La Delicadeza
A los dioses y a los héroes nos igualan y
al lograr que seamos los únicos dandis
conviertes nuestro orgullo en cumbres radiantes
dejando de ser foco de incendios turbios.
Astro vivo de suaves rayos, brillas y luces
en el horizonte sombrío de una honda tristeza,
gracias a ti nos estima del Dios celoso,
¡la elegida flor del bien, Delicadeza!
Tanta altivez tienes, tanto púdico pudor
que imposible te resulta ruborizarte,
venciendo por tu ardor sereno,
virgen que todo supo y pacifica guerrera.
Música del alma eres y perfume de lo espiritual,
virtud que sólo es un nombre, pero del ángel,
noble dama que hacía el sonriente cielo guía
nuestro inmenso esfuerzo apartándolo del fango.
Arte Poético
¡Ante todo loa música, con
primacía el verso impar,
más suelto y más libre en su vuelo,
sin ningún peso o afectación.
Precisas elegir palabras
con su corona de vaguedad:
hermosa es la canción gris
que junta a lo Ambiguo y a lo Preciso.
Es como hermosos ojos tras un velo,
con la luz temblante del mediodía,
como un cielo de suave otoño
con aleteo azul de estrellas claras!
Ansiamos además Matices,
¡no el Color sino lo Matizado!
¡Sólo así se armonizan sueños con sueños
y flautas con caracolas!
¡Huye siempre de chistes torpes,
de Burlas crueles y de Risas impuras
que al mismo azur hacen llorar,
huye del aderezo en la bazofia!
¡Estrangula a la elocuencia!
Y bien harías, con energía,
en aplacar la Rima,
si la descuidas, ¿adonde te llevará?
¿Quién dirá el daño de la Rima?
¿Qué niño sordo o qué negro alocado
nos forjaron esa bisutería
tan falsa y hueca bajo la lima?
¡Música, ahora y siempre!
Preocúpate del verso, de sus alas,
y que se les vea irse desde su alma
hacia otros cielos, a otros amores.
Que en los crispados vientos del día
sea tu canto la buena nueva esparcida,
que a menta y a tomillo huela…
lo demás es sólo literatura.
Claro de luna
Delicioso paisaje es vuestra alma
con el canto de máscaras y disfraces
que tañen sus laúdes y bailan aunque
tristes bajo sus ropas multicolores.
Esos seres aunque en modo menor canten
al amor victorioso y a la vid oportuna
no parecen creer en su felicidad
y unen sus cantos al claro de luna,
Al sereno, triste y hermoso claro de luna
que hace soñar a los pájaros en los árboles
y sollozar de éxtasis a los altos surtidores,
esbeltos juegos de agua entre los mármoles.
jueves, 28 de febrero de 2008
Poemas Celebres - Paul Verlaine
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miércoles, 27 de febrero de 2008
Frases Celebres de Sabiduria
1.- El que yo tenga cariño, y muchas veces demasiado cariño, a la sabiduría, obedece al hecho de que me recuerda a la vida. Tiene ella el mismo mirar, la misma risa ¿ qué culpa tengo yo de que las dos se parezcan tanto?. (Friedrich Nietzsche)
2.- Sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio. (Sigmund Freíd)
3.- Sabio es aquel que constantemente se maravilla. (André Gide)
4.- Nada tan estúpido como vencer; el verdadero triunfo esta en convencer. (Victor Hugo)
5.- El sabio cuida principalmente de la raíz. (Confucio)
6.- El verdadero sabio sólo es riguroso consigo mismo; con los demás es amable. (Plutarco)
7.- Cuánto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a los que no saben volar. (Friedrich Nietzsche)
8.- Obrar es fácil, pensar es difícil; pero obrar según se piensa, es aún más difícil. (Goethe)
9.- Mantente ávido por saber y tal vez llegarás a ser sabio. (Isócrates)
10.- Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante; pero usar de ella como un gigante es propio de un enano. (William Shakespeare)
11.- Para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones. (Sócrates)
Las Frases Célebres de Sabiduría o Citas Célebres de Sabiduría fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Sabiduría y Citas de Sabiduría)
2.- Sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio. (Sigmund Freíd)
3.- Sabio es aquel que constantemente se maravilla. (André Gide)
4.- Nada tan estúpido como vencer; el verdadero triunfo esta en convencer. (Victor Hugo)
5.- El sabio cuida principalmente de la raíz. (Confucio)
6.- El verdadero sabio sólo es riguroso consigo mismo; con los demás es amable. (Plutarco)
7.- Cuánto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a los que no saben volar. (Friedrich Nietzsche)
8.- Obrar es fácil, pensar es difícil; pero obrar según se piensa, es aún más difícil. (Goethe)
9.- Mantente ávido por saber y tal vez llegarás a ser sabio. (Isócrates)
10.- Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante; pero usar de ella como un gigante es propio de un enano. (William Shakespeare)
11.- Para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones. (Sócrates)
Las Frases Célebres de Sabiduría o Citas Célebres de Sabiduría fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Sabiduría y Citas de Sabiduría)
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martes, 26 de febrero de 2008
Libro “El silencio” – Capítulo 5
CULTIVANDO
Es una realidad el medio; el que es expuesto de una manera clara por Ortega y Gasset: “El hombre y sus circunstancias”.
El hombre y su medio, su medio ambiente, con el que tiene que convivir todos los días, y el que a la vez nunca es el mismo.
Varía el hombre, el medio y la relación entre ellos, la cual es a la vez cada vez más compleja.
Como contrapeso en el corazón del hombre, se anida el irremediable deseo de armonía y paz, queriendo además permanecer, crecer, avanzar, disfrutar lo que ha sido capaz de hacer, crear en la tierra, en mundo. Un alma que es morada y un espíritu que lo anima
Una idea, un pensamiento, una hipótesis, una teoría, son cosas que han brotado en el alma, en la mente del hombre. Allí están, allí reposan, hasta que son registradas, escritas, almacenadas afuera de lo que es él; en un libro, por ejemplo.
Estando afuera del hombre y siendo registradas, comunicadas, pertenecen ya a otro ser, pertenecen al ser humanidad. A un cuerpo más grande formado por el conjunto de todos los cuerpos de los monos que miden.
El mundo es un alma abierta con un espíritu. Este espíritu, este ánimo que se esparce en el éter, en las cosas. Una forma de verlo con claridad es en las obras de arte.
Es la primera vez que el espíritu sale de la naturaleza y se convierte en cosa. Una cosa viva. ¿Qué es sino la 9 Sinfonía de Beethoven, La pasión San Mateo de Bach, El Zapato de Van Gogh, La Mona Lisa etc., etc.?
Primero fue el espíritu del universo, luego pasa a ser espíritu de la naturaleza, de la vida, del hombre, y ahora de las cosas.
Un libro está vivo, mantiene encendido imperceptiblemente al espíritu del hombre.
Por mucho tiempo hemos considerado a las cosas como elementos constitutivos de la naturaleza, pero inertes, sin vida. Ahora está apareciendo un tipo de cosa viva: la obra del hombre.
El animal ha sido capaz de convertir a la naturaleza en una cosa útil para su existencia, para su conveniencia. Lo está haciendo desde que brotó sobre la tierra y la ha convertido en su morada.
Una morada que lleva con él. No una casa, ni menos una choza, una morada capaz de hacerlo existir hasta debajo de las aguas del mar, como afuera de la madre tierra, aunque por ahora en forma temporal.
El hombre, como animal que mide y habla, partirá inexorablemente y será nuevamente. Logrará tener la velocidad de desplazamiento de un cometa, para fecundar otros planetas, otras galaxias, otros cielos.
Este ser está alcanzando su madures, aunque aún es un adolescente. Siente dentro de sí la necesidad de partir y ser un ser fecundador. Está siendo expelido por su propio cuerpo.
Su cuerpo mudo lo siente así, pero él se demora siendo espíritu, siendo vida en las cosas, en sus obras, como quien quiere, desea demorarse. Inclusive planta estacas en el seno de su madre, que el viento, que las tormentas de la vida, de la existencia del universo, se las arrebatan. Tan cruda es su realidad, que su propia madre ya falleciente, quiere, desea que su hijo ya maduro, parta, sea hombre.
Mientras aquí permanecemos, creemos, pensamos, obramos, como un hijo ded naturaleza diferente, que tiene otras condiciones, otros desafíos. Eso es el truco, el engaño que nos hace la naturaleza a todos los seres que la ven, que la tratan de ver, comprender y si aún quisiéramos llegar lejos, amarla.
Fue Heráclito el primero que observó, que contemplo al hombre, a la vida, al universo, desde afuera. Luego Nietzsche. Todos lo demás se han entretenido en crear ideas, teorías de lo que somos pero viéndonos desde nosotros, desde el espíritu que se ha almacenado en nosotros. Desde Parménides hasta Haidegger, hasta el mismo Wingestein.
Poder vernos desde afuera es una aventura, es la posibilidad de ver nuestro pasado, nuestro presente y el futuro; no sólo a todos ellos, sino a todos ellos juntos..
