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lunes, 7 de septiembre de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 10

LO NUEVO

A veces suceden cosas, que no son las esperadas, las planificadas, las previstas, y que además se nos van de la mano; nos solemos lamentar por las consecuencias a lo que nos pueden llevar; sin ver la posibilidad de que esas mismas cosas, son las que en forma indirecta nos conducirán ha lo que es mejor, a lo que es lo conveniente.
Hölderlin dice en su poema a los poetas: “Bendice todo lo que te sucede y se propenso a la alegría” y Nietzsche nos agrega: “Hasta la cosa más mala tiene dos caras buenas”
Podríamos decir que es un exceso de optimismo; pero a través de la vida, de la vida de todos los días, comprobamos que es así, no sólo hay que agradecer sino bendecir también. A los poetas les corresponde entender que bendecir es: ven a decir.
La adversidad no es nada fácil de sobrellevarla; pero frente a ella tenemos tres posibilidades: o nos dejarnos abatir, o pensar lo que nos decía Nietzsche o ver a la realidad como es. En éste último caso, las cosas son como son. Una desgracia por ejemplo, un accidente, sucedió y punto, tenemos que encontrarle una solución o por lo menos una respuesta. Ahí es, donde si vemos a esa realidad como una posibilidad de mejorarla o mejorarnos a través de ella.
Demócrito decía: “En la vida no hay ni premios ni castigos sólo consecuencias” Es verdad, la realidad de las cosas que nos suceden son consecuencia de lo que hacemos.
No hay nadie afuera, quien nos está preparando o dando premios o castigos. La vida está hecha como para que sí plantamos papas nos crezcan papas, es como la tierra.
Si es verdad también que hay accidentes, cosas que se escapan de nuestro control, pero son pocas, se podría decir muy pocas.
¿Qué tenemos afuera, en eso que hemos llamado mundo, cosmos, tierra? Una realidad, algo con lo cual tenemos que convivir, compartir. Eso de afuera, los demás, tienen las mismas condiciones que nosotros, tiene que enfrentar a lo que es otro para ellos.
De este lado estamos nosotros, el mundo interior de cada uno, el alma, un espíritu, una historia, una cultura; realmente es una realidad, en el cual el yo tiene que jugar una partida. Instintos, deseos, miedos, vicios, anhelos, sueños, etc., tan grande como el otro, el exterior.
Aquí es bueno hacer un punto de inflexión, mejor verlo. Hay como una capa muy delgada que separa los dos mundos, y en esa capa cómo si fuera una piel, nos rodea y es un ojo que ve, que observa, que analiza y hasta toma decisiones. Ahí estaría ubicada la voluntad, la fuera, la fuerza armada que va hacer cumplir las ordenes, que un yo reflexivo e instintivo a la vez, ordene, ordene que se ejecute.
Podríamos suponer que esa capa, es un centro que ve, una mismisidad, un agujero negro; pero ¿Cómo sería? ¿Todo estaría afuera de ese centro? Pero si nos ponemos a percibir, a sentir, cómo actúa esos mecanismos en nosotros, podremos decir que hay un momento en el cual vemos que hay un mundo exterior bien definido cuándo miramos hacia fuera; pero cuando miramos hacia adentro, vemos a nuestro mundo interior.
Es decir ese centro perceptivo está entre los dos mundos. Nuestros sentidos ven al mundo exterior, lo escuchan, lo saborean e incluso lo rozan, lo huelen; pero cuando tratamos a nuestro mundo interior no lo vemos, no lo escuchamos, porque no habla, ni huele, ni tiene sabor, ni habla.
Está allí, existe; pero no es nada físico, sus sentidos no son o mejor dicho no deberíamos de hablar de sentidos.
Está el yo, está presente, está la conciencia. Soy yo el que me pregunto y el que contesta, es un diálogo permanente el pensar, el analizar. Es como si por momento el yo hace del tu, y el tu hace de yo, siendo la misma persona. No es que solo hay una mirada fija que ve y va oscultando la realidad, sino es como si se estuviera caminando con los dos pies, un paso y después otro, un cierto balanceo, un cierto hamacarse; una forma binaria.
Mentalmente podríamos estar en el estado de movernos sobre un plano, una forma racional, en la cual ponemos la realidad, la realidad nuestra y de las cosas en un plano, como cuando nos arrastrábamos por el suelo. Después nos pusimos de pie, y si bien seria un eje Z limitado, pero por lo menos desde esa nueva altura, nos permitió ver al horizonte.
En el plano mental estamos erigiéndonos sobre otro eje, sobre el eje Z limitado también. Ese eje Z es algo oscuro, no lo vemos, no lo podemos ver, porque nos falta altura, desarrollo de altura metal.
Esto quiere decir que cuando tratábamos con dos ejes, es decir el X y el Y, que vendría ha ser el yo y el tu, había alguien que armonizaba con los dos, el reconciliador, una especie de confesor.
Bueno ahora ese punto, por así decir se expande elevándose de sí, crece y no tenemos ahora con qué verlo. Ese eje es la vida espiritual, el arte, la inspiración, la razón básica, eso que nos da confianza a la cual hay que bendecir, y esperar que convierta la cosa mala en dos cosas buenas. Una especie de un dios.
Siempre a lo superior lo hemos llamado Dios, pero no nos apresuremos, es solo un paso más. Ya sabemos que el pensar es un sentido más; como es la vista para el cuerpo; así el pensar es para el alma, para la mente, para ese mundo interior del que estamos tratando.
Este eje Z es el milagro, es lo milagroso, lo nuevo, lo consecuente, la consecuencia natural de nuestro crecimiento, aunque en realidad deberíamos llamar expansión.
Lo existente, es solo como una onda expansiva, se podría decir que no tiene ni es energía, sólo algo aséptico que se expande, pero que toma, despierta lo antiguo, lo ya existente y lo convierte en materia y energía, en cosmos.
Imaginemos ahora algo interesante, supongamos que esa onda crea el universo, la tierra y hasta el cuerpo del hombre, y que por un accidente o consecuencia, en este momento no importa, tiene el camino, el sentido y dirección del recorrido u órbita del agua en el universo.
Ya vimos que el agua cuando es sangre y circula por nuestro cuerpo tiende a irse, y lo hace estando en la tierra; y si ésta agua o esta honda quedó atrapada dentro del casco, dentro de ese casco que es el cráneo del mono que piensa, ya sabemos que allí se crean tormentas como en la atmósfera, pero en el cerebro son ideas.
Hasta ahí estamos bien, pero nuestra bendita honda ahora dentro de ese cráneo ha hecho su nido, un nido, ya no quiere expandirse ni crear universos, ni cosmos, ni menos otra vida.
Ahí está cómoda, no estamos hablando de nada divino sino de cosas que existen dentro y fuera del cosmos, no tenemos que limitarnos a lo que hay dentro del cosmos.
Volvamos ahora a nuestro bendito eje Z, es el eje – expansión que se eleva de la vida, cómo para formar un volumen, inclusive el mismo cosmos está en el plano y de ahí lo nuevo.
Lo interesante es la creación, la formación de un centro, de un ojo que vea este volumen.
Aquí la pregunta ¿Quién ve nuestro sueño, cuando soñamos?
Nuestros sueños son los escombros del universo, aún sin participar, aún sin tomar partido, están como cuando se pensaba que había un limbo.
La aglutinación, alrededor de un centro catalítico, permitió la formación del mundo; ese centro catalítico, es ésta onda no digamos atrapada sino reposada, en nuestra serena oscuridad, desde donde somos.
Algo divino que no es una consecuencia de lo que es cosmos, de lo que es orden, equilibrio; sino existencia sin limites ni bordes, algo que está siempre y lo seguirá estando y además inabarcable para nuestra mente plana y a lo sumo volumétrica.
Pero debe haber algo que mire a este volumen, aunque resulte interesado y hasta harto repetitivo, ese algo nuevo se anida en el corazón de los poetas.

