jueves, 1 de mayo de 2008

Poema al libro

Lo viste de niño.
Veías como tu padre, tus hermanos,
lo tenían como una Lámpara de Aldino entre las manos;
parecía que él, les hacia brotar sonrisas,
inclusive el llanto.

Solo después, cuando un profesor de Literatura
te leyó:
“.. los pocos sabios que el mundo han sido”

Creo que era de Calderón de la Barca.

Desde entonces te sumergiste como en un mar.

Cada libro es la historia del hombre,
de la humanidad;
sus sueños, anhelos, fracasos
y por qué no,
esperanzas también.

Lo veo en librerías,
en bibliotecas, almacenado.

Todos bebemos de sus entrañas el néctar.
Ese néctar
que ha brotado del alma de hombre,
como gotas de rocío sobre la hoja temblorosa de su alma.

Lo abro y es como de él saltara vida,
como si no solamente el escritor hablara
si no que la misma historia,
nuestra historia,
me inundara de vida.

He agregado algunas palabras a ese río de vida.
A ese bendito río de vida
que no sólo apaga la sed de nuestra pura ignorancia,
sino que nos alimenta y acompaña en ese vuelo
por los cielos puros del universo y del espíritu.

Nuestro mundo,
nuestro universo,

Nuestro espíritu.

