lunes, 7 de diciembre de 2009

Libro “El Mundo” – Capítulo 7

LA VIDA

Las cosas pasan, suceden; lo normal es que sigan su camino, que en la vida no hay premios ni castigos, que solo hay consecuencias; pero ¿hasta donde el hombre sabe, conoce, presiente, que las cosas tienen un cierto sentido, que si una persona hace las cosas bien, los resultados serán buenos?
Los otros existen, están; tienen en la mayoría de los casos intereses diferentes y muchas veces contrarios.
Por todas estas cosas el hombre tiene que estar atento, tiene que poner atención a las cosas que se presentan; pero por otro lado está el cansancio y las ganas, deseos, que las cosas cambien ó que sigan su camino como están, como se presentan.
Decimos que la vida es como un viento, que solo tenemos que extender nuestras velas y hacernos guiar, llevar, por ese viento que está presente. Además uno tiene que seguir a la masa, tiene que ser consecuente con ellos, que uno no debe ser Robin Hut.
Es verdad todas estas cosas, además de suceder así, además de ser así, uno está enfrente de ellas y algunas veces tiene que tomar una decisión.
Ahí, mejor si decimos, aquí está la realidad, las cosas que suceden y uno, con ese yo marcado, el de la necesidad. Esta necesidad puede ser económica, social o simplemente de amor propio.
Pero veamos algo más, desde hace mucho tiempo, lo único que solemos tener es el yo, aquello por lo cual sentimos a las cosas, a los demás y a todo lo que sucede en el medio; por él nos damos cuanta, pero a la vez, por él hacemos cumplir lo que decidimos.
¿Qué es lo que nos hace decidir? Algo que no es el yo, algo sí que recibe del yo, mejor si decimos de la atención que presta el yo al mundo; pero no solamente del yo recibe la información, sino a través de los sentidos también, estos son como poros, por donde respira el alma, o la parte del alma que tiene que tomar estas decisiones, es decir la mente.
Llegando a este punto, podemos atrevernos a decir que es la mente aquello que toma las decisiones sobre lo que hay que hacer.
Resumamos, tenemos al yo y a los sentidos como fuente de información de lo que está sucediendo. ¿Esto seria la realidad? La realidad no seria solo aquello que nuestro yo y los sentidos nos informan. La realidad sería algo más destilado, cernido, discernido. ¿Quien hace el papel de cernidor? La mente.
Hemos llegado a buen puerto, porque en sí lo que decide no es la mente, la mente es una etapa, un paso, en donde lo informando se cierne, se destila.
Podríamos decir el alma; pero ella es amplia, es como un recinto, que contiene a todo, que nos contiene. Como es el cuerpo mudo que tiene dentro de sí a los órganos, a los sistemas. Un órgano del alma es la mente.
Pero ¿Quién toma las decisiones? ¿El espíritu? No creo, el espíritu es algo que abre camino, que nos produce el goce, aquello nuevo que tenemos los hombres; es aquello que crea; si bien en algún momento podemos necesitarlo, podemos recurrir a él; pero no es él en si lo que toma las decisiones del hombre común.
Hemos llegado a un punto desde donde tendríamos que nombrarlo o describirlo. Hemos hecho como una disección, hemos abierto el alma, y ahora si tenemos que ver y nombrar a este sistema que toma decisiones.
Es bueno, porque ya sabemos que no es un órgano como los sentidos ni algo tan nítido como el yo. Este sistema debería tener una especie de sangre que relaciona sus órganos, a los órganos que lo componen.
Podría ser la reflexión; pero en sí la reflexión es otro órgano, ya que en un determinado momento nos paramos frente al problema, lo desmenuzamos, para verlo y así comprenderlo sin todavía tomar una decisión, es decir seria un órgano superior, pero no dejaría de ser un órgano.
Veámoslo así, hasta ahora tenemos a los sentidos, al yo, a la mente, a la reflexión; pero en si la reflexión seria como un examen que hace la mente, un acto de ella; por lo que quedaría, los sentidos, el yo y la mente.
Pero lo que estamos buscando era algo parecido a lo que es la sangre, lo vinculante entre ellos. Veamos algo más profundo y después volvamos. Allí en el fondo está el deseo de vivir, de estar, nos gusta la vida, queremos vivir; pero a la vez queremos vivir bien. Este vivir bien es como todas las cosas del universo, una vez instalado quiere crecer, ser algo mejor, busca la perfección, por lo tanto tiende al infinito, esto quiere decir que es insaciable.
Lo pondríamos como un tribunal, una especie de juez.
Ya está más claro, tenemos el tribunal que tomará la decisión, además ya tenemos los informantes, en donde el yo además de informar será el ejecutor, el que ejecute lo que el tribunal decida.
Nos falta la audiencia, el público; si bien en los comienzos era como la santa inquisición; desde hace un buen tiempo hemos logrado que más publico lo vea, hemos logrado que el otro participe, los demás; aunque por ello hemos llegado a decir que: “El hombre del siglo XX está preso de la mirada de los demás”: Sartre.
Bueno, si lo vemos con claridad y nitidez a este publico, lo solemos llamar mundo.
Bueno, bueno y la sangre ¿cuál es la sangre que irriga a este sistema?
Antes de contestar esta pregunta deberíamos aclara que el mundo del cual estamos hablando es el mundo interior, aquel mundo copia del exterior, metáfora de él ó en realidad deberíamos decir que es el original, pero no nos detengamos en este tema, será para más adelante.
Ya tenemos la audiencia es el mundo interior, son los otros del mundo interior, pero ¿quienes son los otros del mundo interior? O sea que tenemos eso que aunque es nuestro, aunque está en nuestra alma, pero son los otros, aquello que no somos nosotros. Tamaño descubrimiento. Así que inclusive en nosotros mismos, dentro de nosotros mismos no estamos solos sino están los otros también. Así es señores, están los otros como audiencia, como seguro que hacemos las cosas bien, es casi como aquello que solemos llamar sentido común.
Es un poco más claro ver al sistema que toma nuestras decisiones.
Podemos llamar al tribunal, es decir podemos representarlo, como el gusto; es decir además de servirnos como sustento, como aquello que nos asegura la existencia, además nos hace sentir bien, cada vez mas, cada vez mejor.
Creo que estamos llegando a ver cuál es la sangre, lo vinculante, de este sistema: la vida.
Así es la mejor manera de verla, verla allí presente, ver con más nitidez su rostro, lo que es ella. Ella está presente, ella es como la savia que sube por el tronco del árbol, quiere ser flor, fruto y perfume, a través del árbol.
En nosotros quiere la belleza, la serena plenitud de la belleza, ella quiere eso dentro de nosotros y surge, se erige, pone en actividad todo lo que ella ha sido capaz de crear, de formar, aquí en al tierra; y, uno de los bastiones más altos es el hombre.

Karigüe

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Gracias. Karigüe

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