miércoles, 30 de enero de 2008

Poemas Celebres - Holan

Aunque…

Aunque siempre te escapas, amor mío,
eres mi presente perpetuo, ¡oh, sí!
Igual que el salto de agua:
aunque le abandona sin cesar siempre la misma agua,
él permanece siempre en el mismo sitio


No es

No es indiferente el lugar donde estamos.
Algunas estrellas se acercan entre sí peligrosamente.
También aquí abajo hay separaciones violentas de amantes
sólo para que el tiempo se acelere
con el latido de su corazón.

Las gentes sencillas son las únicas que no buscan la
felicidad….


¡Tú Bien lo sabes Dios!

Tú bien los sabes, Dios,
que la alegría y el pesar son comunicativos.
Pues ni aquel al que la gente, los fantasmas, lo animales y las cosas
han abandonado completamente,
y por ellos habla consigo mismo,
lo hace a causa de sí mismo…


Canción del sereno

Burns tenía razón… Pero yo estoy convencido
de que es imposible imaginarse a una mujer
por la lectura de los libros,
mucho menos a partir de la realidad.
Ella es. Y gracias a ella solamente
los hombres son también, con demasiada frecuencia,
como asesinos que a veces se reparten con gesto regio

la corona de diamantes del misterio de ella…

Poemas Celebres - D.H. Lawrence

Somos trasmisores

Mientras vivimos somos trasmisores de la vida.
Y cuando dejamos de trasmitirla,
la vida deja de fluir por nosotros.

Esto es parte del misterio del sexo,
es un flujo hacía adelante.
La gente asexuada no trasmite nada.

Y si cuando trabajamos,
podemos inyectar vida a lo que hacemos,
vida, más vida nos invade, nos inunda y compensa,
nos alista,
y vibramos con vida a través del curso de los días.

Aunque sólo fuera una mujer haciendo torta de manzana,
o un hombre creando una silla,
si la vida entra en la torta, buena es la torta
buena es la silla:
contenta la mujer, con fresca vida manando en su Interior,
contento el hombre.

Da y te será dado,
es todavía la verdad acerca de la vida.
Pero dar vida no es fácil.
No significa entregarla al primer miserable,
o dejar que los muertos en la vida te devoren.
Significa propiciar el fuego de la vida donde no lo habíaaún cuando solo fuera en la blancura de un pañuelo lavado.

Poemas Celebres - Nietzsche

Habla el solitario

¿Tener yo pensamientos?
¡Bueno! ya sé que por señor me quieren.
¿Pero hacerse uno mismo pensamientos?
¡Cuan gustoso olvidara yo tal arte!

A aquel que se fabrica pensamientos
Sus mismos pensamientos lo dominan;

Y yo no quiero servir ahora ni nunca.



Sé lámina de oro

Sé lámina de oro...

De ese modo verás como se graban
en letras de oro en tí todas las cosas.


¿Será...?

¿Será nuestra caza de la verdad
una caza de la felicidad?

martes, 29 de enero de 2008

Frases Celebres - La musica

1.- Las disonancias son tanto más fuertes cuanto más cerca están de la armonía. (J.S. Bach)

2.- En la música es acaso donde el alma se acerca más al gran fin por el que lucha cuando se siente inspirada por el sentimiento poético: la creación de la belleza sobrenatural. (Edgar Allan Poe)

3.- La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo. (Platón)

4.- La música es la taquigrafía de la emoción. (León Tolstoi)

5.- La música es la armonía del cielo y de la tierra. (Yuel Ji)

6.- Es imposible traducir la poesía. ¿acaso se puede traducir la música?. (Voltaire)

7.- La música es el verdadero lenguaje universal. (P. Casals)

8.-Todos los días debiéramos preocuparnos por escuchar buena música, leer hermosos poemas, extasiarnos en lindas pinturas, y hablar palabras razonables. (Goethe)

9.- La música comienza donde acaba el lenguaje. (E.T.A. Hoffmann)



Las Frases Célebres de la Música o Citas Célebres de la Música fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de Música y Citas de Música)

lunes, 28 de enero de 2008

Poemas Celebres - Nietzsche

Mi Hogar

Tengo mi hogar y patria en las alturas;

Por esto de subir no siento anhelo,
ni mis ojos levanto nunca al cielo.

Desde arriba yo miro las honduras.