Karigüe

ÚLTIMO CAPÍTULO DE CORTECÍA. Si desea adquirir el libro completo de "El Milagro" en formato electrónico, puede solicitarlo enviando un email a info@karigue.com.ar

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Gracias. Karigüe

lunes, 31 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 9

CAMINO

Las máquinas. Qué maravillosas maquinas hemos construido. Pájaros de acero, si se despertara Da Vinci y viera las maravillas que hemos inventado; diría: qué poca imaginación que tuve.
Hombres como él, como Julio Verne, Newton, Leipniz, Arquímedes, Esiodo y tantos otros más que imaginaron, que crearon. En sus respectivos tiempos los tomaron por locos; luego esos sueños fueron haciéndose realidad.
Podemos enviar naves al espacio, hemos roto no solo la fuerza de gravedad, sino también la velocidad del sonido y tal vez algún día romperemos la velocidad de la luz.
Cómo ha sido posible mirar ha los cielos y descubrir estrellas mellizas, investigar y acercarse ha comprobar que en el centro de nuestra galaxia hay un agujero negro, de donde nada retorna, nada vuelve, materia condensada, compactada o solo un poro, un punto de inflexión.
Si nos ponemos a pensar como brota una idea nueva, un pensamiento, un poema; pareciera que sale de la nada; pero es el resultado natural, la consecuencia de haber visto, de haber escuchado y después relacionar, ya sea entre sí o a través de una metáfora; pero es como si estuviéramos subiendo por una escalera y comenzáramos a mirar más cosas, comenzáramos a desvelar, sacar velos nada más.
Pero si vemos un pájaro de acero, lo vemos volar a 1000 km por hora, nos sorprendemos; no podemos creer además cómo este pájaro llega a diez mil metros de altura, a donde no llegó, ni llegará, un pájaro natural.
Nuestra creación está superando a la naturaleza. En muchos campos ya la superó.
Es verdad que nos copiamos del pájaro, los pájaros en sí eran nuestro sueño. Desde tiempos remotos intentamos, hasta llegar a Da Vinci y comenzar a hacer realidad ese sueño y lo hemos logrado, y como dijimos los hemos superado.
Hemos llegado a la Luna, a ese astro, a ese ojo de la tierra que nos ve y que nos ha hecho soñar desde que comenzamos a ver a los cielos, que en verdad fue no hace mucho.
Imitar a los peces, a los pulpos, a las anguilas, cuanta especialidad de la naturaleza, pero no hay una sola que no este, al alcance de nuestras manos creadoras.
Ya hemos enviado pequeños submarinos por el interior de nuestro cuerpo, ellos son nuestras prolongaciones. No podemos entrar allí, pero inventamos cosas, elementos, que sí lo hacen.
El Genoma Humano es algo que solo hace unos años atrás era inimaginable, sin embargo está. Está también la posibilidad de que se manipule a la naturaleza, a nuestra naturaleza. Es algo que estaba prohibido por los dioses, no hace más que dos mil años que no se permitía abrir el cuerpo, ahora llegamos ha abrir a las células, e inclusive a los genes, a las neuronas, a la sinapsis.
¿Cuál será el límite? No hay límite, el hombre es el único ser sobre la tierra que cree en los limites; los animales a lo sumo los respetan, por su supervivencia.
Miremos por donde miremos, hay profundidad, hay altura, hay horizontes, somos seres que se expanden como si fuéramos una esfera, en el sentido que ella tiene infinitos rayos.
Que hay errores, si lo hay, y ellos son los que no han llevado hasta donde estamos, más aun es el alimento de la inteligencia, es como el lastre que al barco lo sumerge, para que su hélice pueda impulsarlo y a la vez es el combustible, por lo tanto debe de estar, debe existir.
La injusticia ¿seguirá existiendo? No lo sé, debe haber cosas que ignoramos dentro de nuestro cerebro, por las cuales todavía existe y está la no tan bendita injusticia, pero así como no hay una piedra totalmente esférica, perecería que nuestra mente, nuestra ciencia, nuestra armónica belleza, no existieran en forma plena y completa.
No por eso dejamos de avanzar en esos campos; ya que hay algo dentro nuestro, que nos lleva a la perfección.
Está bien que hayamos puesto nuestra atención en las ciencias, en los inventos, en la creación de cosas para hacernos la vida más suave, más agradable, más cómoda; pero a la vez no podemos desatender la morada del espíritu, la vida espiritual.
¿Que es en realidad una vida espiritual?
Es salir, salir y ver, tomar conciencia de lo que es el cosmos, de lo que es la tierra, el mundo; recorrer nuestro mundo interior, nuestra alma y ver cuantas cosas hay, cuantas cosas existen, cuanta armonía.
Podríamos decir que el alma personal, el alma de cada uno es en si; pero también es el resultado de nuestro trabajo.
Si recorremos la tierra, contemplamos al universo, bueno, en eso no tuvimos que ver nada. Pero si vemos al mundo, sentimos que es obra nuestra, aunque ya sea como un astro.
Quién entonces es el creador de tal maravilla, ahí sí que nos quedamos en silencio.
Inclusive si nos llegamos a preguntar con quién converso cuando pienso, parecería que siempre hay algo, hay alguien que da una respuesta, que es una referencia; cuando decimos que podemos engañar al mundo, menos a nosotros mismo, bueno quién es ese mismo.
Algo que está ahí desde que nací, fue descubriéndose, paso a paso, fue aprendiendo cosas de afuera para que tenga conocimientos, para que pueda decidir mejor.
Podemos decir, que es la vida, el espíritu, el ser, cualquier palabra que le pongamos es y será siempre palabras para describir algo que nos supera.
A través de los años, lo que se logra es crear, inventar, nombrar. Llamamos Dios, Razón Básica, El cosmos; tal vez la palabra Dios es la mas acertada, pero solo es una palabra.
Está ahí, allí, aquí, está presente siempre, es lo presente, no existe lugar en donde no esté; nuestra imaginación puede volar y decir que está en los cielos, la pregunta es: ¿En qué cielo? ¿Dónde está el cielo? Preguntas como: ¿A donde vamos después de morir? tienen el mismo contenido, la misma ausencia de respuesta para nuestro saber, para nuestro conocimiento.
Decimos: “Pienso y luego existo” “Siento y luego existo” “Tengo afectividades” Daría la impresión que es como tratar de poner en un vaso el mar, más aun el cosmos. No, no es lo correcto.
Pero tenemos que tomar un camino para irnos acercando a esa verdad, a ese ser que nos contiene y que somos.
La primera es el respeto. Hay algo grandioso alrededor nuestro, que es el cosmos, que está en orden, aunque tiene convulsiones internas, a las cuales les podemos llamar vida, pero está ahí.
Admiración, no dejarnos hacer llevar por la apatía, el estar vivo es estar despierto, haciendo funcionar la mayor cantidad de cosas que nos ha dado la naturaleza. Ver esa con - secuencia, aunque sea con la realidad o con la fantasía. Ver llegar al agua, brotar a la naturaleza de la tierra, a las plantas, a los animales, al hombre, a las ideas; y el vuelo, eso vuelo que hemos emprendido hacía otros mundos, hacia otras galaxias.
Nietzsche decía: “Ha alguien tenemos que agradecer por estar vivos, pero no se a quién, pero bueno hay que agradecer, pero ¿cómo?” Y termina dándose una respuesta: “ya sé cómo, haciendo lo que la vida nos ha dado para hacer”
El entusiasmo para obrar, por obrar. “Qué difícil se convierte la vida sin un entusiasmo a mano y en cada momento”: nos decía Bernet.
“Bendice todo lo que te sucede y sé propenso a la alegría” – Hölderlin.
Es decir que desde hace tiempo estamos en ésta tarea y damos rodeos. Debemos seguir haciéndolo, por que no vamos a encontrar al Dios, cara a cara, porque indudablemente no es igual a nosotros, ni nosotros somos su imagen, demasiadas pretensiones.
Lo que si es el viaje, es recorrer no sólo con los sentidos del cuerpo a todo lo de nuestro alrededor, sino con los sentidos del alma y del espíritu, como es la imaginación, las fantasías.
Las tan agradables y no tan bien consideradas fantasías.
Y eso si darnos cuenta que nos somos unidirecionales, crecemos en todos los sentidos posible e imaginables, porque si vamos en búsqueda de él, él debería ser el todo, él contiene todo.
Entonces una de las cosas que podríamos hacer es aceptar la realidad y cocinar con lo que hay. No dejaremos nunca ir a la perfección, a la precisión; y realmente ésta última parte suena a cursi, sin embargo es así, hay algo dentro nuestro que tiende a la perfección, a la belleza.
Alrededor del hombre se crea la belleza. Es casi o somos casi como los decoradores de este cosmos, lo estamos haciendo cada vez más bello.
Aveces veo mi uña y dijo: la verdad para qué está, casi no la uso, pero está, alguna función debe cumplir y luego, por supuesto solo como una forma de imagen pensada, así debe sentir el Dios cuando nos ve y luego agrego ¿no será la belleza una uña del ser? y por supuesto termino con una sonrisa de niño en mis labios.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 7 de septiembre

