevamente.
Tenemos adelante de nosotros al mundo, a los otros, a las cosas; y a lo que se produce por la relación, por el contacto, por las circunstancias.
Al comenzar un tema, parecería que no hubiera nada, bueno como nada no, lo que había eran cosas que desconocíamos, que luego al avanzar fuimos lentamente viéndolas. Por el atrevimiento, vamos conociendo cosas que no conocíamos, pero que estaban allí; y, otras son las cosas que cuando el Dios se retira tenemos que ocupar su lugar, esto significa hacernos cargo de las cosas que es responsabilidad de nosotros en este mundo, en nuestro mundo.
Salvo excepciones, todos lo intentamos ocupar ese lugar; que no es sólo trabajo o el empeño que uno pone, sino que tenemos que crear los elementos que son necesarios; la energía necesaria como para ocupar ese lugar
El hombre tiene que hacerse de energía, de su mundo interior; no hay otra manera, podremos tener alguna buena intención, o los demás, en darnos ánimo, en alentarnos; pero ellos es aquello que dice la Biblia: Dios nos da la sed, nosotros tenemos conseguir el agua, por que es necesaria para nuestra existencia.
Eso seria con relación al cuerpo, pero con relación al alma, a nuestro mundo interior: Dios nos da la inquietud nosotros tenemos que satisfacerla.
Aquí podemos dividirla en dos: una es para la construcción de mundo, satisfacción de conocimiento e inclusive de sabiduría; y otra es ese pararse arriba de la roca y encontrar una visión tal, que nos permita ver ese vacío, así como la forma de llenarlo.
Y desde allí vemos el valle, las montañas debajo de nuestra altura, los ríos como venas, los lagos cono lugar de reposo; las ciudades como claros en el bosque, en donde alguno seres se agrupan, se reúnen, se unen, formando una comunidad, llamada humanidad.
Se ve vida. Podría decirse que hasta las montañas se mueven, las nubes, los vientos, los ríos, los mares y los hombres también. Cómo hacer una separación si todos dependen de todos. Salvo aquello más poderosos cómo la luz del sol y su calor, ellos parece que constituyen la cadena desde afuera, como superiores, como algo que depende de algo más superior a todo lo que existe en la tierra.
Pero es algo superior, que nosotros, que somos la punta del Aiseberg, no podemos ni siquiera intuir, por lo que por ahora lo dejamos de lado, no lo tratamos.
Pero sigamos viendo lo que está allí debajo de esa alta montaña, nos podríamos pasar años en describirla, porque sabemos poco de ello, por lo que nos deberíamos concentrar en lo que es vida.
Dijimos que es muy difícil trazar un limite entre las montañas, los ríos, los vientos, las nubes, los mares, y lo que son las plantas, los animales, los hombres; pero hay un vínculo entre ello. Los últimos dependen de los primeros, es decir sin ellos no existirían, no estaría la vida allí.
Lo cual no lleva a pensar que podríamos tener aquí dos eslabones, unidos eso sí pero diferentes, lo que deberíamos también considerar es: que nosotros que indicamos lo que es vida, es decir, las plantas, los animales y el hombre, no podemos vivir, existir, sobrevivir sin ellos.
Pero sigamos en detalle, nosotros los hombres no podríamos existir sin las platas y los animales; ni lo vegetarianos lo lograrían.
Las ideas, los pensamientos, las creaciones, es decir la actividad mental, espiritual, del hombre, no podría existir sin estos corpúsculos llamados genes, células, órganos, sistemas, es decir lo que es nuestro cuerpo físico.
Nos quedamos allí en la punta de esa montaña tomada. Y veremos a nuestro ánimo, a nuestro espíritu, mirando no la nada, mirando a los cercanos eslabones, a los cercanos dioses. Decía Holderlin: “Cercano y difícil de captar es el dios…”
Es así, podemos ver a esos eslabones que nos sostienen, que nos dan sustento. Pedestales, podemos decirles.
Y lo otro nos permite contemplar el cielo, en donde estrellas, los astros, las galaxias, conviven; y, desde donde de una manera u otra, hemos brotado.
Estamos en el medio, en el punto medio, en el prudente mundo que nos otorga la energía suficiente para poder convivir en nuestro medio.
Podríamos permanecer o intentar por lo menos seguir así, seguir la concatenación de lo que es universo, batirnos en las olas que es él mismo; pero no es así, ahora desde ese punto alto pedimos alas.
Y si vemos la realidad: lo estamos logrando, sí estamos logrando tener alas, hemos llegado a la Luna y lo seguiremos haciendo, más allá de las estrellas.
Por otro lado estamos construyendo un mundo interior muy rico, un mundo bello, en donde cada vez más sea agradable vivir, compartir, nuestra existencia con los demás.
Y es que no estamos solos, no es difícil darnos cuenta de ello, lo hemos descrito más arriba; el punto es que somos una boca abierta que se está expandiendo. Es y fue algo que se multiplicó así mismo. Algo que luego pensó, creo; y, porque su naturaleza no lo fue acompañando, creó herramientas, sentidos, entendimiento, que dio lugar a que reunidos esos tentáculos individuales se fueron ahumando en uno, ahora ya es mundo, es humanidad.
Y he aquí que D.H. Laurence dice: “Somos sólo transmisores de vida”
Ahora nos quedaría algunas consideraciones. Ese algo a lo que podemos llamar vida, una vez que nosotros hayamos cumplido la labor encomendada, dada, ¿ella ó el, nos descartaría? Sí es positiva esta pregunta no hay duda que seremos cosas, porque es así la vida nos esta convirtiendo en cosas, primero nos la pone delante, como un traje a medida, luego nos lo calzamos y realmente está como si fuera para nosotros; pero en realidad es como un chaleco de fuerza, en el cual nos tendrá hasta que nosotros mismos no desvaneceremos como un nube.
Pero qué pasa si nosotros no revelamos ante esta ley universal, hasta ahí lleguemos, no podemos decir ley divida, porque estamos aquí en la tierra, en el mundo, donde llevando a cabo estas consideraciones, no pidamos ayuda afuera, ocupemos “el lugar que el Dios nos deja, …”
¿Es aquí el origen del pecado original? El atrevimiento a través del deseo de eternidad, a través del deseo no solo de levantar vuelo, sino de dominarnos a nosotros mismos, que no seria otra cosa que domesticar a la vida; como si ella, de ella reconocemos su superioridad, a la que no debemos vencer, no destruir, porque de ella estamos hechos; sino la de montarla, si la de montarla como si fuera un caballo, que ella nos lleve a donde nosotros, por nosotros mismos, no podríamos llegar. Llegar a ser.
Un atrevimiento, un intento el de ser hombres capaces de tomar el lugar que el Dios deja, para que el universo sea mundo, se transforme en mundo, una tarea tan grande como grande es ver a la vida sólo como la sangre del mundo, la savia de ese hombre que está llagando a ser.
Karigüe

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miércoles, 29 de abril de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 8