Sentir como todas las cosas entran en un sumidero y desaparecen. Todo aquello que tenía gran velocidad o permanecía quieto, es arrastrado, absorbido, para ser nada, para ser silencio nueva – mente.
Sin embargo está el canto del gallo, como nos decía Holan. El canto del niño que reclama una vida, la vida que le pertenece. Una vertiente nueva siempre está surgiendo, está brotando desde dentro y desde afuera de nosotros. Una vida que se hace así misma y que nos engloba, que nos contiene
Una vida que por momentos late dentro de nuestro corazón. Una vida en la que quisieras amar, soñar, pensar, crear e inclusive luchar, pero con los ojos abiertos, sabiendo que si remamos, iremos a un lugar mejor, a un morada; y no perdernos en luchas inútiles: Hölderlin.
El camino de la poesía es un camino posible. Un sendero que se abre, que se ha abierto a los hombres que cultivan dentro de sus almas, aquello se les da para poder ser puesto en palabras y ser transmisible. Una vida nueva, una sangre nueva.
Una vida, una forma de vivir, en donde podamos ver lo que estamos siendo.
El hombre es un ser que se hace así mismo, pero esto cuesta trabajo; pero quiere además placer, el placer de ver no sólo a la obra, sino verse labrarla, conocer lo que labra, aquel ánimo que lo impulsa, que lo expulsa de la quietud, para ser, para permanecer en la intemperie.
Ver al obrador de los obradores no es la meta del antropólogo, sino la del poeta.
Él no solamente quiere verla, sino describirla, atraparla en esas palabras elegidas de lo común, del común de las palabras, sobre y dentro de las cuales coloca, pone, deposita, almacena, de otra forma ya, lo que estamos siendo como mundo.
Alimento presente y futuro para la continuidad; alimento del hombre, del mundo y de lo otro que los hombres ya están cultivando.
Es una realidad el medio; el que es expuesto de una manera clara por Ortega y Gasset: “El hombre y sus circunstancias”.
El hombre y su medio, su medio ambiente, con el que tiene que convivir todos los días, y el que a la vez nunca es el mismo.
Varía el hombre, el medio y la relación entre ellos, la cual es a la vez cada vez más compleja.
Como contrapeso en el corazón del hombre, se anida el irremediable deseo de armonía y paz, queriendo además permanecer, crecer, avanzar, disfrutar lo que ha sido capaz de hacer, crear en la tierra, en mundo. Un alma que es morada y un espíritu que lo anima
Una idea, un pensamiento, una hipótesis, una teoría, son cosas que han brotado en el alma, en la mente del hombre. Allí están, allí reposan, hasta que son registradas, escritas, almacenadas afuera de lo que es él; en un libro, por ejemplo.
Estando afuera del hombre y siendo registradas, comunicadas, pertenecen ya a otro ser, pertenecen al ser humanidad. A un cuerpo más grande formado por el conjunto de todos los cuerpos de los monos que miden.
El mundo es un alma abierta con un espíritu. Este espíritu, este ánimo que se esparce en el éter, en las cosas. Una forma de verlo con claridad es en las obras de arte.
Es la primera vez que el espíritu sale de la naturaleza y se convierte en cosa. Una cosa viva. ¿Qué es sino la 9 Sinfonía de Beethoven, La pasión San Mateo de Bach, El Zapato de Van Gogh, La Mona Lisa etc., etc.?
Primero fue el espíritu del universo, luego pasa a ser espíritu de la naturaleza, de la vida, del hombre, y ahora de las cosas.
Un libro está vivo, mantiene encendido imperceptiblemente al espíritu del hombre.
Por mucho tiempo hemos considerado a las cosas como elementos constitutivos de la naturaleza, pero inertes, sin vida. Ahora está apareciendo un tipo de cosa viva: la obra del hombre.
El animal ha sido capaz de convertir a la naturaleza en una cosa útil para su existencia, para su conveniencia. Lo está haciendo desde que brotó sobre la tierra y la ha convertido en su morada.
Una morada que lleva con él. No una casa, ni menos una choza, una morada capaz de hacerlo existir hasta debajo de las aguas del mar, como afuera de la madre tierra, aunque por ahora en forma temporal.
El hombre, como animal que mide y habla, partirá inexorablemente y será nuevamente. Logrará tener la velocidad de desplazamiento de un cometa, para fecundar otros planetas, otras galaxias, otros cielos.
Este ser está alcanzando su madures, aunque aún es un adolescente. Siente dentro de sí la necesidad de partir y ser un ser fecundador. Está siendo expelido por su propio cuerpo.
Su cuerpo mudo lo siente así, pero él se demora siendo espíritu, siendo vida en las cosas, en sus obras, como quien quiere, desea demorarse. Inclusive planta estacas en el seno de su madre, que el viento, que las tormentas de la vida, de la existencia del universo, se las arrebatan. Tan cruda es su realidad, que su propia madre ya falleciente, quiere, desea que su hijo ya maduro, parta, sea hombre.
Mientras aquí permanecemos, creemos, pensamos, obramos, como un hijo ded naturaleza diferente, que tiene otras condiciones, otros desafíos. Eso es el truco, el engaño que nos hace la naturaleza a todos los seres que la ven, que la tratan de ver, comprender y si aún quisiéramos llegar lejos, amarla.
Fue Heráclito el primero que observó, que contemplo al hombre, a la vida, al universo, desde afuera. Luego Nietzsche. Todos lo demás se han entretenido en crear ideas, teorías de lo que somos pero viéndonos desde nosotros, desde el espíritu que se ha almacenado en nosotros. Desde Parménides hasta Haidegger, hasta el mismo Wingestein.
Poder vernos desde afuera es una aventura, es la posibilidad de ver nuestro pasado, nuestro presente y el futuro; no sólo a todos ellos, sino a todos ellos juntos..
Sentir como todas las cosas entran en un sumidero y desaparecen. Todo aquello que tenía gran velocidad o permanecía quieto, es arrastrado, absorbido, para ser nada, para ser silencio nueva – mente.
Sin embargo está el canto del gallo, como nos decía Holan. El canto del niño que reclama una vida, la vida que le pertenece. Una vertiente nueva siempre está surgiendo, está brotando desde dentro y desde afuera de nosotros. Una vida que se hace así misma y que nos engloba, que nos contiene
Una vida que por momentos late dentro de nuestro corazón. Una vida en la que quisieras amar, soñar, pensar, crear e inclusive luchar, pero con los ojos abiertos, sabiendo que si remamos, iremos a un lugar mejor, a un morada; y no perdernos en luchas inútiles: Hölderlin.
El camino de la poesía es un camino posible. Un sendero que se abre, que se ha abierto a los hombres que cultivan dentro de sus almas, aquello se les da para poder ser puesto en palabras y ser transmisible. Una vida nueva, una sangre nueva.
Una vida, una forma de vivir, en donde podamos ver lo que estamos siendo.
El hombre es un ser que se hace así mismo, pero esto cuesta trabajo; pero quiere además placer, el placer de ver no sólo a la obra, sino verse labrarla, conocer lo que labra, aquel ánimo que lo impulsa, que lo expulsa de la quietud, para ser, para permanecer en la intemperie.
Ver al obrador de los obradores no es la meta del antropólogo, sino la del poeta.
Él no solamente quiere verla, sino describirla, atraparla en esas palabras elegidas de lo común, del común de las palabras, sobre y dentro de las cuales coloca, pone, deposita, almacena, de otra forma ya, lo que estamos siendo como mundo.
Alimento presente y futuro para la continuidad; alimento del hombre, del mundo y de lo otro que los hombres ya están cultivando.
Karigüe
Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a amigos@karigue.com.ar .
Gracias. Karigüe
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lunes, 25 de febrero de 2008
Frases Celebres de Poesia
1.- La poesía es el eco de la melodía en el universo, en el corazón de los humanos. (Rabindranath Tagore)
2.- La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder. (Aristóteles)
3.- La poesía es más profunda y filosófica que la historia. (Aristóteles)
4.- Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas. (Galileo Galilei)
5.- En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver, y lo que vemos es la vida. (Robert Penn Warren)
6.- Trato de aplicar colores como palabras que forman poemas, como notas que forman música. (Joan Miró)
7.- Un poema completo es uno donde la emoción ha encontrado su pensamiento y el pensamiento ha encontrado las palabras. (Robert Frost)
8.- La belleza es el único estado legítimo del poema. (Edgar Allan Poe)
9.- La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar. (Gastón Bachelard)
10.- Grande o pequeño, todo hombre es poeta si sabe ver el ideal, más allá de sus actos. (Henrik Johan Visen)
11.- Sobre las olas de la vida, en el vocerío del viento y del agua, el pensamiento del poeta está siempre flotando y bailando. (Rabindranath Tagore)
12.- Todo recuerdo es melancólico, y toda esperanza, alegre. (Novalis)
Las Frases Célebres de Poesía o Citas Célebres de Poesía fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Poesía y Citas de Poesía)
2.- La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder. (Aristóteles)
3.- La poesía es más profunda y filosófica que la historia. (Aristóteles)
4.- Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas. (Galileo Galilei)
5.- En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver, y lo que vemos es la vida. (Robert Penn Warren)
6.- Trato de aplicar colores como palabras que forman poemas, como notas que forman música. (Joan Miró)
7.- Un poema completo es uno donde la emoción ha encontrado su pensamiento y el pensamiento ha encontrado las palabras. (Robert Frost)
8.- La belleza es el único estado legítimo del poema. (Edgar Allan Poe)
9.- La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar. (Gastón Bachelard)
10.- Grande o pequeño, todo hombre es poeta si sabe ver el ideal, más allá de sus actos. (Henrik Johan Visen)
11.- Sobre las olas de la vida, en el vocerío del viento y del agua, el pensamiento del poeta está siempre flotando y bailando. (Rabindranath Tagore)
12.- Todo recuerdo es melancólico, y toda esperanza, alegre. (Novalis)
Las Frases Célebres de Poesía o Citas Célebres de Poesía fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Poesía y Citas de Poesía)
domingo, 24 de febrero de 2008
Reflexión - ¿Qué significa habitar?