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Gracias. Karigüe

lunes, 24 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 8

EXISTIR

Se pregunto Nietzsche: ”Alrededor del héroe se crea la tragedia. Al rededor de Dios ¿se crea el mundo?” Karigüe agregó: “Alrededor del hombre se crea la belleza”
No es necesario demostrar que desde que descendimos del árbol, la tierra, el mundo, son cada vez más bellos.
Se podría argumentar que cada vez hay más guerras, vicios, cada vez más pobreza etc. etc.; pero, solamente habría que ver unos 2000 años atrás, cuando el Imperio Romano se vino abajo, lo que fue nuestro mundo, sin leyes, sin orden, etc., etc.
Nos guste o no vivimos en un mundo mejor, más aun más bello. Si caminamos por los parques, por los bosques naturales, los cultivados, si recorremos las campiñas de España, de Inglaterra, de Argentina; podremos ver la mano de hombre.
Tal vez es solo una opinión: El mundo es cada vez más bello. Estaríamos más convencidos de ello si comenzamos a ver la obra de los hombres: las obras de arte, las Sinfonías de Beethoven, las Pasiones de Bach, la Sílfides de Chopen, el Canon de Pachalbe, el Adagio de Albinoni, las cuatro estaciones Vivaldi; por Dios, no existía esa belleza, fue creada solo hace cuatrocientos años ó quinientos tal vez.
La pintura de Vango, de Quinquela, de Picasso, de Dali, de Monet, de Velazquez; por Dios que belleza. Sin entrar a ver la obra de Miguel Ángel, de Rodin en la escultura. Deberíamos de reconocer la obra de los padres de la cultura occidental, como fueron los Griegos Clásicos, pero los Griegos son relativamente jóvenes, existieron solo hace unos 2700 años atrás.
Y no hay que dejar de ver a las mujeres, otra opinión; yo las veo cada vez mejores, más lindas, más preciosas, más inteligentes, más vivaces, más precisas.
¿Y las ciudades? Que hermosas: Praga, Estocolmo, Madrid, Londres, Buenos Aires, y mi tierra Arequipa, EL Cuzco. Y qué medios como para llegar de un punto a otro, para llegar de Arequipa al Cañón del Colca, a Londres, a Moscú, a Tokio, a la India, a Australia, a esas islas tan paradisíacas que nunca fui, pero las veo en revistas y por televisión.
La televisión qué otra maravilla, podemos divertirnos con ella; que sea como una droga para algunos ya es su problema. Si no se está bien, hasta la bendita comida puede ser una droga, puede ocasionarnos una adicción.
Pero las comidas, que delicadas comidas, la francesa, la peruana, la china, la japonesa; la carne, las verduras, las frutas que podemos comer en el Invierno crudo de Gotemburgo, como son las uvas de Chile, manzanas de Argentina, bananas de Ecuador.
Y las flores, que belleza son las flores, las rosas de Bogotá, de Quito, ¡qué belleza!; y las podemos tener, ahora, en este momento, aquí. Que tengamos plata para comprarlas o no; pero tenemos esas posibilidades.
La Literatura, la poesía, qué belleza la obra de Sófocles, de Shakespeare, de Blake, de Rulfo, de Vallejos, de Tralk, de Verlaine, de Dikinson. No, no existan hace solo unos años atrás; sin embargo ahora las tenemos en libros, en CD, en TV, en Internet.
Internet otra maravilla, y lo más interesante es que podemos compartir con los otros, ya no tenemos que ir a los templos del saber, ahora a unos pasos tenemos personas, que conocen, que pueden hablar, artistas que están al alcance de la mano.
Pero lo maravilloso es la mente, nuestra mente capaz de hacer, crear historias, crear poesía, novelas, ensayos, o simple - mente leer a otros.
Cómo la gente viaja de un lugar a otro, como se les ve tostándose en las playas, trepando las montañas más altas, esquiando en al nieve, en el agua, corriendo. Si vieran lo Griegos, en que se ha convertido los Juego Olímpicos, se caerían de espaldas, Don Marathon quedaría atónito, cómo gente de todo color y más aún los más delgados pueden correr 100 kilómetros como si nada.
Y las ciencias, nuestras hermanas ciencias, cómo crecen, cómo se desarrollan, cómo se investiga. Al saber un poco sobre el Genoma Humano, no sólo nos sorprendemos sino que se entiende que es algo como la punta de un Iceberg, realmente un milagro.
Un milagro conquistado, creado, hecho, por el hombre.
¿No es un mundo bello? ¿No se crea alrededor del hombre la belleza?
No sé, ni puedo comprobar, como era lo que pensaban, lo que sentían los Griegos, antiguos, los Clásicos; pero no nos debe sorprender que el hombre de las cavernas no haya tenido mucha imaginación, mucha fantasía.
Una de estas maravillas es la fantasía en nuestro tiempo, el hombre del Siglo de Platino es un gran imaginador, un gran fantasioso, crea mundo, mundos artificiales, que a veces lo comparte y otras no.
Es en el hombre, en donde se crea cosas, pero ¿quién, lo crear? El espíritu del hombre.
Ese ánimo, esa inquietud latente, no solo lo hace obrar, sino crearse un mundo dentro de él mismo, un mundo virtual. Pensar que es capaz ahora de sentirse parte activa de cosmos. Me imagino a nuestro hermanos Nerthentales, cómo temerían al fuego, al rayo, a las tormentas, al sol, a los temblores.
Sin embargo hoy aunque tememos menos, pero no estamos integrando al cosmos; cuando nos despertarnos como hombres, creamos la distancia, dijimos todos ellos son los dioses; pero solo para verlos, para verlos representados y vernos en ellos, cómo cuando nos vimos por primera vez nuestro rostro en un charco de agua.
El alma de la belleza es la distancia, en la distancia es donde se crear la vida, desde donde un ser al verse separado del ser, es capaz de crear, de iluminar, ese espacio como si de él saliera ó se produjese un arco eléctrico.
El milagro de la belleza es este ver a la creación, al universo, como parte nuestra y nosotros como parte de ellos, no desligados; no separados cómo si el universo fuera otra cosa y nosotros solo la imagen del Dios.
Es la integración, la belleza es solo un campo, un claro en el bosque, es como sentarnos alrededor del fuego y conversar, comenzar a levantar la cabeza y vernos el rostro, ver el rostro de la tierra, del universo, y del universo de los universos también.
Reconocer es volver a conocer lo ya conocido. En nuestra memoria ancestral está todo. Nos vemos con la formación de un ADN; pero un poco más atrás están esos fotones de energía que son el elemento básico del universo, esa fuente de energía permanente que habría que investigar, cómo es posible que la materia oscura, la no registrable, del universo, puede ser el 85% de su peso.
¿No será que este nuestro universo brota desde un vientre más potente, más antiguo, más imperceptible; imperceptible solo para el animal que mide, los medidores, los animales que piensan?

