miércoles, 31 de julio de 2013

Poema - Lucha

debajo del puente solía ver el
agua correr

avanzaba como presurosa, como
si la pendiente, la caída, la
empujaba hacia abajo

como si escuchara el llamado
del mar, mientras la tierra
árida extendía sus tentáculos,
eran los hombres hambrientos

aquellos camayos que colocaban
piedras como dique para
que el agua se desvíe

la veía como cuando una
madre ve a su cría que la
devoran, la consumen

me imaginaba entonces la
razón por qué el mar rugía.
Karigüe

lunes, 29 de julio de 2013

Libro "Z" – Capítulo 29


ARMONÍA
Pareciera que las cosas están, están allí, como esperándonos; pero no es así las cosas son, aunque no estemos los que las nombran.
Pero hay algunas de los cuales somos lo creadores, los labradores, lo pulidores, los transformadores y muchas veces los destructores, los eliminadores.
Las cosas producidas por la técnica, la ciencia, como un florero, un auto, una casa, una pista de patinaje, una pista de sky, y tantas otras; todas ellas, las creadas por el hombre, por lo general tienen una utilidad, para él, le sirven y este ser las usa en su provecho.
Son fabricadas por generaciones tras generaciones, se van puliendo, perfeccionando, ya sea en la forma o en material de la cual están hechas, y así será hasta el fin de los tiempos. La mayoría de las cosas creadas además de ser brotadas de forma lenta y pausada; son creadas, también por la casualidad. Ese caos que es y que está presente siempre, como motor para que las cosas no solo se creen, sino para que cambien.
Pero el hombre tiene cosas que son creadas totalmente por su trabajo, dedicación, persistencia y hasta se podría decir amor; que no dependen del caos, sino que ellas son caos transformado en armonía.
La palabra armonía es un de las mas bellas creaciones del hombre, más aún creo que esta palabra lo guía, lo lleva, de y por la narices a crear a fundar un mundo. Una morada de paz y plenitud.
Una obra de arte, ya sea un cuadro, un poema, una melodía, una escultura, etc., son y le pertenecen nada más que al hombre; como obras, no como objetos.
En ellas el hombre se resume, se condensa, hace destilar su espiritualidad. Eso que es, que siente que está siendo; pero solo a través de la inspiración las puede extraer, sacar, desnudar, separar: lo que es vida, lo que es naturaleza y lo que es él: Un ser espiritual.
Un ser que está descubriendo, que esta desnudando, lo que es; pero no en él, porque no se puede mirar, observar directamente, necesita de un espejo; bueno ese espejo son las cosas creadas totalmente por el, las cosas u obras de arte, las partes que componen el mundo espiritual.
El espíritu siempre está antes y después del hombre. Está como lo que tiene que recordar, pero a la vez está cómo lo que tiene que hacer, realizar, labrar, extraer.
El hambre y la sed le pertenecen al cuerpo físico, al alma la reflexión, la caridad, el amor; al espíritu la obra, la obra inacabada que es el mundo. El espíritu como dinámica del mundo.
No es en si la insatisfacción lo que al espíritu lo mueve; el espíritu tampoco es una boca abierta como el mundo.
El espíritu en esencia somos. Es lo más nítido y a la vez lo más profundo, es el antes y el después. Nosotros solo su expresión, más aún su representación.
No es el ser, el pensar. El pensar es solo un instrumento, un tentáculo, un brazo extendido, un sentido. Algo que se siente y por lo tanto se realiza; por lo tanto no podemos ponerlo a definirnos, a describirnos con él. Aunque en si no tenemos otra cosa, otro instrumento para saber por ahora de nosotros, algo de lo que somos. No por ello debemos atribuirle y confundirlo como ser o simplemente como espíritu.
El espíritu es algo que se arroba por entre los hombres, ya sea como comunidad o como ser ahí, ser en sí. Tenemos la obligación, como que somos parte solamente, decir y pensar no solo en el ser ahí, ahí adentro sino en el ser allí, el ser que se despliega en el mundo; ya no sólo dentro de nosotros, sino afuera también.
