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sábado, 18 de abril de 2009

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 11

Julián.- Aquí hay dudas; no se realmente quien es el poeta, si yo o tu, ya que este tema lo has expuesto en forma poética. Así que ahora voy a hacer un análisis mental, con esa la herramienta que nuestra civilización ha creado para poder sobrevivir: ella es la razón.
La razón es una conquista genuina del hombre; pero, como siempre, nos sentimos como un niño con juguete nuevo. Dándole mucho valor o desvalorizándola perdemos la posibilidad de apreciar en su verdadero valor. Para mi la razón es solamente como el bastón de un ciego; en honor a la verdad, yo me siento ciego, más aun, lo soy; sin embargo, no niego la función y la gran ayuda que me presta esta herramienta, pero a la vez la limito. Es solamente eso, un bastón.
El hombre es mucho más que su razón; más aun, te reitero, es una cosa exterior a el. He aquí el punto de quiebre de la humanidad, muchos de nosotros nos consideramos razón; por lo tanto, toda nuestra existencia la pasamos acompañados de ese bastón, y nos mimetizamos con el. Algún día deberíamos sentarnos y hacer descansar también al bastón, y escuchar música, por ejemplo.

Rubén.- Me has llevado como un niño en brazos y me has entregado a lo que la música significa para ti; pero, por favor, continua, ya estoy sentado.

Julián.- No fue mi intención esa, solamente trato con palabras de expresarte lo que siento, pero también resulto esclarecedor por mí. Es decir, lo que estaba como en tinieblas ahora esta más claro; creo que ésta es una de las consecuencias más agradables que tiene el dialogo; ella es la formación, la creación, de la actividad clarificadora a través de pensar con el otro.
Ya podemos ver tres temas para nuestra conversación. Ellos son: la música, la razón y el pensamiento. Comenzaremos por los dos últimos.
El pensamiento es la actividad del hombre que le permite ver con un poco más de claridad su existencia. La razón es el bastón con el que el monitorea su lento avanzar; es el consenso de lo alcanzado y compartido. Para darte una figura: el pensamiento es el cazador, el comensal es la razón.
La música, querido amigo, pertenece a la oscuridad, a aquello que esta lejos del alcance de tu bastón; por lo tanto, tú tienes que sentarte y escucharla solamente.
La luz, querido amigo, es tan, tan pequeña comparada con la oscuridad; para ello basta ver al Universo. La oscuridad es aquello que nos sustenta, que nos sostiene y de donde nos alimentamos.
La música despierta en nosotros lo misterioso, lo que permanece en la oscuridad; lo que no entendemos, pero existe. La música profunda nos transporta a esa nube, a esa niebla que es la melancolía, en donde se siente el canto enmudecido de un ruiseñor.

Rubén.-Ahora, basta, mi amigo, no puedo entender nada más. Es como si me hubiera servido un gran festín que ha colmado mi capacidad de entendimiento. Me siento en este instante pleno; primero por haber entendido mis lagrimas, y luego, por haber entendido la música como una más de las notas de la sinfonía que en este momento para mi es el mundo, la vida.

Julián.- Ahora si, el silencio no solamente para escuchar música; escuchar, sentir, aunque sea por un instante (no se nos esta permitido mas). Tal como una piedra o una rosa, solamente estar; ser, como un átomo mas de este Universo, en este mundo que vive en armonía y del cual cada uno es una nota en la gran sinfonía, que en este momento siento en mi corazón, yo también.

Rubén.- Recuerdo cuando comenzamos nuestras conversaciones, nos habíamos encontrado después de mucho tiempo. Recuerdo con mucho afecto los años de nuestra niñez; parecía que no existía diferencia entre nosotros, salvo por tu tendencia a la soledad. Pertenecíamos a un grupo, pero solo a nosotros nos gustaba leer algunos libros. Tal vez era sólo ese punto el que nos reunía.
Reconozco que soy una persona que ha tenido éxito en su carrera profesional. Recurro a ti como a un medico que cura los problemas del alma. A esta altura de mi vida, después de vivir una vida muy combativa, muy luchada, por así decir, lo que he conseguido, lo conseguí en un combate palmo a palmo, cuerpo a cuerpo y sin armas, con la vida.
Cuánto me hubiera gustado volver a encontrarte mucho tiempo atrás, tal vez hubiera disfrutado más de la vida, más de mi mismo; en otras palabras, hubiera vivido mas plenamente.
Cada palabra tuya es más luz, más conciencia para mí. Creo encontrar aquí el placer importante de mi vida que es conocer más, conocerme más. Para mi, esta expansión que tu me dices que es la vida del hombre, significa conocimiento.
A lo largo de mi vida he aprendido que son necesarios los bienes materiales para vivir, para vivir sin sobresaltos. Hay un límite para todo, y creo que el acumularlos en exceso nos lleva tanto tiempo, que parte de nuestra energía, de nuestra vida, se va en ello Y además muchas cosas interesantes, bellas, hermosas, se nos van de la mano, pasan a nuestro lado sin que nos demos cuenta.
Te diré ahora cuales son las cosas nuevas y aprendidas en nuestros diálogos. En primer lugar, creo que yo no sentía afecto hacia mi persona ni afecto hacia los demás; no sabia que significaba afecto, porque directamente no lo sentía dentro de mí. Todo lo vivía casi como por obligación. El tener una conciencia más clara de lo que uno es y lo que es el mundo que nos rodea, permite presentir que existe una cierta armonía universal; que no todo depende de nosotros y que hay una razón básica por la cual este mundo existe y cada vez es mejor.
La relación con los seres esta basada en el convivir, en el compartir la existencia sobre esta tierra con los demás. Tenemos pulmones para respirar el aire que nos rodea; tenemos la reflexión para respirar lo puro que brota desde nuestro ser; tenemos una voluntad para respirar el éter que emana nuestro espíritu. Creo que estamos entrando en la era de la aristocracia del espíritu. Un mundo nuevo, invisible para los que no lo quieren ver, pero real y palpable para aquellos que pertenecen a esta aristocracia.
Es muy corto tiempo el de nuestra existencia para permitir observar estos cambios, para observar la obra del hombre. Hemos sido capaces de crear nuestro cuerpo como animales, nuestra alma como los monos que piensan, y nuestro mundo espiritual como animo, como espíritu que nos anima, que llega como aliento desde la serena oscuridad que nos rodea.
También he comenzado a disfrutar de las cosas; ya no dejo pasar un crepúsculo sin verlo, ni la belleza de la primavera, ni la melancolía del otoño. Disfruto de la música, de la pintura, de la lectura de los grandes escritores que formaron nuestro pensamiento.
Uno de los obstáculos que tuve que superar, fue encontrar en las diferencias lo bello, lo agradable. Las diferencias que tanto nos llevan a la no aceptación, son las que muchas veces nos dan las mejores satisfacciones. Cuando hablamos de sinfonía está referido a esto, cada ser humano tiene su función sobre la tierra, su destino, su meta; pero nuestra débil mente no nos permite entender.
Los poetas, los empresarios, los albañiles, los filósofos, son necesarios en este nuestro mundo, cada uno cumple su función y nadie tiene ningún derecho de sentirse superior al vecino. Siempre recuerdo lo que nos decía Borges: ‘’Los seres humanos nos parecemos más de lo que nosotros creemos que nos parecemos’’
Contamos con un alma formada sobre la montaña de huesos de todos los que nos precedieron, contamos también con una naturaleza que nos demanda su supervivencia, su existencia, sus satisfacciones; y un espíritu libre que nos demanda avanzar, expandirnos.
Siempre recuerdo tu pensamiento, aquel que dice que fuimos célula, pez, reptil, mono y hombre. Todo ó casi todo fue una conquista nuestra, que si tenemos ojos es porque quisimos ver y si tenemos brazos es porque quisimos abrazar. Tú no sabe lo que eso produjo en mí ser la primera vez que me lo dijiste y lo que sigue produciendo; me siento más humano, pienso que he participado y estoy participando en mi creación.
Me siento orgulloso de que como raza estemos sobreviviendo y superándonos. Todo ello como un hermoso fuego artificial que se expande en el Universo en forma de mundo. Tu no te imaginas que placer y que orgulloso (como un niño) me siento de esta alma heredada, con todas las miserias, que no las niego, más aun, las acepto como el desafió para mi y para los que vendrán. Hay una tarea tan pero tan grande, que pasaran milenios antes de que nuestras miserias sean superadas.
Continuando con lo que te quería comentar, heredar y más aun compartir el alma humana con nuestros semejantes es una fuente de unión constante. Las diferencias como un talento asignado, una fortuna heredada o conseguida, el color, el idioma, las costumbres, la cultura, los odios, los rencores, las envidias, se diluyen ante lo inmenso del corazón humano.
De este corazón es de donde brota lo puro de nuestra alma humana, como la libertad, la humildad, el amor, la caridad, la piedad, el perdón.
Todas esas virtudes o cosas del alma son como sentidos, si uno quisiera compararla con el cuerpo. Nuestro vocabulario es escaso en este campo; tenemos que poner nombres a la cosas del alma. Se me ocurre un nombre, diamantinas del alma; estas diamantinas del alma son las que determinan las diferencias entre los hombres. Ahí radica su grandeza o su miseria en el paso por esta vida. Bueno, Julián, creo que has despertado en mí la flama poética, pero ahora solo quiero escuchar.
Karigüe


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Gracias. Karigüe

domingo, 15 de marzo de 2009

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 10

Julián.- Como te dije, el hombre tiene dos derechos fundamentales: su libertad y su derecho a pensar. El de su libertad es más visible, el hombre lo necesita para su vida diaria, en su existencia cotidiana; pero el pensar es la actividad con la que no solamente se relaciona, sino que se construye, se crea constantemente. El hombre piensa inclusive cuando le falta su libertad.
Entonces tú me preguntaras: ¿Cuándo el hombre pierde ese derecho?
Estimado amigo, cuando se lo mutila, cuando desde chico se lo castra, se lo anula, se lo mantiene ignorante y más aun, lo más peligroso y lo más frecuente, se lo aturde.
Ahora puedes pensar que hay alguien que coordina o ejecuta con intención esta tarea. No, mi amigo, no es una persona, no te equivoques, es la locura. No la locura creadora, sino la destructora, la que nos lleva a pensar que somos los reyes del Universo, los hijos predilectos de dios, los creados a imagen y semejanza de dios. Esa locura que nos convierte en zánganos que tratan de vivir de los demás, no con los demás.

Rubén.- Un tema que es frecuente en nuestros días, es el de las creencias relacionadas con el esoterismo, la magia, la hechicería y todo lo que tiene que ver con lo misterioso para el hombre promedio. Me gustaría profundizar este tema.
Comienzo por decirte que yo creo en la astrología. La posición, la masa, la energía de los astros influyen en todos los elementos de su alrededor; es muy difícil, por no decir imposible, que podamos determinar las influencias sobre los hombres estudiando la naturaleza de esas fuerzas. Lo que si ha hecho el hombre es observar el resultado de estas fuerzas sobre nuestra naturaleza o nuestra forma de ser; lo ha ido haciendo a través de lo estadístico. De una manera aproximativa se fueron confeccionando cuadros o cartas como usan las personas que se dedican a este tema.
He observado como influye el clima o el lugar de nacimiento en las personas. Por ejemplo, yo nací en un lugar rodeado de montañas, pero vivo donde no hay una montaña. Mi sensación es que cuando estoy en un lugar llano me encuentro (muy sutilmente, por supuesto) como desamparado, pero en un lugar rodeado de montañas me encuentro como protegido. Creo que de una manera inversa les debe de pasar a los que nacieron en un lugar llano. Este solamente es un ejemplo de la forma en que influye el medio que rodea a un ser vivo.

