viernes, 19 de abril de 2013

Poema - Una amistad

golpetean las gotas de lluvia
sobre una ventana vertical,
abierta

la lluvia se convierte en sonido
y es como cuando las olas
irrumpen sobre las rocas

como si las casas hablasen
un idioma, intentaran
desarrollar un lenguaje

como alguien que toca la
puerta solo para peguntar,
y el dueño de la casa lo
hiciese pasar

una amistad con las cosas,
tal vez hasta cariño; como
vapor que brota desde el
abismo que nos separa.
Karigüe

miércoles, 17 de abril de 2013

Poema - Arco

La calmada irracionalidad del ser
hace que de una playa de arenas
blancas y mar azul, brote una
tormenta

como un caballo salvaje, indomable
que un jinete asustado trata
de cabalgar en el

está ahí, pero no lo ves
solo sientes que a donde vas
a buscarlo el ya se fue,

así pasas tu vida tratando de
convivir con el; pero qué pasa
sí el y tu es lo mismo

sales solo para tener la suficiente
distancia para verter, he ahí
la belleza como salto como
un arco cuya luz
te vuelve a unir.
Karigüe

lunes, 15 de abril de 2013

Libro "Z" – Capítulo 22


LO MISMO
Las capas, las benditas capas, existen son reales; pero eso sí, difíciles de ver, de ser entendidas.
Uno cree saber, cree conocer, darse cuenta de que una cosa es así, de que tiene una determinada forma, un determinado comportamiento; pero después la realidad nos demuestra lo contrario. No solo cambian las cosas sino que nosotros también cambiamos.
En el fondo es como si nosotros no quisiéramos cambiar. A través del tiempo queremos una cierta armonía, constante, una cierta quietud; situaciones sin cambios; pero no sé por qué bendita razón, por que ley de la naturaleza, las cosas son así, cambian, no son las mismas, nosotros tampoco.
Nuestro organismo, el medio ambiente, el mundo, el universo, son así también, nada permanece quieto, todo tiene que cambiar.
Hay, debe haber, alguna parte nuestra, desconocida para muchos de nosotros que no cambia, que permanece, por lo menos por un tiempo más, tal como es, a través del tiempo, a través de los cambios, de el cambio de las circunstancias.
Yo soy yo, siento que soy, siento que existo; que estoy aquí frente a mis circunstancias, frente a las circunstancias, frente a las cosas. Veo al mundo, al universo, a los otros, a las cosas, a lo que está sucediendo dentro de mí; aun con las ideas, los pensamientos; puedo verlos, y a algunos hasta los entiendo, los digiero y me dejan un sabor, un alimento, que por un tiempo calman a mi espíritu.
Pero yo soy el que mira, el que registra, el que siente, soy afectado por lo que sucede; pierdo cosas, gano cosas, se desprenden de mi afectos, palabras, gestos, caricias, quiero dar y recibo, amo, tengo bronca, envidia, amor, amistad, cariño, miedo, rencor, temor, angustia, alegrías, sufro por lo que me pasa y por lo que pudiera pasarme; pero tengo, siento, placer, ese alivio temporal, que algunas veces deja algo y otras nada, otras solo el amargo sabor del tiempo perdido.
Sin embargo ese soy yo. Ese hombre que en este momento escribe, dice cosas sobre si, tratando de conocerse, de saber no quien es el sino cómo es él.
¿Quién es él? ¿Quien soy yo? Es una palabra, una pregunta que no tiene sentido de ser hecha, de plantearse, ya que nunca va a ser contestada, nunca va a ser una respuesta, porque ella en si es la respuesta.
Hay preguntas que son respuestas, como respuestas que son preguntas. Todo interrogación, es como enviar un satélite afuera de nosotros, no solo para que pueda ver mejor, desde más cerca de las cosas que están afuera de nosotros, sino para desde allí vernos, como si fuera una Luna, algo que desde allí nos observe, pero con nuestros propios ojos.
Somos, soy, un ser que se abre, como se abre una rosa, para luego ser marchitada por ese implacable e inaudible mounstro que es el tiempo. El nos cría y el nos devora, bajo su yugo estamos, no hemos logrado todavía nuestra libertad, estamos como una planta que depende directamente de la tierra, por medio de ese cordón umbilical que son las raíces.