Por Raúl Ballbé
Con motivo del homenaje a Romain Rolland escribió Freud una contribución que tituló: "Un trastorno de la memoria en la Acrópolis. Carta abierta a Romain Rolland en ocasión de su septuagésimo aniversario". En este trabajo que data de 1936 nos cuenta Freud una experiencia de su vida, cuando tenía cuarenta y ocho años. Un amigo que visita con su hermano menor en Trieste, les sugiere modificar el itinerario para conocer Atenas y esta perspectiva suscita una extraña desazón en el viajero. De su experiencia en la ciudad griega escribe Freud: "Cuando finalmente la tarde de nuestra llegada me encontré de pie ante la Acrópolis, abarcando el paisaje con la mirada, me vino de pronto el siguiente pensamiento, harto extraño: ¡De modo que todo esto realmente existe, tal como lo hemos aprendido en el colegio! Para describir la situación con mayor exactitud, la persona que expresaba esa observación se apartaba mucho más agudamente de lo que generalmente se advierte, de otra persona que percibía dicha observación y ambas se sentían sorprendidas aunque no por el mismo motivo. La primera se conducía como si bajo el impacto de una observación incuestionable, se viera obligada a creer en algo cuya realidad le hubiera parecido hasta entonces dudosa. Exagerando un tanto la nota podría decir que se comportaba como alguien que paseando a lo largo de Loch Ness, en Escocia, se encontrara de pronto con el cuerpo del famoso monstruo arrojado en la playa y se viera obligado a reconocer: "¡ De modo que realmente existe esa serpiente marina en la que nunca quisimos creer!". La segunda persona, en cambio, se sentía justificadamente sorprendida porque nunca se le había ocurrido que la existencia real de Atenas, de la Acrópolis y del paisaje circundante, pudiera ser jamás objeto de duda. Esperaba oir más bien expresiones de encanto o de admiración".
Freud ante la Acrópolis padece una sensación de extrañamiento que empaña la alegría de estar en tan ansiado lugar, como si todo fuese demasiado hermoso para ser cierto. Nos podríamos preguntar si alguna vez no nos ha ocurrido algo parecido al no poder experimentar el goce que esperábamos y sentir, con cierta irritación, solo indiferencia. Reconocemos los valores, pero nos sentimos incapaces de vivenciarlos. Freud vincula su experiencia en la Acrópolis con los conflictos neuróticos de los que fracasan ante el éxito, es decir, de quienes por un sentimiento de culpa inconsciente evitan lograr lo que desean y no se sienten dignos de la felicidad porque creen no merecerla. El destino, que no depara la satisfacción esperada sino que se presiente amenazador y que le niega el goce al viajero en la sublime ciudad antigua, cumple con la acción punitiva de la conciencia moral, a su vez heredera del conflicto edípico. Así interpreta Freud su desazón de Trieste ante la perspectiva del viaje a Atenas y su vivencia de extrañamiento ante la Acrópolis. El largo viaje y la ansiada meta, Atenas, encubrían el episodio infantil con sus vivencias de culpa y de piedad hacia el padre. El habitar del viajero está amenazado por una transitoria endeblez de los límites que le confieren seguridad y por eso experimenta extrañeza, pierde el sentido de lo familiar. Freud nos da una imagen del hombre como homo natura y su modo de ser aparece como carácter del acontecer interior signado por el sufrir y el soportar, vivir sine spes et metus como querían los estoicos. Y nos señala el hecho de que las experiencias de la primera infancia condicionan al hombre. Esta decisiva determinación del hombre por el inconsciente, la obligada confrontación plasmadora con las fuertes potencias del mundo exterior y el arraigo originario y unitario del hombre en la natura naturans por esos entes míticos, los instintos, fuerzas de la vida que interminablemente engendra y fenece, nos acercan a la imagen del hombre trágico, no redimido de la antigüedad griega. No parece mera coincidencia que, no lejos de Atenas, cuando el hombre antiguo creía en los mitos, Edipo consumara el parricidio, acontecimiento que apadrina un hecho psicológico en la teoría psicoanalítica y que su autor nos reitera en este ensayo. Esta es una interpretación de una vivencia que implica enajenarse del humano habitar en el mundo.
Pero ¿qué habrá experimentado Calicles en ese mismo lugar, hace ya muchos siglos, al escuchar de boca de Sócrates estas palabras: "Los sabios, Calicles, afirman que el cielo y la tierra, los dioses y los hombres, están ligados, juntos, por la amistad, el respeto del orden, la moderación y la justicia, y por esta razón llaman universo (cosmos) el orden de las cosas, no desorden ni desarreglo"? Estas palabras del Gorgias (507-508) aluden a los pitagóricos, ya que Pitágoras parece que fue el primero en aplicar la palabra cosmos (orden) al universo en la cuádruple relación de participación (Platón emplea en el diálogo la palabra koinonian) de los dioses, los mortales, el cielo y la tierra. En este cuádruple juego habita originariamente el hombre porque el mundo en que mora consiste, precisamente, en la imprescindible relación participativa de los cuatro: los dioses como fundamento de la Divinidad; el cielo surcado por las estrellas, el aparecer y desaparecer del sol y la luna con la luz y la oscuridad funda el tiempo en su transcurrir y en sus manifestaciones de clemencia o inhospitalidad; la tierra con sus frutos y el trabajo del cultivo de sus cosechas y el cuidado de sus animales; y los mortales son los hombres. Se llaman los mortales porque tienen la virtud de morir. Morir significa: la muerte como capacidad de morir, porque la existencia humana en la lucha y juego de la cuádruple relación de cielo y tierra, dioses y mortales es ser para la muerte, como dice Heidegger. La vivencia de extrañamiento de un hombre de este siglo ante la Acrópolis ¿acaso no podría surgir por el olvido del fundamento del habitar, falta que procede de la ausencia de los dioses, considerados descomedidamente por el hombre como meras fantasías primitivas e infantiles; de un cielo, que ya solo es un objeto de la investigación científico natural; de la tierra reducida a un objeto de explotación económica y regida por la planificación tecnológica; y finalmente del hombre mismo quien, perdida su relación con los dioses, la tierra y el cielo, habita en un orden abstracto que oculta el caos?
Es muy significativo que Platón se refiera en ese pasaje del Gorgias a pensadores presocráticos como lo hace Heidegger en nuestro siglo al reflexionar sobre el mundo como cuadruplicidad ("Welt als Geviert"). En 1945 termina la "guerra civil europea" que comienza en 1917 - como muy bien lo fundamenta Nolte - y Platón escribe en esa época crítica que culmina con la derrota de Atenas después de las sangrientas guerras del Peloponeso. Desde el punto de vista morfológico - y no cronológico, claro está - podemos relacionar el fin de la guerra europea con el fin de la guerra del Peloponeso: son épocas de crisis, es decir, épocas en las cuales el hombre se pregunta por los valores fundamentales. Ya no se siente en un mundo familiar sino extraño: ¿qué es entonces lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto? Platon recurre a lo intemporal, a lo que no está sujeto al relativismo del tiempo, al concepto, al mundo de las ideas. Y en lo político a una extraña utopía en la que parece desconocer la idiosincrasia de sus propios compatriotas que expone en La República. Pero al mismo tiempo vuelve a los tiempos antiguos para encontrar una unidad perdida. Por eso es, en cierta manera injusto con él Nietzsche, a partir del Origen de la Tragedia, al verlo exclusivamente como un racionalista decadente. Los tiempos que marcaba la historia eran duros ¿Acaso habría de asumir una actitud, ante la misma crisis, como la de su condiscípulo Antístenes (1), el fundador de la escuela cínica, un hippie de la antigüedad? Heidegger, en la crisis de nuestro siglo, se replantea la cuestión ontológica del habitar. La pregunta que nos planteamos es: ¿cual ha llegado a ser el modo del habitar para que cuanto el hombre construye se haya erigido en preocupante amenaza, nudo de problemas, malestar y extrañeza? Para expresarlo en castellano, las palabras habitar (ocupar un lugar, Berceo S. 13), sede, sitio, asentarse, morar nos esclarecen sus orígenes lingüísticos en el verbo ser, esto es, en la temporalización y espacialización de la existencia. Además, habitar deriva del verbo haber, del latín habere. Quien habita ocupa un lugar, vive en él. El existente tiene (haber como tener) un lugar en el sentido de que éste surge donde él está. Donde tú estás nace un lugar, dice Rilke. Y donde tú estás, en el lenguaje del amor, es donde yo estoy. Esta preocupación implica, también, verme en buen hábito - como manera de ser, aspecto, actitud, vestido, disposición física o moral.