Es verdad que yo siento, yo soy, yo siento mi mismisidad, mi ipsidad; pero a la vez no puedo negar que el espíritu, aún el espíritu de la vida o del mundo, también habita en las cosas, en todas las cosas; aunque brilla, aunque los podemos ver con más claridad en las cosas del espíritu, en las cosas espirituales, en las cosas creadas sólo por el hombre excluyendo ya sea a la vida o al mundo.
Lo personal, lo de cada uno, es lo que es realmente de nosotros, seres avaros. Producto de esa avaricia, condenable por la ética, somos; porque algo le robamos al río de la vida, y con ello regamos nuestro jardín, nuestro campo, nuestro mundo nuevo.
Sí lo que queremos ver con claridad somos ladrones de vida, robamos aquello que pasa por nosotros para construir poco a poco un castillo, una morada, para habitarla, para detenernos aunque sea por instantes. Para luego volar; para luego elevarnos y volar ya sea en el sentido del río de la vida, del tiempo, o en el sentido y dirección que nos indique eso que ha crecido, y que es nuestro, ese nuevo viento, esa brisa fresca que por ahora solo nos deleitamos, solo hemos llegado a deleitarnos.
El vuelo del cóndor. Esa aparente inmovilidad, ese dejarse llevar por los vientos, por las corrientes de viento; como lo hacen los veleros; pero estas corrientes son más sutiles, más altas.
El aire, la atmósfera es un mar, un mar de aire. Nos retuvimos, nos detendremos en la orilla de los ríos sólo para invernar. Somos para que el espíritu sea otro, para que el espíritu se trasforme de gusano en mariposa y pueda levantar vuelo, pueda elevarse de sí, romper las cadenas de Prometeo, los clavos del Cristo.
Entonces si en el aire, como cuando uno está escribiendo un poema; como siendo Descarte, pensó que podía romper las cadenas de los diablitos, de esa dudas que lo corrompían al hombre y sentir que era él, lo más nítido hasta entonces; luego la vida en el hombre se abrió al mundo, y el mundo entró en el, un mundo ya maduro como fruto. Desde entonces somos una simbiosis hombre - mundo.
Una simbiosis que está levantando vuelo, que está rompiendo cadenas, volando, elevándose de sí; si por sí consideramos al hombre que piensa y al mundo que se crea. Ambos no dejan de crecer, no dejan de formar al niño, a la criatura nueva, al cuerpo de la criatura nueva, al Saratustra, de Nietzsche, al Hiperión de Hölderlin, etc.
Pero a la vez a esa criatura le está creciendo, se está formando dentro de ella un alma nueva. Y dentro de esta alma, de esta piel sensible, dúctil, transparente y a la vez impenetrable, está brotando aquello que anuncian, como trompetas la música de Bach, aquello que está gravado, impreso, en los cuadros de Vangho, y escondida, escondido está aquello que brota ya no dentro de los cántaros que se dicen a sí mismo representado, sino que salta entre estos cántaros. Estos cántaros como neuronas, lo nuevo como sinapsis.
No hay con que describirlo porque las palabras se han enquistado, si bien estos cántaros son metáforas muertas; siendo eso, esto nuevo, palabras muertas. Palabras que nos dejan, que dejan de sí la antorcha de la vida nueva, de lo que estamos siendo.
Solo tu o yo tenemos que tomar esa antorcha y seguir corriendo, seguir avanzando sobre aquello que nos atrae, el siempre nuevo, el espíritu del después; pero corriendo, avanzando no por insatisfacción sino por placer.
El placer que brinda la armonía.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 5 de Agosto

Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a Juan.Karigue@gmail.com.
Gracias. Karigüe

viernes, 26 de julio de 2013

Poema - Lo profundo y lo alto

esos sentimientos puros que
brotan en tu corazón
son como perfume de la tierra
que se condensa como gotas
de rocío, como uva del racimo
que después será vino consagrado

es como si nos abriéramos camino
por entre la maleza de nuestros
pensamientos

es la misma fuerza de la naturaleza
que nos sobre pasa y nos
espera adelante como sombra

solo corta los tallos no las
raíces, ellas servirán parea
que cubran aquello que
no puedes ver

seres periférico somos,
lo profundo y lo alto
solo aparecen en nuestros sueños.
Karigüe

miércoles, 24 de julio de 2013

Poema - Lo prematuro

caminas como si llevases a
mundo sobre tus hombros

¡Ay pequeño Atila!