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 31 de agosto

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Gracias. Karigüe

lunes, 17 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 7

EL AMOR

Las relaciones comerciales, es una negociación, como cualquiera negociación en la que hay dos o más partes que tiene que llegar a un acuerdo, a un arreglo de conveniencia.
Por muchos años, los hombres de bien la han negado, no estaba a la altura de un cierto tipo de nobleza; sin embargo tan necesaria, para la formación de nuestras sociedades, de nuestra humanidad.
Todo se tiene que negociar, dentro de cada uno de nosotros está el interés, yo quiero, yo deseo, un yo que se impone, que quiere imponerse también a los demás. Pero, no se veía con buenos ojos, como si la plata fuera algún pecado, una bajeza, algo que inclusive se veía como despreciable.
Y sin embargo es el cimiento del mundo, de la humanidad. Sin el vil dinero estaríamos en el estado de trueque, que en realidad es lo mismo; la diferencia está en la concentración, pero ahora se cambia los ejes, los parámetros.
El poder siempre estará en manos del más fuerte, lo que pasa que de acuerdo a como está formando nuestra sociedad, ahora la inteligencia se está imponiendo; bueno eso desde que el mono dejos los árboles, la astucia, la flexibilidad, son la base de toda negociación, y toda buena negociación nos lleva al poder, a imponernos a todos los demás.
No somos todos iguales; pero hay algo común que tiene los humanos, esta raza, esta especie que dentro de la tierra se está ó se ha impuesto a las demás; pareciera que es la inteligencia, ese poder de análisis reflexivo que no lleva a hacer lo conveniente.
Por otro lado se ve una variedad de razas, de pueblos, de grupos de personas diferentes, con diferente cultura, diferente grado de inteligencia también; pero no hay que dejar de hacer notar que es como una especialización, cada una con su tema.
La bendita globalización nos lleva a estar cada vez más unidos, intercambiamos más conocimiento, deseos, gustos de vestir, de comer etc., que pareciera que se tiende a la unificación.
De toda esta descripción fría, nos hace ver la realidad del mundo, la concentración del dinero y la desigualdad en el reparto de los bienes del mundo. No hay duda que esta de por medio el trabajo, el esfuerzo, pero no justifica la diferencia.
Hay 6000 millones de personas, de seres humanos sobre la tierra, 6000 millones de mundos diferentes, y que tiene en común el lenguaje, el arte, los miedos, como el de la muerte y de las enfermedades, los deseos, necesidades como la sed y el hambre.
Lo que es difícil de no ver, es cómo este grupo de seres manejan autos, aviones, trenes, comercios, galerías, países, ciudades, lo impositivo, la justicia, el respeto, la crueldad, la alegría, la tristeza, el amor.
Estos seres tienen en común un mundo, el mundo suma de todos los mundos individuales. Cómo no se pelean más, cómo no se destruyen, ello nos lleva a caminar hacía un mundo unido, a un mundo en común, la común – unión.
Si esto realmente no es un milagro, que me muestren otro, otro mejor que éste, vivimos relativamente en paz, en armonía; hay guerras pero son mínimas, eso se debe a que necesitamos todavía recargar nuestra adrenalina, necesitamos del viento para mover las aguas así ésta no se descompone, así estas están bien aceitadas y funcionan bien.
Ver una autopista, las calles de una ciudad, por más pequeña o grande que sea, para maravillarse cómo se coordina las funciones, las velocidades, los pasos, las detenciones, las frenadas, etc.
Damos por descontado y más aún peleamos, luchamos, para que haya menos accidentes, para ser más precisos; con mas justicia, con más amor, más alegría, etc.
Y no vemos lo conquistado, lo logrado, lo alcanzado: nos da no sé que ver a un mono y no reconocerlo como nuestro antepasado, menos por supuesto a una ameba, a un caracol. Nos falta esa pata para pode caminar bien, esa otra ala que nos permita volar, estar aquí y no tratar de buscar otros mundos, el más allá está aquí.
Ver a un gusano es ver a una maravilla de la naturaleza, inclusive al tan poco apreciado como es el sapo, un batracio que si le vemos a los ojos y tocamos su piel salimos corriendo.
Es verdad que la vida va para adelante, somos una flecha lanzada al vacío, casi como el big bang, la vida quiere más vida y en verdad ella nos da más vida si la empleamos bien.
Pero, así como algún día tiene que haber una contracción del universo (si no lo está haciendo ya) así también lo hará la vida y pareciera que es el hombre el que va en sentido contrario a esa flecha lanzada al vacío, quiere la unidad, la precisión, la concentración, la compacticidad.
El big bang no es más que un latido, como el del corazón, como es la vida, como somos cada uno de nosotros. Latidos dentro de otros latidos pareciera que es el universo de los universos.
Pero no nos vayamos tan lejos y concentrémonos en el hombre, éste animal que resiste ser especializado, que reniega a la especialización y que le resulta placentero ser como un árbol frondoso, así respira más aire, más oxígeno, más vida.
El hombre cuyo cráneo es un cielo invertido, casco opuesto al de la tierra. Vemos que la atmósfera en donde se produce el rayo está abierta, en el hombre está cerrado, el rayo no ilumina afuera, ilumina adentro, es una especie de tierra al revés, un astro opuesto a la tierra.
Dentro de su cerebro, se producen miles de saltos de energía, mucho más que todos lo rayos sobre la tierra; y esto que estamos hablando de un solo hombre y lo más interesante que este ser los utiliza, utiliza a ésta energía para ver, para almacenar, para crear, es la máquina más eficiente que puede existir sobre la tierra.
El cuerpo mudo es una maravilla, los genes, las células, los órganos; pero en ese receptáculo llamado cerebro están la neuronas y las sinapsis, y la sinapsis que se combinan de tal forma que se produce la imagen, la metáfora, la palabra, la idea.
Este pequeño receptáculo es lo más maravilloso que se puede ver sobre la tierra, está concentrado lo mejor de lo mejor y ya nuestras ciencias nos está informando que las sinapsis si bien son conectores ellas mismas, en ellas se crean energía como los fotones que existen en el universo exterior
Es decir que estamos llegando a conocer que los fotones, bien pueden estar actuando en el universo como en el cerebro del hombre, al mismo tiempo; seria como un elemento común de los seres animados e inanimados. Llevará tiempo ver con claridad este tema.
Pero no debemos de dejar de ver, que éste nuestro cerebro es un universo maravilloso, un universo que ve, que comprende, que crea, que es capaz de hacer una Sinfonía, un poema, un cuadro; ó amar. Simplemente amar, desear lo mejor a otra persona exterior a uno, ya es un milagro.
No digamos que es tan fría como la fuerza de la gravedad, pero es lo que brota desde el cerebro de un hombre: el amor.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 24 de agosto

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Gracias. Karigüe

lunes, 10 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 6

EL MILAGRO

Si a un tema lo tratamos con frecuencia; vemos cómo se expande, se interna, se eleva de sí.
Es vida no hay duda, son cosas que vamos abriendo, le vamos agregando; vamos revistiendo. Es como una criatura, un nuevo ser que sale al mundo, pero en nosotros; lo podemos dar a saber, es decir sacar de nosotros o no; pero que está ahí, expandiéndose lo sabes, lo sientes.
Nuestra mente, nuestra alma, es a veces un desierto y otras veces un campo fértil; pero aún siendo desierto, con agua y la perseverancia, podremos hacer crece, hacer brotar, el cultivo.
Eso no hay que olvidar que si siembras cebollas, cebollas van ha crecer.
Poros, son tal vez poros sobre nuestra piel, sobre nuestra piel del alma, por los cuales respiramos, respiramos mundo; más aun debemos decir universo, e ir un poco más, el universo y sus misterios.
Somos como campesinos de nuestra alma; la regamos, la fertilizamos, con demasiada frecuencia y muchas veces con cosa inútiles que en lugar de alimentarla, la envenenamos, como sucede con la tierra.
Si bien a primera vista parece natural y hasta simple, y además en verdad lo es; pero, pero el tema es ser un buen agricultor, un buen campesino, y amar a la tierra, amar a tu alma.
Para lo cual necesitamos saber ¿Qué es el alma? Es lo almacenado, lo guardado desde los inicios del tiempo; para no ir más lejos y perdernos, podríamos decir desde que el ARN se convierto en ADN; desde que en la tierra se fue creando, formando un orden: un orden creativo.
Si bien podemos agradecer a Hölderlin, su poema en donde nos dice: “Bendice todo lo que te sucede y sé propenso a la alegría” Es decir hay un orden sagrado, al cual hay que agradecer viniendo a decir, y esa alegría, la verdadera alegría, es cuando brota de nuestro corazón.
Está ahí, está bien, es un camino, el camino del corazón, de eso que somos y lentamente no vamos dando cuanta que lo somos.
Pero está el otro camino el camino, en donde hemos hecho de la naturaleza algo útil, en donde los errores los hemos capitalizado, los hemos usado, empleado como alimento; hemos solamente sacado la maleza de los alimentos naturales que nos ha brindado la tierra, algo más ordenado, más metodificado.
En si el alma no crea nada. Podemos escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven y maravillarnos; pero es Beethoveb el que recorría los campos, lo montes, los lagos y de ahí extraía como una metáfora la belleza, la belleza que en él se transformaba, como un cambio de bisagra; la convertía en sonidos, en sonidos bellos.
En el alma es lo mismo, sucede algo parecido, lo recibido en ella se almacena, se almacena lo que sucede; es decir cosas y sucesos y aún fenómenos se entremezclan y sale el licuado; pero hay como un motor, como lo que hace girar el aparato electrónico para preparar el licuado, bueno no hay duda que a eso hemos llamado espíritu.
El hacedor, el obrador, el que trata de unificar, al que deberíamos llamar unificador. Holan nos dice: “La poesía es un misterio debería ser precisión”
El maravilloso mundo interior del hombre, tan grande como el universo, con una diferencia que no debemos dejar pasar, es más grande que el universo de los universos.
Crear, un poema, una sinfonía, un cuadro, una escultura, es el ordenamiento desde algo superior. El espíritu se vuelve entonces delicado, estilista, sin deseos de ofender el trabajo, podemos atrevernos a decir que el espíritu ya no trabaja con las manos como el obrero y campesinos, trabaja con la mente. Ese miembro, uno de sus sentidos; el que tiene ramificaciones y una de las cuales es la inteligencia.
En ese mundo interior está la tierra, los cielos, los astros, como metáfora, entraron por las puertas, por los sentidos, a una antesala, luego al segundo estomago, como tiene los rumiantes, animales, básicos y necesarios. En ese segundo estómago la digestión es más delicada, jugos gástricos son inyectados al alimento, allí en donde preparaba el bolo alimenticio, antes de comenzar a ser absorbido por nuestro cuerpo, por el cuerpo de nuestra alma, se produce algo extraordinario, allí es en donde se mezclan el mundo recibido, las cosa recibidas, con lo anterior, con esa historia que tenemos, con la que contamos, es contenido, lo recibido desde el tiempo original.
Luego, sí luego, solamente nuestra alma permite que las cosas, lo sucedido, entre al espíritu; a ese altar desde donde el agua se evapora, o donde el alimento se convierte en éter; sí éter, alimento para el espíritu. El espíritu en sí.
He ahí el misterio; pero misterio porque todavía estamos en los tiempos de Hipócrates; mejor si decimos un poco antes cuando al cuerpo lo considerábamos una unidad, y no nos atrevíamos a diseccionar, ha abrir, ha ver; nuestro cuerpo estaba formando de partes, de órganos, y que cada uno cumplía una función.
Así y no de otra manera iremos avanzando, diseccionar nuestra alma, he iremos viendo sus partes. Tal vez Freud, comenzó a dividir en yo, el superyo, el ello; etc. Como así Jung, nos habló sobre el inconsciente colectivo.
Así iremos avanzando hasta ver las partes de nuestra alma, y de nuestro espíritu también.
Pensamos o imaginamos, que hubo un tiempo que no existía nada de esto; quiere decir que, tanto el cuerpo físico, como el alma y el espíritu están surgiendo, están brotando de nosotros, es como si dentro nuestro hubiera una construcción y nosotros por atrás, vamos algunos pasos atrás, abriendo los sucos, para sembrar, diseccionando para ver, para comprender, para curar.
Parecería que existe una flecha lanzada al vacío, desde una mano, desde un arco que sostiene una mano, y es la fuerza, es el impuso inicial, el milagro.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 17 de agosto

