lunes, 10 de agosto de 2009

Libro “El Milagro” – Capítulo 6

EL MILAGRO

Si a un tema lo tratamos con frecuencia; vemos cómo se expande, se interna, se eleva de sí.
Es vida no hay duda, son cosas que vamos abriendo, le vamos agregando; vamos revistiendo. Es como una criatura, un nuevo ser que sale al mundo, pero en nosotros; lo podemos dar a saber, es decir sacar de nosotros o no; pero que está ahí, expandiéndose lo sabes, lo sientes.
Nuestra mente, nuestra alma, es a veces un desierto y otras veces un campo fértil; pero aún siendo desierto, con agua y la perseverancia, podremos hacer crece, hacer brotar, el cultivo.
Eso no hay que olvidar que si siembras cebollas, cebollas van ha crecer.
Poros, son tal vez poros sobre nuestra piel, sobre nuestra piel del alma, por los cuales respiramos, respiramos mundo; más aun debemos decir universo, e ir un poco más, el universo y sus misterios.
Somos como campesinos de nuestra alma; la regamos, la fertilizamos, con demasiada frecuencia y muchas veces con cosa inútiles que en lugar de alimentarla, la envenenamos, como sucede con la tierra.
Si bien a primera vista parece natural y hasta simple, y además en verdad lo es; pero, pero el tema es ser un buen agricultor, un buen campesino, y amar a la tierra, amar a tu alma.
Para lo cual necesitamos saber ¿Qué es el alma? Es lo almacenado, lo guardado desde los inicios del tiempo; para no ir más lejos y perdernos, podríamos decir desde que el ARN se convierto en ADN; desde que en la tierra se fue creando, formando un orden: un orden creativo.
Si bien podemos agradecer a Hölderlin, su poema en donde nos dice: “Bendice todo lo que te sucede y sé propenso a la alegría” Es decir hay un orden sagrado, al cual hay que agradecer viniendo a decir, y esa alegría, la verdadera alegría, es cuando brota de nuestro corazón.
Está ahí, está bien, es un camino, el camino del corazón, de eso que somos y lentamente no vamos dando cuanta que lo somos.
Pero está el otro camino el camino, en donde hemos hecho de la naturaleza algo útil, en donde los errores los hemos capitalizado, los hemos usado, empleado como alimento; hemos solamente sacado la maleza de los alimentos naturales que nos ha brindado la tierra, algo más ordenado, más metodificado.
En si el alma no crea nada. Podemos escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven y maravillarnos; pero es Beethoveb el que recorría los campos, lo montes, los lagos y de ahí extraía como una metáfora la belleza, la belleza que en él se transformaba, como un cambio de bisagra; la convertía en sonidos, en sonidos bellos.
En el alma es lo mismo, sucede algo parecido, lo recibido en ella se almacena, se almacena lo que sucede; es decir cosas y sucesos y aún fenómenos se entremezclan y sale el licuado; pero hay como un motor, como lo que hace girar el aparato electrónico para preparar el licuado, bueno no hay duda que a eso hemos llamado espíritu.
El hacedor, el obrador, el que trata de unificar, al que deberíamos llamar unificador. Holan nos dice: “La poesía es un misterio debería ser precisión”
El maravilloso mundo interior del hombre, tan grande como el universo, con una diferencia que no debemos dejar pasar, es más grande que el universo de los universos.
Crear, un poema, una sinfonía, un cuadro, una escultura, es el ordenamiento desde algo superior. El espíritu se vuelve entonces delicado, estilista, sin deseos de ofender el trabajo, podemos atrevernos a decir que el espíritu ya no trabaja con las manos como el obrero y campesinos, trabaja con la mente. Ese miembro, uno de sus sentidos; el que tiene ramificaciones y una de las cuales es la inteligencia.
En ese mundo interior está la tierra, los cielos, los astros, como metáfora, entraron por las puertas, por los sentidos, a una antesala, luego al segundo estomago, como tiene los rumiantes, animales, básicos y necesarios. En ese segundo estómago la digestión es más delicada, jugos gástricos son inyectados al alimento, allí en donde preparaba el bolo alimenticio, antes de comenzar a ser absorbido por nuestro cuerpo, por el cuerpo de nuestra alma, se produce algo extraordinario, allí es en donde se mezclan el mundo recibido, las cosa recibidas, con lo anterior, con esa historia que tenemos, con la que contamos, es contenido, lo recibido desde el tiempo original.
Luego, sí luego, solamente nuestra alma permite que las cosas, lo sucedido, entre al espíritu; a ese altar desde donde el agua se evapora, o donde el alimento se convierte en éter; sí éter, alimento para el espíritu. El espíritu en sí.
He ahí el misterio; pero misterio porque todavía estamos en los tiempos de Hipócrates; mejor si decimos un poco antes cuando al cuerpo lo considerábamos una unidad, y no nos atrevíamos a diseccionar, ha abrir, ha ver; nuestro cuerpo estaba formando de partes, de órganos, y que cada uno cumplía una función.
Así y no de otra manera iremos avanzando, diseccionar nuestra alma, he iremos viendo sus partes. Tal vez Freud, comenzó a dividir en yo, el superyo, el ello; etc. Como así Jung, nos habló sobre el inconsciente colectivo.
Así iremos avanzando hasta ver las partes de nuestra alma, y de nuestro espíritu también.
Pensamos o imaginamos, que hubo un tiempo que no existía nada de esto; quiere decir que, tanto el cuerpo físico, como el alma y el espíritu están surgiendo, están brotando de nosotros, es como si dentro nuestro hubiera una construcción y nosotros por atrás, vamos algunos pasos atrás, abriendo los sucos, para sembrar, diseccionando para ver, para comprender, para curar.
Parecería que existe una flecha lanzada al vacío, desde una mano, desde un arco que sostiene una mano, y es la fuerza, es el impuso inicial, el milagro.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 17 de agosto

Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a pensamientos@karigue.com.ar.
Gracias. Karigüe

No hay comentarios: