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lunes, 8 de marzo de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 10

CEREBRO

Hay tempestades, siempre, es parte de la forma de la tierra, de su atmósfera; los vientos son aire en movimiento, se mueven por diferencias de presiones; ellos mueven las nubes, las veleros, el agua del mar, los planeadores, los árboles; soplan por las montañas, bajan a los ríos, los ondulan. Uno de los más agradables movimientos, es cuando el viento mueve las aguas de un lago, sin ser olas llegan a elevarse de sí lo suficiente como para reflejar los rayos de sol y brilla el lago, parecen como escamas del lago.
Lo mismo pasa cuando el viento mueve las hojas de los álamos, de los eucaliptos, como los hace vibrar, brillar con la luz de sol.
Es en realidad un movimiento del aire que cubre a la superficie de la tierra, a la cual llamamos atmósfera.
La tierra se mueve alrededor de sí misma, oscila, se mueve alrededor del sol y todo el sistema solar acompaña al movimiento de su galaxia; y a la vez tanto el aire como el agua son atraídos por los astros vecinos y no tan vecinos, pero frente a ello la madre con su propia fuerza, la de la gravedad, los atrae hacia sí, hacía si misma; pero he aquí que ni los otros astros ni la tierra misma son uniformes, por lo tanto las fuerzas tampoco lo son.
He ahí las olas del mar, el viento; y si a esto le agregamos el calor del sol, de la tierra; bueno tenemos las nubes, agua y aire entremezclados, moviéndose, girando de sí, arrastradas por los vientos, por las fuerzas; y bueno a veces hay zonas o puntos en donde confluyen varias de estas corrientes, por así decir, y se producen los tornados, los huracanes, el rayo, el trueno, la luz y la lluvia.
La atmósfera, por ser como la piel, algo que limita, y es intermedia, es una zona de encuentro, como la plaza principal de un pueblo. Allí confluyen, allí se conversa, se comercia, se trueca, y además está la municipalidad, la iglesia.
Bueno así es el cerebro del animal y el alma.
El alma es como la atmósfera de la tierra, allí confluyen fuerzas, cosas, el pasado, lo almacenado, las esperanzas, los sentimientos, las fobias, etc. Una plaza de pueblo, una zona de encuentro, piel en donde se producen los mayores cambios, es un lugar abierto como un claro en el bosque.
Así como la atmósfera es como un casco de la tierra, una envoltura; así el alma es un casco del cuerpo, una envoltura; en donde se producen los cambios más fuertes, más claros, porque es una zona de encuentro, de reunión. Allí como en los tiempos primeros cuando nos sentábamos alrededor del fuego, si allí se reúnen todas las partes todavía no vistas, no comprendidas, que viven todavía en la oscuridad, se reúnen.
El alma es como una zona de blanqueo, en donde ponen a la luz, en donde se encuentran con lo otro, los otros paisanos, los otros miedos, esperanzas.
He ahí el alma fuente de tormentas, fuente de conflictos, reunión de los desconocidos en ese claro del bosque.
En el pueblo, que tiene esa plaza en donde reúnen los vecinos a charlar, se crea, se forma, una comunidad, una común unidad, además de ser una zona de encuentro es una oportunidad de intercambio de cosas, de ideas, un trueque, que poco a poco se hace, se crea, la necesidad de un acuerdo; algo cuerdo, sensato.
He ahí la conciencia, eh ahí el alcalde, la comuna, las autoridades, las leyes, la bandera, el escudo, la banda de música, la policía, los curas, la fiesta, el velorio, todo un pequeño mundo compartido.
¿Uds. no creen que así como se formó el pueblo, a través de esa plaza, de ese fogón alrededor del cual nos mirábamos el rostro, también se formaron nicroclimas tan agradables, una superficie tan agradable al ser respirada, cómo el alma también? Ese lugar en donde el yo, no siempre, se siente agradable allí, si allí en ese lugar, en esa atmósfera alrededor, no del cuerpo del hombre sino de su cerebro.
Porque el cerebro se asemeja a lo que sucede en la atmósfera, con la diferencia que su atmósfera, la del cerebro, está encapsulada, está dentro de ese recinto cráneano, está atrapada esa atmósfera. En ella brillan o saltan las ideas como rayos, y los truenos son palabras con ecos y esos ecos es el lenguaje.
Así como el casco, la caparazón de un valva encerró a la valva y después la valva salió y cubrió la parte ósea y formo la columna vertebral, los huesos quedaron adentro; así también la superficie que estaba afuera, ahora en el hombre quedó adentro atrapada en esa cavidad craneana, en esa cueva; por eso llamamos galerías del alma, porque el alma está adentro de cerebro.

Karigüe

ÚLTIMO CAPÍTULO DE CORTECÍA. Si desea adquirir el libro completo de "El Alma" en formato electrónico, puede solicitarlo enviando un email a info@karigue.com.ar

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lunes, 1 de marzo de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 9