LAS COSAS

Las tareas, los compromisos; las cosas que tenemos, que usamos, que empleamos; algunas necesarias, otras superfluas; nos quitan vida. Ellas son también, como seres, mejor si decimos, como plantas que tienen sus raíces incrustadas en nosotros, y desde allí con esas sus raíces nos extraen, lo que ellas necesitan para existir, para estar, y nosotros somos como la tierra, que tiernamente amamanta, se deja extraer, chupar, vida, nuestra vida.
Cuando Hölderlin dice: “El hombre pierde gran parte de su vida en luchas inútiles” Es cierto, es una verdad.
No sabemos vivir, o tal vez estamos o deberíamos comenzar a vivir; pero ¿Por donde? - Se suele escuchar.
Por ti, por vos. Mírate al espejo, mira tu rostro; pero no lo hagas como hizo uno de los primeros animales, cuando vio su rostro reflejado en el agua; el no solo se descubrió sino que seguro pensó, si a eso se pueda llamar pensar, y se asustó con seguridad.
Con el agregado de que tu, tienes ya conciencia del tiempo, de tu tiempo asignado, y que de una manera u otra lo haz perdido.
Rastros, huellas, de que algo somos; de que fuimos echados, fuimos expulsados del paraíso. Si bien puede ser, desde el punto de vista Psicológico, el vientre de la madre, podría ser también del seno de la tierra, y si seguimos escarbando podríamos decir del seno del universo; y así llegaremos a un seno lejano; en donde no sé por qué razón suponemos, pensamos, imaginamos, presentimos, que era un paraíso, el paraíso.
He allí el animal aún no especializado, el que quiere hacer de todo con todo, el que se ha plantado aquí en la tierra y se autodenominado: el hijo del Dios, el que fue creado a imagen y semejanza del Dios.
Sin embargo está sólo, sólo llega y sólo se va, y sólo piensa. Decimos compartir, es lo que los Tibetianos nos dice: “Todos estamos muriendo” Nuestro lenguaje, nuestro idioma dice o nos hace decir, con – partir, no se refiere a partir, de dividir, sino de ir, irse, un estar acompañado en la partida, en el camino sin destino que es no estar más, no estar más aquí.
Salvo excepciones el hombre ama la vida, ama el estar aquí, que el ser ahí se quede, que esté, pero que esté presente. Algo en nosotros quiere estar aquí, nos agarramos a la vida, como esas algas o esas lapas que se pegan a la roca y no hay ola que las desprenda.
Pero del otro lado la rueda tiene que girar, ya que en si la vida es movimiento; ese delta, ese diferencial, es lo que hace mover la rueda, una energía desviada, un ángel echado, algo es, algo está aquí para ser movimiento, para ser vida, para ser espíritu.
Que nos vayamos o no, que algunos se vayan o muchos, no interesa, habrá otros, volverá la vida como una ola, los cometas fecundaran algún otro óvulo incandescente, habrá otro big bang, otro latido.
Y tú, si tú mi hermano, sentirás que una ola te brota de lo más profundo de tus entrañas y llega a tu rostro, sale por tu mirada al espejo y se trastoca allí.
No es que sea otro el que está al otro lado del espejo, eres tú, pero un poco más viejo que cuando te comenzaste a ver.
Eres la imagen que se ve así misma. Eres una imagen, en las cosas, por ejemplo en el espejo que haz podido crear a imagen y semejanza del que ya existía, el del charco de agua.
No existes si las cosas no existieran, eres por las cosas que te rodean. Pero dices: yo soy en sí mismo, yo pienso, yo quiero, yo siento, etc., etc.
Pero ser es estar, estar aquí, por lo menos nuestro ser. Pero y sino estuvieran las cosas en las cuales té reflejas, en las cuales te ves, ¿qué seria de ti?
Demos una vuelta y pongámonos detrás del espejo, que tú fueras sólo imagen; no verías nada, porque el baño de mercurio no deja pasar ni siquiera tu imagen.
Es decir, vamos al claro en el bosque para continuar, que las cosas están aquí, como tu; y que hay una sola energía para ambos (limitémonos a dos, a los dos) y que si eres inteligente, sagas, como hasta ahora lo haz demostrado, sentirías que las cosas son con las que tienes que repartir esa energía donada, regalada, que es el presente, tú presente.
Con esto lo que quiero hacerte ver, es la importancia de las cosas y el respeto que se les debe dar, como consideración; con equilibrio, con prudencia.
Porque sino ellas son un mar, en las cuales terminamos ahogados, como decía Holan: “Como ese nadador que se ahogo tratado de aprender a nadar para no ahogarse”
No hay que luchar con las cosas hay que utilizarlas. Hemos domesticado a la mayoría de los animales, aunque nos cuesta cada vez los más pequeños; pero no nos damos cuanta que las cosas están ocupando su lugar.
Nos hemos extendido tanto, a través de nuestros tentáculos, que hemos caído como en una red, y si piensas y te ves solo un poco, te darás cuenta, que esa red está tejida de cosas. Hemos caído en la red que supimos tejer, por no decir conseguir.
Tal vez una manera de comenzar a caminar y es la de ver, cómo hemos quedado atrapados en ese mar de cosas, la mayoría en honor a la verdad, no necesarias, son superfluas.
Nos viene a la memoria otra vez Holan, cuando se pregunta: “Seguiría siendo malo el hombre, si lo dejaran de ver”
Bueno, bueno; el problema sería sencillo si otro hombre lo ve, sino que es complicado porque lo que ve el otro no es en si a uno, sino a las miles de imágenes de uno, reflejadas en las cosas, en las cosas de su propiedad.
El hombre ahora se mide por las cosas que tiene, no por lo que es, es decir salió afuera de sí, el tan agradable ser ahí ahora es el ser allí, allí afuera en las cosas que él dice que son suyas.
Y lo peor, sino existieran ellas, las cosas, sus cosas, este hombre de la era de Platino no existiría o existiría mal, es decir desperdiciaría ésta su vida, éste su tiempo asignado. Esa energía otorgada se la ha regalado a las cosas y ahora parece un pollo pelado, sin plumas.
¿No es así hoy? Que sí al hombre le sacaran sus cosas, sus propiedades, sus títulos, quedaría como un insecto, que me perdonen los insectos; la palabra correcta sería un energúmeno.
Karigüe

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martes, 21 de abril de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 7