todavía se escucha los cascos de
tus caballos sobre el mármol de
los romanos

piel de serpiente que cambia
de forma y colores, pero nunca
deja de ser serpiente

mundo, humanidad, ¡cómo
nos desprendes! como escamas
de tu piel

y si aún se enrosca alrededor
de su vientre, aún así será
clavada sobre la cruz

el abrazo es algo prematuro.
Karigüe

lunes, 22 de julio de 2013

Libro "Z" – Capítulo 28


LA PALABRA POETICA
Las circunstancias están, están los motivos también, lo mismo que las pasiones, los vicios, las debilidades, y todo aquello con lo que un individuo está relacionado y muchas veces preso.
Las adicciones se nutren de la debilidad, del miedo, del temor o simplemente de las costumbres. Se hace porque eso es así; porque una cosa lleva a la otra, y así seguimos ritos, formas repetidas.
La costumbre se combate con otra costumbre, con otra forma de hacer, de relacionarse, de construirse, de movilizarse. Una adicción, una costumbre se combate, pero más que se combate, se reemplaza con otra costumbre.
Con el ver, contemplar, reflexionar sobre las consecuencias, sobre los resultados de tales malas costumbres, se podrá ver las consecuencias, que casi nunca son agradables.
Lentamente entonces, nosotros los animales de costumbres debemos ir reemplazando las costumbres que no nos hacen bien, que atentan contra nuestra naturaleza, contra nuestras relaciones con los demás.
Cuando se tiene un mundo rico, cuando nos damos cuenta que las cosas que hacemos, realizamos; todo ello se va aglutinado, se va formando, haciendo de la persona, el individuo: un mundo. Es bueno ya ir pensando que el hombre es un mundo, y el animal, y el cuerpo en el cual él se sustenta, es un universo.
Dentro de un cuerpo se erige una persona, dentro del universo se erige un mundo: el mundo.
Es interesante y agradable tratar de ver a la vida florecer, erigirse sobre la tierra, como si ella fuera un germen extraño, externo a esta, a la cual lo solemos llamar nuestro planeta.
La vida como vida, como elemento que se reproduce, que tiene memoria, que guarda, que conserva dentro de sí, en los genes, en las células, lo conseguido, lo logrado, lo alcanzado; para de ahí en ti en lo de ahora, sea; seamos un trampolín desde donde ella, la vida se eleva, se erige, se trasforma, para ser otra. Una continuidad que se puede ver, observar, contemplar, ya sea dentro de nosotros como afuera.
No vemos, no podemos ver, que la tierra se transforma en vida, como tampoco podemos ver que nosotros nos transformamos, vamos siendo otra vida: Una vida espiritual, etérea, invisible.
La idea, el pensamiento, son elementos, son átomos, quartz, si se quisiera ver así, como elementos básicos, elementales de lo que estamos siendo.
Yo soy, yo siento que soy así, de esta forma, con estas virtudes, con estos vicios, con estas debilidades, con estas fortalezas. Algo que se planta así y dice: yo soy. Pero ¿de donde ese decir? ¿Cómo ha llegado ese decir a ser, a ser contemplado también?
Algo que es, algo que se mira, se observa, y algo que se sumerge y calla. Algo que siendo vuelve a la paz, al silencio, a la quietud; las sirenas de Mallarme, las que nos llaman, las que nos animan, sumergiéndose, elevándose; siendo ángel y demonio a la vez, siendo vida y muerta: espejo de lo que somos.
Yo soy, yo pienso, yo me siento. Hemos vuelto a sentir, una ola más, ya no es el roce, como en los tiempos primeros, roce que era, que provenía del universo. Ahora ese roce es entre la persona, el individuo y el mundo.