Todavía ni eso podemos hacer, no podemos darnos cuanta de esa dependencia a la cual estamos sometidos.
Las religiones hasta ahora, esa perdida de libertad se la han donado a los dioses. Unos dioses inventados, los cuales, frente a los cuales, Prometeo no pudo, ni menos los otros grandes semi dioses que lo siguieron, por lo menos es ése el más grande los atrevimientos, romper primero con el temor, luego romper las cadenas con las cuales nos han atado por miles de años, sacerdotes representantes de la más grande y la peor fantasía que hasta ahora ha vivido el mono que piensa.
Teníamos que ser domesticados, teníamos que aceptar al otro. Cada uno un astro de una galaxia que se va aglutinado a través del tiempo, para enfrentarlo, para luchar, y dejar de ser ovejas, ganado, que pastorea en ese campo llamado naturaleza, ese manto en donde no sólo dejan de llagarse nuestro pies de tanto caminar errando, errados, sino que de ese paño nos alimentamos, para estar mejor, para ser y para hacer el disfrute de algo que está allí y que hasta ahora nos tiene encadenados.
Frente al mundo, frente a los demás, atados como Prometeo, sobre ese peñasco, sobre el que las olas del mar chocan, se abaten, haciendo brotar esa espuma, esa niebla que no nos deja ver, mirar, ni lo que está enfrente de nosotros, ni la imagen que la claridad del aire nos devuelva.
Estamos ciegos, parapetados, inmóviles, porque las cadenas ya no están, sin embargo hemos tenido que crearlas nuevamente a imagen y semejanza de las otras, de aquellas que nos hicieron brotar la sangre con las que escribimos las sagradas escrituras.
Ahora que estamos convirtiéndonos en astros, ahora que la libertad toca a nuestras puertas, ya no nos acordamos de ella, ya la hemos olvidado, como aquel que por muchos años estuvo entumido, agarrotado a esa roca que el temor al otro, que el temor al otro, infundido dentro de nuestro ser, de lo que hasta ahora hemos logrado ser.
Caminaremos en silencio, el es nuestro aliado, comenzaremos a pensar nuevamente, no podemos continuar con ese tejido de araña, aquel que nos ha formado, aquel que hemos creado, ese claro en el bosque, esa placita alrededor del cual formamos el pueblo, ese fuego, esa fogata alrededor de la cual nos sentamos, no solo para calentarnos por el frío de la noche, sino para mirar al otro a través del fuego, del calor y la luz que infunde el fuego.
Ya que eso somos y seguiremos siendo: un fuego, alrededor del cual se formó, se está formando lo que somos, ese fuego es aquello que nos infunde animo, animo para crear a nuestros dioses y espantarlos, con esa lenguas de fuego, esa lenguas que van mas allá del fogón, cuyas brasas, cuyas cenizas, llegan más lejos viajando, siendo llevadas por el viento, por esa masa de aire, por esa alma de la tierra que se nueve al compás de su rotación, por esa alma que silba en los pajonales como instándonos a hablar, a decir, a que esa lenguas de fuego, a que esa brasas sean otras.
Puedan brotar en otras tierras, en desiertos, en montañas, en bosques, y vuelvan a ser otras, otras semillas, algo de lo que mismo vuelve a crecer, por doquier, a los que reconocemos, a los que aceptamos, como nuestro, como si nosotros fuéramos ellos, como ellos fueran los que vencieron al tiempo. El pensó, creyó, que nos había consumido, que nos había devorado por completo ó será que el sigue, o será que el es el que nos volvió a plantar, será que nunca podremos verlo, porque cuando nosotros pensamos en él, él ya se fue, se fue con la pregunta, y volvió con la respuesta, como cuando se eleva el agua y vuelva a caer, siendo la misma.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 22 de Abril

Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a Juan.Karigue@gmail.com.
Gracias. Karigüe

lunes, 8 de abril de 2013

Libro "Z" – Capítulo 21


SUEÑO
Se vuelve sobre lo mismo, es como si tuviéramos un velero y quisiésemos navegar por un mar, cruzarlo, llegar a la otra orilla. Alguien se preguntara ¿Por qué? ¿Para qué?
Realmente es algo que está dentro de nosotros, es tal vez aquello que llamamos espíritu, o tal vez algo, porque no tenemos nada sobre que asirnos.
La ignorancia sobre las cosas es cada vez más profunda. Ya no nos sirven los dogmas, queremos saber, conocer, entender lo que somos y lo que nos rodea, por lo menos.
Bueno, es inquietud aquello que nos convierte en seres insatisfechos. Ello es lo que ha permitido formar, crear al mundo, inclusive los vicios son deseos de querer sentir más placer, de no saber vivir con lo que tenemos, con lo que nos ha tocado, entonces nos evadimos; sentir, aunque sea por momentos que somos plenos, que somos felices.
Se suele decir: “El hombre sencillo, simple, no busca la felicidad”. Es verdad tal vez porque es un hombre medido, es un ser hecho a medida, del medio, de las circunstancias.
Es como si los hombres inquietos, aquellos investigadores, pensadores, aventureros, empresarios, etc., fueran como la punta de lanza, como del gusano que se está convirtiendo en mariposa.
La vida, a través de su evolución, necesita cambios, somos solo transmisores de ella; la que quiere estar presente a través del cambio. Cambio y movimiento es lo mismo.
Una piedra también cambia, cambia por la manipulación; los cambios le vienen de afuera. En el vegetal, en los animales, los cambios son una relación directa con el motivo, con la motivación y la respuesta, la reacción de algo que está ya dentro de ellos, y que quiere mantenerse, conservarse, etc.
En el hombre además de estos cambios, además de la evolución, hay algo que lo lleva, lo mantiene en alerta, como sé él fuera el responsable inclusive de la piedra, de la roca, de la naturaleza.
Es como si fuera el hijo más apto, aquel que debe llevar a la manada, debe conservarla, mantenerla alerta, es decir asegurar su existencia, su permanencia.
Se ve, se puede ver una gama, aparentemente completa, que cubre todos los flancos, todos los frentes, desde la piedad, la caridad, hasta la aventura, el riesgo como motivo, como placer, como asegüranza.
Se llega entonces al muro del silencio, atrás quedo el camino, la obra, la construcción y hasta el lenguaje. Queda solo el silencio, la oscuridad, la nada; pero de éste lado está el yo, el yo marcado por lo ya vivido, por lo ya experimentado.
Y entre los dos el juego, la vida, la comunidad, el mundo. Toda una creación, formación, por miles de años, por miles y millones de seres que ha logrado su ámbito, su ambiente, su morada. Un fuego encendido, alrededor del cual está lo otro.
Un poema es un grano de arena que se arranca, que se desgrana de ese muro. Es alimento, es ladrillo, piedra, para formar, para construir, aquello aparentemente seguro, que es la pareja, la familia, la comunidad, el mundo.
Mundo como coraza, como concha, como casa, hogar, que construimos con nuestros propios movimientos, con nuestros propios actos, como lo hace el caracol, como lo hace la madre, la mujer, la niña; y que el hombre desde afuera cuida, separa, trae, contrae las puertas y ventanas por donde lo otro no avance. Es el centinela, el centurión, los muros del castillo de roca, tierra, agua, paja y arena, con las que hasta ahora hemos podido de vez en cuando, mantener alejado, lo otro que quiere devorar constantemente a esto nuevo, a este capullo, a este gusano, desde donde se desprende la mariposa.
El hombre desde siempre le ha tocado cuidar el vuelo. Desde la ruptura del hermafroditismo, hasta nuestros días, es el fecundador, el destructor y constructor de los muros de la cueva, mientras la mujer, aquel ser dejado, abandonado dentro de la cueva, teje; como lo hace la araña; teje, arma aquello que une, aquello con lo cual los hombres, los machos se unen, forma el ruedo, la idea, alrededor del fuego.