Julián.- Vamos por partes, ya que tu planteas varios temas. Uno de los detalles que hay que tener en cuenta cuando uno reflexiona, es aislar lo más que se pueda el tema que se quiere tratar.
De los tres temas que planteas: la astrología, la magia y la brujería o hechicería, el de la astrología es el más científico, por así decir. Si bien creo que no está considerada por el hombre como ciencia, en mi opinión debería considerarse como tal.
No olvidemos que tardamos unos quinientos mil años para darnos cuenta de que existía la gravedad. Todas las cosas que existen en la Tierra, o en el Universo, de una manera u otra están relacionadas.
Por ahora podemos medir la fuerza de la gravedad, las ondas electromagnéticas, la radiactividad etc., pero con seguridad existen otras fuerzas que actúan, como las que producen los astros, las montañas, los lagos, los ríos, los mares; inclusive las cosas materiales creadas por nosotros, como ciudades, maquinarias, etcétera.
Son numerosas y hasta se podría decir infinitas las fuerzas que actúan en nuestras vida diaria; este es un campo enorme, todavía no explorado por el hombre. Puede ser considerado ello como una parte de la astrología, ya que debemos contar con una ciencia que se ocupe de estas relaciones o influencias entre las cosas.
El tema de la magia y la brujería, se desarrolla en otro nivel. Ese nivel pertenece al lado oscuro que tiene el hombre. El cual debemos tratarlo con el mayor de los respetos. La gran obra del hombre es la creación, la formación de la conciencia: la hemos creado lentamente a través de la asimilación de lo vivido, de lo experimentado; pero no solo de la experimentado; pero no solo de la experiencia externa, sino también de la experiencia interna.
Una de las cosas de las cuales deberíamos maravillarnos, es esa catedral invisible que es el conocimiento. La palabra conocimiento tiene que ver con esa visión que tiene como origen el presente y se pierde en el pasado, que es el cimiento de lo que somos.
Nuestra historia es la historia de un ser formado por eslabones, por generaciones, por hombres que fueron guardando, cuidando esas vértebras desde las cuales hemos brotado. No se podría imaginar cuanto se ha perdido; pero sin embargo todo ello no fue un trabajo, una obra en vano.
Aquí es donde quería llegar. A medida que aumenta nuestra conciencia, como si ella fuera luz que ilumina el mundo, aumenta también la oscuridad, esa oscuridad inmensa que nos lleva a la sencillez, a la humildad. Porque nuestro ser, a la vez que se eleva de si, se sumerge en la serena oscuridad del ser.
Puedo afirmar por lo que yo vivo, que cada vez siento más mi desconocimiento sobre todos los temas que trato. Si bien es una alegría, un gozo el saber, también es un goce el tener asombro de lo oscuro y maravilloso que es el mundo todavía no conocido.
Quedo como detenido en el tiempo cuando puedo tomar distancia de mi mismo y contemplo, contemplo a través de la historia, lo que hicimos, lo que podemos hacer, lo que tenemos, lo que nos falta por conocer.
El espíritu del hombre es inquieto, se afana por sumergir la cabeza en lo desconocido; entonces descubre, ve, devora, crece. Crecer: esta palabra proviene de otras dos, una es creer y la otra ser. Esta es su creación, su placer, y tal vez su destino.

Rubén.- Te escuchaba y era como viajar con tu conversación por el tiempo. Te digo realmente que es un placer viajar a tu lado y ser llevado como un niño por tus pensamientos. Además, era como si estuviera viajando por nuestro pasado, nuestro presente como si estuviera viendo lo que antes no veía, sin embargo estaba eso allí. Solo me faltaba la luz para ver, y esa luz son tus ideas.
Te digo, Julián, que he descubierto que uno de los mejores placeres es ver lo nuevo. Eso nuevo que está en mí, en la oscuridad de mi alma.
Pareciera que viajo sobre una carreta en donde voy tomando esas cosas que encuentro; voy como enriqueciéndome. Como si se expandiera, como si encontrara las cosas para un hambre que estaba allí, existía; pero no me daba cuenta de que es lo que quería comer esa inquieta necesidad, aunque ella no dejaba nunca de estar presente, de pedir y, por que no aguijonear también

Julián.- Me alegra que compartamos este placer de las cosas que son del alma. No se modifica la naturaleza de nadie, pero algo en nuestro interior cambia, crece y se expande, como tu dices.
Ello no es otra cosa que la participación en la creación del mundo, de nuestro mundo, el tuyo, el mío y el de los demás también. La medida en la cual sirve, tal vez nunca se llegue a saber; uno tiene que hacer las cosas bien, y si puede mejorarlas, enhorabuena.
No he escuchado de ningún Premio Nobel que desde chico haya estudiado para ser Premio Nobel. Me hace muy bien el camino que estamos recorriendo y, por lo que tu me dices, te sirvió a ti también.
Adelante, estimado amigo, hay mucho por andar todavía.

Rubén.- Ahora, me gustaría conversar sobre la música; creo ver algo más en la música que el simple placer que produce el escucharía. Te cuento que cuando, de mas joven, escuchaba música, trataba mentalmente de relacionar lo que ella producía en mí con algo real, algo que estuviera relacionado con el mundo exterior. Podía, por ejemplo, relacionar una cierta melodía con un paisaje; pero cuando pude escuchar atentamente la música de Bach, no era posible relacionarla con nada; ahí fue cuando comencé a sentir que la música producía en mi algo que no alcanzo a comprender.
Te puedo decir, por ejemplo, que su Tocata y Fuga me lleva, me transporta; siento al escucharla todo lo difícil, lo fuerte, lo doloroso que significa la vida, y también la energía para vivirla.
Otro ejemplo es el Adagio de Albinoni. Siento tanta melancolía, tanto dolor en el alma por lo perdido, por lo inalcanzable. Una soledad enorme, en la que está todo cerca y lejos a la vez. Creo que todos tenemos la necesidad de la dulce tristeza, de sentir que nada es nuestro, ni siquiera nuestra propia existencia. He llegado hasta las lagrimas al escuchar este Adagio, y me da un poco de vergüenza comentártelo.
Pienso que tal vez lo que yo siento al escuchar esta música, ellos, los que la hicieron, también lo sintieron. Que la sensación profunda que se produce en nuestro ser cuando el alma roza la realidad fría que nos circunda, es la misma para todos. Es como si un hilo conductor nos fuese uniendo, haciéndonos formar el alma del mundo.
Otro barroco, Vivaldi en su Concierto Doble, con dos o tres notas tan simples y transparentes como el agua, produce en mí una tristeza inmensa, una melancolía tal que me hace sentir que estoy en un mundo que no es el mío, que pertenezco a otro. La melancolía no es más que un recuerdo encantado, que nos transporta aunque sea por instantes a ese mundo del cual somos.
Karigüe


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Gracias. Karigüe

domingo, 20 de julio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 9

JULIÁN.- El tema que quieres tocar es un tema que a ti en particular, que eres hombre de acción, te molesta, y tratas de encontrar por lo menos una explicación. Más aun, como tú dices, conseguir una reivindicación.
En primer lugar considero al hombre como parte de Dios; y además, en el fondo de su ser comparte con lo divino su existencia. Una de las partes o facultades compartidas es la de la creación; y es realmente una facultad de la cual hacemos poco uso.
Querido amigo, una de las actividades más importantes para los hombres es el trabajo; y uno de los placeres más hermosos es el del trabajo bien hecho, sea cual fuere la actividad que estés realizando.
Normalmente, la competencia es lo que te impulsa, pero a la vez te da una satisfacción mezquina y transitoria, la de ganar, la de triunfar. No descarto este tipo de satisfacciones, pero a la vez sirve de obstáculo para ver la más importante faceta del trabajo.
El aspecto conocido del trabajo es el de ganar suficiente dinero como para asegurarse una vida sin sobresaltos ni privaciones, base para un futuro tranquilo.
Por su parte, el cristianismo en particular nos ha repetido hasta el cansancio: ‘’Te ganarás el pan con el sudor de tu frente’’. Esta frase bíblica sirvió tal vez en una época en donde era necesario el rigor para animar al hombre hacia el trabajo. Esto ha llevado a considerar el trabajo como un sacrificio.
Aunque de una manera inconsciente, el trabajo es y seguirá siendo para el hombre una actividad creadora, desde el trabajo más humilde al más ejecutivo (como el que tú desarrollas), del trabajo más manual al trabajo más intelectual que tú conozcas. Está en nuestra naturaleza, no solamente la satisfacción por un trabajo bien hecho sino la alegría que ello nos da.
La razón por la que quieres reivindicar el trabajo, es por una insatisfacción profunda y oscura que habita en personas como tú, que ya no encuentran la satisfacción que en sus primeros años sentían por el trabajo diario; esto te lleva a buscar una respuesta, una explicación razonable y una cierta solución a lo que te está pasando.
Estimado amigo, debemos encontrar en nuestro trabajo, en nuestra tarea diaria, una satisfacción adicional, una satisfacción verdadera, la alegría del trabajo bien hecho, que sólo la encontraremos en hacer lo que la vida nos ha dado para hacer. Es la forma que encontró Nietzsche cuando se preguntó ¿cómo agradecer al Dios o a la razón básica, el regalo de estar vivos?
El tema se convierte en encontrar lo que la vida nos ha dado para hacer; bueno, esa respuesta es personal.

RUBÉN.- Qué clara es tu explicación sobre una tarea en la que pasamos la mayor parte de nuestra vida. Lo que tú planteas podría cambiar nuestra forma de sentir al trabajo. Cuando me veo y veo a mí alrededor, ¡cuánta insatisfacción habita en cada una de nuestras existencias! Es realmente triste; acepto que en estos tiempos hay gente que vive con necesidades elementales insatisfechas, pero también soy consciente de que la mayoría nos creamos necesidades, o la sociedad de la cual somos parte nos las crea; pero casi todas son necesidades materiales superfluas.
Considero que no vivimos la fiesta que tú propones. Hemos perdido la alegría de los primeros años en nuestra vida individual, como la de nuestra vida en comunidad. Recuerdo aún la alegría del primer trabajo. Lentamente se fue desvaneciendo, se fue perdiendo cada vez más hasta convertirse en obligación; tengo fe en que es posible recuperar esa alegría temprana.
Tal vez, algún día encontraremos con más nitidez el placer del trabajo bien hecho, pero igualmente en este momento a ello lo siento muy lejano.
Hemos sido envueltos por la niebla oscura de la necesidad material, y esta no tiene límites, como todo vicio que se apodera de nosotros.
Pero no hay duda que primero, debemos encontrar aquello que nos ha dado la vida para hacer.