Mundo como una nueva morada. Ya no aquella de adobe, de barro y paja, sino un mundo de muros invisibles, de relaciones temporales, de cosas, de bienes, de logros, de desaciertos, entre los seres existentes; entre aquellos que han logrado mirase en el espejo del agua primero y luego en el espejo del alma, de ese conjunto de cristales, de rombos, de prismas, que están orientados en las miles de direcciones por donde vienen los otros, ya no los soldados enemigos, sino todo aquello con lo que estamos relacionados y que sin darnos cuenta la mayoría de ellos siguen siendo nuestros enemigos. Muchos de ellos, con muchos de ellos hemos emprendido luchas, las luchas inútiles que hace un tiempo nos lo advertía Hölderlin.
El hombre espiritual brota, nace, del mundo; como la vida brota de la tierra.
No alcanzamos ha ver, a contemplar, ni inclusive estudiar, porque eso está delante de nosotros. Eso que está siendo. Inclusive la razón es solo un cristal, un prisma, de ese ojo, de ese espejo en donde lentamente no estamos contemplando.
Pero volvemos a sentir, tal vez eso somos aquello que siente, y reacciona con el sentir, para aceptarlo, para rechazarlo; pero ese, ese sentir es el que nuevamente nos despierta, el que está siendo, siendo en nosotros como algo que reacciona desde nosotros, como un eco; siendo solo formado, por ahora, de ecos, lo que a lo lejos vemos elevarse como un castillo, como una montaña, como un bosque.
Otra morada, otra cáscara de cebolla se está formando delante nuestro casi enfrente de nuestras narices; pero que todavía no lo podemos ver con claridad.
Roce con lo nuevo y reacción, como ola que nos eleva y nos arroga sobre la playa, sobre la arena. Sobre esas rocas diminutas, molidas por el tiempo. Barro somos nuevamente, pero un barro hecho de roca y agua; la tierra, el polvo no retienen, la roca hace nosotros catedrales erigidas. Plataformas sólidas y agua, agua convertida en vino, que nos hace soñar, que hace de nuestros sueños, imágenes, imágenes en movimiento, que hace, que construyen la imaginación. Esas alas; alas de Cóndor que nos hace volar, que nos hacen planear en el vacío.
Plataforma es el mundo desde donde volaremos; desde donde emprenderemos nuevamente el vuelo. Nuevamente tendremos que romper, la interminable cadena, cadena formada de eslabones, como son las raíces, como son los sueños, los miedos, las pasiones, las adicciones, las costumbres.
Algo rompen esta cadena, estas costumbres. A veces hemos tratado de nombrarlo como el espíritu, como aquel animo que nos anima a seguir, aún caídos, aún vencidos, aún sumergidos nuevamente en el barro.
El Ángel es nuestro sueño, la imagen del sueño que estamos soñando, son nuestras alas; y las palabras, el lenguaje nuestra forma de aferrarnos a eso nuevo, a ese espíritu que nos habla en su idioma.
Y nosotros entre nosotros, hablando, conversando en otro idioma, en un idioma todavía como un animal que se arrastra, mientras el espíritu vuela. Nos atrae desde las alturas, y nosotros nos arrastramos como reptiles.
Pero hay una parte nuestra que mira a los dos mundos. Al mundo de la naturaleza y del espíritu, y los une, forma un entretejido como lo hace la araña. Una red, una red tejida con palabras como alas; con palabras que en si dicen hablan de lo que estamos siendo, en cántaros de barro.
La palabra poética.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 29 de Julio

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Gracias. Karigüe

viernes, 19 de julio de 2013

Poema - La mesa

los pensamientos son tuyos
los reproches también

tal vez una neurona se siente
superior a una célula de la uña

pero es que te haz olvidado que
la unidad es algo que está siempre
aunque tu no la presientas

luego esos momentos en los
que quieres perdonar, todos
se sientan alrededor de la
mesa para verse el rostro