Karigüe

Libro “El silencio” – Capítulo 10

ACCIÓN

La mañana se cubre con la dulzura de la noche; ella la preña, la fecunda, con su misterio, con el silencio que en sí, también, a ella la contiene.
Todo un encadenamiento, todo un misterio se devela en la aurora, claridad nueva, transparente, llena de vida; porque así como tu te despiertas con más ánimo, así también la naturaleza, la vida, cada mañana es otra, es nueva, es fuerte nuevamente, potente, viril.
Lo vital llega por olas, como el aliento; llegan y se van, un latir constante, un aliento. Un aire nuevo, un alimento. Un proyecto, un amor, una esperanza; pero una esperanza de más vida, de que ella siga alimentándonos; no aquella que está más cerca de la ilusión condimentada con algunas gotitas de imaginación.
Podemos imaginar, pensar, soñar, otros mundos; mundos nuevos en donde seamos plenos, felices, armónicos; pero chocamos con el universo, un conjunto de fuerzas desenfrenadas, capaces de salirse de su carrilles, como son las alucinaciones.
Queremos, deseamos la plenitud, la paz, la armonía; pero algo nos sumerge en un baño de angustias, de miedos, de temores, de envidias, de odios, de rencores, que ni aún el hombre más benévolo podrá evitar que habiten dentro de su ser, dentro de su alma, y que en ella hagan su nido, se reproduzca, se multiplique, y muchas veces, la mayoría de las veces, lo destruyan.
Afuera tenemos a la vital naturaleza, la vemos en sus devastadoras tormentas, terremotos, tsunamis, que matan a miles de seres inocentes, niños, ancianos, etc.. Ella no tiene visión de ver, de entender; ella es así, tiene sus cambios, son fuerza que la forman, fuerza que están en relación con universo, con sus movimiento, sus cambios.
Aunque somos naturaleza, aunque estamos formados de ella, sometida a ella, compartimos el deseo, la necesidad de estar aquí.
Como detenidos en una orilla, vemos, contemplamos, sin poder hacer casi nada. Y como no podemos cambiar ese nuestro destino, como es el morir; no por ello debemos justificar, ni buscar razones para ello.
Pero existe el milagro del habla, del pensamiento, de la razón, de las ciencias, etc., y ello no quiere decir que seamos seres de otro mundo, de otro universo. Lo único que hay, que existe, es la falta de desarrollo, de evolución para poder entender los eslabones, los intersticios, los detalles, en donde sabemos que habita el demonio, el diablo, como nos decía Goethe.
Así como existen las portentosas fuerzas, leyes con que se rige la naturaleza, también los hombres hemos creado leyes, por medio de la inteligencia, de nuestra razón. Y con ellas vivimos, con ellas tratamos de surcar este mar tormentoso que nos rodea.
No busquemos la raíz de la voluntad; veámosla, sintámosla, con ella podemos cambiar rumbos, con ella abrimos acequias, túneles, ríos artificiales, creamos las ciudades en donde podemos estar más seguros
Tratamos de habitar allí, en donde cada vez estamos más en resguardo de las caprichos de la naturaleza.
En sí luchamos con la naturaleza, haciéndola útil, no otra cosa es la cultura.
Si tenemos inteligencia es porque tenemos astucia, porque nuestra columna vertebral es capaz de esquivar los golpes certeros, con las cuales no hace mucho la naturaleza nos sacaba de combate.
A veces hasta nuestro cuerpo mudo cuando no comprende, cuando no le llega la información adecuada, se autodestruye; sus propias defensas arremeten contra su salud, contra su seguridad, se auto elimina.
Nos refugiamos cada vez más adentro, nos defendemos; porque la vida en si no quiere débiles ni enfermos, los elimina; basta que vea un error, un defecto, para que ella misma se encargarse de eliminarlo. Hasta hace poco a los débiles, a los incapacitados, nosotros mismos lo lanzábamos al vacío, lo eliminábamos, porque no podíamos mantenerlos, sostenerlos; producían inseguridad para los demás, peligro; el alimento tenía que servir para aquellos que podían avanzar, que podían sostenerla a la vida, a nuestra vida, y por ende, a la naturaleza también.
Pero he allí que hay algo que está brotando dentro de nosotros, lo hemos llamado ser. Hemos imaginado que debe haber una fuente, que no es nada seguro, desde donde todo es, y lo que no es no existe. ¿Por qué? Porque hemos tenido que decidir por un solo camino: la acción, es lo único seguro que hasta ahora tenemos y hemos tenido; no han venido ni los dioses ni el dios para socorrernos.
Por más que los Prometeos y los Jesucristos clamen frente a una cruz o sobre un peñasco, siempre hemos estado solos. Y si algo nos acompaña, es este universo, el universo de los universos; las fuerzas, las tormentas, la calma que por momentos nos hacer ver lo que somos, lo que hemos llegado a ser. Pero no ha habido otra cosa que la acción, la lucha; nadie nos ha dado nada, nos lo hemos conseguido todo, todo lo que hemos podido lograr dentro de ésta nuestra morada, no afuera de ella.
Volvemos a decir, tenemos ojos porque queremos ver, oídos porque queremos escuchar, piel por que queremos tener limites y sentir a lo otro, al otro, a todo lo que no rodea. Y si tenemos mente es porque queremos ver, pensar, observar, conocer, entender, y porque no, disfrutar lo que hemos llegado a conseguir en ese mercado abierto, que es el mundo, que es la vida.
Las leyes humanas son partes de esa morada que estamos construyendo, ellas son su techo, su piso, sus paredes, y que no podemos dejarlas derribar por el paso del tiempo; no podemos dormirnos en nuestro laureles, si eso pasa, la vida, la naturaleza, nos pasa también, pero por arriba como una topadora.
Es la lucha, la acción en ella, y por ella recobramos nuestras fuerzas, cargamos nuestra baterías, cómo lo hacen los autos con su generador en movimiento, funcionando. La batería solo sirve para el arranque, el animo también; en la lucha es que la vida se inclina, la naturaleza en sí se somete a nosotros aunque sea temporalmente, nuestra naturaleza también; nuestros intersticios, deseos, miedos, temores, son parte que están dentro de nuestro cuerpo, pero afuera de lo que somos, de lo que es nuestro espíritu.
El espíritu no avanza, se retira; pero en ese retirarse se adentra y devora a cuanto elemento se le acerque demasiado, más aún, lo macera como su alimento, cada vez más selectivo, más exquisito, más purificado, más nítido si se quisiera hablar de precisión.
En ese retirarse está su potencia. Porque la vida, la naturaleza, lo quieren afuera, en donde ellas son viejas y expertas; pero el espíritu se profundiza como si fuera un nadador, un buceador, y desde allí, como en la clandestinidad, construye su reino; nadie lo ve, tal vez solo algunos los presienten, y en esa invisibilidad lo construyen.
Un reino cuya cara es el arte, el conocimiento y la fe en él mismo y por él mismo.
Karigüe