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Gracias. Karigüe

lunes, 3 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 5

LA VIDA II

Cuando uno piensa, medita; sentimos que hay algo en nosotros. Lo primero que se encuentra, es una especie de nubes, de pensamientos, recuerdos; algunos agradables otros como los remordimientos, pero por lo general son móviles, sin consistencia, traspasables; eso nos quita visión, ya que es niebla; pero no dejamos de sentir que son nuestros, lo que fuimos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que soñamos.
Algunas veces esa capa es pesada, depende de nuestro ánimo y de lo que estemos pasando; de nuestras circunstancias que nunca son las mimas, cambian como nosotros, siempre.
Pasamos por esa niebla, llegamos a una especia de punto concentrado, como si fuera un astro compacto, de tal compacticidad que hasta podría desaparecer de nuestra vista, inclusive de todos nuestros sentidos.
Algo que se pierde en lo infinitamente dimito, es como si saldría del espacio, pero sabemos que está ahí, que es real.
Pero a la vez sientes que ese centro casi imperceptible fuera capaz de abarcar todo, de ser el creador de todo, desde donde todo sale y todo llega, pero sin tiempo.
Primero lo imaginas luego lo sientes; surge una afectividad, un grado de relación afectuosa con ese centro, es además como si a la vez ese centro fuera tu también.
Una sensación extraña allí en el límite, solía tener conciencia de mi cuerpo, de mi alma, de mi espíritu, de mi mente; pero aquí todo se diluyó en uno, todo se concentra en uno. Uno el que observa y otro el que es observado, pero los dos son uno; como si no existiese separación.
Está allí y es lo que siempre estuvo; me voy dando cuenta que desde niño y más aun percibo que desde antes, eso estuvo ahí, ahí adentro de mí; lo que pasó es que yo fui cambiando, fui mudando de piel, de ropa, de ojos, de gente que me rodeaba.
Fue tal vez solo esa etapa, la de niño, la de muy niño, en donde eso que hoy trato de ver, de encontrar, estaba afuera; sí, si estaba afuera y con él jugaba. Era la lluvia, el viento, los días claros, nublados, el agua que caía de la montaña después de la lluvia y abría acequias, era un agua marrón casi lodo, pero me gustaba verla, me gustaba mojar mis pies en ella.
Si tenía deseos de despertarme temprano, como lo hago ahora para escribir, ya que sentía la necesidad de respirar el aire fresco, ver como las sombras se disipaban como niebla ante un sol que se imponía, derramando su luz y calor.
En ese tiempo, no había cosa mejor que ver cuando brota la claridad, cuando se comienza a iluminar la penumbra. En la noche todo parecía igual, pero ahora con la luz, la luz de sol, de ese sol, que daba la sensación que al iluminar veía. En ese entonces no tenía conciencia de que, lo que iluminaba mi ser, era diferente al sol que salía de detrás del volcán.
¡Qué felicidad!
Con el tiempo cambian las cosas, recuerdo que sentía la necesidad de registrar todo ello, percibo ahora que lo he guardaba en el fondo de mi corazón y que ahora ya destilado recién lo puedo escribir, recién he creado las maquinarias necesarias como para sacar ese metal precioso de dentro de la montaña de cosas, de hechos, que sucedieron y que lo enterraron.
Ayer ví sobre una autopista un letrero que decía: “si ve algo raro denúncielo” es por la seguridad, yo sentía en aquel tiempo la necesidad de sí ve algo escríbalo.
Allí está, ahí, nunca se fue, ni con el tiempo, ni con las perturbaciones que causan los letreros de la realidad.
Puedo volver cuando sea, en todo momento, eso va a estar aquí; en lugar de llamarlos eso podríamos llamarlo la mismisidad, pero parece más Psicológico, podríamos llamarlo Dios, pero parece que estamos cortando distancias con las Religiones, con la fe, con las creencias; resistamos un poco, busquémosle, como dicen los poetas la palabra nunca dicha, nunca nombrada. El amor, tampoco me gusta.
El ser, parece algo como o similar que estar, o relacionado con ello.
Yo el reflejo de mi ser, de mi conciencia; huele como intelectual y de eso no estamos hablando.
No se puede tocar, no se lo puede nombrar, pero está allí, a una cierta distancia, allí si la distancia es el alma de la belleza, es algo bello lo que percibo. Creo que por ahí podemos caminar y avanzar mejor, es decir describamos qué es lo que se siente ante la presencia de lo innombrable.
Respeto, la verdad que sí siento respeto, mi alma se llena de alegría, de plenitud, frente a su cercanía; mi espíritu se vuelve niño, un infante feliz, recobro ni niñez, brota por debajo del lodo del tiempo y atraviesa esas nubes que impedían hace solo algunos instantes mi paso hacia el.
Mi cuerpo allí no participa, mi mente atenta pero no sorprendida, sino como lo hace un medico; osculta, mira, con esa mirada fría que tiene la razón.
Pero hay algo extraordinario, algo que creo que tiene que ver con él, de una manera directa, hasta por momentos creo y siento que es como su embajador en mí, como si dentro de mí tuviera un cuartito, una morada, un nido, en donde él está también; yo sí que me atrevo, mejor dicho mucho otros antes que yo lo nombraron: es el corazón; ahora sí, no me digan dónde está, lo único que puedo decir que está en alguna parte dentro de mi.
Pero lo imnombrable también. Ay. Ay, me da no sé qué, pero creo que es lo mismo; pero no quiero cortar camino, quiero permanecer aún despierto dentro de esta sensación.
Veamos, me parece que el corazón es como un claro dentro del bosque, dentro de la maraña de cosas, de genes, de células, de recuerdos, de pensamientos, de sentimientos, que soy; sí, si es una especie de oasis en el desierto, que a la vez soy también.
Pero he ahí, lo veo habitar al amor, a la amistad, a las fantasías, a la delicadeza, todas esas cosas lindas las veo ahí.
Ahora creo sentir que el corazón es como la sala de espera, no como la de un consultorio, sino como nido, en donde gota a gota, como las gotas de rocío, se irán depositando en la hoja temblorosa que es mi alma; se podría decir que así como el rocío aparece, aparentemente como desde la nada, desde la noche, así también aparece el día, aparece ésta sensación de ver, de comprender.
No hay duda con lo único que puedo ver, es con mi corazón, eso ya es bueno, buen tramo hemos avanzado.
Pero debe haber un vínculo, una vena, una arteria, una sinapsis, que me una con él, lo puedo mirar con los ojos de mi alma, pero no soy él, hay una distancia, que no es espacio ni tiempo, pero ¿qué es eso? Esa distancia ahora es mi objetivo.
Existir es luz, la separación también, lo mismo que la belleza.
Es decir que la distancia hace posible formar, no digo crear, un mundo, en donde vernos y donde verlo: la vida.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 10 de agosto

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lunes, 27 de julio de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 4