EL ARTE

El entorno ¿Qué es el entorno? ¡Algo tan simple! No, no lo es.
Podemos decir la familia, los amigos, el trabajo, el barrio, la ciudad; desde el punto de vista afectivo, social, está bien. Podemos agregar al medio ambiente, es decir el paisaje, la casa, las cosas, que tenemos y usamos, el Sol, la Luna, las Estrellas. Vamos bien.
Pero lo miles y millones de otros seres vivos, como lo ácaros, los microbios, las bacterias, etc. para ser más precisos ó mejor dicho para poder entender este tema, podemos decir que en la punta de un clavo limpio, hay miles y miles de seres vivos. Más aun en una pala de tierra hay miles y millones de seres vivos.
O sea que la vida está presente, tan presente sobre la tierra que deberíamos considerar a ella misma como la fuente de vida, el almácigo.
Ya el vacío en si, no es tan vacío, está la energía y la materia oscura; nuestros científicos nos están informando que ellas son el 85% del peso del universo.
Cosas que no vemos, seria las palabras, comparándolas con las cosas visibles.
Por otra parte ya están siendo estudiadas las benditas sinapsis, esos cables diminutos, que conectan una célula llamada neurona con otra. Estas son como tubitos, en donde se encienden y se apagan luces, a las cuales les llaman fotones, tan igual como los que se encuentran en la luz, como elementos básicos.
Parecería que los fotones son elementos básicos del universo.
El universo es algo más que lo que vemos, allí la máxima de Heráclito: “La armonía invisible es superior a la visible”
Y como el cerebro es lo superior en el hombre; debemos deducir, eso sí, que este ser llamado hombre, éste desarrollo elevado de lo que es vida en la tierra, se está conectando, como lo elemental, lo básico, lo que es en realidad el universo.
A través de esas nuestra sinapsis, lo logramos; mejor si decimos estamos comenzando a lograrlo. Y ¿qué seria un rastro, una huella de ello? : la idea, el pensamiento.
Por otro lado es cierto ya que el hombre es un ánimo; que de él ha hecho brotar, ha organizado, partes, algunas de sus partes, para desarrollar los órganos, sistemas y sentidos, tanto del cuerpo, como del alma, como los del espíritu.
Nos encontramos con un espectáculo nuevo y fantástico, por no decir fantasioso: el idioma del hombre no solo lo está conectando al universo, no solo ha creado al mundo, sino que se está conectando consigo mismo. El Hombre está conviviendo.
Porque una cosa es comprender, entender, y hasta conocer, otra cosa es compartir la vida, convivir.
Esta palabra, si bien empleada a diario es una palabra común, es una palabra que está tomando vida cada vez más. Por ejemplo la convivencia con los otros, por lo general lo aprendemos en el hogar, en el trabajo, en la sociedad; pero a través de las convenciones, del acuerdo, de los tratados; por así decir: por el trato.
Digamos ahora que el idioma es para el humanidad, como las sinapsis es para el cerebro.
A través de los idiomas no solo nos conectamos con el otro, sino que, casi en la misma proporción de la energía oscura con la visible, estamos uniéndonos de tal manera que, la humanidad no sólo está formada, está unida, por los idiomas, sino que, está solidificándose de una manera inconsciente.
Y si tocamos este tema: el inconsciente. Podemos pensar en el inconsciente colectivo de Jung, más aun y he aquí lo importante, en el inconsciente universal.
Y no es tocar o sacar la pelota afuera del campo, como se suele decir en el futbol, sino comenzar a pensar, que el mismo pensamiento se nutre (sus raíces chupan, como hacen los pelos absorbentes) del fondo de ésta energía oscura.
Ahora salgamos a la superficie, es saludable, y veamos: el arte. El arte es el resumen de lo que es vida, de lo que es mundo; pero, pero como expresión.
Esto ¿qué quiere decir? que lo representado, lo que fue representado por Shakespeare o Sófocles, es aquello que sucede en la vida diaria, pero dentro de un escenario. Es ver allí lo que nos pasa todos lo días, pero que por estar atareados, no lo podemos ver, no lo podamos ver.
El arte entonces es como el cuarto ojo del hombre; si bien una tragedia de Sófocles, es una representación de la realidad, pero está representado bellamente, es decir al explicarla, mejor si decimos al exponerla, la pinta, la adorna de tal manera, que salimos no sólo entendiendo sino embellecida nuestra alma, mejor si decimos nuestro espíritu. El arte es describir, encontrar parte de eso invisible, de esa armonía invisible de la que nos hablaba Heráclito.
Saliendo ahora al campo abierto, vemos que el arte no solo nos hace ver, sino que a través de él, iluminamos al mundo y a la vez, como rebote lo devoramos, es nuestro alimento; más aun, sí es más crudo, más fuerte, como aquello que nos causa dolor, sufrimiento.
He aquí las palabras que resuenan todavía sobre el mundo las que dijo Hölderling: “Bendice todo lo que te sucede y sé propenso a la alegría”
Todo lo que te sucede, es decir lo que eres y dices rechazar como el sufrimiento, el dolor; son los que te sumergen, son el lastre que te sumerge para que tu espíritu, que no es más que el motor y su hélice, te impulsen por reacción, el mismo mar, la misma vida.
Eso que no vemos, eso que no queremos y es vida, es muy difícil separarlo de lo que nos destruye. He ahí, la atención, la precisión, que tiene que tener el hombre, cuando avanza en y sobre la vida, con ese bastón, con punta de acero y mango de nácar, llamado razón; pero, pero la razón es solamente una guía, un palpador que nos vuelve más precisos.
Pero todo lo demás, lo que no podemos ver y entender por medio de la razón es esa armonía invisible y que poco a poco la sacamos a la superficie, principalmente por el arte y así embellecemos a está nuestra criatura, a este nuestro mundo, que todavía está en pañales.
Karigüe

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miércoles, 15 de abril de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 6

RUMIANTE

Estamos en un mundo que lentamente se va formando; las barreras de los idiomas se están franqueando, las mentes se comunican sin distinción de razas, de culturas; como si todo y todos nos fuéramos integrando, siendo uno.
Debe haber un centro catalítico alrededor del cual nos integramos, tendemos a ser uno. De ese centro, aunque no es conocido, debemos tratar de saber algo de él, investigar sus huellas, sus rastros.
Comencemos:
Podemos mentir a los demás, pero nunca a nosotros mismos.
Cuando hacemos lo que nuestro corazón nos dice, es una sensación agradablemente, placenteramente, plena.
Hay como un ánimo en nosotros, dentro de nosotros, que nos lleva ha obrar, que nos lleva ha crear la belleza, a crear el paraíso, aquello en donde nuestros sueños se hagan realidad.
Somos los creadores de este mundo. Cuando muchas veces se retira el Dios, es una obligación ocupar su lugar, ser responsables de ésta nuestra creación. Cuidar el cuerpo, el alma, el espíritu, no solo de nosotros mismos, sino de aquello que hemos convertir en mundo.
Hacer a este mundo bello, y por cierto lo estamos haciendo, basta para ello verlo.
Se retira algo y nosotros somos los que ocupamos su lugar; las sombras, nuestra ignorancia, son como velos que se han comenzado a retirar, mejor si decimos los estamos corriendo, como si corriéramos una cortina, cortinas de niebla y oscuridad.
Lo increíble es que no es luz; por lo menos lo que nosotros conocemos como luz, aquello que nos permite mirar, aquello que nos muestra; vemos más, es como si nosotros fuéramos una luz que además de iluminar ve, una doble acción, un doble propósito; pero eso es hasta ahora.
Una cosa nueva agregó Wittgestain: el lenguaje. Si bien lo estamos usando, empleando desde que al grito, al alarido, los convertimos en voz y luego en nombre; él nos está llevando, mejor si decimos que estamos caminando de su mano, con su decir.
Y es como si con el lenguaje estamos cumpliendo la función tornillo; al girar avanzamos y si miramos de frente, en la dirección que avanzamos, ni nos damos cuanta que avanzamos; solo nos damos cuanta de ello cuando miramos desde arriba.
Viéndolo desde un punto de vista puramente mecánico, podemos decir que estamos penetrando ha la oscuridad, ha aquello que somos y no nos damos cuenta.
Pero no es que el observador se haya quedado en un extremo, en un punto fijo sino que avanza con la penetración, va siendo él, el mismo el que ve, pero ve desde la punta, desde el extremo que avanza.
La palabra es una flecha que nombra, que caza la cosa, a un árbol por ejemplo. El árbol existe desde antes que nosotros, pero hubo un momento en que lo nombramos con la palabra árbol, desde entonces vive un árbol dentro de nosotros, una imagen de él.
Desde entonces hemos visto muchos árboles, de muchos colores, de muchas formas, dimensiones y funciones.
He jugado en él, por ejemplo cuando era niño me trepaba a un eucalipto, y desde allí podía contemplar, podía ver más cosas desde su altura, luego cuando el viento lo trataba de doblar, tumbar como se dice, lo veía como bramaba, como se movía sus ramas, su hojas, y el brillo de la luz del sol eran como luciérnagas que encendían su luz, eran miles.
Un espectáculo que por siempre se gravó en mi memoria y me llena de plenitud cuando lo recuerdo.
Ya tenemos un árbol particular, el eucalipto de mi casa materna; ya no está mas, pero vive aún en mi y su recuerdo como dije es un placer; así tengo dentro de mi memoria miles de árboles y dentro de la memoria de los hombres miles de millones de árboles también.
Ahora la palabra árbol se ha ramificado, se ha bifurcado de tal manera que hay tantos árboles que no podría nombrarlos, no me refiero a los árboles de afuera sino a las imágenes de árboles que existe en la mente del hombre.
Podría decir que se ha creado un mundo de árboles. Es decir puedo estar solo, aislado en una cueva y tengo dentro de mí ese mundo de árboles, un mundo representado poe imágenes.
Aquí es donde entra Wittgestain y dice el leguaje es vida, es una vida.
Tenemos la vida de nuestro cuerpo, de nuestra alma y aún de nuestro espíritu; pero es la palabra la que la puebla. Es como sí hubiera ya una ciudad, un campo, un desierto, montañas, lagos, mares, ríos; y de pronto aparece el hombre, aparece la palabra como representación; pero la palabra como habitante del hombre y éste habitante de la tierra.
Uno vida dentro de otra vida ó una vida sobre otra vida.
Por la palabra hemos llegado al pensamiento, a la idea.
Pero, fueron dos vertientes, por un lado la imagen, por otro la palabra. Como cuando en Europa el hombre de Neardental es reemplazado por el Cromañón, el nuevo hombre que llegó desde África, que era más fuerte, que era más astuto, que tenía más cosas, más desarrollado, más adelantado; ó como cuando los españoles conquistaron a América, a los indios, realmente no fue muy diferente.
Así la imagen primero, luego la imagen comparada, es decir la metáfora, para terminar lo que dice Nietzsche: “Toda palabra es una metáfora muerta”
¿Es un ataúd, en donde se la encierra? O simplemente se la deja macerar, para que después vuelva, vuelva más madura, más fermentada; y la palabra haya sido solo su cuerpo, su concha como la del caracol, aquella concha que el mismo construye con su movimiento.
¿No es ahora, que aquellas palabras se vuelven, más precisas? Nos decía Holan, “La poesía es misterio, debería ser precisión”
A las palabras les crecen alas y se convierten en palabras poéticas, dicen más de lo que es nombre, dicen ahora la historia de la cosa; no solo la cazan a la cosa como flecha sino que la moldean, inclusive la transforman. Es decir la palabra ya no es algo así como un dedo que señala, ahora es una mano que moldea.
Ahora, tal vez vamos a poder ver con más claridad la función tornillo. Primero la imagen, luego la metáfora, para terminar en la palabra; después la palabra con alas, la palabra que no solo nombra sino que representa.
Así, como una imagen pintada como es La Bota de Vango, en donde no es solo una bota, sino que es capaz de describirnos la historia del quién la usó, del campesino; por sus arrugas, por el barro, por los pliegues que nuestra, por lo en sí gastada que está.
Así también, un poema es capaz de describirnos con palabras precisas, toda la historia de una cosa, de un suceso.
Entremos por ultimo en la música, ella es como una metáfora de la naturaleza en el hombre.
Es como si sus colores, sus movimientos, sus formas, entraran y se transformarán dentro del alma del músico, volviendo como eco, pero ahora ese eco es sonoro, es decir sonido, el sonido ha brotado de la imagen, y es más que palabras. Es imposible decirla en palabras a una melodía.
Nos encontramos que es todo, emoción; reacción del hombre (que se va haciéndose a través de esa misma emoción) frente a lo exterior.
Las cosas entran en el hombre y el hombre es como un estómago que las digiere y a la vez esas mismas cosas salen después transformadas en obra; en cosas transformadas por el hombre, en cosas más bellas, por ejemplo, en palabras con alas, en música, en colores y en formas.
El universo se transforma en y a través del hombre en mundo; y como un rumiante que tiene más de un estomago, en la segunda digestión, éste mundo se transforma en un mundo bello, en el paraíso.
Karigüe