JULIÁN.- Aunque parezca pesadumbroso decirlo, así se va y así se seguirá construyendo el mundo. Un ser humano pone alguna idea o pensamiento sobre el tapete, como en este caso particular, el trabajo, luego cada uno va dando su opinión, su pensamiento, y así lentamente se va clarificando la idea original.
Nuestro mundo exterior lo vamos conociendo por la observación de los hechos o las cosas materiales e inmateriales que lo componen. A nuestro mundo interior lo vamos conociendo al observarnos con relación a los hechos que nos ocurren.
Vamos a ver este problema desde otro punto de visita. Hemos encontrado que la primera dificultad es la insatisfacción que produce en la mayoría de nosotros el trabajo. Pero solamente las dificultades son las que han hecho, las que han permitido que los hombres puedan crear, puedan prepararse para enfrentar dificultades superiores.
De alguna manera el intercambio de ideas y de puntos de vista hace que intentemos acertar de una forma más precisa en el sentido que tiene el trabajo. No es muy difícil imaginar las distintas etapas por las que ha pasado el hombre hasta llegar al sentimiento que tenemos ahora de él.
Como un caso utópico, imaginemos que en este momento llegamos a tener una idea acabada de lo que es trabajo. Con seguridad, amigo, que ya estaríamos pensando en otra idea sobre lo mismo. A lo que quiero llegar es a que si bien estamos discutiendo o conversando sobre este tema, no es que vayamos a encontrar el sentido del mismo, sino que esta actividad nos lleva a edificar nuestra estructura mental, que no solamente sirva para interpretar lo que hacemos y lo que nos rodea, sino que también sirva para crear en nosotros la capacidad de pensar.
Es notable como el pensamiento ha recuperado su valor a partir de Descartes, de Hume, de Kant, de Vico, ya que se había perdido desde la desaparición de la gran cultura griega clásica. Estos hombres comenzaron a cuestionarse si había algo dentro de nosotros, dentro del sujeto, algo capaz de edificar el mundo, o si lo que producía dicha edificación era la evolución natural del hombre.
Desde que el hombre ha pensado, desde esos tiempos remotos, el hombre ha ido edificándose; pero no solamente desde el punto de vista material, que sin duda no se puede negar, sino que ha ido edificando esa estructura invisible que es el alma.
Si observamos al Universo, encontraremos una serie de astros que giran sin una aparente ley universal. Hombres como Galileo, Copérnico, Newton, Einstein descubrieron leyes a través de las cuales creemos interpretar las relaciones entre las cosas del Universo; pero todas ellas son de aproximación, las nuevas superan a las viejas. Se cuenta con más información, más datos, mejor puntería para centrar la forma o fórmula de estas leyes, pero nunca podremos determinarlas.
Las leyes del Universo son las mismas tanto para los astros como para los hombres. Si bien todo lo exterior lo consideramos Universo, tenemos que considerar Universo también al mundo interior del hombre, es decir, a su alma.
Imagínate el Big Bang en el Universo. Te va a costar un poco más, pero imagínate ahora el Big Bang del pensamiento humano; realmente no hay diferencia.
Además, cada hombre tiene su capacidad de pensar, pero es un ser limitado no sólo por la capacidad, sino por el tiempo disponible. No así la humanidad; su límite es otro, es superior.
Podríamos decir entonces que el Big Bang que se ha producido en el hombre se está repitiendo en la humanidad, en el alma de la humanidad, que no es otra cosa que ese espacio invisible en donde se unen un conjunto de almas humanas formando un cuerpo superior.


RUBÉN.- Cambiando un poco de tema, me gustaría que conversemos sobre la comunicación entre los hombres. Nosotros, cuando queremos comunicarnos, lo hacemos hasta con los dientes, con los gestos. Lo que promueve la comunicación entre los hombres, ¿es el interés?

JULIÁN.- El Hombre ha nacido para vivir en comunidad y la comunicación es, por así decirlo, la placenta, el aire, la sangre de la civilización. No queda lugar a dudas de que una buena forma de vivir está relacionada con una buena comunicación con el medio en el que se vive. El verdadero significado de la comunicación es el de comunión de ideas, la acción de compartir pensamientos, intereses. El compartir nuestro mundo interior es el verdadero sentido de la comunicación. En nuestra época hablamos y hablamos; hemos perdido un poco del gran placer de compartir ideas.
En nuestro tiempo hablar es simplemente aturdirnos o tratar de que los demás reparen en nosotros, o simplemente parlotear como gorriones en bandada. La palabra hablada o dicha tiene que ser más rica que el silencio.
La conversación debe ser como un banquete en el cual los distintos participantes aportan partes de ese banquete. En las conversaciones o diálogos es donde uno va alimentando su alma, su mundo interior. Este mundo interior lo habitamos constantemente, aún cuando uno cree estar completamente absorbido o alienado por el mundo exterior.
Este alimento tan directo e indispensable se ha ido perdiendo en el tiempo, sólo participamos como profesores o alumnos. Cuán bueno sería para nuestro tiempo si recobráramos el placer, el verdadero placer del dialogo. Lo triste de nosotros es que nos estamos convirtiendo en pollos de invernadero, nos lo dan todo servido.
El pensar, el acto más sublime con el que el hombre ha construido el mundo, se está perdiendo. Más aún, está como condenado a muerte veladamente. Tú sabes que en muchos lugares o actividades se lo prohíbe. Y sabes por qué, amigo. Es porque saben que puede volver y desenmascarar a los brujos de nuestros tiempos, aquellos adoradores del poder a través de la ignorancia.
El hombre tiene dos derechos fundamentales: su libertad y su derecho a pensar.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 28 de Julio

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Gracias. Karigüe

lunes, 14 de julio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 8

RÚBEN.- Hoy realmente no quisiera seguir con este tema. Te propongo cambiar por otro que me tiene intrigado en estos días, te paso a contar. Tuve la oportunidad de ver una obra del Noruego Ibsen. Dentro de mi poca cultura lo considero a Ibsen sucesor de Shakespeare y éste a su vez del griego Sófocles, o mejor dicho de los tres trágicos. Este conjunto de hombres en gran medida han creado el teatro de nuestros días.
El teatro para mí es el escenario donde se representan los grandes temas de la existencia humana. Podemos ver en estas representaciones los problemas que han vivido otros, pero que en el fondo son los mismos que por lo general nos habitan.
Hago un pequeño paréntesis. No hace mucho, en una reunión social, un señor preguntó muy sinceramente para qué sirve la filosofía. Dijo que él honestamente no lo comprendía. He escuchado muy frecuentemente esta pregunta y creo que yo, en mi juventud, me la he hecho también, y ésta, a mi entender, es una de las razones de las dificultades que actualmente tiene la sociedad.
Nos abocamos muy enteramente a las cosas prácticas, aquellas que nos brinden una seguridad, una serie de satisfacciones en nuestra vida diaria. La competencia, la ambición nos llevan a exagerar, a tener más y más cosas, pero las preguntas están. Ellas aparecen cuando se vive una desgracia, cuando tenemos dificultad en nuestras relaciones sociales, enfermedades o el miedo a la muerte.
El ser humano diariamente se plantea una serie de interrogantes que no tienen respuesta para él; muchas veces se da respuestas fáciles que le permiten, por así decir, salir del paso, pero los interrogantes siguen estando.
No está de más decir que no hay respuesta para la mayoría de los interrogantes a los que el hombre se propone encontrar una respuesta. Pero igualmente al hombre se lo mide por la capacidad de resolver los problemas prácticos que se le presentan en su vida diaria. Aunque él no encuentre las respuestas a sus preguntas existenciales, solamente el intento le permite desarrollar su capacidad de reflexión, de raciocinio, de pensamiento. Es decir, la pregunta hace movilizar algunas neuronas y las entrena para resolver problemas prácticos.
El pensar, para el alma, es tan importante como el aire para los pulmones. Ella tiene dos fuentes de donde se alimenta. La primera es lo almacenado, es decir, su experiencia personal y genética de grupo. Y la segunda, lo que es capaz de lograr, capturar, en su presente.
Hay una tercera que es difícil de detectar, que es la que todo hombre carga como su culpa ancestral. Ella es lo que los marineros llaman el lastre, aquello que permite a los barcos sumergirse para que las hélices puedan impulsarse en el agua.
Así, todo lo que es nuestra realidad nos permite vivir y compartir esta hermosa travesía con los que están a nuestro lado. Es la actividad, es el compartir esa actividad con los demás.
Hay una actividad personal, particular, con la que el hombre está construyendo su mundo, como si ella fuera el cemento que une las piedras de un muro. Esa actividad es el pensar.

JULIÁN.- Has logrado explicar claramente lo importante que es pensar, el reflexionar sobre los temas que nos angustian desde siempre a todos. Partiste de un tema que era el teatro y llegaste al pensar, al reflexionar y, más aún, al filosofar. Este arte tan antiguo que significa representar en un escenario, en un tiempo asignado, lo que ocurre en la vida, contado por un hombre que la percibe y a la vez le encuentra un sentido: el significado; la manifestación del espíritu en la vida cotidiana.
Primero lo escribió el artista, luego un grupo de actores lo interpreta. Estos últimos pueden pulir la representación, pero casi nunca el significado. De otra manera, sería otra la obra que se representara. En el arte de la representación, el hombre, para observarse, puede ver a los otros, lo que les está sucediendo. Es una manera de aprender como la tiene el sabio, ya que éste aprende por ver, no por experimentar.
El teatro es el lugar en donde se ve representado. Puede contemplar sus bajezas, sus grandezas, dejando que los actores lloren, rían, sufran, lo más real posible, porque mientras más real es, más fuerte es la vivencia interior de los espectadores.
El espectador se conmueve con mayor intensidad, cuando lo que le está sucediendo en la vida real, en el presente, lo ve representado por los actores.

RÚBEN.- En esta obra de Ibsen, Madera de reyes, escuché algo interesante relativo a los poetas. Se decía que cuando se le pregunta a un poeta, de él sólo tienes que escuchar la verdad, pero si no le preguntas, él te la dirá en forma de anécdota, de parábola; de alguna manera te llegará la verdad, aunque tú no la quieras escuchar.

JULIÁN.- toda persona habla de los temas que rebasan su corazón; como si el corazón tuviese una cierta capacidad de poder callar. El poeta es un ser inquieto que tiene la particularidad de ver un poco más; ve con un poco más de claridad las cosas relacionadas con el alma, con el espíritu y con todas esas cosas oscuras que tanto intrigan al ser del hombre.
En todos esos temas, el poeta está como sapo en su pozo. Además de contar con una cierta sensibilidad para las cosas de su mundo interior, estudia, investiga, percibe más nítidamente el alma de los otros, de las personas de su alrededor. Ése es su talento: ver.
El hecho de ver, le proporciona información, y como está en permanente actividad con su espíritu, lo lleva a ser como un crisol en ebullición; toda la información elaborada (como si fuera metal fundido) tiende a rebasarse. El poeta tiende a decir, y lo dice por lo general en forma de metáfora, ya que la metáfora es un recinto, una vasija de múltiples bocas, de múltiples compartimientos, múltiples significados, que contiene la esencia del mundo real.
Normalmente la verdad enriquece a los hombres. Es el mejor regalo que uno puede hacerse a sí mismo y a los demás. Lo poco que he observado a mis amigos poetas, me ha llevado a pensar que un poeta, cuando entra al mundo de las musas, expulsa una mentira dicha o pensada, inmediatamente. Para mí lo más hermoso de la poesía es el hecho de poder vivir esos instantes maravillosos que nos provee la inspiración.
Pero no se dejan de disfrutar las consecuencias ni las cosas que generan esos momentos particulares. Un poeta no es un elegido por los dioses, es un hombre particular, cuya tarea es la de trabajar lo más cercano posible a las cosas por donde el espíritu se manifiesta. Es un artista.
Por lo general las relaciones con los demás no le resultan placenteras, ya que para él es como si los otros hablasen otro idioma. Y en parte es así, ya que a medida que se asciende, el aire es más escaso. Hay que tener cierta capacidad pulmonar para poder permanecer planeando, como los cóndores. ‘’Cuando están sobre la tierra tienen dificultad para caminar por sus grandes alas’’, dijo Baudelaire.
El poeta siente la potencia de su ser; pero a la vez siente los limites, como si una malla de acero impidiera su expansión. Es como si a un ser humano al que le han dado alas para volar, lo ataran con una soga al poste de la vida. Siente la inmensa atracción del cielo azul, y en ese deseo ciego por volar, sus alas rozan el barro, las piedras: de ese roce, que es dolor, brotan los versos desde las profundidades de su alma.
Sus poemas se desprenden como aves hacia la serena inmensidad. Ese desprendimiento, ese vuelo lo llenan de jubilo; ya que si bien él no puede volar, vuelan sus poemas, sus versos, adonde él nunca podrá morar.