EXISTIR

El dialogo, la palabra, una conversación, una lectura; un libro, una exposición ¡Qué cosas más maravillosas, más espectaculares! y a la vez tan cotidianas.
Nuestros amigos, los genes, las células, los órganos, los sistemas ¿Podrán ver su obra?
Sin ellos nosotros no somos, pero ellos sin nosotros son; tal vez de una manera no tan pulida como es el hombre. Tenemos que reconocer que hay muchos seres sobre la tierra que son más especializados que el hombre, en distintos temas, en distintos rubros. No es necesario enumerarlos, ya que no terminaríamos de contarlos.
El umbral, sí el umbral, ese limite móvil, flexible, que separa al cuerpo mudo del alma, a los animales y al hombre, a las cosas animadas de las inanimadas, etc., es solo apariencia. Es una capa, virtual, simple y llanamente creada por la ignorancia del hombre, animal no especializado en nada.
Si hay una característica fuerte en el espíritu del hombre, es la de no aguantar pulgas. Su espíritu es un animo; su alma es una anima, un espacio abierto, desde donde ese su espíritu ha brotado.
Esta característica del espíritu es la libertad. El tiende a lo nuevo, su expansión es tan grande, tan poderosa, que ahora se mete en las cosas y desde ahí nos mira, más aun nos espía: la obra de arte.
El espíritu es como un Águila de ojos potentes, rapaz. Animal que habita en las alturas.
Miremos un poco al tiempo de cuando las cortesanas francesas, comenzaron ha hacer sus reuniones, sus charlas, en casas de la nobleza, en las casas de los burgueses. Las charlas entre ellas, entre los invitados, entre los invitados para exponer.
Aunque parezca paradójico, da la impresión que allí nació, allí comenzó de una manera clara y potente, el intercambio de ideas, se globalizaron los temas.
Siempre será así: desde el pueblo, desde los plebeyos, desde ese almácigo, la vida provee de nuevas ideas, nuevas vidas al mundo.
Volviendo al diálogo. Al diálogo en donde las cosas están representadas, estas supuestas, están allí virtualmente, y se mezclan, se combinan; son usadas, empleadas, retiradas, eliminadas y por qué no creadas, en una conversación.
Dos personas pueden hablar de Heráclito, de Valery, de Holan, de Confucio, de Soroastro, por un determinado tiempo; durante ese espacio de tiempo ellos de una manera, estuvieron representados, estuvieron sus ideas, sus pensamientos.
Estuvieron en la memoria, allí sí guardados, como se guarda la ropa en un ropero. En nuestra bendita memoria ¿cuántas cosas debemos tener, debemos tener guardadas?
Si vemos a un hombre caminar por la calle, es una masa de huesos, de músculos, de sangre, que camina, que mira, que escucha, que ve, que entiende, que sueña; que puede atacar, huir, llorar, reír y además fantasíar, es decir hacer jugar sus imágenes pensadas.
Sin embargo está ahí, camina en dos patas, es verdad que no puede trepar a un árbol como lo haría un mono; no puede morder un hueso como lo haría un perro, no puede correr como lo haría un caballo, etc. etc.; pero, qué me dicen de su rica parte invisible.
¿Podríamos encontrar a un animal que pinte como él? No, pero sabemos que él es un copiador, un copiador que copia, por ejemplo, un campo de girasoles, un lago, un crepúsculo, un zapato, como el que pinto Vango. Pero allí Vango puso, pinto, además del zapato, su historia. Se puede leer allí entonces, la historia no solo del zapato sino del campesino, del hombre de trabajo.
Pero, pero es solo para el hombre, es como un traje a media hecho para él; para ese mundo que se incrementa día a día, un mundo representado, un mundo espiritual, creado y hecho, a medida por el espíritu mismo, el espíritu del hombre.
Las palabras nombran, expresan, representan, comunican, trasmiten. Ellas son los glóbulos rojos de la sangre del mundo. Esta misma sangre, pero evaporada, es la poesía; nube de sangre que irriga no solo la tierra sino al cielo, el cielo del corazón del hombre.
Es como una atmósfera llena de imágenes, de ideas, pensamientos, de sueños, fantasías, que ya están dentro del alma, del cuerpo, del hombre.
En el diálogo, aquellos mundos se comparten, se relacionan. Bueno, eso ya es un sistema, como el sistema solar, en donde hay un sol y varios planetas; que es imposible hasta ahora conocer, solo lo imaginamos, con algunas cosas que nos traen nuestras ciencias.
Pero qué pasa si son más de dos personas. Bueno, bueno eso ya escapa de nuestro entendimiento, solo podemos escaparnos y decir: esto es así y punto.
Pero hurguemos, escarbemos, un poco dentro de este tema. Aparece una galaxia como de repente: la imagen, sí la imagen como metáfora de lo que se está formando en un grupo de personas, una familia, un pueblo, una ciudad, un país, el mundo. ¡Por Dios, qué maravilla, qué milagro!
Sin mirar a lo más pequeño, porque eso sí, nos daría un infarto, de tanto impacto con la realidad.
Ahora si paremos en un punto, en un claro del bosque, desde donde mirar, desde donde poder contemplar al mundo. No, no entra en nuestra cabeza, y por lo tanto lo tomamos como es el mundo y punto.
Entonces tendríamos las siguientes cosas, sí cosas: la mente, el cuerpo, las personas, el mundo, las galaxias, el universo. Es decir, es una cierta unidad; que crea, que hace la mente, el alma, a costa de su espíritu inquieto.
Si ese punto fuera exterior al universo, podemos decir: somos dioses. A lo que quiero llegar es que esa mente capaz de imaginar, es capaz de todo, inclusive de jugar con eso imaginado y crear la maravilla de las maravillas: las fantasías.
Entonces he aquí la pregunta ¿El espíritu tiene limites o el que realmente los inventa es el hombre, este ser aun no especializado?
Ahora sí el espíritu, ese ánimo, que se anida en nosotros, que ha brotado desde dentro nuestro, no tiene limites. Los limites no existen, ellos son un invento del hombre.
Pero la realidad nos muestra que existen, es cierto, la piel, el alcance de nuestras mansos etc., etc.
He ahí la paradoja, he ahí el milagro. El milagro de la casa hecha por el caracol a lo largo de su existencia, su casa, su morada.
Primero el cuerpo, luego el mundo y después ¿Qué será?
Será entonces, que las cosas contienen, retienen, envasan, al espíritu, más aun lo capturan, aunque sea por el tiempo de una vida.
Es como sacar un poco de agua del mar y contenerla en un vaso, he ahí la vida, he ahí el milagro. Hemos tomado un poco de espíritu y somos, ese mismo espíritu al que seguimos irremediablemente, como al flautista de la Flauta Mágica de Mozart.
Pero ¿Quién lo sigue?
El hombre, ese barro pensativo que siendo alma es espíritu. Él ha almacenado algo de espíritu dentro de sí y vuela en ese maravilloso vuelo que es estar aquí, que es vivir, que es existir.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 3 de agosto