Hasta hemos llegado a pensar, la soledad nos ha llevado a eso. La soledad de los bosques, los desiertos, las montañas; desde allí hemos imaginado, soñado, construido el habla copiando el grito del animal, recordándolo, imitando el rumor de los arroyos, el silbido, el canto, del viento sobre el pajonal, sobre los bosques, sobre los campos que cultivamos.
Creamos una forma de ordenar, de nombrar, cuando el número sobrepasó a la memoria, a la memoria de las imágenes. El número contiene la imagen ordenada. Ordena antes que nombra.
Es la palabra un grito numerado, un grito domesticado, modulado, que ordena no lo que está afuera sino el ruido, el rumor que nuestra memoria almacenó. Nuestro cerebro creció, como crece un almacenamiento, un estacionamiento en donde se colocaron más autos que los debidos, aumentaba el número aumentábamos la capacidad hasta que en un determinado momento se terminó el espacio, el cerebro del animal avanzado; el cráneo del hombre sirve como muro de contención, allí entonces la tormenta. El liquido expansor quería seguir su normal camino, como cuando se evapora el agua; pero la garra, esa garra amorosa y a la vez salvaje de la tierra, lo contuvo, lo retuvo, formando el rayo.
Pero esta vez no fue un rayo abierto, sino un rayo cerrado dentro de la cabeza del animal, dentro del cerebro, dentro de su cerebro. Nació, broto entonces la idea, el pensamiento, el conocimiento, se iluminó la caverna, la imagen tomó movimiento, vida, se convierto en vida, una vida que interpreta a su propia vida, a su propia existencia.
El yo marcado comenzó a caminar, se paró en sus dos patas, levantó su mirada, miró al horizonte y desde allí comenzó a conocer al cielo, su origen; desde donde llegó, desde donde vino.
La mano descubrió el mido, al otro. La mirada desde entonces no tuvo limite, cada vez penetra más en la oscuridad, cada vez ve más; el rumor almacenado se comenzó a ordenar, cada palabra era como un arroyo, que baja, como una vena que conecta, como una arteria que lleva desde el mar al desierto, las cosas, las ideas.
Se formo entonces el mundo, se formó la humanidad. Un cuerpo más grande. El gen formó la célula, luego al cuerpo y ahora a la humanidad.
Fue la cueva, la choza, la casa, el hogar; ahora el mundo, la humanidad, lo que nos contiene.
Si bien vivimos, hemos comenzado a vivir en este mundo interpretado, representado; vivimos aún dentro de ese rumor que aumenta día a día y que supera a la palabra, al lenguaje.
Nosotros podemos canalizar un río, contenerlo con un dique, regar con él el desierto y de él sacar el fruto cultivado, la cultura inclusive; pero es allí en lo alto, allí en el cielo, arriba de nosotros en donde la nube creada, se desprende cae, se congela por un tiempo luego el sol la derrite, la transforma en su forma primaria; pero es allí arriba desde donde se desprende y cae.
Bueno desde allí, de allí hemos y seguiremos brotando, interpretando, imaginando, corrigiendo lo primariamente imaginado, sirviéndolo en la mesa de los intelectuales y del hombre común, al mismo tiempo.
El pensamiento, la idea, inclusive el lenguaje solo como un medio, como un hilo de la telaraña que nos une, como una arteria por la cual intercambiamos cosas, cosas logradas, con las que llegamos a ser, más aun a hacer.
Solo el rumor de los miles y millones de seres que nos habitan se escucha, como cuando en un campo de batalla la horda enardecida, promovida, agitada por el yo marcado, hace que brote como coro; el grito nuevamente, pero un grito más uniforme.
Porque solo el grito se opone el silencio, no lo nombra ni lo armoniza: la música y la armonía son y se producen siempre en el instante.
La horda de las miles de voces que nos habitan, que tratamos de interpretar, deben y de por cierto lo hacen; deben silenciar eso lo interpretado, lo representado, la choza abierta en el bosque que el hombre deber mantener encendida como señal de que los interpretadores han brotado también del rumor, son el rumor, pero un rumor que cada vez más se convierte en palabra, en idea, como queriendo ordenar lo in – ordenable: la vida, lo que somos.
Y por lo que de vez en cuando nos hace buscar la paz, la armonía, la plenitud, solo para respirar y volvernos nuevamente a sumergir dentro de lo que somos. Nuestra verdadera naturaleza hecha de silencio, de oscuridad y de sueño.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 15 de Abril

Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a Juan.Karigue@gmail.com.
Gracias. Karigüe

viernes, 29 de marzo de 2013

Poema - Hablar

He tenido que volver muchas veces
a esa morada llamada soledad
allí en lo alto de las montañas
azules

desde allí miraba al mundo de
diferente manera, me miraba
aún mis estados de animo, de
alegría, dolor y furia

todo como si un viento pasara
por el pueblo, a veces era solo
brisa en otras eras tormenta;
pero siempre pasaba como
el tiempo

luego veía el rostro de la
gente, sus gestos y aun sus
palabras

parecía como si bebieran al viento
lo retuvieran como aliento
para luego aso sí, hablar.
Karigüe

miércoles, 27 de marzo de 2013

Poema - Racimo

la mañana llega suavemente
entre los árboles, como luz; como
si el mismo sol cada mañana
quisiese que estemos vivos, que
vivamos ésta nuestra existencia

aún la noche, abre al cielo y
nos entrega ese racimo de estrellas
que titilan, como alguien que
duda o teme

pequeño Atila, ya estas despertando
levantaste tu mirada al cielo
y no viste el infinito que tiene
el horizonte

es como aquellos racimos de
uvas que colgaban de tu
glorieta

sabias ya de niño que algún
día las devorarías.
Karigüe

lunes, 25 de marzo de 2013

Libro "Z" – Capítulo 20


EL YO MARCADO
Tener una idea; una concepción particular de lo que somos, de lo que es el mundo, el universo; sirve en cuanto es una respuesta a un interrogante que está ahí, dentro nuestro y que por lo general nos asusta, nos da pánico cuando no tenemos una respuesta.
Los dogmas, la filosofía, etc. nos dan respuestas. Y no es; que desde ésta última no sabemos nada, cada vez nos damos cuanta que no sabemos nada.
Para ello están nuestras ciencias, ellas nos van haciendo ver, nos van y nos están ayudando a ver, comprender, y hasta hacer uso de lo que logramos saber.
Sabemos siempre, por lo general, un poco más que nuestros ancestros. Pero ¿Qué hace tener una idea particular, un concepto, un pre - concepto, pensamientos; qué hace al poseer una concepción, una esfinge de lo que somos?
Con seguridad no va a ser cierta, podrá tener algunas ideas, pensamientos, que nos van acercando a la verdad, a la realidad, pero con seguridad a lo sumo puede ser una aproximación.
Entonces por qué tanto esmero, por qué tanta dedicación, esfuerzo, trabajo, para arribar en algo que no tendrá valor. Que no tendrá en sí valor.
Por otro lado está la inquietud personal de querer saber, conocer, comprender, y con una agregado, el de crear, crearse, algo nuevo. No es que algo salga de la nada, como una aparición, sino como algo deductivo, algo como lo que hace la tejedora: tiene el hilado, las agujas, el deseo o la necesidad de tejer, luego sí el tejido, la forma del tejido, con su consecuente uso o aplicación.
Así pasa con la obra que uno intenta hacer. Los caminos que la vida nos ha dado para recorrer son infinitos, el tema es la precisión, el tratar de hacer con lo que se nos ha dado para hacer, algo que sirva, que sea útil, para uno y para los demás después.
Una idea entonces es mejor que ninguna idea. Más aún si una es de uno. Producto de lo que vive, de lo que sueña, de lo que siente, de las cosas a las cuales está sometido.
Pareciera que la vida está más afuera que adentro de uno. Como si la vida fuera un peso que nunca es el mismo; que hace, que permite que desde nuestro interior, desde eso que llamamos espíritu, brote, nazca, se crea, fuerzas capaces de construirnos.