SER ALLÍ

El alma es así como un cuerpo, con órganos, con sistemas, y por qué no, con una especie de cerebro, de órgano capaz de coordinar funciones, roles y almacenar experiencias, conocimientos. No debemos dejar pasar que no es como el cuerpo físico, que su parte, que una parte de él es la que hace la introspección, el análisis, para verlo.
Con qué podríamos ver al cerebro del alma. Sí es virtual el alma, existe, nadie lo niega, pero nuestros sentidos no la pueden ver. ¿Cómo entonces podríamos ver esa especie de cerebro del alma?
Tal vez uno de los caminos es el Budismo, ese camino metafísico que no sólo nos hace meditar sino que permite, aunque en realidad se espera que la iluminación llegue; que esa manera de comprender, de aceptar llegue y se vuelva otra vez a respirar en esa atmósfera que ya nos está siendo hostil, como es el mundo real, el de todos lo días.
Nadie puede negar la evolución, pero acordémonos cuando algunos animales acuáticos quedaron atrapados en un charco, en los charcos cuando el mar se retiraba; y de una manera u otra tuvieron que crearse los pulmones, deben haber desaparecido muchos, pero algunos lo lograron, lograron tener pulmones, respirar, y así seguir viviendo en ese nuevo medio hostil.
La distancia del tiempo no es nada en el universo, algo tal vez en lo que es vida y muy poco en lo que es hombre. Veamos entonces que hace solo un poco más de 2500 años han pasado desde que un grupo de hombres: Esioso, Heráclito, Parménides, Soroastro, Lao Tze, Buda, comenzaron una vida de introspección, se comenzaron a ver hacia adentro. Tal vez en Sócrates se hace visible con la frase: ”Solo sé que no se nada”. Comenzamos adentrarnos, a saber que existía un conocimiento, un alma, algo almacenado que se fue destilándose, hasta abrirse como una rosa en estos nuestro tiempo y tener el arte, la cultura, el conocimiento aplicado.
Se formo primero el cuerpo del animal, con sus sentidos, los cuales fueron tomando, capturando, del medio: cosas, sonidos, imágenes, sabores, olores etc., hasta lograr formar un alma, una mente, una conciencia, memoria aún más expandida.
Podemos ver en la naturaleza al capullo de la mariposa, desde donde la mariposa se abre y sale, brota algo que se estaba formando adentro de ese capullo.
Además basta mirar los restos de caparazones de caracoles, valvas, en un museo, y después ver los que existen, es realmente maravilloso. Es la concha, las formas de las conchas, parecería que evolucionaron de tal manera que se fue formándose como una columna vertebral, exterior, ósea; y en algún momento, que es como el eslabón perdido, es invirtió, lo de afuera paso a lo de adentro la larva, la valva, cubrió a la columna vertebral y ésta paso adentro. Debe haber sido un cambio maravilloso, que todavía no lo hemos estudiado.
¿Qué pasa si en nosotros, como el mono que piensa, nos está pasando lo mismo? El cuerpo que tenía adentro al alma, ahora está quedando a dentro, el alma lo cubre. Para cortar camino, podríamos decir que es el alma del mundo, el mundo en sí. ¿Pero no es así como lo habíamos pensado? De que hay un ser ahí como hay también un ser allí, afuera.
Tal vez lo hemos estado tratando bien al ser ahí; y el budismo ha sido uno de los caminos. Aunque ha tardado en llegar a occidente, ello se debe a que nuestro ser ahí se ha convertido en un crisol, una caldera, que realmente sino la dejamos salir, nos puede fundir, necesitamos una especie de poros, de volcanes, para qué esa lava salga para afuera.
El hombre lo hace a través de la obra, obra; lo vemos al mundo como una de sus obras, otra al arte.
Todas estas cosas como arte, mundo, belleza, plenitud, felicidad, alegría, tristeza, si bien brotaron de nosotros, y lo siguen haciendo, están uniéndose afuera, afuera hay un centro catalítico, de y hacía donde confluyen la obra del hombre.
Dijimos que la cultura es la que hace útil a la naturaleza, es verdad, pero también la pule, la perfecciona.
Es decir tenemos ya la masa para ponerla en el horno y ver que sale. Hay una leyenda que dice que Dios preparó tres masas modelo de hombre, luego las puso en el horno, se apuró y saco uno antes de tiempo, ese es el blanco; luego saco uno de tez morena, el cual a Dios lo gusto mucho, y se olvidó por un tiempo del tercero y salió el de raza negra.
Estas leyendas nos llevan a pensar que hay una creación, que hay un intento, no es que sea un plan que no falle, que no puede fallar hay errores inclusive en la creación. Un dar dos pasos adelante y a veces es conveniente retroceder uno.
Lo nuestro fue el otro, el próximo, la próxima choza, la próxima aldea, el próximo pueblo, la próxima ciudad, el próximo país, por último el mundo y ahí paramos, porque de lo que conocemos ese es nuestro cielo, nuestro límite.
Es decir tenemos como un techo al mundo. Y ahora si recordemos al caracol, se va haciendo su casa a medida que crece, a media que comienza a vivir. No nos debe extrañar que la casa que está construyendo el hombre es el mundo, su mundo.
Es como cuando se formó el animal, necesitaba un cerebro y lo tuvo que fabricar, porque lo exterior se lo reclamaba y las partes también.
Salgamos un poco y veamos las familias, los barrios, las ciudades, los países, y por último un incipiente gobierno de la humanidad, que se llama Las Naciones Unidas, algo todavía está en formación.
No podemos decir que esas, sea el alma del mundo, la columna vertebral. El cerebro somos cada uno de nosotros; pero más que el cerebro, el alma de cada uno de nosotros. Comparémonos a una neurona de ese cerebro; y una de las sinapsis el leguaje por ejemplo; más aun podría decir que es como el líquido encéfalo raquídio, que inunda todo el cerebro. Creo que es mejor verlo así al lenguaje.
Las sinapsis podrían ser las tareas, las relaciones, los intereses, etc., podría seguir así, suponiendo las partes de ese cerebro del mundo.
Y su alma, he ahí nuestro tema, no la podemos ver ni presentir porque hasta ahora no tenemos formado ese cerebro, está en formación, pero que el alma existe sin lugar a dudas.
Vendrá nuevamente otro grupo de hombre a continuar la tarea, de los antes nombrados, y como una ola nos inundaran de su sabiduría, porque nada esta hecho desde siempre, todo se está haciéndose.
Pero no nos quedemos con las manos vacías, adelantémonos algo de esa alma.
Tal vez Esquilo sembró la primer semilla con su Prometeo, lo siguió Hölderlin con su Hyperion y lo continuo Nietszche con su Saratustra. Ello es como cuando la naturaleza fue creando piedras similares a los órganos, antes de crear a los órganos en sí del cuerpo del hombre.
Pero es la vida espiritual tal vez uno de sus órganos, la belleza otro, la alegría, la plenitud, la eternidad, lo infinito. Otro rastro importante nos dejo Heráclito, cuando contemplaba al mundo desde afuera, miro al universo desde afuera, aunque sea solo con su imaginación.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 8 de marzo

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lunes, 22 de febrero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 8

VUELO

Muchas veces nos pesa el alma; se llena, se carga, de tantas cosas, tantos pesos, pesadumbres, que nos cuesta llevarla, nos cuesta seguir.
El dolor; las cosas que nos causan dolor, acompañadas por esos andrajos como es la tristeza. Nos dicen que ello es debido a que no sabemos elegir, no sabemos caminar ligero; que necesitamos peso, como es la cola de un barrilete, para darnos estabilidad; pareciera que la fuerza de la gravedad, con qué la madre tierra nos tiene atados, no sólo es a física, sino que se extiende al alma.
Por otro lado las cosas: son las físicas y las del alma. Tenemos, una casa, un auto, máquinas, elementos, artefactos, que nos dan confort y hay que pagarlos, hay que sostenerlos, mantenerlos; todo eso también nos ata; los consideramos necesarios, pero ¿son en si necesarios? Si hacemos una lista veremos que no, que la mayoría de ellos son superfluos; pero al fin esas cosas también nos dan peso; perderlas, tener miedo de perderlas, nos produce temor.
Otra cosa es la salud, tenemos miedo a las enfermedades, algunas nos agarran, nadie esta exento de ellas. Llegan y tenemos que soportarlas y muchas veces combatirlas.
Es decir, para estar atentos se necesita también de un esfuerzo, hacer un esfuerzo; sentir como el cuerpo se va desgastando, se van consumiendo las fuerzas recibidas. Todo tiene un tiempo de vida, nuestro cuerpo también.
Cuesta vivir, permanecer, estar, porque en realidad somos carnívoros; si bien hemos superado el canibalismo, pero está aún en nuestra sangre, en nuestros genes, y muchas veces sale, sale en forma de envidia, odio, temor, venganza, destrucción por la destrucción misma. No hace falta ver demasiadas cosas para darnos cuenta de ello.
Lo peor, aunque deberíamos decir lo interesante, es que clamamos pureza, delicadeza, justicia, a un animal que todavía tiene afiladas las uñas y los dientes, para llevar a cabo lo que su sangre le pide.
Y a veces en manada se juntan, se reúnen y realizan los más salvajes acciones, como se suele leer en un periódico o simplemente ver lo que pasa cerca, si muy cerca de donde está cada uno de nosotros.
Inclusive para estar parados tenemos que hacer un esfuerzo, por supuesto lo hacemos en forma automática, natural decimos, aunque en casi ya nada es natural en el alma de los hombres.
Este cuerpo respira y se mantiene en pie, trabaja, lucha, piensa sueña, porque tiene un yo, una voluntad capaz de hacerlo, capaz de tenerlo en pie, mantenerlo en pie hasta sus últimos días.
Sí bien tenemos en nosotros aquello que es vida, tenemos también esa voluntad de vivir, de estar aquí.
De inclusive remontar este peso y elevarse de sí, aún más; es lo que han hecho la totalidad de los hombres a quienes hay que saludar sacándonos el sombrero, cuando navegamos por los tiempos en la proa de nuestro vergel.
Si bien hay que reconocer y agradecer a ésta vida, desde donde hemos brotado, pero más que agradecer, bendecir, venir a decir, cantarle como lo hace Bach, Beethoven, Mozart, y tantos hombres que hicieron del dolor, la masa con la cual se elevaron de si, con notas musicales, con colores, con rostros, con palabras.
Es un himno humano que se eleva desde los tiempos remotos y llega a nosotros, tomamos el gallardete, la antorcha de la vida y la llevaremos más lejos aún, haremos los versos más hermosos que se pudieron hacer hasta ahora.
Esas son las alas con las cuales ésta ave Fenix, brota nuevamente de sus cenizas y remonta manteniéndose en el cielo claro y puro; cómo lo hace ese animal, uno de los más incompletos y débiles: el Cóndor; pero vuela.
Así es el volar, vuelan los más débiles o aquello que se desprenden de las cosas que están demás, que solemos tener y mantener. Ese estar ahí en medio de los acantilados, en medio de la roca vertical allí en donde nadie puede llegar, ahí es donde ésta ave débil y delicada; a la vez hace su nido. Allí también los poetas hacen sus moradas, los aparentemente débiles; nadie puede llegar excepto ellos a beber el néctar puro que la vida entrega como anzuelo a los seres que se elevan de sí; sí, si sólo en las alturas hay soledad, pero hay ese aire puro que respira nuestro corazón, ese corazón que tiene el alma.
Si, no nos debemos olvidar que el alma tiene partes, es un cuerpo, es el cuerpo etéreo, el cuerpo que se ha elevado de sí, que vive en esas alturas, pero a la vez tiene los pies sobre la tierra para no perderse; y así pagar el tributo que la tierra nos cobra por estar aquel. Allí llegan los perros a morder, a querer a impedir que nos vayamos, porque es envidia lo que tienen, lo primos son los que tienen más envidia, ya que a los hermanos no se nos permite sentir, tener esta sentimiento.
Lo cercano es lo que nos impiden volar, no para cuidarnos sino por la pura envidia de ser así.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 1 de marzo