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Gracias. Karigüe

lunes, 20 de julio de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 3

LA VIDA

Ver la sonrisa de un niño, más aun la de un hijo, de una hija; ver ese fulgor que emana, que brota, de su rostro, como fuente de agua pura de la alta montaña.
Cristalina sonrisa, se eleva como pétalos de rosas hacia el cielo, hacia el éter puro y transparente de una noche estrellada.
Sí, si el cosmos, es el rostro reflejado de un niño sobre el manto oscuro de la eternidad.
La vemos brotar en los prados, en los valles, en las montañas, en los bosques, en la ciudad; sí es ella, la vida; pero más vida pareciera cuando la vemos brotar en un niño. Y nosotros, esos seres irresponsables que dicen: quiero tener un hijo, quiero ser padre ¡De dónde puede brotar tal atrevimiento! Pero es así, la vida nos insufla ese ánimo, no deberíamos decir irresponsables sino irrespetuosos frente a lo que es un niño, lo que será un hombre, otra vida.
Es así como encontramos a la vida brotada para ser otra vida. Los vemos crecer, cada momento un goce, una bendición, por haberlos traído al mundo, bendición a la vida.
Aquella vida que comienza ha hablar, ha decir, ha llorar, ha reír, ha mirar las cosas, el campo, las montañas, el cielo, las nubes, con esa naturalidad de aquellos que saben, de aquellos que comprenden.
Esos tiernos momentos, años, tiempos en los cuales somos uno con el medio, con lo otro, con el cosmos; desde donde hemos brotado y a donde volveremos.
Cuánto miedo, después, a las desviaciones, al horror, a la vergüenza; todas esas cosas que forman el mundo. Vemos y tememos el pasado cercano; pero a medida que avanzamos, profundizamos, vuelve la luz, vuelve el encanto de las cosas. Es como si existiera un túnel, túneles tal vez, como cuando una carretera atraviesa una montaña; espacio oscuro que no vemos, que no entendemos.
Cómo esos extremos, límites de la respiración y la inspiración; extremos desde donde volvemos, límites oscuros a los cuales tememos o nos enseñan a temerlos.
Nuestro limites, el de las cosas, en de los mundos, son transparentes, no existen en realidad para nuestros sentidos, son como esos campos magnetizados, que solo lo sentimos cuando los atravesamos.
Pieles tal vez, lugares, zonas, desde donde podemos contemplar lo otro. Espacio vacío, pero un vacío que solo es ubicación, alrededor del cual giramos y ven nuestros ojos circulares; ven como desde el centro de una esfera, la grandiosidad de lo que somos, de lo que es la vida, el mundo, el universo, el cosmos.
Los ojos del hombre son como los ojos de un Dios, los del niño son del Dios.
Todo lo demás es espesura, es niebla, es selva, bruma, desde donde canta un ruiseñor: el espíritu del hombre, ese ánimo, el que solo habla, el que solo canta cuando hay peso sobre él, cuando hay niebla, cuando hay mundo.
¡Ay vida! ¡Ay alma! Agua, viento, arroyo, río, lago, mar, cielo, sol y luna acompañada de las estrellas.
¿Qué otra cosa puedo pedir? Amor tal vez, salud, amistad, comprensión, conocimiento, verdad, sueño, fantasía, etc.…
Y muchas veces se nos da, cuando podemos contemplar con los ojos del Dios; cuando podemos ver, pero ver con los ojos del alma.
¿Soy una alma que habita un cuerpo? ó ¿Un cuerpo desde donde se desprende un alma, desde donde brota, desde donde emana?
¡Que preguntas! Y yo sin ninguna respuesta. Las preguntas y las respuestas, aún los pensamientos, son innecesarios, cuando podemos contemplar con los ojos de un niño.
Para él todo es vivo como el viento, el sol, las nubes, las flores, los frutos, inclusive los juguetes.
Lo que recordamos con dolor, miedo y a veces con espanto, son las cárceles, las cadenas con grilletes, que no pones los mayores para ser hombres, para ser aceptados, para triunfar, para ganar y por lo menos existir como ellos ¡cómo mínimo!
A eso en nuestros tiempos lo llamamos culturización. La cultura es la naturaleza convertida, hecha útil; convertida en utilidad por el hombre.
¿Fue necesario? ¿Es necesario? Tal vez venimos de habernos impuesto, venimos de la lucha; es ella la que nos hace avanzar.
Una pregunta que deberíamos hacérnosla: ¿La lucha nos impulsa, nos motiva ó hay algo en nosotros que (como el miedo, por ejemplo) nos lleva a crearla?
La muerte, es decir la no vida ¿por qué decimos que nos lleva? Si tal vez, digo solo tal vez, nuestra existencia o presencia es como el respirar, un poco hacía afuera y un poco hacia adentro.
Desde hace tiempo sabemos que todo está aquí, ahora, en este instante, indisoluble. La eternidad del instante; lo otro niebla, bruma.
El espacio es el alma de la belleza.
Tenemos que separarnos para vernos, para saber, para conocer nuestro verdadero rostro; lo que pasa, lo que sucede es que lo hacemos lentamente y tal vez nos lleve una eternidad saberlo, pero eso no quiere decir que nuestro corazón no lo sepa.
No debería haber duda ya, que el universo es una separación; el big bang, la gran explosión es una separación, que debe volver ¿No es así el latido de nuestro corazón?
La vida en sí, nuestra vida, o existencia ¿no es así también? Una pequeña explosión, brotada del deseo, de algo más profundo, de la necesidad. Y si siguiésemos más, si nos adentráramos más, podríamos ver, y lo vemos en el rostro, en la sonrisa de un niño: la plenitud.
Ese estado, esa afectividad en paz, esa serena quietud, cuando la vida nos inunda de dicha, de buena ventura, de fe, de amor, de esperanza.
Instantes fugases y divinos en los que es mejor callar y bendecir.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 27 de julio

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Gracias. Karigüe

lunes, 13 de julio de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 2

LA REPRESENTACIÓN

Lentamente las palabras van goteando, una a una; por la falta tal vez de técnica, de conocimientos de la técnica, de cultura, de capacidad.
Si sólo hay un ánimo, una intención, un anhelo de expresar, de conocer, de entender las cosas como son, es posible ver las cosas con más nitidez, claridad, belleza; lo que se quiere ver, disfrutar, gozar
Quiero adentrarme en un bosque, alejarme del mundo, de las cosas; sentarme sobre la orilla, en donde el río parece lago después de la caída, después de la pequeña catarata. Ver caer al agua; convertida en espuma blanca como la leche, como esas nubes blancas que pasan por el cielo azul, inmensamente azul. Ver las plantas, los árboles, el pasto que crece a sus orillas; dos orillas que parecen medias lunas, una herradura amplia que se abre solo para hacer pasar al agua del río, más abajo el río toma velocidad, baja presuroso, rápido, hacendoso, parece como alguien que tiene que cumplir una tarea más abajo.
Tan hermoso el lugar, tan fresco, el aire es cristalino, puro, la brisa que llega es parte del agua desprendida del río en su caída; si parecieran que cae del cielo el río y la brisa, se ve debajo la roca desnuda.
Que morada allí debajo de la cascada, un techo de agua, una agua que no es la misma de siempre; cae, cómo puede ser que caiga siempre, que no pare ni en invierno ni en verano, que siempre esté viva moviéndose; nunca la misma, no deja de ser agua, que maravilla, es ella que pasa siempre por ahí.
Veo el círculo en mi pura imaginación. Lo veo bajar al río hacía el mar, veo como parte de él solo se detiene para irrigar, para alimentar vegetales, animales, ciudades, luego vuelve a su cause, vuele y sigue, sigue hacia el mar; cuando llega, cómo se bate en esas olas, cómo choca sobre las rocas, cómo se adormece sobre las playas blancas.
Luego el sol, el padre de todos nosotros, la levanta con mano suave y la lleva, la eleva por los cielos; llegan los vientos, aparecen como si desde la nada, tal ves estuvieron agazapados, cubiertos por la inmensidad del cielo, tal vez brotan del éter puro, pero llegan; y, ya el río convertido en nubes, se mueven, se agrupan, se juntan, viajan, juegan, chocan, junto al viento; cuando hermanan fuerzas son salvajes, más salvajes que bestias enfurecidas, arrasan cuanto pueden a su paso, pero el agua cae irremediablemente, cae tal es ese su destino, viajar en círculos.
La veo allí detenida en las alturas, en las cumbres nevadas, como si fueran copas invertidas, gorros de las montañas me la imaginaba de chico, desde ahí se destilan, caen, vuelven a desprenderse, por qué será que ni en los polos pueden estar quietas.
La veo caer bajar de la montaña convertida en hilos de agua, en arroyos, que se deslizan entre las piedras, entre los matorrales.
Ví, tuve la suerte de ver en donde nace el Amazonas, allí arriba en el Coropuna, en el Mismi, como se van formando, esos cuatro pequeño riachuelos: Carhusanta, Apacheta, Caccansa y Sillanque; y de ahí, de lo alto los veía como hilos de agua, así me gustaba llamarlos, así parecían; pero cuando se ve al Amazonas llegar al mar, es el río más caudalosos del mundo. ¡Qué inmensidad! Cómo creció, si ahora parece, en su llegada al mar, un gigante, un monstruo potente, llevando, arrastrando, conteniendo dentro de su vientre vida. Y ver esos bosques, esas selvas vírgenes donde miles y miles de animales, de razas de animales viven y se alimentan de este ser llamado Amazonas.
Todo mirando, contemplando, desde esta laguna - río, que se formo después de la cascada ¡Qué agua más pura, más fresca!
Las imágenes, las imágenes pensadas eran como el agua, como esa agua que caía, que llegaba y seguía su camino; así las imágenes del agua, de los infinitos caminos que el agua tenia sobre la tierra, pasaban, salían desde el fondo de mi memoria; brotaban algunas nuevas que salían al encuentro de las almacenadas; y todas ellas juntas como esta agua formaban la bella representación de la vida del agua, sobre al tierra.
En mi era solo la metáfora, la representación, como las representaciones de Sófocles, de Shakespeare, de Ibsen, en una escena, en un escenario y ese escenario era mi mente, mi alma.
Cómo no disfrutar de esa representación, de ese juego, de ese conjunto de imágenes, de metáforas, que me habitaban.
¿No es eso crear otra vida? ¿No hace el hombre crear la representación de lo otro, de lo que está sucediendo? Pero como resumen, cómo en un instante. Por ejemplo, ver el nacimiento del río Amazonas y ver su llegada, ver cómo se abre entre las olas del mar, cómo se introduce en él; y ver también los bosques, lo que creó éste río, el agua de este río, y casi un instante después ver las nubes, el cielo azul, el viento, el sol y todos ellos conjugar una tormenta; y ver a la tormenta, ver cómo uno puede estar con la imaginación dentro de ella, volar junto a ella ¿No es esto algo así como deben ser los dioses? ¿No estamos siguiendo el camino hacia ellos?
Un milagro sí, nuestra mente, nuestro cerebro. Es un milagro también, crear vida, otra vida, más vida, más placer, más goce.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 20 de julio

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Gracias. Karigüe

lunes, 6 de julio de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 1

"A partir del día de hoy comenzaré a publicar todos los lunes los primeros diez capítulos del libro "El Milagro". Este libro es uno de los cinco que he escrito en el último año. El resto de los libros, cuyos capítulos publicaré luego de "El Milagro" son: "El Lenguaje", "El Alma", "El Mundo", y "La Vida"."