Con este capítulo se termina la serie de muestra del libro "El Silencio". Si desea adquirir la versión electrónica del mismo puede pedirlo a info@karigue.com.ar



Si ha leído este capítulo, me gustaría escuchar sus comentarios, enviando un mail a amigos@karigue.com.ar .
Gracias. Karigüe

lunes, 21 de abril de 2008

Reflexiones Celebres - Raúl Ballbé

La ventaja de la infancia para acceder al mundo del espíritu

Anales de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires (año 2005)
“Psicología del Quijote”
Del Dr. Raúl Ballbé

La pasividad del espíritu es el momento privilegiado para que se nos manifieste, con la mayor plenitud, el don ofrendado y en esto radica la preeminencia del espíritu de la infancia, ubicado bajo el doble signo de la esperanza y de la gracia pues el niño no es una especie de esbozo de hombre al que se mira con indulgencia, sino, por la pureza, por el gusto de lo absoluto, es su modelo ideal. Como dice Bernanos: “del niño que fui y que es ahora para mí como un abuelo”. Se trata de una vuelta a sí mismo, de desprender lo aprendido para aproximarnos al fundamento de todo cuanto sobre él construimos y recibimos posteriormente. Lo que nos han enseñado es una cosa; la educación es otra.
La propia experiencia confirma que la frase cerventina: “el mundo hemos de dejar/del modo que le hallamos”, no es un lugar común, sino un pensamiento revelador de la íntima y profunda ley arquitectónica del autor. Américo Castro nos señala de las consecuencias morales de tal actitud. Si el carácter y su secuela la conducta son inmutables, la razón podrá darse cuanta de ese estado, pero no lo podrá variar. La moralidad se convierte en un hecho positivo, que en los sensible nos contentará o nos amargará pero que, en realidad, no merecerá censurada ni elogio; el individuo experimentará automáticamente los desarreglos de su conducta. La moral deja de estar gobernada por el ideal religioso para ser una manifestación de la naturaleza humana: el mundo es así y es inútil querer variarlo. El Quijote parece ser el gran exponente literario de esta concepción del hombre.
Pero ¿sabemos acaso qué es el carácter?. Las nociones comunes que nos ofrece el lenguaje son sumamente vagas y confusas. A veces nos hacemos de él, una idea tan elevada que no hay ser concreto que pueda encarnarla o bien lo rebajamos a tal punto que se reduce a una cualidad particular mas o menos arbitrariamente elegida como la energía, la firmeza de voluntad, la continuidad de las ideas y de la conducta o uniformidad de las costumbres. Dicho con otras palabras, o bien consideramos el carácter como un ideal tan alto que se vuelve inaccesible – como el querer ser Anadís Gaula, ideal desmesurado y presuntuoso de Don Quijotes – o lo ponemos al alcance de todos y pretendemos aprehenderlo en los más ínfimos ejemplares y en los muestrario más toscos de la naturaleza humana, como aparece en los inventarios al uso de la psicología clínica. El Quijote nos somete constantemente a la tensión y a la dialéctica sin superación posible entre el ideal caballeresco de un España que es carcomida por la comercialización de las relaciones humanas y por el alma necrófila y resentida de la novela picaresca. El alejamiento melancólico del mundanal ruido, a causa de un legítimo hastío encubierto por el discreto arrepentimiento de Don Quijote, es signo de nobleza.
Si el carácter es una feliz disposición del temperamento, de la cual hay que felicitarse cuando es concedida, sería entonces, en el orden de la naturaleza, el equivalente a la gracia en el teológico y, si la merecemos, habría que ser digno de conservarla. El carácter como la constitución orgánica, es lo que recibimos y nos constituye: es el cimiento que debería soportar cuanto le exijamos, al mismo tiempo que nos señalará los límites. De esta tensión surgirá el tema cervantino del acierto y del error.