El lugar del existente humano es un ahí que para Heidegger significa la apertura del existente en el ente, que entreabre el espacio, que irrumpe en él. Lo define con estas palabras: "El ahí (Da) es el espacio abierto por la irrupción (Einbruch) del hombre. El hombre, entendido como Dasein no es un simple "objeto" presente en el espacio, como una mesa o una piedra, sino el ente que revela, abre el espacio que es, él mismo, espacial, en el sentido que él espacializa". En otro significativo párrafo nos aclara el sentido de irrupción del "ahí": "El hombre - un ente entre otros - hace ciencia. En este hacer acaece nada menos que la irrupción de un ente, llamado hombre, en el todo del ente y, en tal forma, que en esta irrupción y mediante ella queda al descubierto el ente en su qué es y en su cómo es. Esta descubridora irrupción sirve, a su modo, para que por primera vez el ente se recobre a sí mismo".
El hombre se anticipa a ocupar un lugar, es decir, a revelar e iluminar los objetos de su interés, cuidado y preocupación. Así puede disponer de su haberío, que es la "mula" en Aragón, "asno" en Soria y en otras partes cualquier bestia de carga o de labor, colectivo conjunto de animales domésticos, por ser estos los bienes del rústico por excelencia; en Galicia haber es "res vacuna", abere en vasco "ovejas" y avería en Cataluña. Al abrirnos al mundo de la religión, del arte, de la ciencia, de la política, irrumpimos revelando los entes respectivos en su qué y en su cómo son. También habitamos en nuestro trabajo, gustoso o no; en el Templo, con fe o si ella; en nuestro hogar, morando en él, de-morándonos o buscando cualquier pretexto par huir de él; en los puentes, autopistas y aviones para llegar al objeto de nuestro interés u obligación. Porque el hombre habita construye ciudades, caminos y puentes: son lo sitios donde moramos y transitamos, nuestra sede. Y no es azar etimológico señalar que sentarse, asentarse, sede, son las formas originarias y concretísimas de nuestro verbo ser, que luego se ha vuelto tan abstracto y oscuro. El hombre es habitando y porque habita, construye como lo esclarece Heidegger. Pero individual y colectivamente habita de modos muy diversos. Puede habitar en el pensar, en la egoísta voracidad de la lucha por el poder, en la frívola diversión, en la locura. Puede presentarse con mil hábitos y creer ser él mismo. Pero el hombre tiene hábitos porque habita y, solo el pensar, puede elevarse al orden (cosmos) del que todo otro orden emana, por cuyo respeto "el cielo y la tierra, los dioses y los hombres están ligados, juntos". Pues la historia individual y colectiva depende de la elevación del pensar en el orden de las cosas que llaman universo y no desorden ni desarreglo. Su olvido o menosprecio nos acarrea ese profundo sentimiento de extrañeza y de alienación.
Decía G. Marcel que a fines de siglo y a comienzos de éste el mundo aparecía como normalmente constituído: tenía, aparentemente, un ser perfectible por cierto pero estaba en sí mismo "bien hecho". Pero actualmente, en cambio, se siente que "el mundo está roto", como reza el título de uno de sus dramas. Los principios de tal destrucción se hallaban en esa optimista y progresista visión que ocultaba un mundo en que domina la hostilidad, la desconfianza y, por lo tanto, la guerra latente o manifiesta. Recomponer ese mundo y restablecer su unidad perdida, aparece hoy como el imperativo moral y social por excelencia. Pero Marcel delataba la falsa ruta que sigue esa aspiración que se fundamenta en los avances técnicos - sin desconocerles la necesaria importancia - ya que éstos conducen a un concepto falso de unidad. Se pensará que como nunca en la historia el mundo es hoy "uno". La velocidad de las comunicaciones significa la abolición de las distancias: luego de suprimidas se logrará la unidad. Tal razonamiento, en si mismo exacto, no rige para un concepto profundo de unidad, que significa intimidad, identificación espiritual y cosmos.
Es necesario distinguir tres tipos de unidad: a) Unidad por exclusión de características propias, es decir, por empobrecimiento de lo que se unifica. b) Unidad técnica, que conduce a la nivelación de la sociedad, de los modos de vivir, de las costumbres. Semejante homogeneidad social - posibilitada por la técnica puesta al servicio de la política - se llama ideología, inseparable de la propaganda o, mejor dicho, se confunde con ella. Se impone una ideología cuando, por ejemplo, se elige cierta categoría humana como chivo emisario. c) Unidad espiritual donde rige la identidad entre seres personales: uno ama al otro reconociendo sus diferencias e incluso amándolas.
¿Cuál ha llegado a ser el modo de habitar del hombre para que cuanto construye tenga un aspecto amenazante y constituya un nudo de problemas y malestar? El que surge del despliegue de un mundo cada vez más abstracto que no se detiene en la despersonalización del hombre sino que también se extiende al mundo natural y, de este modo, completa la evacuación de contenidos, de calidades. Sobre esto escribe Marcel: "Jamás olvidaré la impresión que experimenté al tomar contacto con un país como Venezuela, en que se tiene el sentimiento de que lo que era un paisaje está en trance de convertirse en taller. Se asiste a una especie de destrucción sistemática, que me atrevería a llamar sacrílega. También he sentido tal impresión de sacrilegio, en un grado más alto aún, en Río de Janeiro, al comprobar que se preparaba la nivelación de colinas sin consideración por la realidad original del sitio. Hay en esto un hecho absolutamente significativo: mientras que en el pasado se moldeaba una ciudad, en cierto modo, sobre un estructura o preestructura natural y la colmaba, es verosímil que veamos construirse, cada vez más y sin consideración alguna por cierta preformación natural, enormes aglomeraciones. No se vacilará en violentar la naturaleza para realizar determinado plan abstracto".
La organización creciente de la sociedad ¿se hará en el sentido de una despersonalización cada vez más acentuada para convertirse en lo que Platón llamaba en La República "gran animal", palabras que en nuestra época nos recuerda Simone Weil cuando dice que una nación no tiene alma; es un gran animal? Tal vez Freud experimentó ese sentimiento de extrañeza, en lo más profundo de su ser, ante esos Templos de la Acrópolis que los dioses habían abandonado. Y Marcel, en su viaje, ante la sacrílega destrucción de la naturaleza y del habitar humano por el imperio del espíritu de abstracción.
Pero no debemos olvidar que "si la ejecución de sueños ancestrales - como escribe Robert Musil - es poder volar con los pájaros y navegar con los peces, penetrar como la broca en los cuerpos de montañas gigantes, enviar mensajes a velocidades divinas, divisar lo invisible y percibir lo remoto, oír hablar a los muertos, anegarse en salutíferos sueños milagrosos, ver con ojos vivos el aspecto que tendremos después de muertos, descubrir en noches resplandecientes mil cosas de encima y de abajo de este mundo que antes nadie conocía; si luz, calor, fuerza, placer, comodidad son los sueños primordiales del hombre, en tal caso las investigaciones actuales no solamente son ciencia, sino también una magia, un rito de poderosísima fuerza sentimental e intelectual que induce a Dios a doblar el uno sobre el otro los pliegues de su manto, una religión cuya dogmática está regida y basada en la dura y valiente lógica de la matemática, aguda y penetrante como la hoja de un cuchillo. Por lo demás, es indiscutible que todos esto sueños antiquísimos se realizaron, en opinión de los no matemáticos, de muy distinta manera de como lo habían imaginado al principio. El cuerno del cartero de Münchhausen era más bonito que una bocina electrónica con el sonido en conserva; las botas de siete leguas, más bonitas que un automóvil; el imperio del rey Laurin, más bonito que un túnel ferroviario, las raíces salutíferas de la mandrágora más bonitas que un telegrama ilustrado, comer el corazón de la propia madre y entender el lenguaje de las aves, más bonito que un estudio zoopsicológico sobre la expresión rítmica del gorjeo de los pájaros. Hemos conquistado la realidad y perdido el sueño".