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lunes, 15 de febrero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 7

FLAMEAR

Lo creado, lo pensado, lo deducido, es decir lo que es ahora el hombre; si bien ha sido creación de él, no podemos negar que una parte fue la casualidad y la otra algo que está ahí, que como un centro catalítico, como un agujero negro, nos tiene sostenidos, mantenidos.
Si todo fuera azar, el cosmos, el universo, la vida, no se hubieran sostenido tal como son. Estamos pensando que la vida, tiene como unos tres mil millones de años, cifra no tan despreciable como para negarla.
El solo verlo, estudiarlo, al Genoma Humano, nos damos cuenta, que estos pequeños seres diminutos, los genes; que saben, conocen, cómo multiplicarse, cómo tener memoria; han venido, han llegado, desde muy lejos; como para estar aquí hoy formándonos, creándonos, cuidándonos. Ésta palabra cuidar, que normalmente la pasamos de largo, tiene un valor inconmensurable, en realidad no cuidan, como nosotros estamos cuidando al mundo, cultivándolo, como en éste momento estoy haciendo, tratando de saber un poco más, investigar como es esto lo del alma.
Que los animales tienen alma, por supuesto que la tiene, los vegetales también. Alma es como un recinto en donde almacenamos experiencia; si bien la parte importante la heredamos, pero nosotros aportamos constantemente para que este recinto sea cada vez más importante, más inmenso, más llenos de cosas que sirvan, que permitan el cuidado de la persona y de los demás y por qué no de todo lo que nos rodea, en lo cual está incluido el mundo.
Parecería esto algo aséptico, algo así como un recinto o deposito. Por nuestras ciencias sabemos que dos plantas afines, familiares por así decir, tratan de juntarse, de estar juntas, de crecer juntas, lo hace a través del aire, por ahora se puede suponer que emiten olores capaces de ser interpretados; y tienen algo como un yo, que ordena dirigirse hacía lo familiar, lo semejante, aquí podemos hablar de algo químico.
En nuestro cerebro pasa algo similar, pero las reacciones en nuestras neuronas y sinapsis son físicas, químicas, eléctricas y vaya a saber de qué otra manera se relacionan, se crean, se multiplican, etc.
Hasta ahora hablamos de recinto; pero sucede que en ese recinto se ha fermentado como se fermenta la uva para ser vino, algo de este recinto se ha convertido en una especie de otro cuerpo. Así como los genes fueron evolucionando desde la ameba hasta llegar a la planta, al animal; bueno en el cuerpo de estos seres formados y creados, lo almacenado fue incrementándose, evolucionando, experimentando.
Y hoy nos encontramos que estamos formados, los hombres, por dos cuerpos, no nos debería sorprender, ya que tenemos dos manos, dos pies etc.
Es una realidad, pero dos cuerpos algunas veces bien integrados y otras no. Es como si hubiera otra separación, no nos debe costar mucho rememorar cuando fuimos hermafroditas, hoy ya no lo somos hoy necesitamos de la pareja para fecundar, nuestra naturaleza evolucionó en éste sentido.
Por qué no entonces creer, pensar, suponer, imaginar, que el cuerpo mudo se dividió, no totalmente hasta ahora, en un cuerpo físico y el alma.
Pero no nos quedemos aquí, el alma se dividió en un yo y en tu. Una parte la que pregunta, la que parece un niño inquieto y preguntón; y otra parte que mantiene lo almacenado, el administrador de lo almacenado; pero, pero no preguntemos desde cuándo, por que nos perderemos en los orígenes del tiempo; y ya sabemos que el tiempo no tiene morada, el espacio en sí es como un posta solamente.
Hasta aquí hemos llegado bien, ahora tenemos que sumergirnos en ese cuerpo que tiene el alma, sus partes, sus constituyentes.
Ya hemos estudiado el Genoma, mejor dicho lo estamos comenzando a estudiar, lo mismo hacemos con los genes, sus relaciones, las células, las neuronas, las sinapsis, los quartz, los fotones; y si llegamos a lo más diminuto y con un poco de imaginación nos metemos adentro de eso, y viajamos por el universo, lo que veremos son elementos que giran unos alrededor de otros, en órbitas, saltan de órbita en órbita, ya sean órbitas de elementos materiales e inmateriales. Con seguridad será así porque aún las ideas y los pensamientos tienen algún tipo de masa, de peso, están formados por elementos. Nuestro elemento elegido sería aún más pequeño.
Bueno y si salimos al mundo del universo de los universos, veremos algo parecido, pero en este caso elementos más inmensos.
No olvidemos que hasta ahora sabemos que el número de galaxias es cien mil millones, igual número de células tiene el cuerpo de un hombre.
Es decir que tendríamos que volver ha la tarea que nos proponía Platón. En la primera lección que daba, les entregaba a sus alumnos un papel en blanco y lápices de todos los colores. Les preguntaba que color tiene la hoja, blanco profesor le contestaban. Luego ordena pintar con todo los colores y volvía a preguntar y ahora, nuevamente blanco profesos, le respondían los alumnos. Bueno así es la vida – decía Platon - ella nos da ciertos colores, no todos, y con eso tenemos que hacer un buen cuadro.
Nos quedamos sin palabras para continuar.
Pero intentemos un paso más. En todo esto que vimos, hay algo que se repite, como si fuera una onda básica, un elemento de base; el que hacia lo diminuto no hay limite, y hacia lo inmenso tampoco.
Se siente como si uno fuera andando sobre barro, nos hundimos a donde quisiéramos hacer pie; pero por otro lado esto está, están aquí todas esas cosas que estamos hablando, están presentes ahora.
Pero, pero lo que hemos hecho es una interpretación, representación, como las que comenzaron ha hacer los trágicos como Sófocles. Dentro de nuestra alma hemos interpretado a la vida, al universo, a lo más diminuto como a lo más grande.
Bueno, bueno lo hemos hecho en el alma, en ese recinto que hoy es un escenario, como un teatro en donde le yo es como la luz que sólo focaliza nuestra atención.
En el alma, en la mente, hemos hecho ésta maravillosa representación real o ficticia, yo creo que uno poco de las dos.
No hay duda que el alma es lo que flamea hoy, de esa catedral que hemos o estamos llegando a ser.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 22 de febrero