RÚBEN.- La búsqueda de la verdad y la belleza hacen al hombre un ser que se eleva hacia las cosas puras en donde habita la serena oscuridad. Pero tú sabes que todavía soy un reptil, todavía me arrastro en el barro y desde allí, todo manchado, quiero elevarme, pero no lo logro.
Por lo que te pido tratar un tema como es el del trabajo. Me parece que en nuestros días lo hemos tomado como una carga, y no creo que sea así. Siento como una necesidad la de reivindicar la tarea que tenemos que hacer los hombres para ganarnos el sustento.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 21 de Julio

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Gracias. Karigüe

lunes, 7 de julio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 7

RUBÉN.- Creo que todo lo que hemos conversado sobre este tema tiene también validez para todas las otras artes, como son la pintura y la música. Escuché en una oportunidad una definición del arte, muy interesante, que decía: El arte es la manifestación del espíritu en el hombre, haciéndolo, convirtiéndolo en mundo, en un mundo en donde el espíritu reine, en un mundo espiritual.
Es limitado nuestro lenguaje, ya que no es correcto hablar de sentidos cuando solamente nos referimos a los sentidos del cuerpo físico; el alma también tiene sentidos, pero todavía no les hemos puesto nombres, no los hemos nombrado. Una pintura o una pieza musical, el hombre las recibe por medio de los sentidos, pero el impacto que estas obras producen en su ser, lo reciben por los sentidos del alma, aquello que lo estremecen, lo conmueven.
Dentro del hombre, de una manera invisible se está produciendo un crecimiento, y no me refiero a la inteligencia que está relacionada con la rapidez de la sagacidad, sino a una capacidad de ver o sentir el mundo con más claridad, de comprender la esencia de lo que algunos llaman realidad; es como una maduración.
El artista es el primero que lo capta, lo atrapa en su obra y es como si en la oscuridad una lamparita más se encendiera. Por ello se hace necesario que el idioma crezca, que tenga también movimiento como todas las cosas del Universo, que el idioma sea una cosa viva. Y así el hombre pueda ir colocando nombres a cada nueva situación o nueva cosa que cree, que se forme, que se le presente, para diferenciarlas de las que ya superó.

JULIÁN.- Es muy poco común que una persona como tú, que cumples funciones netamente prácticas, que estás ocupado casi todo el día en resolver problemas relacionados con cosas materiales, pueda tener una mirada tan clara sobre los temas del espíritu, particularmente sobre nosotros que estamos dedicados casi exclusivamente a este tipo de tarea.
Me gustaría hacerte una ampliación sobre los poetas. El poeta vive con una especial intensidad las inquietudes del espíritu, pero su tema principal es la vida; es ese conjunto de relaciones del hombre consigo mismo, con el mundo, y con la razón suprema que lo supera.
Aquí radica la importancia del poeta dentro de la sociedad, ya que si bien tiene la sensibilidad como para captar la inquietud del espíritu, cuenta también con la capacidad de ver con más claridad que los demás; esas cosas que como ríos subterráneos nos circundan, y no las podemos ver, porque nuestro interés lo tenemos puesto en lo inmediato, lo que habita en la superficie de las cosas.
Tiene o cuenta con una herramienta muy espacial. No se trata de colores, de formas o de notas, sino de palabras, sonidos que encierran significado; la comunicación es una red de cables invisibles que el hombre excita, activa, a través de las palabras; a través del contenido que tienen o llevan las palabras. Ello es como si estuviera circulando una cierta cantidad de sangre por esas venas invisibles que tiene la sociedad; pero esa sangre se desgasta, se consume a lo largo del tiempo; por lo que es necesario incorporar sangre nueva, nuevas palabras, nuevas ideas. Bueno, de eso se ocupan los artistas y, en particular, los poetas.
El camino que toma, que emprende un poeta, es como el de cualquier ser humano, no es un elegido; simplemente ha nacido con el talento de saber poner en palabras lo que hierve como metal fundido en el alma de todo hombre. Él es como un traductor, convierte, traduce lo que siente, lo que está ahí, ya sea como la serena oscuridad o la lava ardiente; lo pone, lo coloca en esos cántaros divinos que son las palabras.

RUBÉN.-Vamos a cambiar de tema. Hoy quisiera hablar sobre la muerte. ¿Qué significa para nosotros la muerte? De lo único que el hombre está seguro es de su propia muerte; esta realidad nos lleva a imaginar lo otro, ¿adonde vamos? Será ello un agujero negro, adonde todo llega, pero nada vuelve.
Yo en particular he visto, he compartido, he convivido con muchos seres, los cuales ya no están, y esto me angustia; si bien tenemos una gran capacidad para el olvido, en este caso no es suficiente. Además, nosotros ya no somos jóvenes, estamos viendo como lentamente nuestro cuerpo se va desintegrando, se va consumiendo.
De la parte física, mejor ni hablar, pero también el alma se va desvaneciendo. La potencia, la energía con la que vivimos se está desvaneciendo. La verdad es que es muy lamentable el estado en que nos deja la vida, más aún ha nosotros, que por momentos nos sentirnos los reyes del mundo. Cuanta razón tenia Goethe cuando nos decía: ‘’El hombre casi siempre quiere tomar el mundo entre sus manos y termina siempre en un espacio de dos metros por uno’’.

JULIÁN.- Hablar de la muerte es hablar del tiempo y de lo que ya no es vida. Porque vida es casi todo lo que somos, cuerpo, alma, espíritu, pensamiento, la reflexión, la fe. Cuando se termina ese estado, se termina todo para nosotros, los hombres que habitamos este planeta.
Puede que exista otro tipo de vida, pero con seguridad, diferente a la que vivimos en la tierra.
Lo que realmente nos preocupa es existir, cualquiera sea la forma. Tenemos miedo, temor a la muerte, porque ella significa no estar, significa no existir. Y además nos han llenado la cabeza con castigos, por lo tanto no solamente tenemos miedo a muerte, sino a los castigos que alguien nos va o nos puede infligir.
Lo que podemos saber es que somos parte del Universo, y Universo significa este conjunto de cosas que están, que nos rodean, que además están en permanente movimiento. El hombre es un ser que habita este Universo, del que es parte; por lo tanto, no creo que desaparezca por medio de este cambio, por medio de este encantamiento que es la muerte; creo que deberíamos ir a otro lado.
Se tiene miedo a la nada, porque hemos entendido que existir es ser parte del movimiento de Universo; más aún, formar parte aunque en pequeña escala, pero activa, de lo que nos rodea. La principal característica de nuestro ser es la acción, es una necesidad profunda la de actuar, la de participar; no aceptamos la inacción.
La vida en ser superior. Formamos parte de ella. Participamos en y con ella, cada uno de nosotros en una fracción de tiempo, y en realidad no hace mucho que estamos participando.
La vida en sí tiene su tiempo asignado. Ella participa de algo superior, que es el Universo; participa de esa gran explosión. Expansión que si no comenzó ya, comenzará a contraerse para volver a ser lo que fue.
Podemos decir que el Universo, la vida, nuestra existencia son como una especie de latidos muy parecidos o semejantes a los que tiene nuestro corazón.
Lo que nos llevaría a pensar que somos muy semejantes al Universo; con lo particular de que cuando termina nuestra expansión, ya no estamos, a eso le hemos llamado muerte.
Ahora vayamos a lo más pequeños, el átomo.
Este elemento está formado por protones, por neutrones, por electrones, quarks.; cambian, se mudan, se transforman, están en constante movimiento y cambio.
El hombre es como un ente que se forma por la unión de algunos elementos; en su crecimiento va tomando y también intercambiando elementos con el medio, hasta que termina entregando todo lo que recibió. En suma, el cuerpo del hombre tomó del medio un conjunto de átomo y al final termina entregándolos. Lo único fue que sobre la faz de la Tierra apareció y desapareció una forma, un cierto tipo de forma.
Haciendo una figura más clara, el hombre es como un fantasma que toma algunos átomos, se convierte en figura, luego los entrega y desaparece.
La parte notable de este acto, que es la vida de un hombre, es que en él hay un deseo profundo de sobrevivir y de obrar. Crea su mundo, sus ideas, sus ciencias y hay algo en él que le dice que ello es posible. En el fondo es como un deseo, es como un destello, en el cual se siente que él es superior al acto.
Así se creó la raza humana. Ella es un ser superior al hombre; es a través de la humanidad que el hombre puede sobrevivir, ya sea por medio de recuerdos o de su obra.
El tiempo es uno de los obstáculos que tiene en el camino de su realización. Tiene dentro de sí un mandato interior que le pide ser lo que ya es dentro de sí. Esto es lo que solemos nombrar como realización personal, cuya raíz, cuya médula, es un innato deseo y anhelo por la búsqueda de la perfección, aquello supremo, es decir, el Ser.
Bajo todo este pensamiento, la muerte es el acto natural menos querido por el hombre, es el primer obstáculo que tiene y lucha con él desde que nace; estamos bajo el designio de lo que nos supera. Sólo a través de la lucha y la superación permanente, participamos en un acto sublime del Ser que es la vida, la vida espiritual.
Fuera de eso queda un silencio sepulcral, la nada nos cubre, nos espera. He conocido muchos ateos cuya resignación era muy parecida a la de los hombres de fe. Somos pequeños universos y vivimos, existimos, en algo superior a lo que hemos llamado Universo y participamos en él también.
Sólo nuestro pensamiento no es de él, es nuestro, y a través de él construimos otro mundo, el nuestro. Lentamente, hemos ido encontrando nuestra razón, seremos, participaremos no solamente en el acto, sino también en lo anterior al acto, en lo que mira, en lo que observa.
Creo que aquí la muerte es sólo un escalón; no el personal, el particular de cada uno, sino de ese ser maravilloso que estamos creando y cuidando constantemente. Él cruza a través del tiempo, a través del Universo. Como siempre digo: ‘’Mi muerte, es la vida que continúa no en mí/ sino sobre mí/ sólo soy un eslabón de la cadena que algún día abrazará al Universo/ fui feliz por instantes/ ahora sólo escribo un sueño lanzado al inmenso mar del futuro/ con el que venceré a mi propia muerte’’
La muerte puede ser vista de una forma religiosa, en la que solamente es un pasar de un estado a otro. Aunque la duda habita desde siempre el alma humana, ya sea un hombre de fe o un no creyente; pero hay un tipo de hombre a través del cual estamos dejando de temer a la muerte: ése es el escéptico.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 14 de Julio

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lunes, 30 de junio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 6