Yo soy uno que debe bendecir,

y todo el que bendice mira al suelo.

sábado, 26 de enero de 2008

Libro “El silencio” – Capítulo 2

ESPÍRITU
Si nos dedicáramos con piadosa atención, dedicación, a un determinado tema, los resultados nos sorprenderían.
Por lo general ello no es posible, ya que a medida que crecemos, evolucionamos, los temas aumentan, los asuntos nos retienen, nos dispersan.
Pero cuando el hombre se abre paso en la vida, como un río, es capaz de regar desiertos. Poco a poco estamos dejando de ser pequeños arroyos, algunos de nosotros se están convirtiendo en grandes ríos, de enorme caudal, como es el río Amazonas.
Ríos nos hemos vuelto, portentosos caudales de conocimiento, de información; la velocidad es uno de nuestros elementos. Podemos comunicarnos con China, hablar con Japón, estar es Europa en diez horas de vuelo.
Cada vez más cerca, cada vez más unidos, como si esa común unión ya sería una realidad, como si el lenguaje fuera la sangre y nosotros solo los órganos de esta nuestra humanidad, de este nuestro cuerpo grande, metáfora del que cada uno porta.
Los hombres modernos no nos detenemos, somos ya un poco más potentes que los desiertos, que nuestras ignorancias. Portamos, llevamos cantidades enormes de agua, de conocimientos, de información, de ideas, ya sea en nuestra mochila llamada inconsciente o en nuestra conciencia.
Las desidias que no son sino desiertos que nos retienen por un tiempo, ávidas de nuestra sangre, de nuestra energía. Están aquellos desiertos, aquellos vacíos, aquellos sumideros que nos llevan, que nos hacen desaparecer demasiado temprano.
Pero cuando nuestro caudal es enorme, cuando la energía acumulada en nuestra alma es tan grande que por más que los desiertos, las desidias, nos absorban algo, no por esto detienen nuestro camino. El único camino, el camino hacia el mar.
¿Qué queda de este círculo, de esta órbita: de ser nube, de ser río, de ser mar? Tal vez solo el golpeteo de las gotas de lluvia sobre el empedrado, de las calles de las ciudades, tal vez sólo eso.
Sin embargo ese sólo sonido, ese sólo golpeteo despierta la música en nosotros. Si dudas de ellos ponte a escuchar cuando la lluvia cae, siente su brisa, siente como después las plantas enverdecen, crecen los árboles, las flores, los frutos, la vida y porque no tú también..
Tu brotaste, tú estas brotando, aunque solo quieras escuchar el sonido o sentir la brisa fresca.
Tú eres, tu voz es, el repiqueteo del agua de esas portentosas olas, de esas tormentas, ciclones, tornados; que el agua, que el agua de la lluvia hace, produce en tu rostro, en tu vientre, en tu ser.
El agua primero se transformó en savia, luego en sangre, luego en voz, en idea, en pensamientos. Escucha al mar, al río, a la lluvia y te escucharas.
Escuchaste cuando caía el agua en una quebrada, en un valle, desde lo alto. Es el salto, es el grito, la desmesura; sin embargo escucha cuando el agua de un riachuelo pasa, atraviesa un pedregal; ese murmullo, como no queriendo despertar, como no queriendo perturbar al valle, a lo que habita la quebrada, como respetando el silencio, el silencio sagrado que conserva la piedra, la roca, la arena, el desierto, e inclusive el cielo.
Solo el error, solo el salto. El salto desmesurado de la catarata es lo que es rugido, como la de la fiera, como si algo, como si el agua quisiera hablar; pero solo emite rugidos y brama como perro con rabia, emitiendo espuma.
Las olas también son así; golpean sobre las rocas, o tratan de despertar a la dormida playa, a la quieta, a aquella formada, creada, por diminutas rocas, piedras; pero solo logran dormirse entre sus brazos, adormitarse, y porque no retroceder también.
Es la distancia, es la distancia del tiempo, de la antigüedad del tiempo, la que hace la diferencia, la que da el vientre, la morada, para que lo nuevo ruja, para que lo nuevo sea.
¡Es tan antigua la tierra! El agua también lo será, pero no dentro del vientre de la tierra. Ella hace solo muy poco tiempo que ha llegado, ha arribado.
Más aún, ha quedado atrapada por esa garra invisible que tiene la tierra, pero solo invisible para nosotros, aunque nadie duda de su portentosa fuerza. De la gravedad estamos hablando, de la fuerza de la gravedad.
El agua joven gruñe primero, como un animal libre, y salvaje por ser demasiado libre. La morada del agua es todo el espacio del universo y tal vez de todos los universos también. Ella como sangre transita, fluye, llevado cosas, llevando tal vez aquello que conocemos como vida, a aquello que somos también.
¡Pero hay bendita agua! ¿Cómo llegaste? Fue el destino o fue la vida, una vida más completa la que te inyectó en el vientre de la Madre Tierra y la fecundaste. Fecundaste a este óvulo incandescente.
Somos tus hijos aunque quieras abandonarnos. Dejas este error, para continuar tu huida, tu órbita ciega.
Pero es en el mar en donde rompes el silencio sagrado, aquel silencio en el cual habitaba la Pacha Mama
Siento tu grito en el mar, tus alaridos en el cielo. Tu ira se escucha a lo lejos, arrastras cuanto a tu paso se impone. Llevas hombres, casas, cuando como una garra, extiendes tus brazos frágiles y repentinos.
Y hasta en luz y fuego se convierte tu angustia, tu prisión; no puedes frente a ella y solo te conviertes en esas lenguas de fuego, con las que quemas los bosques, las ciudades. ¿No es la guerra también uno de tus brazos invisibles, extendidos, con el que nos consumes? Del tornado ¿No aprendimos a contener, y luego madurar, soltar a la ira, siendo odio?.
Así, luego de ver, de contemplar, por algunos instantes tu lucha, tu portentosa lucha, he logrado escuchar tus alaridos, tus gritos y solo he podido repetir. El animal de ti aprendió el ruido y yo de él heredé el alarido, para que después de mucho tiempo le diera forma, lo puliera, lo convirtiera en palabras, en la palabra.
Mucho después aproveché esta forma de llegar al otro y puse dentro de ella los nombres, los números, las sílabas, las consonantes, las frases, las oraciones y tantas otras cosas que ya ahora he olvidado. Solo repito, solo digo, que eso que hablo es mío.Aún siendo así, aún pensando así, todavía la sangre, lo poco de ti que quedó atrapado en mi, bulle, brama, siendo espíritu.
Karigüe