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lunes, 8 de febrero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 6

MUNDO ESPIRITUAL

Se escucha frecuentemente decir: “Las galerías del Alma”. Es como si uno hablara o quisiese decir cuando habla, que el alma está formada por una serie de galerías subterráneas, andariveles, como si sobre algo se haya formando una cueva de topo, que una vez adentro uno se pierde.
Parece como si el alma fuera un cuerpo esponjoso capaz de almacenar, de contener cosas, que las sumerge dentro de sí, las guarde, para cuando llegue la ocasión. La verdad no es muy errada una concepción así, ya que guardamos y no sabemos a donde, decimos en la memoria, pero ¿donde queda la memoria? ¿En el cerebro? Pareciera que sí, que está dentro de las neuronas, en las sinapsis.
Pero en realidad este espacio debe ser inmenso como para guardar la historia de la persona y porque no la de la especie también.
En realidad deberíamos hablar como memoria, una parte, un órgano, que se comparte entre el cuerpo mudo y el alma, sí es posible hacer esta división. La memoria del cuerpo mudo está en cada gen, en cada célula, en cada órgano, sistema, que lo conforman; siendo el cerebro un órgano coordinador, por qué no decir como un jefe, un gerenciador del cuerpo mudo. Debe ser una memoria inmensa, si contamos la cantidad de células y de genes, con los cuales está constituido, es como lo que se puede almacenar, valga la comparación, en un disco rígido de una PC.
La memoria Ram seria la mente, parte del alma, lo que está a la mano, en la superficie.
Pero aquí entran los sueños, las fantasías, las percepciones, pensamientos, sentimientos, la bendita afectividad.
La verdad que se entra en un mundo en donde es difícil separar; pero tenemos que hacerlo. Hasta no hace mucho tiempo, no teníamos ni idea que el cuerpo estaba formando de órganos, hasta que nos atrevimos a abrir y he ahí nos encontramos con otro mundo.
Tenemos, por lo tanto, de hacer sí o sí ésta división, ésta separación.
Comencemos. El alma es todo aquello que puede ser expresable, no quiere decir que se exprese o no, se dice solo que puede ser expresable a través del habla, del lenguaje, de los gestos; de lo que es expresión del cuerpo.
Vamos bien. Ahora el alma también es la que nos permite pensar, sentir, conmovernos, es como una zona, un órgano que nos permite registrar, relacionarnos, con el mundo exterior y a la vez convivir con aquello que está en ningún lugar, pero que está ahí dentro de nosotros: el ser, nuestro ser, el ser ahí.
El alma como puente, como un puente colgante, en un extremo el ser ahí y en el otro el mundo, los otros, simbolizados por el ser allí.
El ser allí es realmente físico, como nuestro cuerpo, y además tiene alma, formada por el conjunto de seres semejantes. Pero el ser ahí es algo no posible de ser pensado, porque es en sí el pensamiento mismo, el alma allí tiene una función casi sacerdotal, pasiva, como quien esta dentro de un templo y solo se trata con lo que está en el altar a través de los ritos, uno de ellos es la meditación.
Podríamos hasta decir, que el ser allí y el ser ahí, son las alas del alma. El alma compuesto por eso poroso y con dos alas; pero además ésta alma intenta y por cierto con buen existo: volar. Bueno en sí el vuelo es el espíritu. Cuando esa alma esta volando a eso hemos llamado Espíritu.
Ahora veámosla en el futuro, podemos decir que ella está en manos de ese ánimo, de su espíritu, del espíritu; por donde y adonde además cabalga la evolución, es decir tiene un futuro abierto.
El pasado es como el lastre, una carga pesada, pero que además cumple la función de combustible, ya que es como el lastre de un barco que cuando está sin carga, le permite hundirse, así la hélice puede moverse en el agua, logrando el impulso necesario para navegar.
Lo interesante es el hoy del alma, lo presente, ese equilibrio inestable y constante que tiene que lograr para estar, para mantenerse.
De alguna manera el cuerpo es milenario, es realmente un animal que puede hasta cuidarse así mismo; pero, pero este animal ha entrado en sociedad con los otros, con los demás y tiene que cumplir reglas, tiene que saberse comportar, tener educación y cultura. Bueno aquí se puede ver la función del alma, como la parte del cuerpo que lo hace convivir con los demás.
Pero a la vez sobresalir, y no hay otra manera que subirse al carro del desarrollo, de la evolución, y estar alerta, pendiente, atento a lo nuevo.
No es muy diferente a cuando las cosas lo hacen sobresalir, lo hacen hacer notar la diferencia. Bueno aquí tiene doble sentido, uno es el de hacerse notar y el otro es un placer, ya no del cuerpo sino del alma.
Este ser que está brotando, por así decir, del cuerpo, está teniendo sentido, está sintiendo, es casi como un Canciller en el mundo, el país quedo un poco atrás, está un poco lejos, lo que hay ahora en el mundo son almas, presencias, representantes. Bueno eso es el alma.
Podemos ver cómo de la tierra brotó la naturaleza; la planta luego el animal, el animal que piensa, el alma; y vaya a saber que más vendrá; pero no hay duda debemos dejar la puerta abierta porque de una manera u otra vendrá lo otro, es cuestión sólo de tiempo.
Viéndolo así no nos debe sorprender que digamos, que el alma está brotando del cuerpo. Aunque todos se necesitan, pero ya tienen una individualidad, pero además así como el animal rompe el cordón umbilical y deja de alimentarse por medio de la savia y cierra el círculo formando un corazón, que aunque sigue alimentándose de la tierra, pero ya es un astro; bueno así también el alma ya es un astro, si consideramos al cuerpo como un astro también. Dos astros por así decir relacionados, pero astros al fin.
Ahora no nos debe sorprender lo que decía Descartes: “Pienso luego existo” “Siento luego existo” Porque en sí se está identificado como alma y ahora también distinto de las partes del cuerpo como son los genes.
Otra cosa más, sabemos que alrededor de la tierra se producen tormentas rayos, truenos, relámpagos, es en su superficie, es la tierra en sí, pero casi como su piel, una piel que se está yéndose. Como habíamos dicho, es el agua que se quiere ir.
Ahora en el cerebro del hombre se producen las ideas como los rayos, retenidas por el cráneo, dentro del cuerpo, de ese cielo invertido que es el cráneo; pero no deja de ser parte del cuerpo.
Al no poder seguir un sentido, una dirección que indica la vida, la evolución, se sumerge en un mundo virtual, en otro mundo, el mundo de las ideas, de las fantasías. Es otro mundo en realidad, un mundo subterráneo creado en esa galería; pero en los otros también está pasando lo mismo; es decir que el mundo también tiene alma. Por lo tanto además del mundo real de las relaciones hay un mundo subterráneo, virtual, mundo de ese vuelo del alma: el mundo espiritual.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 15 de febrero