RUBÉN.-Bueno, tengo que confesar que los hábitos que actualmente me permiten llevar una vida relativamente ocupada, me han ayudado a, como se dice, pasar el tiempo.
Pero yo, como una persona cercana a ti, he comenzado desde hace un tiempo a cultivar mi mundo espiritual, que estaba por cierto un poco desértico, como un baldío. Una de las cosas que comenzaron a ser de mi interés fue la poesía. He leído poemas tuyos, así como de algunos poetas clásicos; en estos últimos he encontrado la poesía que más me interesa y me gusta.
A mi modo de entender, todo poeta comienza cantando a su ser y termina cantando al Ser. Me da la sensación de que la poesía es un camino bello, en donde la esencia se transforma, se manifiesta como presencia; un camino que trata de ver, no de encontrar, la verdad. Porque en si la verdad no es otra cosa que el don de ver, de allí la palabra verdad.
He encontrado que la diferencia con los filósofos, es que estos últimos buscan la verdad. Los poetas pareciera que ya la contienen y lo que tratan de hacer es primero verla en ellos mismos, para luego expresarla, ponerla como esencia dentro de esos cántaros que brillan aún en la luz del día, y que se llaman palabras.
La tan mentada inspiración se genera en almas profundas y puras. Sé que tú no estás de acuerdo con esta opinión, pero creo que es ésta una condición fundamental para que nazcan en el poeta nuevos pensamientos, nuevas ideas que emocionen y conmuevan a sus semejantes.
En la poesía de nuestro tiempo hay como una necesidad de esconder a través de palabras lo que uno siente en forma directa. Pero esta actividad humana, que es ante todo una comunión (común unión) con lo divino, se hace a través del corazón, y de una forma natural. Por lo tanto, hasta el ser menos instruido tiene posibilidad directa de esta comunión.
El poeta tiene el don de llevar a la palabra ese contacto íntimo con lo que siempre está. He tenido la posibilidad a través de ti de conocer a algunos poetas a los cuales podría definir como poetas-intelectuales, a los cuales he encontrado con un acento exagerado, para mi gusto, en la parte intelectual.
Me parece que por lo general los intelectuales, y en particular este ultimo tipo de poetas, forman una especie de enjambre de abejas que revolotean alrededor del panal (es decir, de la verdad) e impiden que los más alejados, como yo, podamos verla. A veces pienso que de esta manera nos protegen, y otras siento que lo único que hacen es confundirnos.
Lo que quiero resaltar es que veo una cierta ceguera en el alma de los poetas contemporáneos, ponen demasiado acento en sus mentes. De esta forma se acercan demasiado a sus hermanos filósofos.
La poesía ante todo es una espera, una entrega a la manifestación del espíritu, ya sea dentro del alma del poeta, como en su alrededor. Un poema es ante todo una ofrenda capturada con palabras, que el poeta entrega, da, como si él fuera sólo un transmisor de vida; como si él fuera esa morada en donde la esencia se condensa en presencia.
La poesía moderna ha sido influida por el consumismo tan esparcido en nuestros días. Últimamente he leído poemas, de nuestros contemporáneos, en donde se pone más acento en la estética que en lo que se quiere decir. Esta bien que cada época tiene sus propias características, pero creo que la poesía desde siempre ha sido una manifestación en donde la verdad, la belleza y lo ideal se juntan, como si alguien formara un ramillete de flores: este ramillete tiene que contener lo que conmociona primero al poeta y luego al lector. No sólo es emoción, sino también estremecimiento.
Me da la sensación de que los poetas modernos escriben para que los lean o, mejor dicho, tienen este objetivo. Había leído algún verso tuyo que decía: ‘’El hombre no ha nacido para ser héroe ni dios para los demás, ha nacido para ser héroe y dios para él mismo’’. En este verso puedo ver y estar de acuerdo en que tal vez lo que está faltando en nuestros días es espontaneidad. Es fuerte, por lo menos a mi alrededor, la tremenda necesidad que hay de ser admirado por los demás. Creo que los poetas de nuestro tiempo viven con demasiada intensidad nuestra época.
Nos olvidamos a veces de que el admirado es presa del admirador. Deberíamos mirarnos en el espejo de nuestra alma, que nos dará una imagen más real.
Creo que este es el origen principal de por qué ahora ya no tenemos poesía que nos conmueva, que nos lleve a la claridad, el único lugar en que los poetas y el común de los hombres sienten la verdadera felicidad, aquella que no se gasta con el tiempo.
La poesía nos hace sentir parte del todo, un elemento de todos los elementos. La verdad vive en nosotros, somos la verdad, vivimos en la verdad, pero con los ojos vendados. Lo que siento es que la poesía es una actividad del ser humano que lentamente va quitando la venda de nuestros ojos, ya cansados de estar buscándola en lugares equivocados.

JULIÁN.-Tus observaciones relacionadas con la vida que llevan los poetas son bastante cercanas a lo que yo he podido observar. Hay que saber comprender que no hay un sólo camino, que son muchas las formas en las cuales esta actividad se lleva a cabo.
En mi caso particular, de muy joven me interesó. Me gustaba leer poemas, y escribir algunos que ahora no recuerdo; lentamente, a través de los años se fue germinando en mi alma mi pasión por la poesía, hasta llegar a este momento en que realmente es mi actividad, es mi pasión.
En los momentos de inspiración siento tener dentro de mi algo que me habita, misterioso, oscuro, silencioso. Está, sólo sé que está, y en mis instantes de inspiración puedo sentirlo como presente. Sólo son instantes, no suficientes para poder describir lo que se siente. Queda entonces la intensidad del instante con algunos rastros, huellas, que como estelas dejan esa presencia dentro del alma. Luego queda describirla con algunas palabras, insuficientes para poder portar aquello que se vivió.
Después de un determinado tiempo, al leerlo se puede encontrar lo que en parte se quiso expresar. Sólo es algo aproximado de aquello que sentiste en ese contacto, cuya intensidad es particular en cada persona que escribe estas experiencias.
Surge la necesidad de volver a frecuentar esos lugares. El problema del poeta comienza aquí, ya que él quisiera vivir su vida con esta intensidad. Como todos sabernos, la vida no es así, pero es demasiado fuerte esta necesidad, razón por la cual dentro del alma del poeta se instala la melancolía, esa tristeza velada por no vivir con lo puro que está ahí, tan cerca y tan lejos a la vez.
Un ejemplo que nos brinda nuestro pasado es la obra que construyó un gran poeta llamado Heráclito. Como nunca, el hombre estuvo tan cerca de su esencia; los fragmentos que nos quedan de él todavía iluminan al hombre moderno. Tardamos más dos mil años para volver a tomar ese camino, tuvimos que renacer. Y el punto álgido de esta nueva etapa fue Hölderlin.
El poeta es una parte, un elemento de humanidad. Es más, es un testigo, un custodio de la tea encendida que el espíritu nos deja a su paso. En su paso por cada uno de nosotros, él nos abre a la vida, al mundo; más aún, nos hace mundo. El poeta es el que registra este acontecimiento.
Una expansión es lo que es el hombre. Una expansión como la del Universo, en donde algunos seres como el poeta viajan en el pelotón de avanzada; como si fuera la punta de una lanza que al roce con lo nuevo, se consume prematuramente. Así también debido a ese encuentro con lo desvelado, su alma se llena de júbilo, y de una plenitud tal que a muchos de ellos los lleva a la renunciación de las cosas materiales.
Su obra es describir esos momentos sublimes que vive; pero también es la narración de esta especie de tragedia en la cual se siente atrapado.
Ello es en sí su tragedia humana. De toda tragedia brota una niebla, que no sólo empaña el alma del hombre, y en particular la del poeta, sino que lo sumerge aún más en sus profundidades.
No se siente seguro de lo que escribe, sólo sabe que eso que está ahí escrito sobre un papel es su alimento. Su trampolín para un impulso más, para poder penetrar aún más en esa oscuridad desde donde todo brota, desde donde el mundo se hace mundo, y desde donde brota su poesía.
El escribir de esta forma se convierte en la más natural de las actividades; sólo tiene que dejar, permitir que las palabras fluyan, que lo que quiere decir se vaya depositando sobre esa armoniosa columna de palabras, cada una diferente, pero eslabonada con la que sigue, con la que la antecede. Todo un fluir natural como cuando el agua fluye por el cauce de un río, río abajo, río afuera; volviéndose nuevamente al mar, nuevamente nube, nuevamente rayo, lluvia, rocío y fuente.
El don divino del narrador, de ese poeta que puede ver, que puede escribir de lo que no nos damos cuenta los hombres comunes: el espíritu hecho belleza, que se torna melodía entre las palabras entretejidas. Lo bello y su perfume son lo que conmueve.
Una manera de ver la naturaleza del poeta es tratando de comprenderla como una descompensación. Como si el equilibrio que existe dentro del alma del poeta, es decir entre el mundo exterior y el mundo interior, se rompiera. La razón se debe a que el mundo interior es muy rico y, por así decirlo, se desborda; el poeta entonces comienza a escribir, comienza a expresar lo que le está pasando en su interior. Es al comienzo como si se encendiese una pequeña chispa que luego se convierte en una llama, que él trata por todas formas de mantener encendida, ya que ella le da plenitud.
Así es como él lentamente va armonizando lo que vive. El dialogo interior va siendo más pleno, abre su mente y deja salir de una manera natural lo que hay, lo que vive en su alma. Es como si el inconsciente fluyera.
El poeta escribe en un estado de inspiración, en un estado natural, pero algo está atento en él, algo sublime que es como una mano que va tomando lo que ella quiere tomar, en total oscuridad para sus sentidos.
Es como un acto doble, el de la espontaneidad y el de la actitud de tomar, de poseer, en esos instantes que son cortos, pero que no impiden que algo pueda poseer, pueda capturar.
El poeta tiene poco tiempo, él lo sabe; además sabe que dispone de un lenguaje muy limitado. Pero no tiene otras cosas que ese corto tiempo, que ese limitado lenguaje y eso que está dentro de su alma. Con todo ello construye su poema, edifica su obra.
Muchos grandes poetas, tal vez la mayoría, nunca serán conocidos, nadie leerá sus obras; pero estos hombres han vivido y viven en estado de gracia.
En ese mundo espiritual desde donde brotan sus poemas, desde donde el mundo se eleva de sí, en donde se cultiva el alimento más delicado y necesario, que por ser invisible, no deja de ser el más real de todos.
He tenido la suerte de conocer a algunos de ellos, de escucharlos. Son como columnas que sostienen el mundo a través de esa delicada luz que emiten sus palabras, sus ideas, sus presencias. Son espíritus acabados, llenos de luz, de sabiduría, son teas que iluminan el mundo.
Como puedes ver a través de este pequeño análisis, mi pensamiento radica en que la poesía es una actividad más del ser humano, con una particularidad: que trabaja con cosas puras del alma.
Para terminar creo que hay, como decía Kierkegaard, tres niveles en el hombre; lo estético, lo ético y lo místico. Extendería este tema y diría que hay tres niveles en la poesía de nuestros días. La estética, que ha florecido mucho en la modernidad, aunque la veo un poco ligada al consumismo que ella misma ataca. La poesía ética, que pasa inadvertida. Y la poesía mística, que bien floreció en el pasado, desde el tiempo de los presocráticos, y resurgió en la época romántica, nos ha dado, ha sentado las bases de lo que es la modernidad. Para corroborar esto último basta leer las obras que tienen valor en nuestro tiempo; en todas ellas están presentes los pensamientos, las ideas, la sabiduría, el conocimiento que nos han dejado estos grandes poetas.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 7 de Julio

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domingo, 22 de junio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 5