Reflexiones Celebres - Raisa y Jacques Maritain

Reflexión sobre la poesía

Del libro: “Situación de la Poesía"
de Raisa y Jacques Maritain.


Bien que Baudelaire estaba en su derecho al considerar que entre Edgar Poe y él todo era común. Dijo:
“Es este inmortal instinto de lo bello que nos hace considerar la tierra y sus espectáculos como un panorama, como un reflejo del cielo. La sed insaciable de todo cuanto está más allá de lo que revela la vida, es la prueba más viviente de nuestra inmortalidad. Por la poesía y a la vez a través de la poesía, por y a través de la música, el alma entrevé los esplendores situados más allá de la tumba; y cuando un poema delicioso nos hace asomar las lágrimas a los ojos, estas lagrimas, más que prueba de un exceso de goce, son testimonio de una melancolía irritada, de una exigencia de los nervios, de una naturaleza desterrada en lo imperfecto y que querría apoderarse inmediatamente, ya aquí en la tierra, de un paraíso revelado”

sábado, 19 de abril de 2008

Poema - Las Cosas

Las cosas.
Las benditas cosas
que nos sacan vida.

Y que nosotros,
sentados en el dintel
de la puerta de roble,
las vemos pasar,
llevándonos dentro
de un ataúd.

Te sorprendes y dices, ¿por qué?
Olvidaste el día que
siendo tú un niño aún
entregaste,
les entregaste todo lo tuyo,
si es que en ellas
te reflejabas,
te dejaban reflejar
para los otros.

Ahora,
sólo están llevando
lo que es suyo.

Karigüe

viernes, 18 de abril de 2008

Reflexiones Celebres - Konrad Lorenz

Reflexión sobre las ciencias

Del libro: “ El porvenir está abierto"
de
Karl Popper y Konrad Lorenz.

Popper:

Ciencia e Hipótesis retoma el título de un libro de Henri Poincaré (La Ciencia y la hipótesis), una de las obras más sobresalientes de la filosofía de la ciencia; por eso la he elegido como título para esta jornada.
Me gustaría empezar haciendo una profesión de fe en las ciencias de la naturaleza. La ciencia se halla hoy en día bajo el influjo de unas corrientes modernistas más que cuestionables. No solo recibe ataque desde afuera, sino también desde adentro. Yo, sin embargo, considero que las ciencias de la naturaleza, junto con la música, la poesía y la pintura, constituyen la mayor realización del espíritu humano. Claro es que cualquier cosa puede ser mal empleada. Incluso la música puede ser mal empleada, y de hecho lo es, y lo mismo ocurre con la ciencia. Pese a todo, las ciencias de la naturaleza constituyen nuestra mayor esperanza. Si logramos salir del pantano en el que nos hemos metido, será sin duda con la ayuda de la ciencia. Probablemente esta afirmación suene muy “cientifista”, como suele decirse hoy día.