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lunes, 1 de febrero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 5

FLUIR

Cuando uno medita, es una manera, una forma de atención, de tener la mente fija en algo o simplemente vacía, mejor dicho tratar de que esté vacía. Es un camino, una forma de percibir a nuestro ser, a eso que está ahí y que tal vez somos en realidad. Lo que hacemos es ir desmenuzándonos, haciendo que eso que está ahí en nosotros sea, sea presente.
Otro camino es el de la poesía, pero aquí lo que sucede es que a medida que uno se va adentrándose, va dejando fluir eso que es. En el momento de la inspiración se deja que eso que ya es sea, sea dicho en el poema, de una forma natural, de una forma sencilla y hasta agradable.
Con respecto a la poesía nos podemos remontar a Esiodo, lo que realmente hace es imaginar a los dioses, les da un orden; una fantasía realmente. Fue como crear un depósito a donde ir poniendo, mejor si decimos a donde vaya fluyendo eso que ya está en nosotros, que tal vez estuvo desde siempre o se fue formando, me inclino por esto último.
De todas maneras hay un ser que está en nosotros y quiere ser. Tenemos herramientas como el yo, la conciencia, el intelecto en si, como para que eso sea. También tenemos la meditación, como a la poesía. Es decir tenemos una serie de caminos para que sea.
Pero eso está también afuera; ya sea que fue puesto ó se fue destilando por lo vivido, por lo experimentado, a través de la vida del mundo o de nuestra vida personal. Ello se fue haciendo de una manera directa e indirecta y en realidad está fuera, es nuestro mundo exterior.
Uno el personal y el otro el que compartimos con lo demás.
Nuestra alma en sí estaría en el medio, seria como un puente entre estos dos mundo, en realidad son universos.
El mundo occidental está tratando de obtener su armonía a través, por ejemplo, del Psicoanálisis u otros métodos. El mundo oriental a través, por ejemplo, del Budismo. Lo que trata, en ambos casos, es obtener equilibrio, paz, armonía.
Le Budismo en si es una Metafísica, respuesta a un mundo que aún permanece desconocido.
De todas maneras son métodos respuestas a través de las religiones, de sistemas o procesos metafísicos, tanto occidente como oriente están tratando de encontrar puntos comunes e intermedios, y con seguridad será así, las respuestas que necesita nuestro ser no son muy diferentes.
Para nuestro interés, es situar al alma como puente, como medio, como camino a que eso que está dentro nuestro sea y eso que está afuera el mundo sea también. Es como tener dos pies para caminar, dos manos para agarrar. No olvidemos que la palabra humano viene de manos, un ser que tiene manos, que obra.
En este caso para el alma, para el alma del hombre sus manos son: una de ellas un ser ahí, la otra un ser allí, el ser del mundo exterior. Bueno he aquí las dos manos, con las que el alma obra, y lo está haciendo, en todo momento, constantemente.
Es una piel flexible, que vibra. El ser del hombre no es solo su mismisidad, es el mundo, es la presencia del mundo lo que hay ahora. Para ser un poco asépticos es un fluir, un fluir entre dos opuestos, en esto no hay mucha diferencia a lo que nos decía Heráclito, no sólo por los opuestos; sino por el fluir como un río, además por algo que estamos dándonos cuanta en estos nuestro tiempo de velocidad, es aquello que: la armonía invisible es superior a la visible.
Y no es que solamente la armonía invisible está en el alma, también lo está en el mundo; y es la que por estar expuesta ante los otros, el no ser nuestra únicamente (nuestra como consideramos a nuestra alma) la rehuimos, le tememos simplemente, porque es nueva. Eso que hoy es, es lo que hoy está y además es nuestro próximo paso; ya no es pasar del agua al aire sino del mundo interior al exterior, al mundo, que allí está fresquito y coleando, como se dice.
De alguna manera el equilibrio, la paz, hasta ahora se logra con la meditación, podemos poner como ejemplo al Budismo, no estamos hablando de religiones. Pero ello es como andar con una sola pata, tratar de obrar con una sola mano, tenemos que encontrar nuestro equilibrio, paz, armonía en el mundo, en nuestro mundo exterior; con los otros ya que formamos parte de un organismo llamado humanidad.
Me imagino lo que pueden estar pensando nuestros formadores, los seres por los cuales somos, es decir nuestros genes. Ellos podrían decir: ahora les toca, les toca perder su individualidad en pos de algo superior: el mundo. Así como nosotros los formamos a Uds., bueno ahora tienen la tarea, la obra, de formar al mundo; ó creen que en Uds. se termina la obra divida de la creación; la obra divina de la creación es una obra inacabable, infinita, eterna, y Uds., solo son nuestros descendientes, por no decir hijos.
Hay un libro muy hermoso de John Paul: “La edad del Pavo”. Realmente esa es mi percepción, estamos en esa edad, en la edad del pavo, estamos tironeados como hijos de padres separados. Y aunque es un poco fuerte esta figura, es así; pero no es que los padres se hayan separado sino que nosotros no sabemos como convivir con los dos, no nos damos cuenta.
La armonía invisible está también en el mundo exterior; pero lo que en realidad está es el medio como estuvo el aire y las circunstancia de que el mar se retiraba, ello nos llevo ha que teníamos si o si que fabricarnos los pulmones, ahora no es muy diferente, el animal que piensa, es decir el hombre, tiene que fabricarse, construirse elementos, órganos, capaces de convivir y en armonía con el otro, con los otros, dentro de este nuevo medio ambiente llamado mundo.
Se ve en los hijos únicos que no pueden o tienen dificultad más que los otros en perdonar porque nunca compartieron cosas, ya que no tuvieron hermanos, el hombre en la medida que se encierra en sí mismo y no comparte con el otro, con los otros, no sabe perdonar y lo más importante no saber perdonarse, aceptarse, comprenderse.
La primera vez que vimos nuestro rostro fue en un charco de agua, pero antes ya presentíamos cómo éramos por la opinión de los demás, los demás eran una especie de espejo para nosotros, y lo siguen siendo, pero ya en una órbita superior, en una órbita como la hélice del ADN o la forma como avanza un tornillo. En este caso nos tenemos que ver en el otro, pero ya como un eco; la empatía, el saber interpretar al otro, lo que el otro está sintiendo, pensando, esa es la órbita superior, eso es el avance desde la primera vista u opinión.
Nos vemos en el rostro del otro, pero el que mira ese rostro ya no soy yo solamente sino que es otro también, mi mirada es ahora una mirada en común unión, en comunión, el corazón ya no sólo está adentro sino es como un fogón alrededor del cual nos sentamos, como en los tiempos de fuego, alrededor de él.
Es ese el corazón de mundo una comunión de los corazones de los hombres, un corazón más grande, de un ser que nos superará, eso realmente es el fluir; nosotros fluiremos.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 8 de febrero