JULIÁN.- Lo que la humanidad ha conseguido en estos últimos 2500 años, es verdaderamente algo sorprendente, si comparamos con lo que teníamos en el pasado. Aunque no ha sucedido lo mismo en todas las culturas, pero lentamente, con la integración, se está uniformando.
Todas las cosas para el hombre de nuestro siglo están cambiando rápidamente, y aunque resulte paradójico, con más intensidad en los pueblos menos desarrollados.
Los sistemas de comunicación nos están poniendo al alcance de nuestras manos no solamente los problemas que tenemos, sino los que podríamos tener; pero lo más sorprendente son los problemas que tal vez nunca vamos a tener.
Éste es uno de los problemas que tenemos con la educación de nuestros chicos. Es realmente un tema al que deberíamos darle un poco más de tiempo y de reflexión, para así poder darle una respuesta coherente. En primer lugar, es necesario aclarar que estamos hablando de educación, no de instrucción. Descartamos tratar el tema de que la educación en el hogar es la base de todo desarrollo sano y duradero, no el de la palabra, sino el del acto cotidiano acompañado de afecto.
Es tiempo ya de que el ser humano ponga el acento en la necesidad que tenemos los hombres de ver un poco más clara la realidad que nos circunda, y aquí es necesario que los gobiernos eduquen a sus gobernados a través de la reflexión, a través de la enseñanza del arte de pensar, no sólo de impartir instrucción.
Reflexión significa el acto por el cual el hombre toma conciencia de su realidad, de la realidad. Tomar conciencia es la capacidad que tiene cada hombre para poder verse como un ser dentro de una sociedad en la que para él, él es su centro. Tomar conciencia es darse cuenta de que no es sólo un grano de arena en el arenal, sino un elemento vivo e irrepetible que forma parte de un conjunto vivo que crece en muchas ramas o formas, una de las cuales es él.
Es necesario aclarar que el Estado tiene la obligación de esta educación, pero al no ser así, por ahora, el ser individual tiene que tratar, con su esfuerzo personal, de mejorar este aspecto que por lo general estamos dejando a un lado en la educación de nuestros hijos.
Cuando tú me cuentas la dificultad que tienes en educar a tus hijos, es una dificultad muy común en nuestros tiempo. Y lo que te produce confusión es un hecho muy frecuente que se llama estandarización; queremos todos dar una educación igual para todos. Esto, desde ya es imposible.
Lo que en este momento me preocupa aún más, es la angustia que siente el hombre de nuestros días ante este tema. Elevémonos un poco y veamos al hombre como una criatura en elaboración, en evolución; lo imaginamos mono y veamos como va superando las dificultades que se le presentan, paso a paso. Uno de los rasgos fundamentales de su crecimiento es la inquietud constante por buscar lo nuevo, acompañado por una sensatez muy delicada y difícil de ser vista cuando no se profundiza en su historia.
Se confunde educación con instrucción. La diferencia está en que la educación no sólo informa, sino que además despierta en los educados el interés por lo todavía no conocido, por lo todavía no inventado, por lo todavía no explicado. Aquí la palabra educación es la enseñaza y la inquietud por lo nuevo, lo que es el sustento principal de la sociedad creada por los hombres.
Cada hombre recibe una determinada educación con la que trata de convivir en sociedad; pero surge la necesidad de transmitir la educación que recibió, más la que él consiguió. Este conjunto de ideas y pensamientos no pueden darse sin la verdadera depuración, para que el que lo reciba no tenga una intoxicación.
Pero en el caso particular tuyo, Rubén, sería bueno que te serenaras e hicieras caso un poco más a tu corazón, que normalmente está abierto para todo el que sinceramente lo busque. Nunca es tarde para corregir o reparar un error en ti mismo.

RUBÉN.- Cambiando de tema. Hace mucho tiempo atrás me comentaste sobre un pensamiento que te transmitió un viejo amigo tuyo, que trataba sobre la vida de la vida. Me gustaría que ahora me lo vuelvas a comentar.

JULIÁN.- Así es, este pensamiento o comentario es el siguiente: El hombre está en una evolución constante, está evolucionando desde una simple célula hasta llegar a lo que es ahora. Es admirable y a la vez muy difícil de entender cómo de la unión de un espermatozoide y un óvulo puede ser creado un ser tan complejo como es el hombre. Cómo dos partes vivas muy diminutas, casi invisibles, pueden unirse y producir todo un fenómeno complejo que finalmente termina en polvo. Una creación que puede desaparecer en el espacio como una estrella fugaz.
Ya sabemos, por nuestras ciencias, los distintos caminos que tomamos en el hacer práctico; como en el hacer del alma, en donde son aún más complejos y más inmensos. Podemos, además, darnos cuenta de cómo varia entre los seres semejantes.
Ahora hagamos volar nuestra imaginación: la vida, es decir todo lo que es vivo sobre la tierra, ¿no tiene una existencia temporal, como la de los hombres? Es decir, debe nacer y morir también. Todo lo que conocemos por vivo serían las distintas formas que la vida va tomando en su existencia, como nosotros vamos tomando cosas, pensamientos, sentimientos, ideas. Suponiendo que el hombre es lo más avanzado de ella, y que el cerebro de este animal que piensa es lo más desarrollado de él, entonces deberemos pensar que el cerebro es lo más desarrollado de la vida.
En este contexto es posible suponer que lo que llamamos el alma del hombre sería una de las formas más desarrolladas que tiene la vida, para sobrevivir, para asegurar su existencia.
Por una deducción posterior deberíamos pensar que la vida se está transformando en algo invisible, algo como es la inteligencia, como es el mundo espiritual, algo muy cerca de lo virtual. Un poema, por ejemplo, es vida envasada, almacenada en palabras, encerrada en ellas, que vuelven a la actividad cuando son leídas por una mente fértil para este tipo de arte.
Una de las cosas que al hombre lo llena de plenitud, de felicidad, es poder habitar un mundo en donde el espíritu se haya manifestado, se haya desplegado. Daría la sensación de que el desarrollo, la evolución del hombre, es algo parecido a un incremento constante de orbitas; cada vez más grandes, cada vez más inmensas, cada vez más complejas, cada vez más invisibles e imperceptibles.
De todas maneras, toda la visión que tiene el hombre de sí y del universo parte de su centro, de su yo. Lentamente va comprendiendo al mundo que lo rodea y su mundo interior. En esto hay que acentuar que lo visible para el hombre en lo físico se refiere a la distancia, pero él lentamente va expandiéndose a través de la prolongación de sus sentidos, de sus tentáculos, de sus herramientas que va creando. Es decir que para el mundo exterior el hombre parte de lo visible a lo invisible y para el mundo interior, parte de lo invisible a lo visible. Para el mundo exterior tiene los sentidos del cuerpo, para el mundo interior tiene los sentidos del alma.
Hubo una ruptura en el ser humano cuando saturó los sentidos de su cuerpo. Tuvo la necesidad de salir como del capullo de una rosa y comenzó a vivir otra forma de vida, otra experiencia nueva; llevó su expansión a lo invisible.
Fue interesante este pensamiento escuchado de boca de este viejo amigo.


RUBÉN.- Bueno, estas ideas o pensamientos que escucho de ti me producen una sensación extraña; es como si sintiera un cierto placer en el alma, como si una parte de ella se iluminara, se enriqueciera, se expandiera.


JULIÁN.- Es difícil para cualquiera tratar o hablar sobre cosa nuevas; creo que el límite en esta materia no existe. Cada persona debe tener el suficiente sentido común como para saberse limitar; pero en el caso nuestro, que es una conversión de amigos, podemos atrevernos a tratar temas que se crean, se forman, durante la conversación contigo.


RUBÉN.-Lo que a mi me pasa cuando converso contigo es que me siento bien, y con una armonía tal que pareciera que estamos vibrando en la misma frecuencia. Cada vez es más, y muchas veces quisiera renunciar a lo que tengo y dedicarme a realizar una tarea como la tuya, pero es difícil desprenderse de las obligaciones.
Pero a la vez siento como si cada vez estuviera más cómodo conmigo mismo. Tus ideas o pensamientos están clarificando mi alma. Tengo cada vez más necesidad de profundizar mis conocimientos sobre todo lo relativo al alma, al espíritu y a todas las cosas puras (que son pocas) que habitan en mí.


JULIÁN.- Por algo uno de los padres de nuestra civilización, Aristóteles, dijo que la única tarea en la que el hombre no se satura, no se cansa, es la de la contemplación. Otro pensamiento relativo a este tema es de Unamuno, el decía: ‘’ Un hombre comienza a conocerse, cuando un alma hermana ilumina el fondo de su alma’’
Nuestra cultura occidental hoy más que nunca es competitiva. En esta competencia no hay termino medio, se gana o se pierde; así, de esta forma, nos hemos ido dando cuenta de que somos capaces de hacer muchas cosas. Estamos confiando cada vez más en nuestra capacidad.
En particular lo veo bien, ya que ello está llenando un vacío que están dejando las religiones por su ceguera y por su incapacidad en dar respuesta a lo que se plantea el hombre de nuestro tiempo, y además nos estamos dando cuenta, que esas cosas, esos temas, dependen de cada uno de nosotros.
Estas pequeñas y a la vez grandes conquistas han llevado a que el hombre busque y encuentre su felicidad en lo que su naturaleza le requiere como inmediato. La velocidad es un parámetro de nuestra sociedad; por lo tanto, en este estado hay que tomar lo que se encuentre a nuestro paso, y lo que el tiempo, nuestro tiempo que pasa tan rápido, nos permita.
No tenemos tiempo ni nos quedan fuerzas ni energía para poder ver, observar que somos algo más que ese ser que pasa tan velozmente por esta vida.
Hay, existe desde hace mucho tiempo un mundo espiritual que está creándose, formándose, dentro de este nuestro mundo de las cosas de todos los días, de este mundo material, de este mundo lleno de tecnología, de conflictos, de fiestas, etcétera.
Un mundo que si bien ha nacido por la cultura, es algo más que cultura. Es todo un mundo de ideas, formas, de arte, que se eleva y vive rodeado de una atmósfera de belleza.
Un mundo que irá reemplazando a todo cuanto mito o cuanta religión esté poblando este planeta; lentamente irá formándose a través del ordenamiento, de la educación, del trabajo personal y solitario de cada uno de nosotros.
Será muy similar a aquel cambio que hizo el simio cuando comenzó a poblar las cavernas, a habitarlas, a hacer de ellas su morada. Bueno, esa morada será nuestro mundo interior, nuestra alma, un mundo en donde el espíritu se manifieste de una forma más nítida. Será entonces un placer exquisito compartir con los demás esa morada divina.
Volviendo a tu inquietud respecto de cambiar tu vida, creo que todos los seres humanos tenemos que plantearnos estas inquietudes, pero aquí, es hacer una reflexión.
Tú sabes que un atardecer sin nubes generalmente pasa inadvertido, pero cuando en el cielo se forman algunas nubes, ahí sí el crepúsculo es más bello; cuando la luz del sol, que se va apagando, se refleja en las nubles generando rayos de múltiples colores. En el vació la luz pasa inadvertida, solamente se la puede ver cuando ella se refleja sobre las partículas en suspensión que están en su camino.
En la vida, en la existencia del ser humano pasa algo semejante. Las dificultades, los problemas que la vida le presenta a su paso, son los que le permitirá hacerse real, mostrar su naturaleza, manifestar su espíritu. Beethoven nos decía: ‘’El hombre sólo conoce a su espíritu cuando está contra el suelo’’
Por supuesto que lo tuyo es una decisión personal. Pero creo que todos los seres humanos podemos adaptarnos a la situación a que nos ha llevado la vida y encontrar en ella la manera de ser, esa manera de ser que nos habita y que profundamente deseamos.
Ahora tú me dirás, pero y, ¿el tiempo? No tengo tiempo. La observación que he hecho de mi vida y de algunas personas cercanas, es que hacemos un mal uso del tiempo. Siempre debe haber un tiempo para uno, y cuando no lo hay, creo que es tiempo de cuestionarse.
He conocido muy pocas personas que por razones particulares no tienen tiempo para sí mismas. Lo que sí he observado es que muchas de ellas tienen miedo a estar consigo mismas, tienen miedo a la soledad; por lo tanto tratan de aturdirse, de estar ocupadas de diferentes manera. Como te dije anteriormente, la soledad es buena, lo que no es muy bueno es el aislamiento.
Solamente estando en soledad uno puede verse a si mismo, puede reflexionar. Y como se hace por lo menos una vez a la semana, se ordena la habitación donde se vive, así también deberíamos hacer con nuestra alma. Por el hecho de estar habitándola las veinticuatro horas del día, algunas cosas no deseable se le adhieren.
Hacer una pequeña reflexión cada cierto tiempo es dedicarnos este tiempo a nosotros, lo que va permitiendo ir tomando conciencia de nuestra existencia. Si hay un templo y un altar, del hombre y para el hombre sobre la tierra, ese altar, ese templo es su cuerpo. Y en ese cáliz bendito al cual elevamos en cada momento, en cada aliento, es nuestra alma la que contiene el vino que consagramos: el espíritu.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 30 de Junio