Podemos también decir que los deseos de los humanos, sus sueños, se han realizado y se plantea la cuestión de si esa colosal realización no se transformará en una pesadilla. Al fin y al cabo, los cerebros lanzan ideas en fugaces momentos de inspiración que pueden ser geniales, agudas, ingeniosas, disparatadas o estúpidas. Si otros cerebros no les dan acogida, se pierden en el vacío como los satélites lanzados al espacio y de los que nunca más se tiene noticia. Pero si esas ideas son recibidas por otros cerebros activos, serán engendradas otras nuevas. De este fenómeno depende, tanto en la vida individual como en la colectiva, que haya más hombres interesantes o vulgares.
1. Antístenes (444-365 a. J.C.) fue discípulo de Sócrates, fundador de la escuela cínica y maestro de Diógenes. Consideraba la felicidad en la práctica de la virtud que consistía en la independencia completa respecto de las cosas exteriores: el hombre libre es el que vence sus pasiones y hasta sus necesidades. Una vez Sócrates le dijo que a través de los agujeros de su ropa veía su soberbia.
Estas líneas pertenecen a un trabajo publicado en la REVISTA CHILENA DE NEUROLOGÍA Y PSIQUIATRÍA Volumen XIV, nº2, de 1975, y ha correspondido a las clases dictadas en la cátedra universitaria del Dr. Ballbé y a las Lecciones dictadas en el Centro de Investigaciones Filosóficas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos, donde dirije la Sección de Psiquiatría y Psicología.
Con motivo del homenaje a Romain Rolland escribió Freud una contribución que tituló: "Un trastorno de la memoria en la Acrópolis. Carta abierta a Romain Rolland en ocasión de su septuagésimo aniversario". En este trabajo que data de 1936 nos cuenta Freud una experiencia de su vida, cuando tenía cuarenta y ocho años. Un amigo que visita con su hermano menor en Trieste, les sugiere modificar el itinerario para conocer Atenas y esta perspectiva suscita una extraña desazón en el viajero. De su experiencia en la ciudad griega escribe Freud: "Cuando finalmente la tarde de nuestra llegada me encontré de pie ante la Acrópolis, abarcando el paisaje con la mirada, me vino de pronto el siguiente pensamiento, harto extraño: ¡De modo que todo esto realmente existe, tal como lo hemos aprendido en el colegio! Para describir la situación con mayor exactitud, la persona que expresaba esa observación se apartaba mucho más agudamente de lo que generalmente se advierte, de otra persona que percibía dicha observación y ambas se sentían sorprendidas aunque no por el mismo motivo. La primera se conducía como si bajo el impacto de una observación incuestionable, se viera obligada a creer en algo cuya realidad le hubiera parecido hasta entonces dudosa. Exagerando un tanto la nota podría decir que se comportaba como alguien que paseando a lo largo de Loch Ness, en Escocia, se encontrara de pronto con el cuerpo del famoso monstruo arrojado en la playa y se viera obligado a reconocer: "¡ De modo que realmente existe esa serpiente marina en la que nunca quisimos creer!". La segunda persona, en cambio, se sentía justificadamente sorprendida porque nunca se le había ocurrido que la existencia real de Atenas, de la Acrópolis y del paisaje circundante, pudiera ser jamás objeto de duda. Esperaba oir más bien expresiones de encanto o de admiración".
Freud ante la Acrópolis padece una sensación de extrañamiento que empaña la alegría de estar en tan ansiado lugar, como si todo fuese demasiado hermoso para ser cierto. Nos podríamos preguntar si alguna vez no nos ha ocurrido algo parecido al no poder experimentar el goce que esperábamos y sentir, con cierta irritación, solo indiferencia. Reconocemos los valores, pero nos sentimos incapaces de vivenciarlos. Freud vincula su experiencia en la Acrópolis con los conflictos neuróticos de los que fracasan ante el éxito, es decir, de quienes por un sentimiento de culpa inconsciente evitan lograr lo que desean y no se sienten dignos de la felicidad porque creen no merecerla. El destino, que no depara la satisfacción esperada sino que se presiente amenazador y que le niega el goce al viajero en la sublime ciudad antigua, cumple con la acción punitiva de la conciencia moral, a su vez heredera del conflicto edípico. Así interpreta Freud su desazón de Trieste ante la perspectiva del viaje a Atenas y su vivencia de extrañamiento ante la Acrópolis. El largo viaje y la ansiada meta, Atenas, encubrían el episodio infantil con sus vivencias de culpa y de piedad hacia el padre. El habitar del viajero está amenazado por una transitoria endeblez de los límites que le confieren seguridad y por eso experimenta extrañeza, pierde el sentido de lo familiar. Freud nos da una imagen del hombre como homo natura y su modo de ser aparece como carácter del acontecer interior signado por el sufrir y el soportar, vivir sine spes et metus como querían los estoicos. Y nos señala el hecho de que las experiencias de la primera infancia condicionan al hombre. Esta decisiva determinación del hombre por el inconsciente, la obligada confrontación plasmadora con las fuertes potencias del mundo exterior y el arraigo originario y unitario del hombre en la natura naturans por esos entes míticos, los instintos, fuerzas de la vida que interminablemente engendra y fenece, nos acercan a la imagen del hombre trágico, no redimido de la antigüedad griega. No parece mera coincidencia que, no lejos de Atenas, cuando el hombre antiguo creía en los mitos, Edipo consumara el parricidio, acontecimiento que apadrina un hecho psicológico en la teoría psicoanalítica y que su autor nos reitera en este ensayo. Esta es una interpretación de una vivencia que implica enajenarse del humano habitar en el mundo.
Pero ¿qué habrá experimentado Calicles en ese mismo lugar, hace ya muchos siglos, al escuchar de boca de Sócrates estas palabras: "Los sabios, Calicles, afirman que el cielo y la tierra, los dioses y los hombres, están ligados, juntos, por la amistad, el respeto del orden, la moderación y la justicia, y por esta razón llaman universo (cosmos) el orden de las cosas, no desorden ni desarreglo"? Estas palabras del Gorgias (507-508) aluden a los pitagóricos, ya que Pitágoras parece que fue el primero en aplicar la palabra cosmos (orden) al universo en la cuádruple relación de participación (Platón emplea en el diálogo la palabra koinonian) de los dioses, los mortales, el cielo y la tierra. En este cuádruple juego habita originariamente el hombre porque el mundo en que mora consiste, precisamente, en la imprescindible relación participativa de los cuatro: los dioses como fundamento de la Divinidad; el cielo surcado por las estrellas, el aparecer y desaparecer del sol y la luna con la luz y la oscuridad funda el tiempo en su transcurrir y en sus manifestaciones de clemencia o inhospitalidad; la tierra con sus frutos y el trabajo del cultivo de sus cosechas y el cuidado de sus animales; y los mortales son los hombres. Se llaman los mortales porque tienen la virtud de morir. Morir significa: la muerte como capacidad de morir, porque la existencia humana en la lucha y juego de la cuádruple relación de cielo y tierra, dioses y mortales es ser para la muerte, como dice Heidegger. La vivencia de extrañamiento de un hombre de este siglo ante la Acrópolis ¿acaso no podría surgir por el olvido del fundamento del habitar, falta que procede de la ausencia de los dioses, considerados descomedidamente por el hombre como meras fantasías primitivas e infantiles; de un cielo, que ya solo es un objeto de la investigación científico natural; de la tierra reducida a un objeto de explotación económica y regida por la planificación tecnológica; y finalmente del hombre mismo quien, perdida su relación con los dioses, la tierra y el cielo, habita en un orden abstracto que oculta el caos?
Es muy significativo que Platón se refiera en ese pasaje del Gorgias a pensadores presocráticos como lo hace Heidegger en nuestro siglo al reflexionar sobre el mundo como cuadruplicidad ("Welt als Geviert"). En 1945 termina la "guerra civil europea" que comienza en 1917 - como muy bien lo fundamenta Nolte - y Platón escribe en esa época crítica que culmina con la derrota de Atenas después de las sangrientas guerras del Peloponeso. Desde el punto de vista morfológico - y no cronológico, claro está - podemos relacionar el fin de la guerra europea con el fin de la guerra del Peloponeso: son épocas de crisis, es decir, épocas en las cuales el hombre se pregunta por los valores fundamentales. Ya no se siente en un mundo familiar sino extraño: ¿qué es entonces lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto? Platon recurre a lo intemporal, a lo que no está sujeto al relativismo del tiempo, al concepto, al mundo de las ideas. Y en lo político a una extraña utopía en la que parece desconocer la idiosincrasia de sus propios compatriotas que expone en La República. Pero al mismo tiempo vuelve a los tiempos antiguos para encontrar una unidad perdida. Por eso es, en cierta manera injusto con él Nietzsche, a partir del Origen de la Tragedia, al verlo exclusivamente como un racionalista decadente. Los tiempos que marcaba la historia eran duros ¿Acaso habría de asumir una actitud, ante la misma crisis, como la de su condiscípulo Antístenes (1), el fundador de la escuela cínica, un hippie de la antigüedad? Heidegger, en la crisis de nuestro siglo, se replantea la cuestión ontológica del habitar. La pregunta que nos planteamos es: ¿cual ha llegado a ser el modo del habitar para que cuanto el hombre construye se haya erigido en preocupante amenaza, nudo de problemas, malestar y extrañeza? Para expresarlo en castellano, las palabras habitar (ocupar un lugar, Berceo S. 13), sede, sitio, asentarse, morar nos esclarecen sus orígenes lingüísticos en el verbo ser, esto es, en la temporalización y espacialización de la existencia. Además, habitar deriva del verbo haber, del latín habere. Quien habita ocupa un lugar, vive en él. El existente tiene (haber como tener) un lugar en el sentido de que éste surge donde él está. Donde tú estás nace un lugar, dice Rilke. Y donde tú estás, en el lenguaje del amor, es donde yo estoy. Esta preocupación implica, también, verme en buen hábito - como manera de ser, aspecto, actitud, vestido, disposición física o moral.
