jueves, 13 de noviembre de 2008

Poema - La mente

La mente
es algo, que cuando la ves
sólo te sorprendes
con el corazón,

Ella es una niña bonita
libre y traviesa,
de rostro siempre
lleno de entusiasmo

de ojos maduros,
como si ella dentro de sí
guardara la historia del universo
y su misterio.

Nosotros dos, digo
yo y mi corazón

La vemos como una hermana
y una hija

Que está
para alegrarnos la existencia.

Karigüe

lunes, 10 de noviembre de 2008

Poema - Fisura

Cuánta vida
cuánto ánimo
se recibe
con cada poema
que brota del corazón.

No sólo los ahuyentaron
a los dioses del hombre,
sino que en él sembraron
el odio, el rencor
y la amargura.

Pero algunos quedaron
sumergidos como acorazados
en su corazón

Esos torpedos
esos misiles
que estremecen
aún a las costras más duras

las han figurado, sólo a algunas

Por ellas

Volvemos a respirar.

Karigüe

sábado, 8 de noviembre de 2008

Poema - Lugar

Cada vez, a medida que pasan los años
me doy cuanta
que todo era
para que yo fuese

Sí, solo había que esperar
el viento propicio,
mirar al cielo
para encontrar el rumbo

¡Ay! no creo que el problema
sea reconocer en nosotros
sino
no ver que aquello
que está al alcance de
nuestras manos

es lo que necesita el cuerpo
el alma

El espíritu
sólo es el vuelo
el aleteo de colibrí
para permanecer
en tu lugar.

Karigüe

martes, 4 de noviembre de 2008

Poema - Lo maduro

Cuando estamos llegando a la meta
somos de aquellos
que miran para atrás

Arrepentimiento
Remordimiento

algunos, con tanta carga
¿para qué? – se preguntan

entonces, no solo quieren decir,
quieren ser escuchados

Pero la vida es algo caprichosa
sino lo entregaste a tiempo
no lo quiere recibir

Entonces

¡Viva el carnaval, la vida,
el hombre!

Lo maduro
es el instante.

Karigüe

Poema - Viajes

He venido, desde lejos,
un viaje largo
arriba de un avión,
a otro, a otro más

Las distancias parecían
lecturas, conversaciones
buena comida y sueño

Luego otra gente,
otras costumbres,
otros idiomas

Mundo hermoso,
maravilloso,
eres mío

y

Yo tu sangre.

Karigüe

domingo, 2 de noviembre de 2008

Poema - Mis niños

Despacio,
como caminado
en punta de pie

me fui acercando,
dormían,
los vi dormidos;

Habían jugado,
correteado, reído,
y yo los llevaba
a caballito

niños
mis niños,
cómo quisiera
que el tiempo se detuviera

y

Yo con ellos,
como ahora
disfrutando.

Bendición y regalo
del cielo.

Karigüe

Poemas Memorables - Rimbaud

Del libro: Poesía Francesa del Siglo XIX.

El Barco Ebrio

Cuando yo descendía los ríos impasibles,
De pronto me sentí libre de sirgadores
Los habían cazado piles rojas horribles
Y clavado desnudos en postes de colores.

A mis tripulantes siempre fui indiferente,
Con mis trigos flamencos o mi algodón inglés.
Cuando todo tumulto cesó con esa gente.
Los ríos me dejaron en libertad después.

Entre los movimientos de mares bizarras,
¡Yo en invierno, más sordo que un cerebro de infante,
Corrí! Y las Penínsulas que soltaron amarras
No padecieron nunca un caos mas triunfante.

Las tempestad bendijo mis auroras marítimas.
¡Más liviano que un corcho dancé sobre las olas
Que se llaman eternas portadoras de victimas,
Sin añorar el ojo tonto de las farolas!

Más dulce que a los niños las manzanas primeras,
El agua verde entro en mi casco de pino
Y dispersó el timón y lavó mis maderas
De vómitos y manchas azuladas de vino.

Y desde aquel entonces me bañé en el Poema
Lactescente del Mar, por astros penetrado;
Trague el azur verdoso donde, absorto en su tema,
Flota y a veces baja pensativo un ahogado.