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domingo, 5 de abril de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 5

LO NUEVO

No hay duda avanzamos sobre el vacío, hacia lo desconocido sí por eso entendemos al vacío; avanzamos sobre lo que además de ser desconocido, es nuestro alimento.
En el momento que algunos de nuestros antepasados quedaron en un charco atrapados; y, ese charco se fue secando, tuvieron que hacerse crecer los pulmones; debe haber sido un proceso lento. Pero, ahora: ¿qué situación de riesgo, de peligro de muerte o extinción, nos asecha, para que seamos capaces de crear lo nuevo, esos órganos que sean capaces de hacernos sobrevivir?
Primero deberíamos preguntarnos ¿Cuál estado? ¿Qué estado? Hay un poema de Karigüe llamado: El hombre, que en su última parte dice: “…el Dios muchas veces se retira - y - tú que deberías ocupar su lugar - te quejas y lloras - y dices: ¿por qué me haz abandonado? - ¡para que seas hombre! - sueles escuchar”
El hombre es eso, algo que tiene que ocupar el lugar cuando el Dios, los dioses o la misma naturaleza se retiran; cuando lo dejan a la intemperie.
Y esa intemperie, es por así llamarlo el vacío, tiene que ser ocupado por el hombre. Si bien aquí se puede hablar de obligaciones, debe y puede ir más allá y crear. Viéndolo del otro lado, el medio lo obliga a dedicar, a crear, situaciones capaces que lo hagan sobre vivir.
Las mismas leyes creadas por el hombre o los compromisos, se vuelven en contra de sus intereses, no por la ley en sí, sino que la ley es como las diez carreteras principales. Y por donde andan los especialistas son por rutas de tierra, rutas interpretadas, en donde el hombre común no puede llegar a ello debido a su falta de conocimientos, de tiempo, 0 por qué no considera que es su tarea.
Ahí aparece el mundo de los especialistas, son o es el mismo mundo, pero más evolucionado, más desarrollado, más especializado.
Ahora ya no es el Hércules, sino las organizaciones grandes, fuertes; en la que un dueño o un conjunto de dueños, muchas veces no conocidos, forman lo que se llama la corporación.
Y no es como si al hombre común se le presentara como enemigo, sino que es como una niebla, en donde entra y no sabe con quién pelear y se da cuanta que no puede ver e inclusive respirar; y, a veces hasta puede asfixiarlo.
Decía Kafka: “El hombre hasta el último momento de su vida debe luchar contra el mal”
¿Qué es el mal en este nuestro tiempo? El hombre por el hombre mismo, se está produciendo una devoración entre ellos, entre nosotros. Delante del hombre está otro hombre; ya no están los animales; ya que aún aquellos pequeños seres vivos como son los microbios y bacterias están quedando como controlados; inclusive ya su evolución genética está siendo manipulada por el hombre.
Parecería que estamos subiendo una montaña, en la parte del valle está el hombre común y simple, en la parte superior está el hombre que tiene el poder; no estamos preguntándonos si tiene que existir o no este tipo de hombres, sino que al describirlo, al tratar de verlo, lo vemos arriba en donde hay poco aire, la altura produce un mareo especial; si bien lo primero es el mareo, pero lo otro es como un acto de desesperación, es como si se estuviera asfixiándose y quiere compartir ese pequeño infierno con los demás, con aquellos con los que tiene que ver; y si bien tiene cosas, pero le falta esa vida pura con las que se puede enfrentar la altura: la vida espiritual.
Tal vez lo que se retira ahora es el aire y tenemos que vivir con poco, nuestros pulmones tiene que desacostumbrarse al aire ¿cómo?
Sí, es cierto, hemos entrado a un estado en donde aún el cuerpo necesita de alimentos, de agua, y nuestros pulmones de aire; pero el nuevo estado, ésta nueva situación, no es solo de compasión sino una visión capaz de ver al otro, como alguien necesario, como un socio en ésta vida, en este Trasatlántico con el que creamos y debemos cruzar este mar de dudas y de ignorancia; ver como se ven los genes, las células, los órganos, los sistemas, allí en donde todos son necesarios, o por lo menos la no admisión, el rechazo, es mínimo.
No se trata de función, porque todos lo estamos sufriendo de una manera u otra, de un grado u otro.
Y ya no se trata de mente, se trata de espíritu, el espíritu está tomando el mando, pero un espíritu brotado de lo instintivo, de aquello que se ha ido decantando en el hombre, y ahora es cimiento, es fundamento: no se trata de ir, de atravesar, de avanzar, se trata de expandirse.
Eso que llamamos el corazón es ya la morada del espíritu y la vida espiritual es el aire nuevo, que el mismo espíritu tiene que respirar.
El paraíso que quería crear Baudelaire, Poe, era un paraíso en donde la belleza sea la naturaleza de las cosas. Y es así porque el Dios es armonía, es plenitud, es belleza y nosotros si bien debemos ser custodios, debemos ser a la vez creadores de ese mundo bello.
La justicia es orden, es respetar lo que hay, ya sean cosas, obligaciones, recursos; pero la belleza es aire, es atmósfera, es morada a donde estamos entrando.
Este nuevo mundo, este nuevo mundo bello, espiritual, está ahí, visto, mirado, contemplado, dentro del corazón del hombre, es como una esencia que todavía no es presencia. Y ahora, este nuestro tiempo de espanto, es como la ante sala, de lo que está viniendo.
Es bueno recordar a Bach que decía: ”Las disonancias son tanto más fuertes cuanto más cerca están de la armonía”
Karigüe

