lunes, 9 de agosto de 2010

Libro “La Vida – Capítulo 10

UNIDAD

Nuestra vida, nuestra existencia, es posible verla, sentirla; estamos vivos. No solamente nos multiplicamos, y tenemos memoria sino que pensamos, sentimos, tenemos un mundo de afectividades, un mundo interior, un alma.
Con todo eso tomamos conciencia que la vida es transitoria, la vida pasa por nosotros, somos solo transmisores de vida; y al paso de ella nosotros florecemos, creamos, obramos, imaginamos, creamos fantasías.
Es decir que al pasar la vida, despierta en nosotros cosas, sentimientos, inspiraciones. Las artes, por ejemplo, las ciencias, los conocimientos que nos permiten inclusive ver a la vida, nuestra vida, pasar. Nos sentimos a la vez artífices, constructores, del mundo, de ésta morada que compartimos con la tierra, la naturaleza, el universo y por qué no con la muerte a través de los muertos.
Sabemos que somos, que nos hemos erigido desde esa montaña de huesos que son nuestros antepasados, antepasados como los animales, como desde el LUCA.
De ese resumen, de esa destilación: somos. Tenemos conciencia de que si tenemos ojos es porque queremos ver; y. si tenemos conciencia es porque queremos entender, sentir, tomar las riendas de nuestra existencia, de nuestra vida, y ser conductores de ella.
Ya sé que mucho no podemos hacer, pero hemos creados nuestras ciencias, nuestras artes; y, con ellas enfrentamos a lo que a ella la afecta en forma natural, como son las enfermedades.
Ella quiere sobrevivir a toda costa, como nosotros, y para ello elige al más apto, ya sea ser o especie, y con ellos va para adelante. Pero nosotros los hombres tratamos de sobrellevar a los que son menos capaces, a los incapaces, a los que por si mismo no pueden sostenerse, sobrevivir; tomamos esas riendas, responsabilidades que son producto del amor, de la piedad, de la pasión: cosas del corazón.
Sabemos que de la tierra brota la vida, la naturaleza, el animal, el hombre, como si fuera una continuidad, una flecha lanzada al vacío, que avanza; pero a la vez está flecha choca, porque en realidad avanza sobre la materia oscura; decimos choca su punta, nuestro espíritu, sobre esa energía, sobre esa masa, entonces se enciende, se pone incandescente y es una luz que ve, una luz que registrar ese paso, marra.
Es la poesía tal vez esa narración hecha canto, hecha melodía; pero a la vez de esa melodía que brota de nuestro espíritu es receptada por algo nuevo, algo así como una morada del espíritu aventurero, que sale al encuentro de su realidad, de su obra. Esa morada es el corazón del hombre.
Desde el LUCA, tal vez está la presencia del espíritu de la vida, es ese deseo, necesidad de ser, de estar aquí, de permanecer por medio de la multiplicación y de mantener registrada la historia, es decir tener memoria.
Tal vez esa memoria es la que con el tiempo se convierte en alma, en mundo interior, que es obra del espíritu; pero es el alma, sus galerías en donde se almacena esa experiencia, esa vida vivida por el espíritu.
Luego eso si lo depositado, lo registrado en el alma, lo destilado, es lo que con el tiempo se convierte en otra morada más profunda, más real, que es el corazón del animal, la afectividad, que con seguridad lo tiene las plantas también, sino que todavía no lo podemos ver, no lo podemos registrar.
El espíritu ya sea de la vida o del hombre es aséptico, es una rama, un tentáculo de la voluntad. La voluntad como nido, el nido en donde reposan las cosas más delicadas que han brotado del alma, como es el respeto, el amor, la aceptación, la comprensión, la amabilidad; es decir una seria de afectividades con una delicadeza tal, que parecen elevarse de la fuerza que es vida.
Imagínate que el hombre ha creado para ese río tempestuoso, que es la vida, diques; lo ha regulado y con ello ha conseguido, la electricidad, poder regar los desiertos, crear la agricultura. Hacer de ella algo útil, es decir como decía Gelhen: “Cultura es hacer de la naturaleza algo útil”
Bueno y eso es lo que hacemos con nuestras ciencias, con nuestras artes; y, en el caso de las afectividades están las cosas delicadas que hemos sabido crear, formar, en nosotros. Así como tenemos manos para agarrar, tememos corazón, hemos sido capaces de crearlo, porque tenemos deseo, necesidad, de amar, comprender, aceptar, hacer de este nuestro mundo, una armonía cada vez mas hermosa, más humana, más real; y, no podemos ir al desierto ha averiguarlo; solo sentimos esa necesidad, y las cosas para satisfacerlo están ya dentro de ese recinto llamado corazón.
Es decir el corazón del hombre es algo de él, creado por él. Aunque necesita de la vida, como la vida necesita de la tierra, no por ello debemos de dejar de pensar y sentir que el corazón es nuestro y desde allí podemos ver, comprender e inclusive crear otro mundo, más profundo que el de todos los días, un mundo bello.
Y esa belleza es más profunda que la física, que la del espíritu. Es una belleza de profunda armonía, de una serena plenitud, en donde el silencio y la oscuridad se integran con el corazón y son uno.
Esta es la unidad que el hombre presiente al vivir, al existir. Pero no sólo presiente sino que inclusive hasta le canta, la trata de describir, de atraparla en palabras, en notas, en formas y colores
Una unidad que por ahora solo la percibimos.

Karigüe

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Gracias. Karigüe

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