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lunes, 16 de junio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 4

RUBÉN.- No hay duda de que esto es una descripción del camino que has tenido que recorrer para clarificar tu mente y tu alma. Como tú siempre lo dices, no hay un sólo camino. Te contaré mi camino; no hace mucho pasé por la necesidad de vivir con algo de paz interior, recurrí entonces al psicoanálisis y logre algo de equilibro que luego se desvaneció rápidamente.
Pude por momentos parar el ritmo enloquecido de mi vida y reflexionar. Aprendí a reflexionar, creo que este fue el aporte más grande que recibí de este tratamiento. Además, alcance a sentir una cierta seguridad en mi mismo. Y, tal vez, lo más saludable, dejé de tomar tranquilizantes, los que había tomado por mucho tiempo.
Es muy difícil tener armonía cuando uno ha perdido su paz, sumergido en el excesivo trabajo. Con algunas ambiciones logradas y con miedo a perder lo alcanzado, ya no podía sentir mi fe, que como tú sabes era muy fuerte en mi niñez.
Desde hace un tiempo, y creo que es debido a las conversaciones que tenemos, mi mente está logrando un cierto equilibrio. Un equilibrio que nace o brota del hecho no sólo de conocer mi realidad, sino de entender lo que es esto a lo que llamamos vida.
Mi pregunta ahora, Julián, es referente a las culturas o religiones de Oriente, y más particularmente la de la India. En algún tiempo pasado intenté practicar meditación, me interesaron los poemas de Tagore. Me hizo mucho bien, pero no pude seguirlos, sentí que era una cultura muy diferente a la mía.

JULIÁN.- Se requiere de tiempo y esfuerzo para estudiar las diferentes culturas y más aún, las diferentes religiones. Como esta es una conversación de amigos, me voy a atrever a reflexionar sobre este tema, ya que por lo general las religiones y la política son lo que separan a las personas.
Estamos inmersos en lo que llamamos mundo occidental, que es nuestra cultura, nuestra forma de vivir. La cultura nace desde que el hombre comienza a pensar, desde que se pregunta y se puede dar una respuesta, es decir, desde cuando comienza a hacer (a ser). Como definió Epicuro: ‘’Un movimiento mecánico de átomos que piensa’’
En el hombre habita un impulso que lo lleva a avanzar, a crecer en todos los sentidos o direcciones; pero además siente que hay algo dentro de él qué es distinto de ese ánimo, de ese impulso. La cultura se inicia cuando el espíritu del hombre inquiere a lo oscuro y quieto que lo habita; surge luego el pensar, es decir, el dialogo del alma con ella misma, el dialogo del incipiente yo con el siempre maduro tú.
Se produce entonces en el ser del hombre la apertura, los caminos. Uno de ellos rápidamente sublima a este yo inquieto del hombre y trata de anularlo, es decir, interrumpir su expansión divina. Esta es separación antes de tiempo, antes de poder ver, entender quién es esta criatura extraña a la que llamamos hombre. Una de las medidas tomadas es tratar de anular los sentidos, medio por el cual se desarrollan los deseos profundos de esta bestia todavía salvaje.
El occidental suelta su ánimo, su espíritu. Este se expande, crece mas allá de su instinto El espíritu libre, en movimiento puro, elige el camino más largo, el camino de la vida, el camino que la vida le presenta sobre la tierra. Este hombre acepta su condición humana y a través de sus sentidos tiene verdadera dimensión de lo que es él, de lo que habita en él.
Cuenta con un alma casi oscura y a la que intrépidamente se larga a comprender. Lo hace a través de la única forma posible para nosotros, los mortales, que es el hacerla vivir, hacerla actuar y así saber qué es y quién es el que la piensa.
Es necesario, para poder seguir este pensamiento, aclarar que esta voluntad divina que es el hombre tiene oídos porque quiere escuchar; tiene sentidos porque quiere sentir, quiere husmear, quiere saber. ¿En qué mundo vive? ¿Quién es él?
Siente que anular sus sentidos, sus deseos, es detener la marcha de este aguerrido gladiador.
En estos tiempos este gladiador está muy confundido, es como si no pudiera ir más adelante, el exceso de ropaje no lo deja caminar, se está entreteniendo tanto que ha perdido su razón principal, que es volver a ser el que fue, lo perfecto.
Está como borracho de tantas bebidas que le ofreció el mundo de nuestros días, que él descubrió o creó, aquí no hay diferencia. Este es el momento en que el hombre occidental tiene que mirar Oriente y volver a beber del éter puro (que por adelantado esta bebiendo el Oriente).
Sé que lo hará, a veces veo lo mano divina en la vida del hombre, pero en forma tan nítida que me lleno de fe. Es como si fuera siempre necesario que una cultura avance por los caminos escarpados y otra cuide lo conquistado, lo logrado.
Volviendo sobre tu pregunta, los dos son caminos un poco diferentes, pero complementarios. Analizando nuestra realidad, que es la que nos toca de cerca, te diré que ahora más que nunca necesitamos ver muestro mundo interior, al que hemos olvidado, y de eso tiene mucho la cultura oriental.
El hombre necesita sentir la armonía, la paz dentro de él. Pero al no encontrarla, recurre a medios artificiales como son los calmantes, el alcohol, las drogas o el peor de todos, la huida de sí para terminar la vida como en un criadero artificial de pollos, como tú me contaste anteriormente.
Los peligros están, yo soy un hombre de fe y creo que saldremos adelante. El hecho de poder conversar entre amigos, ya es comenzar a caminar. El aporte tuyo es muy interesante, ya que vives en tu vida diaria con lo más adelantado de lo que puede ser el desarrollo material del hombre.
Te cuestionas, y también con toda tu sinceridad me contaste que tu recuperación comienza cuando a través de la ayuda humana que recibiste, comenzaste a rezar, a reflexionar, a pensar. Son actos divinos que puede hacer el hombre. Hay algo por lo que estamos así y aquí, hay algo que nos da la voluntad, que nosotros mantenemos y cultivamos. Algo que late dentro y fuera de nosotros. No hace falta ponerle nombres. Ello es, como nosotros somos.

RUBÉN.- Es muy clara tu explicación respecto de las distintas culturas o formas de pensar de los pueblos de Occidente y Oriente. Ahora quiero tocar un tema casi diferente, pero relacionado con la educación; después veremos la relación. Como tú sabes tengo cinco hijos, tres varones y dos niñas, tres relativamente ya mayores y dos de ellos de aproximadamente diez años.
Indudablemente, siempre el mayor es el que recibe los manotazos del mono (debido tal vez a mi inmadurez y la inseguridad que uno vive cuando se está buscando un lugar en la sociedad, tanto laboralmente como socialmente). Yo proyecté en mi hijo todos los miedos o fantasmas que tenía, todo ello produjo como una castración de su personalidad. Creo que sí en ese momento alguna persona me hubiera hablado sobre este tema, habría podido aliviar esta dificultad. Lo hermanos que le siguieron fueron mejor criados y, por ultimo, las mas pequeñas disfrutaron de mi relativa madurez, que he logrado después de muchos años de tratar de comprender por lo menos de una manera aproximada la realidad que me tocó vivir.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 23 de Junio

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lunes, 9 de junio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 3

JULIÁN.- Aunque yo estoy en la retaguardia de la vida moderna, puedo sentir y comprender lo que tan claro me has explicado. Lo que me sorprende es cómo personas como tú, pueden estar viviendo muy de cerca esta realidad sin poder hacer nada. Debe sentirse una impotencia neurotizante. Considero que es un don el poder verse como un actor y a la vez tomar una cierta distancia de lo que está sucediendo dentro de la escena.
En el mundo de las ideas o pensamientos, todo es casi siempre una aproximación. Como decía Sófocles: ‘’Salvo por unos instantes, el hombre se pasa ciego casi toda su vida’’. Estos instantes muchas veces nos brindan la posibilidad de vernos como realmente somos o vivimos. Pero no hay que olvidar que esa observación es sólo un punto de visita.
Así es como hemos avanzado por aproximaciones. Y si hasta la fecha no hemos desaparecido es por esta capacidad de darnos cuenta, aunque sea por medio de la aproximación, y por otro lado contar con que dentro del alma del hombre habita una razón básica, la que a través de los presentimientos nos guía por caminos que aseguren nuestra existencia.
Aquí es bueno acentuar, sin llegar a la liviandad, que es muy común escuchar pronunciamientos catastróficos sobre el futuro de la humanidad. Lo cual no está de acuerdo con lo que nos han dejado como legado nuestros antepasados. Lo que nos han narrado fue lo que pasaba en sus épocas, las formas de pensar, de sentir, los pensamientos, las ideas; todo aquello por lo que somos así. Todo este legado se ve como un fluir natural.
Tomar conciencia de esta evolución es tener fe en el sentido y en el camino en el que transita el hombre. Aunque muchas veces se equivoca, se desvía, pero prevalece un cierto sentido común.
Con nuestro poco tiempo disponible para poder leer detenidamente a nuestros antepasados, aquellos por los cuales somos lo que somos, no podemos hacernos una idea de lo que ellos significan para la humanidad.
Intentemos repasar esa nuestra historia:
Homero, un poeta, el que fue capaz de reunir las leyendas que se venían repitiendo en el folclore popular, y luego cantarlas como epopeyas en donde un misterioso contenido se revelaba. Sirvió de base para que los griegos clásicos desarrollaran un mundo espiritual y clásico, que hasta el día de hoy lo estamos disfrutando.
Sócrates fue bisagra de la época clásica de los griegos. Lo anterior a él fue la creación espiritual más pura que el hombre pudo lograr a través de todas su historia: Heráclito, Parménides, y otros. Luego, Platón, Aristóteles, Epicuro…Debe considerarse a Heráclito y Parménides los padres del pensamiento, como lo es Bach de la música.
No nos tenemos que olvidar de los trágicos Sófocles, Esquilo y Eurípides: los tres fueron los poetas que cantaron al drama humano, Nos ayudaron a comprender la naturaleza de nuestra alma, viendo en ella no solamente lo bello, sino también aquello oscuro que nos moviliza, pero que casi nunca queremos ver.
Aristóteles fue un ordenador del pensamiento griego. Le dio forma humana, forma práctica, sentó las bases de la ciencia de nuestros días. Junto con Parménides, son los creadores de esa tarea humana tan deliciosa como es la filosofía.
Virgilio fue un narrador epopéyico que se nutrió de los griegos, pero agregó la gran conquista que hicieron los romanos, que fue el ordenamiento de la sociedad, con un gran culto al poder. San Agustín, el hombre que pudo fundir el pensamiento cristiano con el pensamiento clásico.
El Dante es el primer ejemplo de un gran escritor, casi anónimo. El nos despertó después de una larga siesta, como fue la Edad Media; pero nos despertó en el infierno, aunque eso si, de la mano de Virgilio. Inventó el purgatorio. Este invento es una antesala de lo humano que nos trajo el Renacimiento; porque en sí el purgatorio, más que un destinto es una morada, un lugar temporal, como es la vida.
La Divina Comedia es realmente un poema extenso; tal vez en el título está la condensación de lo que quiso decirnos el Dante. Nos comenzamos a reír de nosotros mismos con él, ya que para mí resuena siempre como si la vida fuera y siguiera siendo una divina comedia. Además, por hecho de estar acompañado por Virgilio, quedó acentuada esta continuidad, esta cadena humana, en la que uno es solamente un eslabón en esta expansión divina. Los pensadores son los eslabones que se sumergen en las profundidades del alma humana.
Shakespeare fue un gran observador de la vida humana; pudo, a través de sus obras, reflejar las relaciones muy poco claras entre los seres humanos y ahondar de esta manera las temidas dificultades del alma para poder vivir la compleja realidad de los tiempos modernos.
Cervantes, antes de tener relativo éxito en vida con el Quijote, escribió cuarenta libros descartables. Es el símbolo de la perseverancia en el anonimato. En él ya la vida se forma por dos mundos. Escribe el Quijote de una forma tan cómica y amena que es un ejemplo de equilibrio. Creo que las posteriores generaciones de escritores, particularmente españoles, lo han tomado con excesiva formalidad y no han seguido el camino que él trazó, que fue de una gran simpleza, sencillez y humor que le dio una flexibilidad deliciosa, única forma posible para penetrar en la verdadera realidad de las cosas.
Cuando era aún un niño, me preguntaba qué hubiera pasado si Don Quijote, en lugar de una espada, hubiera tenido una ametralladora. Creo que lo hubiéramos llamado terrorista. Es inimaginable lo que hubiera sucedido. La figura de Don Quijote es muy ideal; como la palabra lo dice, es del mundo de las ideas (como el mundo de las ideas de Platón). Un soñador de un mundo en donde el espíritu se convierte en idea.
Para vivir una vida armónica tenemos que recurrir a nuestro principal profesor, el llamador comúnmente corazón. No solamente desde un punto de visita poético o espiritual, sino desde un punto de visita práctico, sólo hace falta sentirlo.
El nos demuestra y nos enseña: un poco para adentro y otro poco para afuera, contracción y expansión. Esta dualidad que nos muestra la vida, también pensada por los griegos y entregada a nosotros como la idea del punto medio. Así que, estimado amigo, prestar un poco de interés también a Don Sancho.
Creo que después nace un grupo de pensadores europeos que desde hace cuatro siglos han tenido una influencia importante en el pensamiento humano, como fueron Descartes, Pascal, Spinoza, Kant, Schelling, Schiller, Goethe, Hegel, Holderlin, Nietzsche, Rilke, Heidegger, etcétera.
En los últimos años este grupo de pensadores de ideas y pensamientos románticos, han dado o, mejor dicho, han profundizado el alma humana con la razón. Como sí el ser humano hubiera tomado conciencia de su condición (como explica Heidegger) del ser ahí.
En esta última etapa hemos comenzado desde la frase de Descartes ‘’pienso, luego existo’’. Creo que nos estamos edificando, no teniendo como base o fundamento algo exterior, sino de nuestro ser. No hay duda de que desde el Renacimiento hemos comenzado nuevamente a penetrar aún más en el alma humana.
En los poemas de Nietzsche (que si no los has leído, léelos), de Holderlin, de Rilke, de Holan, puede uno sentir que estos grandes poetas se sumergieron tan profundamente en su ser que es como si nos hubieran vuelto a despertar a un mundo espiritual, que estaba como dormido.
No solamente en el aspecto estético, sino de un contenido oscuro y misterioso que se presiente, aunque todavía no se puede ver con el entendimiento.
Al ir avanzando hacia formas más oscuras los poetas usan las palabras de que disponen y las llenan de contenido. Cuando llegan a nosotros dichas palabras hechas poesía se expanden al contacto con nuestros pensamientos. Éste es uno de los rasgos importantes que se obtiene en la lectura de la poesía de estos grandes poetas.
Comparando el arte de la poesía con la naturaleza, la materia al concertarse intensamente, llega a lo más duro y sólido que existe, como son los diamante; además, son bellos. Algo similar pasa con el tipo de poesía de los poetas profundos: es concentrada, transparente y bella.
Lo que sucede con la obra de estos grandes poetas, es que es muy difícil de comprender su significado. Para ello están los filósofos, para descifrarla.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 16 de Junio