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sábado, 21 de marzo de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 4

EL PARAÍSO
Cuando uno se va adentrando en sí mismo, cuando uno lentamente, poco a poco, paso a paso, se introduce allí; no podemos hablar de oscuridad sino de desvelamiento; cuando no sólo se recuerda lo de niño sino que se vuelve a vivir, a sentir, lo que ese niño sentía.Se encuentra con lo natural, con las cosas que nos rodean pero vistas con la mirada de ese niño; no es entonces recordar sino volver a vivir.Lo que se encuentra es un mundo maravilloso, un mundo natural, bello; pero que el mundo lo cubrió con ese polvo que el espíritu del hombre en su rauda carrera, raudo avanzar, levantó del desierto; o tal vez la tierra misma cómo queriendo detener a ese niño, cómo si ella misma no quisiera que sea grande, que se convierta en hombre; se elevaba de sí entonces y lo cubría con su manto.Se vive, ya sea como adolescente, como joven, como hombre, construyendo su porvenir, su futuro y por lo general lo logra; luego se encuentra, se vuelve a encontrar, las vuelve a mirar a las mismas cosas, a la misma ciudad, a los mismo árboles, montañas y ríos, pero con otros ojos, unos ojos melancólicos, cubiertos por esa niebla, esa tristeza, de nos ser mas así.Volver a ser niño, el volver a ver, con los ojos del niño que no se fue, es lo que se hace con la poesía.La poesía es un vuelo, una elevación de sí. Decía Beethoven: “El hombre conoce a su espíritu, solo, cuando está contra el suelo”El estar en el suelo, el sentir el peso del mundo materializado por las dificultades, las perdidas, las enfermedades, lo transforman, lo hacen sentir incapaz de poder sobrellevar tamaña cruz, tamaño, peso.Por alguna razón o sentido ya sea religioso o real, es decir de la propia realidad de lo existente, la presencia de Jesús, su vida su obra nos muestra la cruz.La cruz hace abrir las manos, los brazos, a la fuerza; y como si fuera poco es clavado así, coronado con una corona de espinas, símbolo del pensar, del desafiar, del desafío del Prometeo.Elevado, mostrado como debe ser, deberíamos decir como es, como es nuestra realidad; pero surge más aun el dolor del hombre cuando Vallejos le dice a Dios: “… Tú no eres el dios, tu no tienes Marías que se van…”Es el dolor, ese sentimiento que se va agrandándose con el paso de los años, con el transcurrir de la vida; pero está lo otro, aquello con lo que podemos ver, sentir, dilucidar a través de las lágrimas, con él se aclara nuestro dolor, nuestro destierro.Es el levantar la espada. “El yo con la espada levantada”: Goffried Benn. Es como si tratásemos de construir un mundo, construir un paraíso en el mundo, convertirlo al mundo, una reconstrucción de él, una transformación, un nuevo renacer, nuevos Saratrustas.Si bien la naturaleza en sí no es benévola, hemos batallado con ella, desde hace mucho tiempo y abrimos claros en el bosque, levantamos ciudades hasta en los desiertos, construimos catedrales, monumentos símbolos de nuestra presencia y de nuestro desafío.Alcanzamos ya a cruzar las fronteras, estamos llegando afuera de las puertas, estamos en el espacio vacío, aunque por cortos tiempos; pero lo hemos logrado, así como fuimos capaces de lograr un corazón que volviese a la savia de color rojo y se quedara circulando dentro de nuestro cuerpo, así hoy hemos roto ese cordón umbilical que es la gravedad.Estamos ahí y hemos enmudecido, no hemos sentido, tal vez, como si fuera por primera vez: uno, una sola humanidad, un solo mundo.Ahora si, nos estamos sintiendo como un solo cuerpo, aunque relinchamos, nos queremos sacar al jinete de nuestro lomo; pero finalmente otro paso, un paso que está costando mucho dolor a cada uno de sus partes.Es como un parto, como si fuera un big bang, pero al revés, una concentración, una contracción, un volver a ser uno.Pero ha habido y hay aún, un centro catalítico, algo alrededor de lo que nos estamos uniendo, juntando.Basta ver, recorrer, nuestro desarrollo, para darnos cuenta que primero fue el cuerpo, luego el alma y por ultimo lo espiritual. El mundo del espíritu representado hoy por el arte, la belleza y sentimientos tan puros como es el amor.Ahora lo vemos al mundo, a la humanidad como a un cuerpo, una masa compuesta por unas células especiales llamadas hombres, que ya rondan por lo seis mil millones solamente.El alma, su alma la estamos percibiendo; tal vez comenzó a formarse con Zoroastro, Buda, Confucio, Lau Tze, Heráclito, Parménides, Esiodo; Jesús, Mahoma y tantos hombres más. Cuántas especies de genes, que se multiplicaron en miles, en millones.Pero ahora ya la belleza, ya Bach, Beethoven, Van Go, Nietzsche; Baudelaire, Poe, Holan, Milosz, etc., etc.Un paraíso. Estamos creando, construyendo, un paraíso en la tierra; porque él está dentro de nosotros, fuimos desterramos, pero nunca hemos olvidado al Dios que llevamos adentro, del cual somos una parte.Un paraíso, a fuerza de pulmón; porque es lo mismo que cuando salimos del agua, cuando el agua se retiró y quedamos en el barro, en el charco, que se fue secando, no debemos olvidar las palabras de Jesús: “…Por qué me has abandonado…” y en realidad es como cuando un padre suelta las amarras para que el hijo se haga hombre.Así como en esa oportunidad, fuerte por cierto, fuimos capaces de crearnos, de hacernos crecer los pulmones, así hoy también tenemos que crear unos órganos capaces de hacernos respirar el éter de la espiritualidad, de la belleza, del paraíso.Se retira el mundo, la mismísima humanidad, como si fuera una ola y queda al descubierto lo bello, la belleza vuelta a conquistar. Pero sin embargo no dejamos de quejarnos, de llorar el tiempo pasado, lo seguro, el vientre materno, la casa paterna.Hoy ya estamos a la intemperie, casi nos debemos sentir como un niño abandonado y solo; pero un niño que puede volver a jugar, un niño despojado ya de ese ego que tuvo que llevar a cuestas y de esa cruz que por mucho tiempo nos tuvo clavados en el Sinaí, en esa montaña alta, sólo para ver.Para ver el mundo que estaba llegando, nuestro mundo: el paraíso, aquí, sí aquí en la tierra.
Karigüe

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martes, 10 de marzo de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 3

LA POESÍA

No hay otra manera de conocer la realidad de lo que nos pasa, de cómo son las cosas, los hechos, los accidentes, las relaciones, sino es a través de la reflexión.
Ese sentido del espíritu que para a la mente, al alma; en donde pasiones, pensamientos, sentimientos, se destilan; se los pone, como se suele decir, en su lugar, en el lugar que les corresponde.
Y aquí está la dificultad, porque el lugar es una cosa relativa, no sólo porque cada uno de nosotros tiene su opinión; sino que lo conveniente, lo razonable, lo correcto, tiende inexorablemente a la perfección.
Como si ésta vida hubiera sido creada con un sentido; el sentido que va del caos hacia lo armónico. Es un fluir, un desarrollo, una evolución; que geométricamente a través de una imagen es prematura, débil, borrosa.
Ya que por nuestro desarrollo hemos comenzado con la imagen, luego la imagen comparada: la metáfora, para llegar a la palabra. Allí encontramos a Nietzsche quién nos dice: “Toda palabra es una metáfora muerta”
Pero con la palabra comenzó el diálogo, el diálogo con uno mismo, que es el pensar; la idea, el concepto, la regla, la ley. Todo un camino, un sendero de cabras que viaja, que va, que cubre toda la faz de la tierra, desde las profundidades de los mares, hasta lo glaciares, las montañas altas, los valles, las quebradas, los desiertos. Es así, el recorrido, es variado en todos los sentidos y los estados.
Pero, ordenamos a través de la reflexión, de la destilación, del paso a paso, del eslabón al eslabón, del mejoramiento continuo.
Todo esto lo hemos conseguido, porque hay una razón básica, hay un orden; sino esto, ésta tierra, éste mundo, hace mucho que hubieran desaparecido. Es la obra de alguien.
Miramos al cielo, al firmamento, ya sea a través de nuestra vista o de las herramientas que hemos creado, que no son sino prolongaciones de nuestros sentidos, para ser más abarcativos, de nuestro ser. Luego miramos a nuestro alrededor: las cosas, la naturaleza, la gente, la obra del hombre; y después contemplemos nuestro mundo interior. ¡Qué maravilla! Qué genes, qué células, órganos, sistemas, cerebro, pensamiento; y lo más importante la profundidad; sí allí adentro, en el fondo de nuestro ser, algo, alguien al cual no podemos mentir jamás.
Los poetas lo llaman corazón, ser; pero es como si desde allí manara, brotara, una fuente inagotable de vida, permanentemente. El poeta lo sabe, lo sabe porque desde su interior, brota un poema, brotan las palabras con alas, esas palabras que después forman el poema, como si fueran flores, para luego hacer el ramo.
El contemplar todo esto ya es un placer. En algo hemos participado, en crear ideas, cosas, inventarlas, mejor debería decirse armarlas; porque toda obra del hombre, inclusive la artística, es un re - juntado de lo que hay, es un armado. Es como si ya estuvieran las flores y nosotros armásemos los ramos; y a veces los ponemos en el centro de la mesa.
Luego de vivir, sentir, a través de todos los sentidos del ser, comenzamos algo maravilloso, que eso sí, casi nos pertenece en su totalidad: nos comenzamos a olvidar de nosotros mismos, el olvido del ser, la dilución, el diluirse del ego.
El ego es algo infantil, producto de nuestra cultura, comenzamos abrirnos paso a mazazos, no sólo contra la maleza, la jungla, sino contra los otros, contra el otro.
Pero eso fue ya hace tiempo, aunque prevalece todavía, no sólo como mundo, como parte del mundo; sino como parte, como componente de nosotros mismos.
La vida superior, la vida espiritual, es como sumergirse en un mar, volver al mar, nuevamente y ser parte de él; pero ya no un mar de agua sino un mar que desde hace mucho el hombre lo está creando; mejor si decimos que lo está aclarando; porque nacimos sin ver, el hombre como hombre también, luego caminamos a tientas con ese bastón, con mango de nácar y punta de acero, que se llama razón.
Vamos, si así es, vamos palpando prueba y error, así hemos y estamos todavía avanzando.
Ese nuevo mar, es como si estuviera formado con sinapsis, sí sinapsis que unen, que comunican; como lo hace el agua que une a las cosas, a los animales, a las plantas y los mantiene así unidos, relacionados. Es como un hogar, una morada.
Como es también el amor, el aire, sustancias que relacionan, que unen, que forman una cierta comunidad, una común - unión.
Ya lo estamos soñando a través de las ideas, y de algo superior a las ideas que es, que son, las fantasías; sí, si no se sorprendan; y viene además ésta palabra de fantasmas, algo que está, pero no es físico, no lo podemos tocar, no lo podemos ver, ni menos sentir, a lo sumo percibirlo.
Comencemos a rastrearlo, a encontrar sus rastros, sus huellas, porque debe haber comenzado hace mucho tiempo y sigue siendo nuevo.
Tal vez comenzó con el Prometo de Esquilo, luego el Hyperion de Hölderlin, para seguir con el Saratustra de Nietzsche, tomemos estas tres huellas; pero con seguridad hay muchas.
Es el hombre el que toma identidad, el que sueña, imagina y crea situaciones, espacios, moradas, en donde se explaya, va como tomando el desierto, el vacío dejado por algo que se retira, ya no son mas los dioses protectores, está el Dios, está lo por ser, un camino, solo un camino, pero bifurcado.
Cuando el discípulo le pregunta a Saratustra sobre el camino a seguir, él le contesta: “Éste es mi camino, cuál es tu camino, no hay un sólo camino”
He ahí el nuevo mar, el nuevo espacio abierto que el hombre está habitando, está tomando lugar, posición; como si nuestros antepasados hubieran sido los soldados que tomaron el fuerte, y nosotros, sí tu y yo, seremos los administradores, los políticos, los jardineros, los legisladores, los obradores, de este mundo nuevo.
Ya hay, y es cierto, algunos habitantes como cosas, las artes están hacendosamente trabajando, son los labradores, los que construyen casas en donde morar hasta el próximo paso. La música, la poesía, la pintura. Ya los vemos trabajando entusiastamente, se han esparcido por todos lados, han superado esas barreras llamadas idiomas, razas, culturas.
El animal no especializado; al animal abierto al mundo y constructor por lo tanto de él, le han crecido alas; porque por un lado cómo no puedo volar físicamente inventó los aviones; cómo no pudo volar con su alma invento las fantasías; y, y esto es lo hermoso, cómo no pudo volar su espíritu, él por ahora hace del viejo mundo lo convierte, mejor dicho, se diluye seria la palabra, y es todo, y es uno.
Se diluye, se esparce, se une, sale de sí y se da cuenta, sí es una toma de conciencia también, de que él no necesita volar, porque las distancias desaparecen en es nuevo mundo.
Se ha dicho que la distancia es el alma de la belleza, al desaparecer ella, al no estar como separación o como espacio, el espíritu, nuestro espíritu, se convierte en puro tiempo.
Al ser puro tiempo, un fluir constante, la eternidad se abre para el, la niebla de la separación que lo cubría, se retiró, se fue; está él como presente eterno.
El ser unido al Ser: el camino de la poesía.