que a alguno le falta algo
que a otro le sobra, nadie
piensa en ello

la mesa es como el fuego
más aún lo tiene atrapado

la mesa es al mundo
como el fuego es al hombre.
Karigüe

miércoles, 17 de julio de 2013

Poema - Fachada

cuando encuentras nuevamente
alguien de tu pasado

es como si volviera y te tocara
la puerta para entrar

lo dejas y es como un torrente
que te inunda de cosas que
dejaste de ver, sentir y soñar,

nos desprendemos como la
piel de una serpiente y
creemos olvidar

Nada se olvida, todo permanece
aún allí en el fondo de
tu ser, esperando solo
la o0prtunidad de volver

somos más pasado que presente
pero es la fachada que ve
las personas cuando pasan por tu casa

lo de adentro es tuyo
y de nadie mas.
Karigüe

lunes, 15 de julio de 2013

Libro "Z" – Capítulo 27


ESPIRITU COMO NECESIDAD
Hay tormentas, convulsiones, estremecimientos tales que no podemos soportar, que no podemos controlar, regular, y muchas veces no podemos convivir con ellos.
Son cosas que suceden, que tiene la vida, que son parte de la vida; vida como algo que está ahí, como algo brotado del medio, nacido de él, y creado por él.
A qué llamamos entonces medio ambiente: a todo lo que nos rodea, a las cosas, a la vida, a la naturaleza, a los elementos, a los fenómenos y a todo de lo que estamos relacionados y dependemos además.
Necesitamos del aire, del sol, del agua, de la tierra, de los alimentos que brotan de la tierra, necesitamos de los otros, de aquello con los cuales nos relacionamos, de aquellos que dependemos también.
En dónde está nuestra participación, nuestra presencia, que de por cierto no es la misma que las de los otros. Un pino, una nube, un sauce, una roca, una gaviota, un hombre; todos están aquí, están como producto, pero a la vez son los que sostiene, los que mantienen, que las cosas sean así.
Que no son imprescindibles, eso ya lo sabemos; pero son y somos participes, células, si se quisieran decir así, de lo que está aquí, necesarios, pero no suficientes, y a la vez imprescindibles.
Es decir que hay algo más grande que estos elementos, que estas partes que están ahí, que vive ahí, y de lo cual no tenemos ni la idea, ni el presentimiento, ni menos la presencia.
Una uña no debe tener conocimiento, ni percepción, ni menos entendimiento (si suponemos que la uña, pueda tener algo incipiente de todo esto); pero a nosotros nos pasa los mismo, por mas que seamos los que piensan, los que observan (deberíamos definirnos así).
Partimos de una primicia interesante que es la de decir. Es decir usar, usando el lenguaje, las palabras; para decirnos, yo siento, yo soy.
Es decir que ante todo ha tenido que existir la palabra primero, luego la pregunta; la pregunta después de habernos visto en el espejo de un río o de un lago.
Mirar, mirarnos, fue lo primero; aunque ya teníamos presentimiento de nuestra presencia por medio del otro, de aquel que nos atacaba o huía, o rozaba, o amaba u odiaba.
Fuimos teniendo recepciones, captábamos por medio de los sentidos la existencia de lo otro y de nosotros. Hicimos una división, tal vez fue antes o poco después de habernos convertido en hermafroditas y de haber roto después esa unidad.
En este campo, en este tema también existe el latido, debemos de haber sido primero hermafroditas luego nos expandimos en la división, a través de la división de a dos o más, así sucesivamente como una factor multiplicador, llegamos a lo múltiple, luego la contracción, la introspección, el volver a la autogeneración, como será dentro de no mucho tiempo.
Es decir, siempre un latido esta presente: lo existente. Un latido, no en si los contrarios sino una sucesión de hechos de fenómenos, de cosas que cambian, para llegar al otro extremo y volver. El cambio de los extremos como una sucesión de puntos cada vez más infinitesimales, cada vez más pequeños. Cambio o fenómenos, tan diminutos, tan posible de ser divididos, como son divisibles la materia o la energía.
Es decir que aquí estamos hablando de un tercer elemento, los fenómenos, no en si ya solamente la materia y la energía, sino los fenómenos.