El lugar del existente humano es un ahí que para Heidegger significa la apertura del existente en el ente, que entreabre el espacio, que irrumpe en él. Lo define con estas palabras: "El ahí (Da) es el espacio abierto por la irrupción (Einbruch) del hombre. El hombre, entendido como Dasein no es un simple "objeto" presente en el espacio, como una mesa o una piedra, sino el ente que revela, abre el espacio que es, él mismo, espacial, en el sentido que él espacializa". En otro significativo párrafo nos aclara el sentido de irrupción del "ahí": "El hombre - un ente entre otros - hace ciencia. En este hacer acaece nada menos que la irrupción de un ente, llamado hombre, en el todo del ente y, en tal forma, que en esta irrupción y mediante ella queda al descubierto el ente en su qué es y en su cómo es. Esta descubridora irrupción sirve, a su modo, para que por primera vez el ente se recobre a sí mismo".
El hombre se anticipa a ocupar un lugar, es decir, a revelar e iluminar los objetos de su interés, cuidado y preocupación. Así puede disponer de su haberío, que es la "mula" en Aragón, "asno" en Soria y en otras partes cualquier bestia de carga o de labor, colectivo conjunto de animales domésticos, por ser estos los bienes del rústico por excelencia; en Galicia haber es "res vacuna", abere en vasco "ovejas" y avería en Cataluña. Al abrirnos al mundo de la religión, del arte, de la ciencia, de la política, irrumpimos revelando los entes respectivos en su qué y en su cómo son. También habitamos en nuestro trabajo, gustoso o no; en el Templo, con fe o si ella; en nuestro hogar, morando en él, de-morándonos o buscando cualquier pretexto par huir de él; en los puentes, autopistas y aviones para llegar al objeto de nuestro interés u obligación. Porque el hombre habita construye ciudades, caminos y puentes: son lo sitios donde moramos y transitamos, nuestra sede. Y no es azar etimológico señalar que sentarse, asentarse, sede, son las formas originarias y concretísimas de nuestro verbo ser, que luego se ha vuelto tan abstracto y oscuro. El hombre es habitando y porque habita, construye como lo esclarece Heidegger. Pero individual y colectivamente habita de modos muy diversos. Puede habitar en el pensar, en la egoísta voracidad de la lucha por el poder, en la frívola diversión, en la locura. Puede presentarse con mil hábitos y creer ser él mismo. Pero el hombre tiene hábitos porque habita y, solo el pensar, puede elevarse al orden (cosmos) del que todo otro orden emana, por cuyo respeto "el cielo y la tierra, los dioses y los hombres están ligados, juntos". Pues la historia individual y colectiva depende de la elevación del pensar en el orden de las cosas que llaman universo y no desorden ni desarreglo. Su olvido o menosprecio nos acarrea ese profundo sentimiento de extrañeza y de alienación.
Decía G. Marcel que a fines de siglo y a comienzos de éste el mundo aparecía como normalmente constituído: tenía, aparentemente, un ser perfectible por cierto pero estaba en sí mismo "bien hecho". Pero actualmente, en cambio, se siente que "el mundo está roto", como reza el título de uno de sus dramas. Los principios de tal destrucción se hallaban en esa optimista y progresista visión que ocultaba un mundo en que domina la hostilidad, la desconfianza y, por lo tanto, la guerra latente o manifiesta. Recomponer ese mundo y restablecer su unidad perdida, aparece hoy como el imperativo moral y social por excelencia. Pero Marcel delataba la falsa ruta que sigue esa aspiración que se fundamenta en los avances técnicos - sin desconocerles la necesaria importancia - ya que éstos conducen a un concepto falso de unidad. Se pensará que como nunca en la historia el mundo es hoy "uno". La velocidad de las comunicaciones significa la abolición de las distancias: luego de suprimidas se logrará la unidad. Tal razonamiento, en si mismo exacto, no rige para un concepto profundo de unidad, que significa intimidad, identificación espiritual y cosmos.
Es necesario distinguir tres tipos de unidad: a) Unidad por exclusión de características propias, es decir, por empobrecimiento de lo que se unifica. b) Unidad técnica, que conduce a la nivelación de la sociedad, de los modos de vivir, de las costumbres. Semejante homogeneidad social - posibilitada por la técnica puesta al servicio de la política - se llama ideología, inseparable de la propaganda o, mejor dicho, se confunde con ella. Se impone una ideología cuando, por ejemplo, se elige cierta categoría humana como chivo emisario. c) Unidad espiritual donde rige la identidad entre seres personales: uno ama al otro reconociendo sus diferencias e incluso amándolas.
¿Cuál ha llegado a ser el modo de habitar del hombre para que cuanto construye tenga un aspecto amenazante y constituya un nudo de problemas y malestar? El que surge del despliegue de un mundo cada vez más abstracto que no se detiene en la despersonalización del hombre sino que también se extiende al mundo natural y, de este modo, completa la evacuación de contenidos, de calidades. Sobre esto escribe Marcel: "Jamás olvidaré la impresión que experimenté al tomar contacto con un país como Venezuela, en que se tiene el sentimiento de que lo que era un paisaje está en trance de convertirse en taller. Se asiste a una especie de destrucción sistemática, que me atrevería a llamar sacrílega. También he sentido tal impresión de sacrilegio, en un grado más alto aún, en Río de Janeiro, al comprobar que se preparaba la nivelación de colinas sin consideración por la realidad original del sitio. Hay en esto un hecho absolutamente significativo: mientras que en el pasado se moldeaba una ciudad, en cierto modo, sobre un estructura o preestructura natural y la colmaba, es verosímil que veamos construirse, cada vez más y sin consideración alguna por cierta preformación natural, enormes aglomeraciones. No se vacilará en violentar la naturaleza para realizar determinado plan abstracto".
La organización creciente de la sociedad ¿se hará en el sentido de una despersonalización cada vez más acentuada para convertirse en lo que Platón llamaba en La República "gran animal", palabras que en nuestra época nos recuerda Simone Weil cuando dice que una nación no tiene alma; es un gran animal? Tal vez Freud experimentó ese sentimiento de extrañeza, en lo más profundo de su ser, ante esos Templos de la Acrópolis que los dioses habían abandonado. Y Marcel, en su viaje, ante la sacrílega destrucción de la naturaleza y del habitar humano por el imperio del espíritu de abstracción.
Pero no debemos olvidar que "si la ejecución de sueños ancestrales - como escribe Robert Musil - es poder volar con los pájaros y navegar con los peces, penetrar como la broca en los cuerpos de montañas gigantes, enviar mensajes a velocidades divinas, divisar lo invisible y percibir lo remoto, oír hablar a los muertos, anegarse en salutíferos sueños milagrosos, ver con ojos vivos el aspecto que tendremos después de muertos, descubrir en noches resplandecientes mil cosas de encima y de abajo de este mundo que antes nadie conocía; si luz, calor, fuerza, placer, comodidad son los sueños primordiales del hombre, en tal caso las investigaciones actuales no solamente son ciencia, sino también una magia, un rito de poderosísima fuerza sentimental e intelectual que induce a Dios a doblar el uno sobre el otro los pliegues de su manto, una religión cuya dogmática está regida y basada en la dura y valiente lógica de la matemática, aguda y penetrante como la hoja de un cuchillo. Por lo demás, es indiscutible que todos esto sueños antiquísimos se realizaron, en opinión de los no matemáticos, de muy distinta manera de como lo habían imaginado al principio. El cuerno del cartero de Münchhausen era más bonito que una bocina electrónica con el sonido en conserva; las botas de siete leguas, más bonitas que un automóvil; el imperio del rey Laurin, más bonito que un túnel ferroviario, las raíces salutíferas de la mandrágora más bonitas que un telegrama ilustrado, comer el corazón de la propia madre y entender el lenguaje de las aves, más bonito que un estudio zoopsicológico sobre la expresión rítmica del gorjeo de los pájaros. Hemos conquistado la realidad y perdido el sueño".