Karigüe
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UN RESPETUOSO SILENCIO

Es un viaje. Como en todo viaje uno se aprovisiona de cosas; pero en este no, debemos de dejar cosas, dejar conceptos, prejuicios, perjuicios; casi podríamos decir que es un viaje de niños. Miraremos al mundo, no digamos que va a ser de una manera imparcial aséptica, que seria lo que puede hacer un místico, un religioso; no nada de eso, lo haremos de una forma natural, hasta podríamos decir inocente.
El mundo es una realidad, nos guste o no, está allí enfrente de nosotros, lo podemos ver, escuchar, sentir. Está formando por varios miles de millones de personas; todos sus ellos piensan de forma diferente, aman de forma diferente y hasta se ríen en forma diferente; sin hablar por supuesto, de las razas, de los sexos, de las religiones. Es una constelación de astros cuyos rasgos principales no difieren demasiado.
El lenguaje es la sangre que une, que nos une, si bien hay varios idiomas; pero son las palabras, cántaros, canastos, que llevan y traen lo que queremos decir, lo que queremos, lo que necesitamos; lo que damos y recibimos.
Los traductores, los intérpretes, han hecho, han integrado de una manera tan espacial, que hoy al idioma del mundo, se ve como el río Amazonas, formado por miles de afluentes, pequeño ríos, riachuelos, para formar ese portentoso río, alrededor del cual se formó uno de lo más grandes pulmones del mundo.
Podemos hablar de un idioma del mundo; no solo porque ya tenemos personas que hablan varios idiomas, y además tendemos a unirnos, sino que nos estamos comunicando por algo maravilloso que son los símbolos, imágenes, que hemos adoptado, por ejemplo para el transito de vehículos.
Otro elemento sutil. Éste es como si estuviera debajo de nuestra piel, son los gestos, los gestos con las manos, los gestos de la cara, la danza, el baile. Es decir que de una manera u otra nuestro cuerpo habla, se comunica con otros cuerpos.
Hay como un nido dentro del alma del hombre, una caldera, un crisol, en donde se funde ha diario, las cosas que llegan desde el exterior, así las vayamos a buscar o lleguen a nosotros de una forma natural y aún inducidas e impuestas por los otros.
Las creencias, la fe, la fe compartida es una aglomeración alrededor de un centro catalítico, formándose así un cuerpo, una mente, capaz de las más grandes acciones y aventuras que la imaginación puede solo presentir.
Vemos las galaxias, esas nubes de estrellas, conjunción de astros alrededor aparentemente, eso nos dice las ciencias, de un agujero negro; alrededor de algo que ignoramos. Las fuerzas que deben ejercerse entre ellos para mantener esa forma, esa nube; no nos deben resulta extraño, ya que nuestras ciencias nos informan cómo se forma una nube; el sol calienta el agua, el agua se evapora y se eleva hasta una cierta altura en donde se aglutinan las pequeñas gotitas de agua y se forma la nube. Solamente como carácter metafórico las podemos comparar a estas dos formas femeninas: la nube y la galaxia.
¿No es así, ahora, el mundo, la humanidad?
Una nube, una galaxia, la humanidad. Lo veremos ahora al leguaje como una fuerza casi sutil, casi porque en realidad no es tan sutil, es la conjunción de los gestos, de los gritos, de las necesidades, de los deseos, de los miedos, etc., que han hecho posible formarse, crearse, esa sangre necesaria para que surja, para que nazca, para que aparezca, en el universo: el mundo, la humanidad.
Si pongo esto que estoy escribiendo ahora, en este momento, al aire, en Internet, es y va ha ser como algo que está flotando, que está en el aire suspendido como una gotita de agua, como una estrella, como un astro. Que alguien lo lea, es como un gancho, por algo se dice que lo bajan de Internet, lo bajan y lo digieren o lo tiran, lo borran.
¡Qué milagro!, por Dios, no solamente ahora en el Siglo de Platino nos comunicamos a través del habla, de lo escrito, de las imágenes, sino que podemos estar en contacto, casi instantáneamente, comunicarnos sin vernos la cara, sin saber el sexo, la edad, el color de piel, y ni siquiera las intenciones. Tenemos nichos que podemos compartir, como es por ejemplo la literatura, sin necesidad de aglomerarnos, de juntarnos con otras cosas, sino solamente la literatura.
Se conectan con un código que lo saben los que se quieren comunicar. Por supuesto que esto es nuevo y poético, ya están los controles, ya sean del poder, o del estado, que se encargaran del control, pero ha la vez nosotros estaremos algunos pasos más delante con otra cosa, o forma de comunicarnos.
Es decir que ésta libertad está siendo por un lado agradable y por el otro salimos de nosotros mismo y entramos en el mundo, aunque sin identificación; pero así como ahora nos reconocemos por las huellas digitales, por el iris de los ojos, por el timbre de voz etc., cada vez más se van a ir perfeccionando, no solo los medios de identificación sino de control también. Se dice que ya se tienen registradas, gravadas, todas las comunicaciones telefónicas del mundo, pero todavía falta procesarlas, es decir escucharlas e identificarlas.
Habíamos dejando con intención la fuerza del lenguaje. Es una fuerza poderosa la de los idiomas, una fuerza que sale de la necesidad de estar con el otro, de compartir cosas. Estamos sentados alrededor del fuego; el fuego es el lenguaje, otra forma de vida que estamos alimentando, que estamos entregando, por el placer, por la verdad.
Esto quiere decir que si bien construimos al mundo, recibimos de él su morada, su aceptación, su espacio, su estado.
Los miles de millones de células (que da la casualidad es casi el mismo número de galaxias hasta ahora registradas, es decir cien mil millones) con sus respectivos genes están allí presentes también, participando, manteniendo, sosteniendo a estos hombres que forman al mundo. Ellas y ellos han formado órganos, sistemas, miembros, y algunas se han convertido en luz, como las neuronas, las sinapsis, desde donde pareciera brotar los destellos, la luz, las ideas.
Esas mismas ideas que forman al mundo, se han elevado de sí, mejor dicho desde el cuerpo, desde el cerebro del hombre y ahora están hurgando el universo, los estado de la materia finita e infinita, las leyes, el orden, las naciones, los países, las naciones unidas, etc., etc.
Algo vivo no hay duda, podemos decir que los idiomas son vida, las ideas son vidas también.
Decía Harold Gelhen en su libro “El Hombre”: “La cultura es el resultado de la acción del hombre, de convertir la naturaleza en algo útil”
¿No es así también el arte? Algo útil para satisfacer necesidades; pero, pero aquí hay un espíritu que actúa, que convierte a la naturaleza en algo útil, que crea el arte para satisfacer una necesidad de carácter superior, pero necesidad al fin.
Su obra máxima, hasta ahora, es el lenguaje, algo acontecido por costumbre, por la práctica diaria, por poner nombres, por ahorro de tiempo. Un nombre es ahorro de tiempo a través de la identificación, así como lo es un símbolo; basta una imagen, un símbolo, para decir varias cosas.
Es el símbolo ahorro de tiempo a través de la precisión.
Llegamos así a un pequeño claro en el bosque. Vemos al lenguaje allí como lo que une: Por un lado un portentoso grupo de elementos que nos conforman y por otro lado a un espíritu hacedor.
Ahora para ser honestos, el espíritu hacedor, creador de los idiomas, de las ideas, de la cultura, del arte ¿No es la criatura, de este universo de seres que nos habitan? ¿A través nuestro? Es decir que ¿les hemos prestado el vientre? Ahora se alquilan, pero en el caso de nosotros es algo natural.
Somos transmisores de vida, no la imagen del Dios.
Creo escuchar desde hace tiempo el grito, el clamor, de todos los que en este momento me están conformando, están permitiendo que yo viva, que escriba. Es grito, casi como susurro al oído, como dije de casi un niño, me dice: ¡Rostro prematuro!
Bueno dicen que la justicia triunfa casi siempre. Por lo menos con la imaginación hagamos… un minuto de silencio, no para alguien que murió, sino un minuto de silencio respetuoso para quienes son nuestros creadores, nosotros solamente unos buenos colaboradores.
Bendigo ha lo que soy, pero más aún por lo que soy.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 13 de julio

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Gracias. Karigüe