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Gracias. Karigüe

lunes, 25 de enero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 4

PARTES

Las partes del alma. Es el alma algo que ha brotado del cuerpo, y el cuerpo del hombre de la tierra.
Entonces debería tener partes, estar compuesta de partes. Tener como la tierra, una base que es la misma tierra, un elemento exterior como es el agua, otro elemento común como es el aire; tenemos lo común a todos como es el cielo, el universo.
El hombre tiene su cuerpo físico, su sangre, sus ideas y pensamientos. Podríamos decir que la sangre pertenece al agua y que él ó los elementos comunes son las ideas, los pensamientos, es decir una parte a la que podríamos llamar alma.
Pero he ahí que en esa separación constante que se está llevando a cabo en el universo, algo se está desprendiendo de lo que está, de lo que está como base o pedestal.
Vamos sólo a suponer, que lo que se desprende del hombre es el alma, la mente, la inteligencia artificial; que si bien no tendría por qué llegar a ser solo una inteligencia artificial, pero tampoco podría negarse este camino o posibilidad.
Ahora veamos, la tierra tiene elementos y fenómenos, que se combinan, que se relacionan, los cuales han formado lo que es vida. La vida está formando por lo de la tierra, más otros elementos especiales con vida, como son los genes, las células, los órganos, los sistemas.
Muy bien, ahora llegamos al alma, ella esta compuesta por todo lo anterior, es su base y pedestal; pero a la vez tiene elementos como las ideas, pensamientos, sentimientos, percepciones etc. ahora bien debe tener como el cuerpo órganos, partes, sistemas y algo más; algo que la coordine y la haga, le permita ser otra base, donde algo de ella se desprenderá y será lo otro, lo otro que de ella se eleve.
¿Cuáles son esas partes? Comencemos por lo superior, por el cielo del alma; sí, sí, porque es lo diferente que el hombre siente dentro de sí, es una especie de su corazón, en donde llegan las cosas de todos los días, las cosas que vivimos, y en ese órgano se purifican y se vuelven a sus partes, pero ahora, purificadas.
Es lo más elevado que podemos tener, que podemos percibir, es lo que el poeta siente dentro de sí, lo percibe, sabe que existe, pero no puede alcanzarlo, atraparlo, aunque sea por instantes; lo que a veces le queda es poco, es el aroma, la belleza. La belleza es como esa brisa, que acaricia nuestro rostro en un día de verano.
Es como las nubes, pero en nuestro corazón, ellas son parte de nuestra sangre que quiere y algún día lo logrará, desprenderse de la tierra y seguir en esos círculos amplios, más amplios, que nos superan.
Esa sangre evaporada, es la que choca con el craneo de nuestro cuerpo y se convierte en rayos, pequeño rayos, luces, destellos, que se producen en las sinapsis.
Hasta aquí lo físico, algo se transforma; así como de la tierra broto la vida, algo nuevo, algo diferente a ella; bueno en el cerebro del hombre algo está naciendo, brotando, siendo, algo diferente a lo que es vida. Podríamos y en realidad lo hacemos, cuando tratamos de decir que eso es vida espiritual.
Los rastros, que tenemos de eso nuevo, son: la belleza, la vida espiritual, el arte en sí.
Lo que tenemos son sensaciones, percepciones de eso nuevo que está brotando de nuestro cuerpo, de nuestro cuerpo de hombres. Tal vez todavía no tenemos el órgano, como es el cerebro en el cuerpo, que sea capaz de coordinar todo esto que está sucediendo en nuestra alma, dentro de cada una de las partes que la componen.
Pero en carácter solo de imaginar, dentro del mundo de las fantasías, podríamos decir que ese centro es aquello que hemos llamado corazón del alma, allí en donde no podemos mentirnos, ya que siempre ese centro nos dice lo correcto, es como si en cualquier momento o tema que vayamos a él, volveremos con lo que debe ser, fuente de todo lo nuevo, sentido de nuestros caminos futuros, fuego encendido allí en el fondo de nuestra propio oscuridad, que nos da señales; sólo para que podamos ver y seguir.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 1 de febrero

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lunes, 18 de enero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 3

LA BELLEZA

Es la noche, el silencio de la noche, la soledad en que estamos. Algunas veces soñamos, otras recordamos, pensamos; y, es como si el pasado fuera una fuente desde donde nos erigimos, una fuente que nos alimenta desde las profundidades que somos.
Llegamos más adentro, más allá, desde donde comenzamos a pensar, a hablar, a movernos; más aun tal vez a aquellos instantes en que la materia incandescente fue fecundada; tal vez al instante aquel de la gran explosión. Más aun estar, estar sostenidos por esa materia oscura, por esa energía oscura que brota desde el quartz o desde el fotón; más allá tal vez, allí en donde lo infinito es solo una excusa.
No debería sorprendernos tamaño atrevimiento, ya que sabemos de una forma u otra que la materia también tiene memoria; los animales la tiene; la energía con seguridad también. Es como si un gran recuerdo no dejara nada olvidado, sino que todo se sumara a él; y él estaría almacenado, seria una de las raíces del alma, del alma de hombre.
Si la vida en un tiempo apostó al tamaño, a los dinosaurios, cambió con el tiempo apostó a la flexibilidad, a la astucia, a la inteligencia, al animal que piensa: el hombre. Vemos que la parte física del hombre no es lo notable, más aun es un animal no especializado; pero piensa, obra con sus manos, inventa, es un animal que va hacia lo abierto, es atrevido, sagas; tiene un alma, la más desarrollada dentro de la naturaleza.
Un alma que es cada vez más inmensa, porque no sólo él la alimenta desde afuera con las cosas que logra saber del mundo exterior, del universo; sino que ella misma también y a la vez, se expande para dentro de sí, un mundo interior.
Sí, el alma es cada vez más profunda, penetra más allá del tiempo, escucha el silencio que los oídos ignoran, inventa fantasías que no existen en la tierra.
Así el hombre, abierta su alma al mundo, se dio cuenta, encontró al universo ante él, frente a él. Los dioses, las imágenes del dios fue siendo para el aún, pero ahora como el telón de fondo.
Así emprende la búsqueda de un origen, de un punto, de un elemento, desde donde ser. Tales: el agua; Heráclito: el fuego; Anaximenes: la tierra; Empédocles: el aire. Cómo comenzamos a desandar, cómo comenzamos a encontrar en esos nuevos caminos de nuestra rica interioridad. “Solo se que no se nada”: Socrates. Platón, Aristóteles, sentaron las bases de nuestro mundo moderno.
Todo eso como una ciudad. El mundo comenzó a expandirse a fuerza de todas estas almas excelsas; como cuando se fue formando la naturaleza, los genes, las células. Las plantas, los animales, el cuerpo de todos estos nuevos seres estaban siendo formados por genes y células. El mundo por almas.
Ahora el hombre del siglo de Platino, mira a su alrededor contempla un mundo cada vez más bello, más potente, más viril, más hermoso; y, sus almas cada vez más profundas, ciudades de intimidades, castillos ostentosos, sencillos, delicados, simplemente bellos también.
Es como si la belleza fuera una tercera tarea del alma. Si consideramos que la primera fue el hombre, la segunda el mundo, y ahora la vemos atareada creando, formando, la belleza; aunque aún las dos primeras no estuvieran terminadas, acabadas.
Es así el espíritu de alma, aquel ánimo que ha brotado desde ella, desde ese recinto sagrado que habita en el hombre y por el cual él es hombre.
Este espíritu es como un vaho, como una brisa que brota de éste inmenso, profundo y a la vez tormentoso mar: el alma. Esa brisa por momentos nos llega desde lejos y es como una caricia en nuestro rostro, otras es tormenta que abate al mismo mar sobre la tierra, lo lleva siendo nubes, vientres cargados a desovar sobre los desiertos, sobre las ciudades, sobre los campos cultivados.
¡Ay espíritu mío! Eres ahora aire que respiro, aire suspendido en el cielo de este mundo que no podemos dejar de respirar, porque estamos también constituidos por él.
El espíritu es como la mano del alma, con la que ella crea, obra, saca como desde la nada su nuevo alimento: la belleza. Alma profunda desde donde todo es, es en nosotros.
Y el hombre en su afán, en su deseo de verla, de contemplarla, se distancia de ella, necesita el foco, la distancia adecuada para verla; y bien aunque cueste reconocerlo, esa, eso mismo es el dolor.
El dolor profundo que siente el hombre en las profundidades de su ser, de su corazón, ya que de una o otra forma está sintiendo, presintiendo, la belleza. Esa belleza parecería que es recuerdo, parte del gran recuerdo almacenado en nuestra alma, ese gran recuerdo es su corazón y él más que el yo o la mente, reconoce como suyo, siente que algún momento lo vivió, ya que lo que hace el joven e inquieto espíritu es solo desempolvar, describir, desvelar, lo que siempre está, lo que siempre ha estado.
He ahí, que desde esos tiempos el hombre está sintiendo que fue echado de algún lugar en el que fue pleno, feliz; en donde eternidad e infinito solo son palabras para expresas, para reclamar aquello que nos pertenece, ese paraíso, el paraíso. Y aunque resulte trillado, es la belleza un rastro, una huella, de él.
Es la distancia el alma de la belleza, porque podríamos entrar sin reconocer, sólo porque presentimos, y ser uno con la belleza; pero el hombre de la era de Platino, se detiene, se para, frente a las cosas, frente al mundo, frente al universo y al gran recuerdo; y quiere ver, verificar, entonces sí se distancia, se va al desierto en su búsqueda, se retira a su soledad, esa que sólo da la noche y allí, y desde allí la contempla, ve, ve ya la belleza creada por el alma: su obra.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 25 de enero

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Gracias. Karigüe

lunes, 11 de enero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 2

COMENZAR

Ríos profundos, ríos del alma; nacen puros en las alturas del corazón, de esa fuente cristalina desde donde brota la vida. Parte llega del cielo y otra parte el sol del mundo, el mundo convertido en sol, derrite lo almacenado.
Baja el agua como hilos de sangre, entre las piedras, los arbustos; se van juntado los arroyuelos, como niños que quieren jugar; las montañas sólo son pliegues, repliegues que la tierra tiene, que la tierra hace, para retener el agua, embalsamada en el mar.
Pero es el roce, es el contacto del agua con la roca, que ha la misma roca, a la misma tierra endurecida, encallecida, la fecunda también. Ve entonces las montañas vestirse de verde, velas cómo les crecen arbustos como cabello que se ondea con el viento, con ese viento indiferente que se abate sobre la piel de la tierra y del agua.
Luego se juntan, como sentimientos tempranos, con esa alegría que tiene el arroyo, que tiene el amanecer de la madre naturaleza.
Ve entonces cuando se detiene, cuando los cerros lanzan manos desprendidas y hacen, forman, con el agua, esos pequeños lagos de altura. Ve también como la alegría de la niñez se convierte en juventud; es el mundo, es la familia, la cultura, que al niño lo hacen explayar, lo detienen y lo abren, lo educan.
He ahí ese pequeño lago, en donde el agua brilla; como brillan en los vientos de Agosto los eucaliptos de mi casa materna, o las polleras de gitanas, las lentejuelas de las polleras de gitanas, agitadas con el sol.
Pero el agua, el tiempo, la vida, no pueden quedarse en un lugar mucho tiempo; más aun no se quedan quietas nunca. Es así entonces que esos pequeños lagos andinos solo son tiempo explayado, vida abierta, espejo de agua en donde juegan el viento, el sol y las piedras, como lomos azotados.
Materia bendita, tierra bendita, lomo, que nos da vida, pero que nos lleva arriba de su lomo siempre; nos sostiene y nos alimenta.
Luego baja el agua, el tiempo avanza; y, los desiertos como alma antigua, comienzan a beber. Maravillosa unión, impenetrable acto, en el cual los desiertos son fecundados nuevamente; en el cual el alma, el alma del hombre comienza a ser, a despertarse, animada por esa vida nueva que ha bajado de las alturas del corazón.
Nuestra juventud, nuestra madurez y la muerte misma, pareciera que sucede en esa planicie de arena y tiempo, que es mundo. Ya en el mundo habitamos valles, quebradas, desiertos, moradas temporales en donde el habla nos trae, nos lleva, nos combina, para que seamos, para que seamos más. Parece un corral y un campo abierto y fértil en donde un pastor nos cuida, nos regula y después saca la leche y nuestra carne, para que alguien se alimente.
Solo los arrieros, los aventureros, vuelven a las montañas, pero ya no como arroyos sino como sed de ser otro, carreteando por esas pistas curvas que son las siluetas de las montañas, para volar, para desprendernos de estas leyes físicas que nos ahogan; cómo ganado que cumple una ley biológica, un destino casi marcado.
La vida llegó, fertilizó a la tierra desértica; a esa alma antigua, para rejuvenecerse. El arriero de ella es el espíritu, ese ánimo brotado de ella; de ella que lo retiene desde siempre en su vientre; pero al despertar solo algunos espíritus emprenden su camino hacia las montañas azules, hacia eso picachos cubiertos de agua blanca, esos mantos blancos lo incitan, lo provocan al vuelo.
He ahí al Cóndor, al Águila, al espíritu, jugando como niños en las alturas, soñando, creando, formando figuras en el cielo, en las nubes, allí siempre allí, en donde haya juego.
La tierra antigua, el alma vieja, miran a sus niños, los cuidad, los reciben cuando las tormentas los derivan, y los vuelve a lanzar al vacío. Son madres que saben, que ya conocen por lo vivido, que solo en las alturas está, brota, lo nuevo; en esas alturas en donde el corazón del hombre roza y bebe el néctar puro, que el dios entrega como lágrimas o como rocío.
Es el alma, mi alma, la tierra de mi espíritu, tierra vieja, sabia, que todo lo almacena. Como esa araña preñada, que comen y comen, hasta morir, y ser alimento después, de sus criaturas. Es así la tierra, es así el alma.
Cuando queremos comenzar ha hablar de la tierra, no paramos, y además no tendríamos el tiempo del mundo, para describirla.
Así también es el alma, más aun ella se sumerge en la tierra su origen; de la tierra ha brotado, de las raíces de la tierra, más aun de las raíces del universo.
Y ella como una diosa que almacena, que retiene, a flor de piel, casi cerca de la palabra. Almacena y tiene almacenado la historia del universo, de los universos.
Que tarea ardua será el tratar de hablar de ella, de describirla, de querer entenderla.
Mi alma, la que desde niño ha relucido como una morada de sueños, de anhelos, miedos y esperanzas, está allí como un recinto, como una casa materna, en donde todos los días la madre enciende el fuego y prepara los alimentos, dejando ese perfume, ese olor a hogar.
Ella mi alma temprana fue como un lago, un pequeño lago o estanque en donde me bañaba y jugaba, nos sabía de los ríos profundos que la alimentaban, ni del mar, ni sabía que ella solía convertirse en nube.
Esa es el alma, mi alma que amo aún, el alma de mi niñez. La otra, la inmensa la estoy tratando de conocer, conocer a través de describirla, de desmenuzar el dolor de mi corazón y su alegría; porque ella es como el agua que solo cambia de estado o de función o simplemente se esconde entre las cosas, en las cosas, y desde allá me mira, como diciéndome, allí estoy, pero tu tienes que decirme, cómo soy allí.
Hermosa tarea es el escribir sobre el alma, porque no sólo es hablar de uno sino del mundo, del universo y de los universos también.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 18 de enero