Fenómenos posibles de ser medidos, como fenómenos imperceptibles, no siendo posible ni siquiera la percepción, sin embargo existen, están y actúan constantemente sobre lo existente, más aún son los cambio, los sucesivos movimientos, los sucesivos latidos, lo que crean la energía, los que crean y forman la materia.
Fenómenos como el pensar, el sentir, el amar, el odiar, el sufrir, el gozar, el temer, el luchar, el huir, el soportar, el resistir.
Bueno todos ellos han creado, han formado dentro de nuestro cuerpo una materia capaz de pensar y de sentir, y la destilación de afuera hacia adentro, como si hubiera un elemento extraño, un elemento catalizador, hace, permite que de ellos, de esta suma de fenómenos brote un yo, brote el yo.
El tema es que no tiene necesidad, ni su naturaleza lo requiere, que nuestro yo tenga un lugar físico ya que es un fenómeno. Es decir si buen lo ubicamos en el cuerpo, sabemos, sentimos que es algo etéreo, que puede estar dentro del cuerpo es cierto, pero a la vez puede viajar por el tiempo y por el espacio sin que por ello abandone su morada.
Con el bendito yo podemos mirar, contemplar y aún describir; porque desde la percepción del otro y desde la observación de la parte física de nuestro cuerpo, nuestro bendito yo está allí. Es como un ojo mutable que pueda estar por momentos dentro nuestro como afuera. O puede mirar y contemplar el pasado, imaginar un futuro y soñar, soñar huir de esta su realidad y ser otro también, otro al que las circunstancias lo requiere.
Los fenómenos del rayo, de la nube, de la lluvia, pueden estar, pueden brotar en cualquier parte del globo terráqueo, aunque en algunos lugares la hace con más frecuencia que en otros, pero sabemos que los fenómenos están, existen, brotan de las consecuencias de otros fenómenos. Solamente pensando en un de ellos nos sumergimos en el origen de todos ellos, en los fenómenos elementales, tan elementales como puede ser un quartz para la materia.
Pero lo importante es que para nosotros existen como fenómenos que lo registramos, en su aparición. ¿En donde están? ¿En donde habitan? Eso no lo sabemos, sabemos solo que brotan en cualquier lugar y que en algún momento comenzaron a existir dentro de la tierra y que en algún otro momento dejaran de aparecer, dejaran de existir.
Es lo mismo que pasa dentro de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro, de nuestra mente.
Están aquí. Estamos aquí
Y pertenecen y pertenecemos a un cuerpo superior, a algo que todavía no podemos ni percibir, ni entender, ni siquiera imaginar y como metáfora tanto en el cuerpo superior como en nosotros ó dentro de las partes que nos componen, se está sucediendo los fenómenos, esos que mutan de energía en materia, y se mueven, y que se mutan, como el día y la noche, como las estaciones, como la edad, como la vida de los planetas y de los universos.
Los fenómenos suceden como en capas, como en cáscaras de cebolla, como en órbitas, y una de esas órbitas, de esas capas somos los seres que piensan, el pensamiento como fenómeno, como capa encapsulada, que mira, observa, relaciona, y por momentos cree sentir que ha creado un conclusión, pero una conclusión como paso, como quién tímidamente cambia de órbita y vuelve, como si todavía tuviera miedo del próximo paso, de la próxima órbita, del próximo estado.
Si salimos del agua, salimos rompimos el cordón umbilical, las raíces de la tierra. Por qué no, algún día no muy lejano, nuestra mente estará fuera del cuerpo, siendo muchos cuerpos a la vez, algún día nuestra mente será humanidad, aunque ya lo somos, todavía ni siquiera lo percibimos, ya que aún el cuerpo, nuestro cuerpo nos protege de la intemperie, tal vez todavía no nos ha crecido, no ha brotado de nosotros la piel adecuada para la próxima órbita, todavía estamos dentro del cuerpo dentro de esa concha que cubre al caracol.
Tal vez solo, tal ves ya somos, ya hemos sacado nuestro pico afuera del cascaron, tal vez ya, somos, pero todavía no nos atrevemos a caminar, en esa libertad que nuestro espíritu ya tiene como necesidad.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 22 de Mayo

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Gracias. Karigüe