miércoles, 23 de enero de 2008

Reflexiones Celebres - Raúl Ballbé

Raúl Ballbé de su libro “ Vida, Tiempo y Libertad”

La crisis espiritual de nuestro tiempo tiene la peculiaridad de no estar relacionada, individualmente, con hombres dedicados a la labor científica (he conocido a muchos de ellos que jamás han compartido una ideología cientificista) sino con la gente que, sin saber nada de ciencia, cree firmemente en ella. Sin embargo, el saber que dirige la acción ya no es el saber de la vida sino el saber de la ciencia, profundamente diferente porque se funda en la conciencia de objeto, separada de lo que conoce, y la acción, vuelta objetiva, ha dejando de ser una acción para transformarse en puro accionar pues procede, según se cree, de acuerdo con las leyes de la ciencia, que no son de las vida. De esta manera, lo que ha reemplazado a la acción ya no tiene relación alguna con lo humano y esto no significa una crisis de la ética o de la cultura sino simplemente su supresión. Escribe Rilke:: “aún para nuestros abuelos las cosas era una casa, un torreón familiar, sí: su propio vestido, su abrigo, les era infinitamente más familiares. Cada cosa era como una vasija en la cual ellos encontraban algo humano y a la que añadían algo humano”.
La inseguridad que trae aparejado el desarraigo afectivo en un mundo cada vez más abstracto busca compensarse en una seguridad absoluta que logre eliminar hasta los accidentes. Esta sobreestimación de la seguridad de los resultados científicos se ha convertido en una característica general de los tiempos modernos, desde Galileo hasta nuestros días. La creencia de que la ciencia tiene la respuesta para todo, hasta lo que se debe hacer, es tan general que ha asumido la función social que antes era patrimonio de la religión, que es, en el fondo, la de brindar seguridad absoluta, lo cual convierte en problemática la cuestión acerca de la compatibilidad de la religión con la ciencia, ya que la potestad en materia de seguridad no se comparte.

martes, 22 de enero de 2008

La otra almohada (Cuento)

Por Rubén Fernández Rienzi


Habían pasado más de cinco años, parecían muchísimos.
No se había atrevido, alguna vez lo pensó. Pero había sido su lugar, merecía respeto o simplemente le tenia temor.
Una noche estiró una mano, otra durmió casi con media pierna en la otra mitad. Alguna mañana se sentó del otro lado para ponerse las medias, pero incómodo, rápido, se levantó y fue a su lugar a ponerse los zapatos.
A veces apoyaba un libro o una parte del diario pero siempre en falta, como pidiendo permiso, en realidad disculpas, por invadir lo que no le pertenecía.
Esa noche, no estaba bien, no comió ni tomo nada, la radio quedó en silencio. El libro estuvo en la misma página más de una hora. Apagó la luz y pretendió dormir, pensó, en realidad repaso su vida, hasta llegar al entierro.
De ahí no paso, estaba raro, algo extraño pasaba.
Se decidió y fue al otro lado, se acomodo y cerro los ojos sobre la otra almohada, durmió, soñó que soñaba, pero no era su sueño, nada resultaba conocido, nunca había jugado con muñecas, ni llorado al ver un sapo. Abrió los ojos y se dio vuelta, él no sabia dibujar, ni saltar la soga. Por qué lloraba cuando murió el gato, si él no lloró, ni le importaba, es más le tenía celos.
Vio la mano de Julia, su mano, en el bolsillo del saco de su marido, qué era su saco. El pequeño pañuelo con el otro perfume.
No podía contener las lagrimas, se despertó llorando. Hundió la nariz en la almohada y siguió soñando, nunca se despertó.
Hacía más de cinco años que Julia, tampoco despertó, en ese mismo lugar.
Justo esa noche había descubierto el otro perfume.


Estas líneas fueron enviadas por Rubén Fernández Rienzi a quien agradecemos por su aporte. Si usted escribe y quiere compartir su material, puede enviárnoslo a
info@karigue.com.ar y lo publicaremos en la sección “Amigos”.