Donde tiñen de pronto el azul que delira
En ritmos lentos bajo el diurno esplendor,
Más fuetes que el alcohol, más vastos que la lira,
Al fermentar, los rojos amargos del amor.

Los cielos en relámpagos he mirado estallar
Y también las resacas, las trombas, las corrientes:
La noche, el Alba hirviente como un palomar,
¡Y vi lo que creyeron ver algunos vivientes!

Vi el sol bajo tiznado de místicos horrores
Iluminar con coágulos enormes y violetas
Parecidos, en viejos dramas, a los actores,
A las olas que huían con sus fiebres secretas.

Soñé la noche verde con nieves infinitas
Que besaban los ojos de un mar que se levanta
En la circulación de savias inauditas,
¡Y el azul amarillo del fósforo que canta!

Seguí meses enteros, como las vaquerías
Histéricas, la ola hacia escollos apáticos
Sin pensar que los pies ígneos de las Marías
Pueden tirar de los Océanos asmáticos.

¡He topado, sabéis increíbles Floridas
Donde asomaban ojos de panteras con pieles
De hombres¡ Arco iris tirando con bridas,
En cielos submarinos, de verdosos tropeles

¡Vi fermentar pantanos enormes, como trampas
Donde se pudre en medio del junco el Levitán!
Vi deslizarse el agua por misteriosas rampas
Y vi los horizontes que hacia el abismo van.

¡Soles de plata, cielos de brasa encendidas,
Glaciares, varaduras en los golfos traidores
Donde boas gigantes por la chinches comidas
Se caen de los árboles entre negros olores!

¡Ah, mostrar a los niños esas criaturas vivas,
Esos peces de oro, eso peces catantes!
Espumas de colores mecieron mis derivas
Y vientos inefables me halaron por instantes.

A veces, mártir harto de polos y ecuadores,
El sollozo del mar calmaba mi rolido
Y subía hacia mí sus prodigiosas flores,
Y yo era una mujer, de rodillas caído…

Isla casi, meciendo las disputas eternas
Y el estiércol de rápidas aves de ojos dorados,
Yo navegaba cuando, por entre mis cuadernas,
Caminando hacia atrás bajaban los ahogados.

O bien, barco perdido en bahías apáticas
Que hacia el éter sin pájaros arrastró el huracán,
Yo, a quien los monitores y la naves hanseáticas
El casco ebrio del agua nunca reflotaran:

Libre, ardiente, trepado por las brumas violetas,
Yo que al igual que un muro hendí el cielo de sur,
Que llevo, dulce grato de los buenos poetas,
Sarpullidos de sol y gargajos de azur;

Que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
Tabla loca escoltada por negros hipocampos,
Cuando el varano hundía con trompadas frenéticas
El cielo ultramarino en los ardientes campos:

Yo que temblé al sentir en otras latitudes
El celo del Behemot y los Maelströms inquietos,
Hilanderos sin fin de azulas quietudes
¡Hoy añoro la Europa de antiguos parapetos!

Vi siderales archipiélagos, e islas
Con cielos delirantes libres al remador:
- ¿Duermes en esas noches sin fondo, allí te aíslas,
Millón de aves de oro, oh futuro Vigor?-

¡Tanto lloré! Las Albas son siempre melancólicas,
Toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me hinchó de torpezas alcohólicas.
¡Oh, que mi quilla estalle! ¡Y yo siga de largo!

Si algún agua de Europa deseo es esa charca
Oscura y fría donde hacia el rojo poniente,
En cuclillas un niño triste suelta una barca
Tan frágil como una mariposa reciente.

Olas, no puedo ya, lánguidas compañeras,
Seguir a los airosos cargueros de algodones,
Ni pasar a través de orgullosas banderas
Ni afrontar los horribles ojos de los pontones.

Poema - Caminos

He caminado sobre desiertos
ávidos de compañía,
de ese cariño que se siente
por los seres que se ama.

Poco a poco caminé,
y una vez llegué a un oasis;
era como lo extranjero
lo extraño.

Comencé entonces
a cultivar,
a cuidar esa agua fresca
que brotaba cada mañana

Luego sin darme cuenta
brotó una ciudad
llena de gente
y miradas maduras

Mire hacia el desierto
y de allí
un niño me sonreía.

Karigüe