Podemos también decir que los deseos de los humanos, sus sueños, se han realizado y se plantea la cuestión de si esa colosal realización no se transformará en una pesadilla. Al fin y al cabo, los cerebros lanzan ideas en fugaces momentos de inspiración que pueden ser geniales, agudas, ingeniosas, disparatadas o estúpidas. Si otros cerebros no les dan acogida, se pierden en el vacío como los satélites lanzados al espacio y de los que nunca más se tiene noticia. Pero si esas ideas son recibidas por otros cerebros activos, serán engendradas otras nuevas. De este fenómeno depende, tanto en la vida individual como en la colectiva, que haya más hombres interesantes o vulgares.
1. Antístenes (444-365 a. J.C.) fue discípulo de Sócrates, fundador de la escuela cínica y maestro de Diógenes. Consideraba la felicidad en la práctica de la virtud que consistía en la independencia completa respecto de las cosas exteriores: el hombre libre es el que vence sus pasiones y hasta sus necesidades. Una vez Sócrates le dijo que a través de los agujeros de su ropa veía su soberbia.
Estas líneas pertenecen a un trabajo publicado en la REVISTA CHILENA DE NEUROLOGÍA Y PSIQUIATRÍA Volumen XIV, nº2, de 1975, y ha correspondido a las clases dictadas en la cátedra universitaria del Dr. Ballbé y a las Lecciones dictadas en el Centro de Investigaciones Filosóficas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos, donde dirije la Sección de Psiquiatría y Psicología.
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jueves, 21 de febrero de 2008
Libro “El mar” – Capítulo 5
SOMOS
Sabemos tan poco, tan poco de todo. Sólo tenemos lo cercano: nuestro cuerpo, nuestro mundo, la tierra, el mar; sólo a través de ellos sabremos algo más.
Al mar lo vemos algunas veces de color azul transparente, otras de color marrón; vemos sus orillas cómo lo separan de la tierra: límites flexibles, piel que late, piel que guarda el misterio de sus profundidades ¿No es así en el hombre, la palabra, su lenguaje: piel que separa al cuerpo mudo del espíritu?
Todo un mundo es el mar. Un ser oscuro que vibra, que se retuerce como un gusano, como una serpiente; que se eleva, que cae; que muerde a la tierra, a las rocas las desmorona siempre, para luego retirase como animal herido. Una fiera salvaje que brama. Un gigante vivo comparable sólo al casco azul, a la tierra adormecida.
Lo que lo contiene al mar, lo que lo retiene, lo que lo calma, son sus orbitas invisibles que tiene que cumplir. El hombre tiene dentro de sí aquello que lo contiene también, aquello que lo calma, porque presiente lo superior.
Tanto el pasado como el futuro son presentes; están ahora aquí, no los podemos ver, sentir; sólo pensar, solo soñarlos, y así por instantes sentir la unidad, sentir que el tiempo solo es una excusa, para ver, para sentir, para desarrollar cosas; sentidos, que nos hagan ver lo que somos: Una unidad que sueña.
Nuestro sueño, lo que soñamos, es un sentido del espíritu anidado en el alma.
No podemos alcanzar las estrellas, pero construimos las naves que nos llevaran a ellas; no podemos tocar el pasado ni el futuro, pero estamos construyendo un mundo representado, un mundo hecho imagen, en donde por instantes serán soñados, serán nuestros.
Lo inmediatamente superior es una ilusión que sueña, alguien más profundo, más intenso que nosotros: la mismisidad; aquello que tendemos ser, siendo ya, estando ya presente, pero fragmentados. Uno de esos fragmentos es el mar.
Si sentimos, si presentimos que la orilla es como la piel del mar, es porque hemos copiado, hemos construido, algo similar: la palabra.
El mar se está yendo, nosotros también nos vamos retirando, dejando a la tierra al descubierto. Vemos sólo aquello que dejamos atrás; luego nos sorprendemos de lo que llevamos adentro, lo que somos.
Sin embargo, en los límites hablamos, bramamos como el mar. Carcomemos, corroemos a la roca para luego abandonarla hecha arena. En el fondo nos molestan las formas; la forma es algo que es sólo por un tiempo; nosotros queremos, buscamos lo que es siempre, y lo que es siempre es lo diminuto, aquella materia impalpable, aquella materia cerca de la nada, aquello que sólo es esencia, no presencia.
Volvemos, estamos volviendo entonces a lo elemental. Tal vez siempre lo hemos hecho. Lo que ha estado sucediendo es que por algunos instantes nos demoramos, quedamos encantados por el movimiento.
La piel del alma es el límite entre el cuerpo mudo y el espíritu. La orilla de la tierra y del mar. Momentos de calma por instantes, como en paz; otros inquietos, como si alguien tratara de unir las partes y mantenerlas separadas a la vez.
Todo el universo participa, pero solo lo cercano lo podemos ver.
Son las mareas latidos extinguidos, suspiros profundos de nostalgia, de lo que fue nuestro, y ahora ya no nos pertenece.
Entonces ayudados por hermanos bondadosos, volvemos; siendo agua evaporada, nube, recuerdos, melancolía que se eleva para ser lluvia, alegría o llanto.
Volvemos a fecundar lo que era nuestro a través de los ríos, de un mundo temporal; ríos de nuestra alma que llevan ideas, pensamientos que recorren a la ignorancia inmóvil, recreando así, nuevamente el jardín olvidado.
Somos sólo una imagen en donde el recuerdo vive. Es amor aquello que no podemos olvidar, fue nuestro, sigue siendo nuestro, aún en el olvido, o en el aturdimiento, que es lo mismo.
Es entonces nuestra memoria sólo una ventana, una ventanita por donde miramos los mundos, pero que aún no los podemos ver y contemplar con claridad, porque lo demás participa como bruma, como niebla, protegiendo al pequeño gladiador que dice: pienso luego existo.
¡Ay las galerías del alma! ¡Las profundidades del mar cubiertas por la niebla de astros amigos y bondadosos! Todo ello tan lejos y tan cerca a la vez..
El foco de nuestra visión es el presente, es el yo, es la conciencia; todos ellos definidos, casi precisos, pero sólo para permanecer un cierto tiempo, hasta consumir la batería que no tiene posibilidad de cargarse, de recargarse nueva - mente.
Sólo están esos instantes de plenitud en los que contemplamos lo que presentimos, lo que somos; después la huella, el rastro de aquello grandioso: la presencia, nuestro rostro, nuestra mente, nuestra alma, nuestro espíritu.
Solo tenemos sentidos para la parte, para esa parte de la que está hecho el mundo; esa cúpula, ese templo en donde solemos orar, en donde solemos rezar, contemplar lo que contiene el cáliz: lo que somos.
Sólo algunas veces rozamos los labios, nos mojamos los labios, sólo para el sabor de aquello que todavía no podemos beber; no podemos contener:
Lo que somos.
Sabemos tan poco, tan poco de todo. Sólo tenemos lo cercano: nuestro cuerpo, nuestro mundo, la tierra, el mar; sólo a través de ellos sabremos algo más.
Al mar lo vemos algunas veces de color azul transparente, otras de color marrón; vemos sus orillas cómo lo separan de la tierra: límites flexibles, piel que late, piel que guarda el misterio de sus profundidades ¿No es así en el hombre, la palabra, su lenguaje: piel que separa al cuerpo mudo del espíritu?
Todo un mundo es el mar. Un ser oscuro que vibra, que se retuerce como un gusano, como una serpiente; que se eleva, que cae; que muerde a la tierra, a las rocas las desmorona siempre, para luego retirase como animal herido. Una fiera salvaje que brama. Un gigante vivo comparable sólo al casco azul, a la tierra adormecida.
Lo que lo contiene al mar, lo que lo retiene, lo que lo calma, son sus orbitas invisibles que tiene que cumplir. El hombre tiene dentro de sí aquello que lo contiene también, aquello que lo calma, porque presiente lo superior.
Tanto el pasado como el futuro son presentes; están ahora aquí, no los podemos ver, sentir; sólo pensar, solo soñarlos, y así por instantes sentir la unidad, sentir que el tiempo solo es una excusa, para ver, para sentir, para desarrollar cosas; sentidos, que nos hagan ver lo que somos: Una unidad que sueña.
Nuestro sueño, lo que soñamos, es un sentido del espíritu anidado en el alma.
No podemos alcanzar las estrellas, pero construimos las naves que nos llevaran a ellas; no podemos tocar el pasado ni el futuro, pero estamos construyendo un mundo representado, un mundo hecho imagen, en donde por instantes serán soñados, serán nuestros.
Lo inmediatamente superior es una ilusión que sueña, alguien más profundo, más intenso que nosotros: la mismisidad; aquello que tendemos ser, siendo ya, estando ya presente, pero fragmentados. Uno de esos fragmentos es el mar.
Si sentimos, si presentimos que la orilla es como la piel del mar, es porque hemos copiado, hemos construido, algo similar: la palabra.
El mar se está yendo, nosotros también nos vamos retirando, dejando a la tierra al descubierto. Vemos sólo aquello que dejamos atrás; luego nos sorprendemos de lo que llevamos adentro, lo que somos.