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domingo, 1 de junio de 2008

Libro “Mi amigo el Poeta” – Capítulo 2

RUBÉN.- En nuestro tiempo es muy común el uso de las palabras en forma automática, palabras como: persona, familia, pueblo, ciudad, país, comunidades, humanidad; me gustaría que hagas una reflexión sobre este tema, ya que presiento que la esencia o el espíritu de las mismas tiene un significado especial.

JULIÁN.- Tanto el cuerpo como el alma del hombre están en formación constante, impulsados por su espíritu. Las decisiones más importantes para este destino, para esta su creación, son decisiones particulares, personales. En este punto reside lo más bello del ser humano, su carácter, su coraje para seguir avanzando, creciendo como ser en su total magnitud.
Antes de dar respuesta a tu pregunta, quiero ahondar un poco más sobre el alma del hombre, para que de esta forma pueda ser más sencillo para tu entendimiento lo que pretendo explicarte.
El hombre es portador de una fuerza invisible, aséptica, potente, a la cual hemos llamado espíritu. Ella nos lleva a retornar al paraíso perdido a través del mejoramiento permanente, la perfección, la creación de un mundo espiritual.
Además de esta fuerza que impulsa nuestra existencia, existe otro elemento que no tiene movimiento, que no busca la perfección porque en sí él ya lo contiene. No es una fuerza, sino una fuente, un espacio, eterno e infinito, que habita en nuestro corazón.
El hombre desde siempre ha recurrido a este páramo en donde viven el amor, la fe, la esperanza, el sueño y todo lo que lo hace realmente feliz. Se podría decir o pensar que esto también es una conquista del hombre, pero no lo es. Lo que ha hecho el hombre desde que es hombre, en este campo, ha sido traspasar o llevar desde su corazón hasta su conciencia. Como su nombre lo dice, con ciencia, es decir, por medio de su ciencia.
Dos potencias de las que estamos hechos. Una en movimiento hacia su verdadero origen a través de la vida y otra en quietud, en paz, en armonía, como si todo lo divino viviera ya en ella.
Ahora sí trataré de dar respuesta a tu pregunta: Así como el pensamiento humano nos ha llevado a ver o a sentir al ser humano o persona como una unidad, así también la familia o un pueblo o un país es una unidad con sus propias características que la diferencian de las demás.
Se puede ver a través de la historia, y particularmente en los últimos siglos, que todos estos entes tienen una vida muy corta. Tienen un tiempo determinado de existencia.
Comencemos por la familia. Toda familia tiene su personalidad, su forma de ser. Normalmente nace del amor, de la creación de una vida compartida.
En los últimos tiempos nos hemos quedado solamente en la pasión; aunque ella fue el centro catalizador de la familia; esto ha tenido como consecuencia que cuando se terminaba la pasión con la pareja, se terminaba la relación y muchas veces la familia también.
Uno de los elementos importantes del ser humano y tal vez el más necesario, en estos tiempos de penuria, es el amor. A él sólo se lo conoce, se lo aprehende, a través de la familia. El amor es como la savia que circula desde la raíz del origen del hombre, y avanza a través y por el centro de todo lo sólido que rodea el alma del hombre. Esa savia bendita es la que se convierte en flores y frutos. El amor es la manifestación bella del espíritu en el alma del hombre.
Esto que te paso a describir es válido para la persona, para la familia, para una comunidad. Imaginemos un cuerpo humano. Vemos que está compuesto de diferentes partes, y cada una cumple una función diferente de las demás. Es decir, el ojo no se puede comparar con el estomago ni el estomago con el oído. Creo que los seres o familias o pueblos somos así, cumplimos una función que hace al conjunto.
Pero no son funciones temporales, fijas sino funciones que tienen movimiento, que se van desarrollando, transformándose a través del tiempo; funciones que son a la vez manifestaciones de algo que se esta haciendo presente.
No se puede dejar a un lado la importancia de la voluntad de una persona o de un pueblo, en el cambio o mejoramiento de su existencia o destino. He aquí un rasgo, una característica de la presencia del espíritu.
Él no sólo está en la manifestación del mundo natural, del mundo exterior, sino también en el mundo interior del hombre, de una familia, de un pueblo. Esto es lo que lo hace al hombre particular, diferente de los demás seres existentes sobre la tierra.
Vive en el hombre la necesidad de crear, elaborar, formar un mundo en donde su existencia sea más plena, que esté más de acuerdo con aquello que constantemente brota de su corazón. La belleza del amor puede tomar forma, puede manifestarse, en el amor fraterno, en el amor entre los próximos, en el amor creador de una familia.
La belleza del amor es esa luz divina, alejada de la razón, que ilumina nuestra existencia y abre nuestro corazón; riega el valle de lágrimas donde crecen y se alimentan las flores humanas.

RUBÉN.- Estoy de acuerdo contigo, Julián, vivimos en un mundo lleno de cosas, aunque no disponibles para todos. Nunca tuvimos tantas cosas materiales como ahora; creo que esta abundancia ha llevado al hombre a un abandono o una despersonalización.
Comencemos por un tema que está cerca de mí. Cuando comenzó el desarrollo industrial se formaron las empresas que por lo general eran del tipo personal o familiar. En nuestros días las grandes empresas son por lo general anónimas. Salvo excepciones, los dueños de la mayoría de estas empresas son accionistas a los que lo único que les interesa es la utilidad; ellos nombran un presidente para el manejo de la empresa, el cual les tiene que hacer rendir utilidades; si no es así, muy simple: lo cambian. Es interesante notar aquí que el dueño ha desaparecido, prácticamente ha quedado en su lugar el señor utilidad.
Por supuesto, de ahí en más todos los trabajadores; desde el presidente al último empleado, se manejan por estos mismos principios. Lo que quiero resaltar, Julián, es lo siguiente: el hombre está creando entes que ocupen el lugar que antes él ocupaba.
En estos casos, el análisis solamente sirve para darnos cuenta de lo que está pasando en el mundo. Es bueno profundizar este tema. Yo vi hace muchos años, en el extranjero, una granja donde se criaban pollos. A los pocos días de salir del huevo eran colocados en un espacio o, mejor dicho, un pequeño nicho donde el animal pasaría el resto de su existencia. Allí tendría comida, bebida, hasta música funcional, además de calefacción, luz artificial, es decir, todo el confort que un pollo moderno requería (desde el punto de vista, por supuesto, del hombre). El pollo cumplía su función, que es la de alimentar bien, barato y rápido a su criador o dueño. Por supuesto, cuando digo aquí alimentar, no solamente me refiero al alimento del cuerpo, sino también a alimentar de dinero, que es el fin último de todo negocio.
Si viésemos la vida desde el punto de visita del pollo, elevaríamos una plegaria al cielo y diríamos: ¡Dios mío, cómo es posible este horror!
Con los medios y herramientas de trabajo que tenemos disponibles hoy en día, los que somos empleados no tendríamos que movernos de nuestras casas Ya que desde ese lugar se podría cumplir de una manera muy eficiente la tarea ( por supuesto, solamente algunas tareas, pero presiento que es sólo el comienzo). Además nuestro empleado moderno podría, comprar por Internet, por teléfono; y como si faltara algo, hasta los ejercicios físicos los puede llevar a cabo en su casa.
Por supuesto, con aire acondicionado, luz artificial y música funcional, podemos cumplir excelentemente nuestra función, que los entes que hemos creado han determinado para nosotros. Pero estamos tan mutilados en nuestros pensamientos que no seríamos capaces de levantar una plegaria al cielo por ello. Por supuesto, estamos lejos del drama de los pollos. De lo que no estoy tan seguro, es cuán lejos.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: Lunes 9 de Junio

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Gracias. Karigüe