Karigüe


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Gracias. Karigüe

viernes, 27 de febrero de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 2

LA OBRA

Muchas veces nos encontramos con un estado desolador, sin olas, sin vida; porque con frecuencia nos enredamos; sí, si como si fuera un ovillo de hilo, de lana, que no tiene orden, que no tiene forma.
Nos sorprendemos cuando vemos algo deforme, sin forma conocida. Ello es la base de la segregación, del separarse de lo que no es como uno, de lo diferente; así como lo hacemos con las personas, con mayor frecuencia lo hacemos con los hechos, con las cosas, con las ideas.
Una idea bella, un pensamiento agradable, un poema, una melodía, una pintura, son cosas que nos agradan porque ya tenemos un canon, un estructura heredada, lograda, pulida, por nuestros antepasados y por nosotros mismos.
Hay un dicho Ingles que dice: “Big changes are not good changes” “Grandes cambios no son bueno cambios” Por otro lado nos dicen lo Griegos Clásicos que la madre de todas las virtudes es la prudencia.
Todo este trabajo, toda esta experiencia cementada, tamizada, es la que nos lleva a vivir un poco mejor, a tener una calidad de vida cada vez mejor.
Pero, a la vez, tenemos que dar un paso más adelante, pequeño tal vez; tenemos que avanzar, tenemos que crear nuevas cosas, nuevas ideas; por placer y porque vida es una ola que no puede detenerse. El ánimo, el entusiasmo, la alegría; la aceptación de reglas, de cánones, que tiene ésta vida, tienen que ser respetadas también.
Adentrarnos ¡Qué palabra! Es así, como caminar en punta de pie sin hacer olas, sin despertar a nadie, sin que inclusive los demás se den cuenta; avanzamos, conocemos, nombramos, escarbamos. Cómo quién planta un árbol, tenemos que cavar un agujero, no tan profundo, suficiente como para que entren las raíces y después dejarlo, cubrirlo, regarlo cuando no llueve, ponerle tutores cuando es pequeño, aunque algunos no los necesitan.
Y dejar, dejar que la madre naturaleza se encargue de ello. Ella hace realmente su trabajo; nosotros, se podría decir, somos los ayudantes, los parteros en último caso.
¿No es así también, con la obra, con las ideas, con el talento? Podría decir que sí. Uno lee; leer es como sembrar la semilla, cosas, ideas, pensamientos, conceptos, figuras, metáforas, sentimiento, etc. Son muchas cosas las que entran por los sentidos y luego las digerimos, las plantamos, y la madre naturaleza nuevamente se encarga, hace el trabajo. Ahora le podemos decir; cuerpo, mente; pero es solo nombres de aquello que somos, de aquello que ya somos.
El agua, la bendita agua. No sabemos sí es femenina ó masculina; es ella cuando nos alimenta, nos riega; pero otra, cuando nos causa placer, el placer de apagar la sed. Somos casi agua, salvo por un 30% que es la tierra arrastrada, llevada, sostenida, suspendida.
Deberíamos imaginarnos como un río que lleva en suspensión materia, algunos troncos, barro, tierra, maleza, pescados; pero ese río es circular. Bueno, el agua recorre la tierra en círculos: el mar, la nube, el viento que la lleva a las montañas y la deja ahí, como si fuera solo un medio de transporte, luego cae y es río, río que vuelve al mar. Así en nuestro cuerpo, ésta agua bendita es sangre, es liquido encéfalo raquídeo también.
Y es una cosa muy especial, miremos por qué. Una gota de rocío es algo maravilloso; más aun, cuando el sol de la mañana brilla en ella. Los rayos del sol se dispersan en tantos colores como el arco iris, parece un diamante, un diamante flexible, delicado; rueda cuando se forma sobre una hoja y el viento la mueve, cae; cae como si fuera una lágrima, una gota de agua que se pierde rápidamente en el suelo sediento.
Una lagrima, es causada por lo general por el dolor, es como si el mismo dolor se condensara, como si nuestro corazón que sufre se expresara por medio de las lágrimas, es o debe de ser como un idioma para él.
Este río, tiene brazos sumergidos tan profundamente que se vuelve invisibles para los sentidos del hombre; no sólo los del cuerpo sino los del alma, e inclusive los del espíritu.
Se maceran, maduran, se fermentan en las galerías más profundas de nuestro ser, como sí esas profundidades fueran la tierra; y algo, algo así como pelos absorbentes, extraen, chupan, los minerales; pero el vehículo, el vehículo es el agua, es la sangre, es algo más profundo en el hombre: el dolor.
Si aquel tan mentado, pero poco conocido, y que pasa desapercibido; hasta que un hecho lo vuelve nítido, lo viste, lo presenta en sociedad, y no es eso otra cosa que una lagrima, el dolor hecho realidad a través de una lagrima, la más sana de las formas de presentarse
Una lágrima vendría a ser como una flor, como un fruto, hasta tiene la forma de una pera, de ahí tal vez viene la palabra esperanza.
El origen de toda palabra, son varios, no sólo el etimológico, el deducido, sino aquellos nombres que se vuelven a nombrar nuevamente, no repetir sino recrear; porque si cambia el mundo, cómo vamos amordazarnos con las mismas palabras de siempre y más aun con los mismos significados.
Toda palabra es viva y por lo tanto tiene que renovarse constantemente.
Sigamos con lo nuestro. Aquello oscuro que es la tierra y de la cual sabemos tan poco; pero sí es por la savia, por la vida, sabemos solo que la planta, el árbol, tiene pelos absorbentes que le extrae la leche, el alimento, usando como vehículo el agua.
Pero vemos otra cosa interesante; más arriba dijimos que, la nube que se elevó del mar, es llevada, es transportada, por el viento hasta la tierra, hasta las montañas, en las cuales tras un poco de reposo, casi como un beso que le dan a las montañas, caen y es lluvia.
El agua transporta los alimentos; pero no es agua sólo el alimento, está mezclada, en eso que llamamos savia. Lo mismo la nube ella si bien es agua, pero es agua cargada con electricidad, como si llevaría la espada en alto y luego se enredan en luchas inútiles, y es luz, trueno, fuego, que inclusive encienden a los árboles secos, como quien enciende una vela, un tea.
Qué agua bendita, estas nubes; pero el viento es como otra vida, creada por la variación de presiones, temperaturas del aire; ese aire está formado por Oxigeno, por Hidrógeno, Helio, y lo más importante: Nitrógeno, aquello que es tierra, tierra.
El Oxigeno es el alimento del hombre, es aquello que entra en sus pulmones y purifica ese otro río de vida que es la sangre, la limpia.
Este bendito aire es el vehículo de transporte de las nubes, es como el agua de la savia.
La agua y el aire, la tierra, el fuego, podemos compararlas, podemos decir que son los elementos primeros y en realidad lo estamos diciendo desde hace mucho tiempo
Pero, qué es lo nuevo, ese otro nivel, un nivel superior, otra órbita: la savia, el viento, la vida.
Y si nos seguimos adentrando, podremos ver a la planta, al animal, al hombre.
Y si seguimos más aún, podremos ver la obra, la maravillosa obra del hombre: el mundo.

Karigüe


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Gracias. Karigüe

viernes, 20 de febrero de 2009

Libro “Cuando se retira la ola” – Capítulo 1

EL HOMBRE

Cuando se retira la ola, la ola de la vida, deja a su paso vida, vida al descubierto ¿No es una ola, una sola ola, la que se retira, cuando el agua se retira de la tierra?
Podemos imaginar, pensar, suponer, que la llegada del agua a la tierra fue una ola, que ahora lentamente se está retirando. Por otro lado vemos cómo el sol la evapora, los vientos la agitan, la llevan de una parte a otra, de un lugar a otro, mientras ella resiste; ya sea cambiando de estado, agarrándose como garrapata en ese vientre maternal que es la tierra.
Podemos ver su recorrido, sus orbitas, aquí; pero ¿cómo será su recorrido, su amplia órbita, en el universo?
Lo otro, el otro, por ejemplo el sol, la incita, la exista, la expulsa, de su territorio árido por naturaleza.
¿Es entonces el agua algo extraño, es lo otro que ha llagado, que no es de aquí, un forastero podríamos decir?
Sabemos ya que hay cuatro elementos básicos. El fuego (Heráclito), el agua (Tales), el viento (Empedocles) y la tierra (Esiodo).
Cuatro elementos básicos, cada uno de ellos está formando por átomos, electrones, quartz, fotones, etc. La combinación de ellos es lo que está, lo que vemos, analizamos, lo químico, lo físico.
Además, nos hemos ido dando cuenta, que existe, por lo menos dentro del hombre: temores, deseos, necesidades, sueños, esperanzas, amor, odio, venganza, etc. Las sombras como oportunamente las hemos nombrado.
La combinación de estos dos grupos, el intercambio, en último caso el compartir espacios y tiempo, hace lo que hemos llamado vida, mundo.
Hasta ahora vamos bien; pero sucede que hay como una mano que moldea, como un programa ya establecido, pero por sus dimensiones y alcances es imposible que entren en nuestra todavía temprana y débil mente, alma.
Pero no por ello disminuye la necesidad, el deseo de seguir avanzando; de investigar, de soñar, de imaginar, de crear fantasías no solo como goce sino como punta de lanza del conocimiento.
Todas estas cosas secundarias son las que están permitiendo que tengamos una claro en el bosque y allí acampamos, allí convivimos con el semejante, con el otro; con el universo convirtiéndolo en mundo.
Si bien la cultura es convertir a la naturaleza en algo útil: el mundo, la humanidad, es convertir al universo en algo no solamente útil sino bello.
No hace falta más que ver, para entender y comprender que esto es así.
Adentrémonos un poco más en el juego de los elementos básicos.
Recuerdo los vientos de Agosto en mi casa de niño, veía doblarse a los Eucaliptos, emitir como alaridos agudos cuando el viento mismo quería arrancarles sus hojas; ellos se resistía, se doblaba; y, el brillo del sol sobre las hojas, que danzaban, era como cuando el sol brilla sobre el lago, sobre esas olas diminutas que el viento arrancaba de su piel. Y al salir a la calle sentía el golpeteo de granos de arena sobre mi rostro; el viento levantaba el polvo, la arena, y me cubría como niebla, me sentía como dentro de una nube; era como si el mismo viento me empujase, me quisiese derribar, llevarme como a las hojas.
¡Que hermosos recuerdos! Había otro, cuando llovía, cuando las gotas de lluvia caían sobre las calaminas, sobre los techos y hacían ladrar a las chapas de acero; como una ametralladora llegaban las gotas de agua; a veces eran grandes, otras diminutas; algunas veces llegaban de golpe y tenía que correr para sacar la ropa del cordel para que no se mojase, esa era la misión que tenia en la casa; salía corriendo al patio y la lluvia caía, jugaba a saber quién ganaba; si ella alcanzaba a mojarla o yo la salvaba. Quedaba muchas veces totalmente mojado y luego con una taza de café caliente me sentaba en el comedor y veía por la puerta; ahora si, cómo la lluvia mojaba todo, tomando la forma de una serpiente, avanzaba arrastrándose a su lugar, a la zona más onda, siempre hacia abajo, hacia el mar.
Y después; sí así se llama un poema de Karigüe, después de la lluvia el campo es más claro, más transparente, más puro, y el brillo del sol, más nítido. Aquí el poema:

Después…

En el atardecer
después de la lluvia..
el sol:
claridad transparente,
plateada.

Como si brotara luz de entre los árboles,
de entre las montañas,
de entre las nubes.

Como si se hundiera
la naturaleza desnuda virginal
en el horizonte.

Crisol de oro ardiente.

También Bosco en su libro “Malicroix” nos entrega una reflexión interesante sobre el fuego:

“Una lengua viva subía, balanceándose en el aire negro como el alma misma del fuego. Esta criatura vivía al ras del suelo, sobre su viejo hogar de ladrillos. Vivía allí pacientemente, con la tenacidad de los pequeños fuegos que duran y ahondan despacio las cenizas. Era uno de esos fuegos de un antiguo origen que nunca han dejado de ser alimentados, y cuya vida persiste, al abrigo de la ceniza, sobre el mismo hogar, desde años innumerables. Esos fuegos tiene tal poder sobre nuestra memoria que las vidas inmemoriales que dormitan más allá de los más viejos recuerdos se despiertan en nosotros ante su llama, revelándonos los territorios más profundos de nuestra alma secreta. Ilumina por sí solos, más allá del tiempo que preside nuestra existencia, los días anteriores a nuestros días y los pensamientos incognoscibles de los cuales nuestro pensamiento no es quizá sino una sombra. Contemplando esos fuegos asociados al hombre durante milenios de fuego, perdemos el sentido de la huída de las cosas; el tiempo se sumerge en la ausencia; y las horas nos abandonan sin sacudimiento. Lo que fue, lo que es, lo que será, devienen, fundiéndose, la presencia misma del ser; y nada más, en el alma encantada, la distingue de si misma, salvo quizás la sensación infinita pura de su existencia. No afirmamos para nada que somos; pero queda todavía un resplandor ligero de que somos. ¿Seré?, murmuramos, y solo quedamos aferrados a la vida de este mundo por esa duda, apenas formulada. De humano en nosotros sólo queda el calor, porque ya no vemos la llama que lo comunica. Somos nosotros mismos ese fuego familiar que arde a ras del suelo desde la aurora de los tiempos, pero del cual siempre se levanta una punta viva por encima del hogar donde vela la amistad de los hombres”

Todo ello, todos ellos, elementos del cosmos, estuvieron antes que llegásemos nosotros. Son como el nido, que alguien preparó para que la vida, el hombre, el mundo, sean.
Por otro lado las sombras, tal vez, estuvieron siempre, estuvieron formando, siendo partes, de ese vacío en donde el big bang se explayó.
El universo, en si, es una ola que se retira para dejar al descubierto, para darles forma a estas benditas sombras. Cómo cuando se retira una ola del mar y quedan algunas almejas al descubierto y presurosas se sumergen en la arena.
Pero lo interesante, por este camino de pura imaginación, sueño y fantasía, es ver a través de él, tratar de ver como se enlazan estos dos grupos de elementos, como hacen un entretejido, capaz de contener al hombre, a la palabra, a la idea.
Al observar a una planta es más simple. Pero imaginar y suponer al hombre parte de este proceso es más complejo, más saludable, más necesario ya que es vernos de una cierta manera.
La savia, que después es sangre en el hombre, se eleva de sí es sacada, es tirada, estirada, extraída de la tierra por esas garras llamadas pelos absorbentes y llevada en contra de la fuerza de gravedad; es por lo tanto, si bien no más fuerte, pero si más sagaz, se esconde dentro del cuerpo, del tronco del árbol y desde allí llega a lo alto, convirtiéndose en flor y fruto o simplemente en perfume.
Pero el hombre ya es como el cactus, saca el agua del medio, del medio ambiente, ya no sale de las profundidades y eleva al éter, a los cielos; sino que su sangre así se llama ahora esa savia roja, circula, recorre su cuerpo, impulsada por un motor llamado corazón. Ya no es más atraída por astros celestiales; ahora esa savia roja es autoimpulsada. Nació, broto, otro astro en el universo: el animal, el hombre.
Si podemos imaginar un poco más, podríamos suponer que la sangre de ese otro ser superior al hombre llamado mundo, es algo más sutil, es el lenguaje, las comunicaciones.
Muy bien, muy, bien pero todo esto es, sí bien físico, también metafísico. La otra vertiente el polen, de él nos podríamos preguntar: ¿llegó de otro lado o tomó su lugar, como el hombre tomó a la tierra, a la cueva como suya, porque estaba vacía o la tierra misma le hizo un lugarcito, le preparó una cuna?
¿No es así el cuerpo físico del hombre para las sombras?
De todas maneras ellas tomaron ésta morada como suya, e hicieron de ella algo útil: el hombre.

Karigüe


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Gracias. Karigüe