Sin embargo, en los límites hablamos, bramamos como el mar. Carcomemos, corroemos a la roca para luego abandonarla hecha arena. En el fondo nos molestan las formas; la forma es algo que es sólo por un tiempo; nosotros queremos, buscamos lo que es siempre, y lo que es siempre es lo diminuto, aquella materia impalpable, aquella materia cerca de la nada, aquello que sólo es esencia, no presencia.
Volvemos, estamos volviendo entonces a lo elemental. Tal vez siempre lo hemos hecho. Lo que ha estado sucediendo es que por algunos instantes nos demoramos, quedamos encantados por el movimiento.
La piel del alma es el límite entre el cuerpo mudo y el espíritu. La orilla de la tierra y del mar. Momentos de calma por instantes, como en paz; otros inquietos, como si alguien tratara de unir las partes y mantenerlas separadas a la vez.
Todo el universo participa, pero solo lo cercano lo podemos ver.
Son las mareas latidos extinguidos, suspiros profundos de nostalgia, de lo que fue nuestro, y ahora ya no nos pertenece.
Entonces ayudados por hermanos bondadosos, volvemos; siendo agua evaporada, nube, recuerdos, melancolía que se eleva para ser lluvia, alegría o llanto.
Volvemos a fecundar lo que era nuestro a través de los ríos, de un mundo temporal; ríos de nuestra alma que llevan ideas, pensamientos que recorren a la ignorancia inmóvil, recreando así, nuevamente el jardín olvidado.
Somos sólo una imagen en donde el recuerdo vive. Es amor aquello que no podemos olvidar, fue nuestro, sigue siendo nuestro, aún en el olvido, o en el aturdimiento, que es lo mismo.
Es entonces nuestra memoria sólo una ventana, una ventanita por donde miramos los mundos, pero que aún no los podemos ver y contemplar con claridad, porque lo demás participa como bruma, como niebla, protegiendo al pequeño gladiador que dice: pienso luego existo.
¡Ay las galerías del alma! ¡Las profundidades del mar cubiertas por la niebla de astros amigos y bondadosos! Todo ello tan lejos y tan cerca a la vez..
El foco de nuestra visión es el presente, es el yo, es la conciencia; todos ellos definidos, casi precisos, pero sólo para permanecer un cierto tiempo, hasta consumir la batería que no tiene posibilidad de cargarse, de recargarse nueva - mente.
Sólo están esos instantes de plenitud en los que contemplamos lo que presentimos, lo que somos; después la huella, el rastro de aquello grandioso: la presencia, nuestro rostro, nuestra mente, nuestra alma, nuestro espíritu.
Solo tenemos sentidos para la parte, para esa parte de la que está hecho el mundo; esa cúpula, ese templo en donde solemos orar, en donde solemos rezar, contemplar lo que contiene el cáliz: lo que somos.
Sólo algunas veces rozamos los labios, nos mojamos los labios, sólo para el sabor de aquello que todavía no podemos beber; no podemos contener:
Lo que somos.
Karigüe
Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a amigos@karigue.com.ar .
Gracias. Karigüe
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Labels: .Karigüe: Libro "El mar"
lunes, 18 de febrero de 2008
Frases Celebres de Religion
1.- Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado. (Lucano)
2.- Preciso es encontrar lo infinitamente grande en lo infinitamente pequeño, para sentir la presencia de Dios. (Pitágoras)
3.- Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir. (Baudelaire)
4.- El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. (Einstein)
5.- El hombre es un dios cuando sueña; un pordiosero cuando reflexiona. (Hölderin)
6.- No hay fin, sólo existe el camino, la evolución no se termina nunca, se transforma a la imagen del ser que la vive. (Doshu Nanbu)
7.- Mayor es peligro cuando mayor es el temor. (Salastio)
8.- Lo indefinido es divino, pero es inmortal e imperecedero. (Amaximandro)
9.- Los perros solo ladran a quienes no conocen. (Heráclito)
10.- Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurase así mismo. (Epicuro)
11.- Dios quiere que no hagas nada en la vida que te dé miedo si llega a describirlo el prójimo. (Epicuro)
12.- Todo es animado y todo esta lleno de dioses. (Tales)
13.- Las religiones se pierden como los hombres. (Franz Kafka)
14.- No hay nada, sin duda, que calme el espíritu tanto como el ron y la verdadera religión. (Lord Byron)
15.- Nuestra religión es simple: no existen templos ni complicadas filosofías. (Dalai Lama)
16. Aunque haya religiones diferentes, debido a distintas culturas, lo importante es que todas coincidan en su objetivo principal: ser buena persona y ayudar a los demás. (Dalai Lama)
17.- Que la religión pueda ser usada como un instrumento para crear divisiones y provocar más pelea, es un hecho muy infortunado. (Dalai Lama)
18.- Aquello que miramos y no podemos ver es lo simple. (Lao Tse)
Las Frases Célebres de Religión o Citas Célebres de Religión fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Religión y Citas de Religión)
2.- Preciso es encontrar lo infinitamente grande en lo infinitamente pequeño, para sentir la presencia de Dios. (Pitágoras)
3.- Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir. (Baudelaire)
4.- El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. (Einstein)
5.- El hombre es un dios cuando sueña; un pordiosero cuando reflexiona. (Hölderin)
6.- No hay fin, sólo existe el camino, la evolución no se termina nunca, se transforma a la imagen del ser que la vive. (Doshu Nanbu)
7.- Mayor es peligro cuando mayor es el temor. (Salastio)
8.- Lo indefinido es divino, pero es inmortal e imperecedero. (Amaximandro)
9.- Los perros solo ladran a quienes no conocen. (Heráclito)
10.- Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurase así mismo. (Epicuro)
11.- Dios quiere que no hagas nada en la vida que te dé miedo si llega a describirlo el prójimo. (Epicuro)
12.- Todo es animado y todo esta lleno de dioses. (Tales)
13.- Las religiones se pierden como los hombres. (Franz Kafka)
14.- No hay nada, sin duda, que calme el espíritu tanto como el ron y la verdadera religión. (Lord Byron)
15.- Nuestra religión es simple: no existen templos ni complicadas filosofías. (Dalai Lama)
16. Aunque haya religiones diferentes, debido a distintas culturas, lo importante es que todas coincidan en su objetivo principal: ser buena persona y ayudar a los demás. (Dalai Lama)
17.- Que la religión pueda ser usada como un instrumento para crear divisiones y provocar más pelea, es un hecho muy infortunado. (Dalai Lama)
18.- Aquello que miramos y no podemos ver es lo simple. (Lao Tse)
Las Frases Célebres de Religión o Citas Célebres de Religión fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Religión y Citas de Religión)
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domingo, 17 de febrero de 2008
Frases Celebres de Literatura
1.- La calidad literaria es inversamente proporcional al número de lectores. (Juan Benet)
2.- Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir. (Franz Kafka)
3.- Sencillo es todo lo verdaderamente grande. (Honoré de Balzac)
4.- Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano. (Honoré de Balzac)
5.- No hay que escribir sino en el momento en que cada vez que mojas la pluma en la tinta, un jirón de tu carne queda en el tintero. (León Tolstoi)
6.- El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación. (Franz Kafka)
7.- Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento. (Kant)
8.- Desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo. (Milan Kundera)
9.- He buscado en todas partes el sosiego y no lo he encontrado sino sentado en un rincón, apartado con un libro en las manos. (Santayana)
10.- Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido. (P. Valery)
11.- En la tragedia solo conmueve lo verosímil. (Racime)
12.- Cualquier cosa que se quiera decir sólo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y un adjetivo para calificarla. (Maupassant)
13.- Las sentencias cortas se derivan de una gran experiencia. (Miguel de Cervantes y Saavedra)
Las Frases Célebres de Literatura o Citas Célebres de Literatura fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Literatura y Citas de Literatura)
2.- Simplemente, no sobrestimar lo que he escrito; de otro modo se me volvería inalcanzable lo que aún espero escribir. (Franz Kafka)
3.- Sencillo es todo lo verdaderamente grande. (Honoré de Balzac)
4.- Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano. (Honoré de Balzac)
5.- No hay que escribir sino en el momento en que cada vez que mojas la pluma en la tinta, un jirón de tu carne queda en el tintero. (León Tolstoi)
6.- El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación. (Franz Kafka)
7.- Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes erigirte un monumento. (Kant)
8.- Desprecia la literatura en la que los autores delatan todas sus intimidades y las de sus amigos. La persona que pierde su intimidad, lo pierde todo. (Milan Kundera)
9.- He buscado en todas partes el sosiego y no lo he encontrado sino sentado en un rincón, apartado con un libro en las manos. (Santayana)
10.- Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido. (P. Valery)
11.- En la tragedia solo conmueve lo verosímil. (Racime)
12.- Cualquier cosa que se quiera decir sólo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y un adjetivo para calificarla. (Maupassant)
13.- Las sentencias cortas se derivan de una gran experiencia. (Miguel de Cervantes y Saavedra)
Las Frases Célebres de Literatura o Citas Célebres de Literatura fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Literatura y Citas de Literatura)
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