Materia como la adrenalina. Como si la furia, la bronca, el odio, los rencores, los miedos, fueran leña que se quema, leña que calienta hasta hacer liquida la materia de la que estamos formados. Luego así como si fuera lava, sale a fuera, estremece, hace temblar los cimientos de lo de alrededor, convirtiéndose en la nueva piel, la nueva costra; con el alimento necesario como para que florezca la nueva naturaleza, la nueva vida, el espíritu hecho realidad, realidad como presencia, como presencia presente de lo que siempre está.
Solo una manifestación, una conversión lo que sucede. Es como si en el cosmos se encendiera una luciérnaga, para luego volverse apagarse. Así es la vida, el mundo, el universo, desparramados en ese manto de silencio y oscuridad, por donde nos lleva el tiempo. Tiempo como telón de fondo, la manifestación es la obra, la presencia de lo que es vida, de lo que somos, de ese espíritu, de ese ánimo, de esa luz, que por un momento ilumina la oscuridad.
Una palabra irrumpe el silencio. El silencio como presencia permanente, como cápsula, dentro de la cual estamos y medimos; en la cual nacemos y volvemos a morir. Como si la muerte fuera sólo la cara adversa de lo que vemos, sentimos, pensamos e inclusive soñamos.
Como si fuéramos el alma del universo, aquello que se manifiesta pero no se ve. Somos demasiado pequeños, no sólo para que el universo nos tenga en cuanta, sino para podernos ver apenas pasamos los limites de la medida, de lo que nosotros consideramos como medida.
Sin embargo contamos, tenemos a la palabra como canto, como si fuera una voz de ultratumba. Nadie ve al que la dice, sin embargo está allí, como el canto de un ruiseñor en la niebla.
La palabra como la voz del ser. De lo que estamos siendo, cuya presencia presente es solo el cuerpo. El cuerpo como pantalla, como representación; en donde se representa la tragedia y la comedia de lo que realmente somos. Una representación de algo más profundo que nuestro dolor, el dolor de vivir.
La representación de un ser echado del paraíso, del cielo, en donde los dioses viven, en donde los dioses, seres superiores habitan y forma la enramada, el tejido, la tela, el paño; que es para nosotros la oscuridad y el silencio.
Algo en que todavía no hemos entrado, permanecemos allí enfrente, frente a ese muro del silencio; desgarrando, arrancando, sonidos con forma, palabras. Palabra como si fuera una cápsula en la cual nosotros nos adentramos y luego con la fuerza de ella tratamos de remontar, de penetrar.
A veces algunos solo vuelven, vuelven de otra forma, con otros pulmones, con otra naturaleza, porque es solo diferente la naturaleza que cubre al mismo espíritu, al mismo animo.
Es lo común que tenemos con los dioses, es como la savia que pasa desde las raíces hasta el fruto.
Así permanecemos desde siempre, se nos ha dado la palabra como don, aunque en sí ya lo buscábamos con el grito, con esa insatisfacción que vive dentro de cada uno de nosotros.
Pero es así el yo y la nada, el yo presente envestido, revestido, de mundo, tratando de salir de si, de penetrar en lo que solemos llamar ignorancia.
“El yo marcado y la nada”: Gottfried Benn.
Karigüe

PRÓXIMO CAPÍTULO: lunes 1 de Abril

Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a Juan.Karigue@gmail.com.
Gracias. Karigüe

viernes, 1 de marzo de 2013

Poema - Desierto que late

tú eres la tierra
los sentimientos el mar
los pensamientos nubes que
son ideas o palabras

respiras hondamente y es como
si el pasado y el futuro entraran
en tus pulmones para ser presente

te das cuanta que el mundo
es solo una de tus células, que
unida a las estrellas forman
lo que se anida en tu corazón

cosmos – dices
porque solo es una palabra
que nombra a aquello que
solo percibes como presagio

la soledad es un desierto
que late.
Karigüe