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Gracias. Karigüe

lunes, 4 de enero de 2010

Libro “El Alma” – Capítulo 1

"A partir del día de hoy comenzaré a publicar todos los lunes los primeros diez capítulos del libro "El Alma".

Karigüe
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TAREA

Si el cuerpo viene con una cierta constitución. ¿Por qué el alma, su alma, no debería venir así, también?
Miles, millones, de seres los conforman, los determinan, los constituyen.
Crisol divinamente humano, animal que encierra dentro de sí un universo. Cada gen, cada célula, van formando los órganos, los sistemas, desde el nacimiento; van formando, van formando también, los órganos, los sistemas, del alma.
Al cuerpo en si, lo hemos llamado cuerpo mudo, hasta que comenzó ha hablar, a nombrar, a describir, a ordenar, a crear eso que después llamaríamos el ser, el ser de ese animal que habla.
Dentro de ese crisol que es el cuerpo, se funde: lo recibido y aquello que vayamos recogiendo por la vera del camino que nos ha tocado vivir, y además lo que cosechemos en esa parcela que nos dan y ó que pudimos lograr, arrancar podría ser la palabra, al mundo.
Si bien el mundo está dentro del universo, nosotros vivimos primero en el mundo y si somos capaces podremos vivir en el universo también. Esto quiere decir que tenemos la posibilidad de lograr ver al mundo desde afuera, desde el lado puro del universo.
Lo que vemos es un poco menos de lo que sabemos y lo que en realidad sabemos es solo la punta del iceberg que es nuestra alma.
El crisol es algo sólido, casi sin fisuras, así se tiene que conservar a lo largo del tiempo asignado. Se puede ver como se derraman algunas almas, como se van antes de tiempo; pero es por el cuerpo, por las fisuras del crisol, por donde se va la existencia de los dos.
¿Podríamos hacer una división entre cuerpo y alma? ¿Son diferentes, de diferentes naturalezas?
Qué podemos decir, que respuesta podemos dar si estamos adentro; sí además de los dos ha brotado ese yo, esa presencia sutil y a la vez potente que es nuestra voluntad de ser. A esa voluntad la hemos llamado espíritu.
Tal vez el hombre es espíritu, brotado del cuerpo y del alma; como es la naturaleza, brotada de la tierra y del agua.
Ahora la naturaleza cubre a la tierra, pero sigue necesitando de las dos fuentes que le dio vida. Ahora de ella han brotado las plantas, los animales; y de ellos, en ellos, está brotando el alma y tal vez de esa alma, de esas almas, está brotando el espíritu.
Un encadenamiento formada de eslabones espiralados, como es la forma, como tiene la forma el ADN del cuerpo de los seres vivos. Es importante hacer notar que hasta aquí no hemos hecho diferencia de plantas y animales, solo decimos seres vivos.
La función de cada gen, de cada célula del cuerpo de los seres vivos, es hacerlos durar, permitirles ser, estar presentes, a la vez ellos también logran permanecer: La pregunta inmediata es: ¿No es así el mundo, también?
Ellos han creado al cuerpo, nosotros estamos creando al mundo. Qué tarea titánica la nuestra, que tarea titánica de aquellos que nos conforman.
Podemos ver, analizar, entender, estudiar, al mundo; y él nos sorprende día a día: guerras, masacres, amor, delicadeza, todo un conglomerado de cosas, como si fuera un crisol en plena ebullición, en donde se mezclan una variedad inmensa de elementos, de materiales, de seres, para lograr mantenerse vivo, existente. El mundo, esa criatura que hemos sido capaces de formar.
¿No sentirán, no verán, no entenderán los genes así, al cuerpo, al cuerpo mudo, más aun ahora al cuerpo mudo que habla?
Hermosa visión podríamos tener si por un momento nos imaginamos ser un gen, una célula, un órgano, un sistema.
Hay como un eslabón, podríamos decir perdido, mejor si diríamos casi invisible. Ese eslabón es aquel que permite que el cuerpo sea alma y el mundo sea eso otro que estamos construyendo. Debido a nuestra falta de visión no podemos ver todavía, es como un semi – eslabón, que trata de cerrarse arriba de nosotros, allí a donde va, a donde crece, a donde se expande el mundo.
Porque en sí el alma debería ser el eslabón que une el cuerpo mudo del hombre y el mundo, y el mundo debe tener algo como una alma, abierta al vacío, tratando de cerrase.
Nuestra situación de angustia, la angustia sin nombre, la por ahora existencial, es el no poder ver, encontrar la forma como el mundo, cómo los seres que lo conforman.
Es una tarea titánica para los genes enfrentar, luchar, contra los nuevos virus, las nuevas bacterias, los nuevos peligros que a diario están enfrentando. A nosotros también, lograr, cuidar la retaguardia y enfrentar los nuevos peligros que a diario se crean en el mundo; es fácil verlos en nuestras familias, en nuestros trabajos, en las comunidades, en las sociedades, etc.
No es tarea fácil para lo genes, para nosotros tampoco; pero ellos lo están logrando desde hace unos tres mil millones de años, nosotros tal vez quinientos mil años, es muy grande la diferencia, en cuanto experiencia.
¿Por qué podríamos pensar que los genes no intervienen también en las decisiones del mundo? Seria bastardo de nuestra parte, no darles su lugar en esta formación del mundo. Y en honor a la verdad debieran, mejor dicho, están interviniendo los elementos, desde siempre, pero mejor dejémoslo así, para no perturbar nuestras mentes; para lograr así que nuestra alma se concentre en solo algunas cosas, de esta forma lograr un buen resultado.
En este pequeño pantallazo de lo que es el alma, vemos la grandeza de ella, lo inmensa que es, lo compleja que es; pero para llegar verla hay que salir aunque sea con la imaginación afuera de ella y verla. Vernos, así nos vamos a comprender y lo que es más importante perdonar aquello errores que solemos cometer, porque en sí nuestra tarea es enorme, inmensa, de la cual también conocemos sólo la punta, la punta del iceberg que es nuestra función, nuestra tarea diaria.

Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 11 de enero

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Gracias. Karigüe