El reproche del cientifismo no procede

Por eso me gustaría subrayar que el reproche de cientifismo que se hace a los científicos no procede. Ni uno solo de los grandes sabios puede ser calificado de cientifista. Todos ellos eran escépticos, cautos, respecto a la ciencia. Siempre supieron lo poco que sabemos. El reproche de cientista apenas cabe dirigirlo, por ejemplo, a Henri Poincaré. Newton, ha sido uno de los hombres más grandes que ha existido y quizá el mayor de todos los científicos, hablaba de si mismo como de un muchacho que recogía piedrecillas y conchas en la playa sin darse cuenta, que tenia ante si un fenómeno tan desconocido como el mar. Yo creo que todos los verdaderos científicos se han visto así mismo como lo hacía Newton, siempre han sabido que no sabían nada y que, incluso en terrenos labrados ya por la ciencia, dominan una inseguridad casi absoluta. Como sin duda saben todos ustedes, la teoría newtoniana ha sido reemplazada mas o menos por al de Einstein. En la ciencia ocurren esas cosas.
Hasta hace aproximadamente un siglo, se creía que el campo de la mecánica descubierto por Newton había de englobar el dominio de la ciencia en su totalidad. Pero hacía 1890 apareció un campo totalmente nuevo con el descubrimiento de los electrones, obra de JJ Thomson, esto es, el campo de la electrónica. Ello dio lugar a una revolución que paso desapercibida a casi todas las personas ajenas al mundo de la ciencia. Se trataba de la revolución de la física atómica, en la cual vivimos inmersos hoy día. Puede distinguirse en ella distintas fases, aunque ahora no voy a entrar en ello. Lo que si me gustaría resaltar es el hecho de que la ciencia es obra de los hombres y, como tal, falible. Pues bien, precisamente la conciencia de esa falibilidad de la ciencia es lo que distingue al científico del cientifista. Porque si algo puede decirse del cientifismo es que se trata de una fe ciega, dogmática, en la ciencia. Y esa fe ciega es ajena al verdadero científico. Por eso los reproches del cientifismo quizá vayan dirigidos a ciertas ideas populares que se tiene de la ciencia, peor no afectan a los científicos propiamente dichos.

Poema - El Hombre

Las cosas del mundo,
suceden o son, a veces
como tornados sin lluvia,

Levantan polvo
en la vera de los caminos,
como impidiendo no
sólo ver, sino que
la luz del sol bañe nuestra piel.

Vida es el sol,
el aire
y la tierra bendita
que nos alimenta.

Pero, pero
el Dios, mucha veces
se retira
formándose mundo

Y

Tú que tiene que
ocupar su lugar
te quejas y hasta lloras
y dices:
¿Por qué me haz abandonado?

¡Para que seas Hombre! – se suele escuchar.

Karigüe

Frases Celebres - La Alegría

1.- Alegría y amor son las alas de las grandes empresas. (Goethe)

2.- Amigos míos pedid a Dios la alegría. Sed alegres como los niños, como las aves del cielo. (Dostoievski)

3.- Buscas la alegría en torno a ti y en el mundo. ¿No sabes que solo nace en el fondo de tu corazón?. (Tagore)

4.- Después de la virtud es la alegría lo más indispensable. Todos los días deberíamos leer un buen poema, oír una linda canción, contemplar un bello cuadro, y pronunciar algunas bellas palabras. (Goethe)

5.- El mundo esta lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas. (Li-Tai-Po)

6.- El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho. (Shakespeare)

7.- La alegría cuanto más se gasta, más queda. (Emerson)

8.- Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. (Gibran)

9.- La alegría de vivir es el más grande poder cósmico. (Tailhard de Chardin)

10.- La alegría es la señal que la vida ha vencido. (Bergson)

11.- La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha, y no en la victoria misma. (Ghandi)

12.- La alegría más grande es la inesperada. (Sófocles)

13.- Las alegrías más excelsas, variadas y duraderas son las espirituales. (Shopenhauer)

14.- La mitad de la alegría reside en hablar de ella. (Proverbio Persa)

15.- Lo difícil no es organizar una fiesta sino encontrar quien se alegre en ella. (Niestzsche)


Las Frases Célebres de La Alegría o Citas Célebres de La Alegría fueron especialmente seleccionadas por Karigüe para sus lectores. (Frases de la alegría y Citas de la alegría)