jueves, 10 de abril de 2008

Pensamientos de Franz Kafka

Del su Libro “No soy una luz”

I (La condena)

Sólo en el lecho mortuorio nos es permitido dejar que las cosas malas sigan siendo malas.


II (América)

a) En el curso de muchos años he llorado sólo una vez, hace dos o tres meses. Pero en esa ocasión me sobrevino dos o tres veces consecutivas, estando sentado en mi sillón. Temí que los indomables sollozos pudieran despertar a mis padres en la habitación contigua; era de noche y la causa de todo fue un pasaje de mi novela.

b) Que escriba, me recomienda mi más íntimo amigo. Que escriba, a pesar de que mi cabeza está tan insegura y a pesar que hace un ratito he tenido ocasión de apreciar la deficiencia de mis escritos.

c) Nosotros los judíos ya nacemos viejos. Uno fotografía las cosas para ahuyentarlas de la mente. Mis historias son una especie de cerrar los ojos.


VI (Sobre el arte de escribir)

a) Hoy sé ante todo una cosa: el arte tiene más necesidad de la artesanía, que la artesanía del arte. Claro que no creo que uno pueda obligarse a parir, pero si educar a sus hijos.

b) Jamás he sido una persona que se empeñe en imponer algo a cualquier precio. Y esta es precisamente la cuestión. Todo cuanto he escrito, ha sido escrito en un baño tibio, nunca he vivido el infierno eterno de los auténticos escritores, aparte de algunas excepciones que puedo eliminar de este aserto, a pesar de su fuerza quizás ilimitada, debido a su exiguo número y la debilidad con que jugaban.

c) Tengo que estar mucho tiempo solo. Todo cuanto he realizado, es sólo un logro de la soledad.
Odio cuanto no se refiere a la literatura: me aburre participar en conversaciones (incluso las referidas a literatura) (…). Las conversaciones quitan importancia, seriedad, verdad a todo lo que pienso.

d) “Con ello me caliento en este triste invierno” Las metáforas son una de las muchas cosas que provocan mi desesperación al escribir. La falta de autonomía del escribir, el depender de una criada que enciende la lumbre, del gato que se esta calentado junto a la estufa, incluso del pobre anciano que busca calor. Todos ellos son actos autónomos, con sus propias leyes; sólo el acto de escribir está desamparado, no vive en si mismo, es chanza y desesperación.

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